Esta entrada ha sido escrita por Carlos Miguélez Monroy, periodista y coordinador del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS, ccs@solidarios.org.es) de la ONG Solidarios para el Desarrollo. La entrada fue publicada originalmente en el blog del CCS (@CCS_Solidarios y @cmiguelez).
Las tres horas de visita o de paseo del voluntario social a las personas mayores pueden ir acompañadas de nuevos espacios de denuncia y de propuestas ante el progresivo recorte de derechos fundamentales. Foto: Solidarios para el Desarrollo.
Durante los meses de verano, aumenta la ocupación en las residencias para ancianos en España. Los familiares, convertidos en cuidadores de muchos mayores dependientes, los llevan para evitar “sorpresas” a las que contribuyen las olas de calor. Esta soledad impuesta, no la deseada y asumida como necesidad de espacio y libertad, acelera el deterioro de la salud, como concluye un estudio de Carla Perissinotto, doctora en la Universidad de California, en San Francisco.
Pero ancianidad no equivale a dependencia. De las más de 600.000 personas mayores de 65 años, más de 160.000 viven sin compañía en sus casas. Cada año, miles de personas mayores mueren en soledad en las grandes ciudades de los llamados países desarrollados. En estos últimos años, han aparecido en los medios testimonios de vecinos que alertaron a la policía por el ruido de un televisor que no cesa durante días, por los ladridos de un perro o por el olor. Estas personas no sólo se sentían solas al morir. Lo estaban.
Gonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, preside la iniciativa +Social y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG
Lucila Rodríguez-Alarcón, ingeniero agrónomo, experta en comunicación política, ahora dedicada en cuerpo y alma a Intermón Oxfam.