Irina Fuhrmann ha sido responsable de Comunicación de Intermón Oxfam para África del Oeste y ha estado trabajando en Chad, Burkina Faso, Mauritania y Kenia durante los últimos tres años.
Suzanne Ouedrago, campesina del Sahel burkinabes, durante la
distribución de semillas, muestra las hojas de los árboles con las que se
alimentó el año pasado durante la sequía y falta de alimentos. Foto: Pablo Tosco.
Despedida
Me voy y no voy a poder
despedirme ni de Susanne, ni de Awa. Tampoco de Fatimata ni de Ali, ni del
pequeño Ousmane. Ni de muchos otros que, lejos, desde sus campos, sus casas,
sus pueblos o al lado de sus rebaños me han hecho comprender lo que ocurre en
esta zona del planeta azotada por la sequía, las inundaciones, las guerras… la
pobreza.
Ellos se quedan. Se
quedan ahí mismo donde nos encontramos y cruzamos pocas palabras y muchas
imágenes, ya que a veces no hace falta conversar largo, sino mirar y ver el
granero vacío, el pozo seco y el ganado que se muere para entender la
vulnerabilidad de estas vidas.
Han sido casi tres años
en esta región del continente donde la dureza de las estaciones no da tregua.
Cuentan que antes no era así, y que los rebaños pastaban donde ahora sólo
crecen secos matojos indigeribles hasta para las cabras. Cuentan que antes la
lluvia permitía una cosecha tan abundante que con los excedentes pagaban la
escuela de los niños. Y uno podía vivir sin pasar hambre.