Esta entrada ha sido escrita desde Colombia por Walden Alberto Borja.
Hace dos semanas circuló por la red la foto de arriba, en la que un grupo de indígenas Nasa del suroccidente de Colombia cargaba a un soldado del Ejército de su país y lo expulsaba de su territorio. Esta foto, motivo de escándalo en Colombia, fue publicada con subtítulos como “humillación a nuestros soldados” o “humillan a los héroes que garantizan la soberanía de Colombia”, entre otros. Demostrando otra vez que una imagen vale más que mil palabras.
A la publicación de estas fotos y a las manifestaciones de apoyo a las fuerzas armadas por parte de los principales medios de comunicación en Colombia, siguió una intensiva arremetida mediática gubernamental acerca de la infiltración, organización o alianza entre los indígenas y la guerrilla de las FARC, grupo armado con el que el Estado sostiene una guerra que dura ya 50 años.
Infortunadamente, lo que aquellas fotos no decían por sí mismas era que la movilización indígena estaba dirigida no solo hacia el ejército colombiano sino también hacia la guerrilla de las FARC; que es la respuesta de un pueblo victimizado pero organizado; y que en contraste con de los más de 4 millones de desplazados internos en Colombia, la segunda mayor población desplazada interna en el mundo, esta comunidad dice “nosotros no nos vamos, esta es nuestra casa, se van ustedes señores de la guerra”.
Gonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, preside la iniciativa +Social y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG
Lucila Rodríguez-Alarcón, ingeniero agrónomo, experta en comunicación política, ahora dedicada en cuerpo y alma a Intermón Oxfam.