Última de 5 crónicas de una cooperante desde el terreno. Por Yolanda Román (@stricto_sensu)
Matam Senegal. Foto de Susana Hidalgo
Escribo desde Dakar, llevo aquí ocho semanas y estoy a punto de terminar mi misión con Save the Children en la emergencia del Sahel, donde 18 millones de personas viven al borde del abismo del hambre.
Una urgencia llamada futuro
Preparo las maletas para volver a casa y diluvia en Dakar. Con el ánimo aturullado entre las ganas de volver y la pena de partir, me pregunto si podré llegar al aeropuerto. Con lo que ha llovido y sigue lloviendo, no necesito salir a la calle para saber que está todo inundado. En esta y en otras ciudades africanas, las inclemencias del tiempo sirven para poner de manifiesto la negligente precariedad de las infraestructuras urbanas. Mientras espero a que escampe, pienso que he salido bastante airosa de mi primera experiencia en África.
Es verdad que en alguna ocasión me he conducido con cierta extravagancia, como cuando tuve la ocurrencia de escribir dos tarjetas postales, ya sabéis, de esas de toda la vida, con imágenes de los rincones más pintorescos del lugar que se visita. Las miradas de incomprensión de mis colegas locales tendrían que haberme hecho desistir del empeño de enviarlas, pero perseveré en mi bizarro propósito y terminé de safari por la ciudad en busca de ese lugar en vías de extinción: la oficina de correos. ¿Quién puede necesitar un sello donde todo el mundo tiene un móvil?
Con la misma determinación insensata, hace un par de días me paré delante de un paso de peatones esperando que el tráfico se detuviera para permitirme cruzar una transitada avenida. No sé en qué estaría pensando, pero más por costumbre que por convicción, me quedé allí plantada un buen rato mientras un grupo de chiquillos se desternillaba de risa ante mi vano afán, mofándose de mí abiertamente.
La verdad es que no me importaron sus burlas. No hay nada más reconfortante que la risa de un niño y nada más sobrecogedor que un niño que no ríe, ya sea por miedo, por tristeza o porque no le quedan fuerzas. He visto niños desnutridos que no ríen y ni tan siquiera pueden lloran, para los que incluso respirar supone un esfuerzo extenuante. En el Sahel, en un año “normal” 200.000 niños mueren por desnutrición. Cada hora de cada día, 300 niños mueren por esta razón en todo el mundo. Sin los nutrientes suficientes, sus cuerpos sin fuerza no consiguen sobrevivir. Los que lo logran, sufren efectos irreversibles a largo plazo, ya que no han podido desarrollarse adecuadamente. La productividad de un adulto que ha sufrido malnutrición en la infancia será mucho más baja y ganará un 20% menos de media.
Se dice a menudo que los niños son el futuro. No me gusta esa expresión. El futuro de los niños es ahora, ¡ahora mismo! Se escribe al tiempo que estas líneas y ya nos hace señas a lo lejos, ¿no las veis?. Es ahora cuando podemos definir cómo será. Puede ser un futuro de igualdad y oportunidades. Sí, es posible si lo apuntalamos firmemente protegiendo a los niños y las niñas de acuerdo con tres derechos fundamentales: la supervivencia, la educación y la participación. Pero para ello es imprescindible que la protección y el bienestar de la infancia se conviertan de una vez por todas en la prioridad de las agendas de la cooperación para el desarrollo.
Estoy a punto de volver a España y recuerdo que el Gobierno español pronto presentará el próximo Plan director de la cooperación española 2013-2016, ¿será por fin la infancia una prioridad de la política exterior y de cooperación en España?
Una apuesta clara en ese sentido sería un acierto político y estratégico: la inversión en infancia es la más barata, la más eficaz y la más rentable, y es la mejor manera de garantizar el desarrollo de los países beneficiarios de la ayuda internacional, en los que alrededor del 60% de la población son niños y niñas. De momento, yo vuelvo a casa con el recuerdo esperanzador de las risas de los niños. Unas risas que son una llamada de urgencia. Como un dedo que señala interrogante el horizonte ético de la humanidad: el futuro urgente de los niños y las niñas.
Yo quiero responder a esa llamada, así que allá voy, que ha dejado de llover y el avión no espera. Y el futuro tampoco.
Gonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, preside la iniciativa +Social y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG
Lucila Rodríguez-Alarcón, ingeniero agrónomo, experta en comunicación política, ahora dedicada en cuerpo y alma a Intermón Oxfam.
Hay 4 Comentarios
es muy bueno el artículo, gracias :)
Publicado por: nuria | 02/11/2012 19:26:41
http://wp.me/s9gnZ-sahel
Publicado por: Crisc | 13/09/2012 2:01:21
A ver si, algún día, todos estos que van de dignos, solidarios, progres y guay, organizan una flotilla humanitaria para donde de verdad hace falta: para ayudar a esta gente que lidia con la pobreza y el hambre cada día. Lástima que la miseria de esta pobre gente, no otorgue réditos políticos. Mucho hipócrita y mucho cobarde mediático tenemos en España.
Publicado por: Manuel | 30/08/2012 23:57:53
¿Sabes porque el HÍGADO es tan importante para BAJAR DE PESO???? Mira esto: http://sn.im/24o439v
Publicado por: Blog Bajar de Peso AHORA | 30/08/2012 17:34:33