La pasada semana participé en un seminario organizado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). Una rara oportunidad para escuchar –durante día y medio, y a puerta cerrada- a algunos de los expertos internacionales más relevantes en el ámbito de la salud global. Entre las muchas cosas que se trataron, me llamó particularmente la atención el debate acerca del futuro de la investigación y el desarrollo (I+D) en este campo central del bienestar humano. Dicho de forma simple, el sistema que existe en este momento (basado en las normas de propiedad intelectual de la Organización Mundial del Comercio y en los programas de investigación que decidan financiar los gobiernos) no responde casi nunca a las necesidades de las poblaciones pobres. Cuando lo hace, las compañías farmacéuticas utilizan el control férreo de las patentes para elevar los precios fuera de órbita.
El resultado es un planeta en el que las enfermedades infecciosas prevenibles o tratables matan cada año a 10 millones de personas, de los cuales nueve residen en países pobres. Un tercio de la población mundial carece de acceso a los medicamentos que necesita. Es la era del 90/5: las enfermedades que cuestan a los países en desarrollo un 90% de las muertes prevenibles merecen tan solo el 5% de los recursos globales destinados a la I+D de este sector. Resultado: malas noticias si padece usted chagas o malaria... pero espléndidas si padece alopecia o impotencia.
Gonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, preside la iniciativa +Social y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG
Lucila Rodríguez-Alarcón, ingeniero agrónomo, experta en comunicación política, ahora dedicada en cuerpo y alma a Intermón Oxfam.