La convocatoria de la iniciativa Ocupa el Congreso ha levantado una polvareda considerable. Y, como siempre, el Gobierno, los partidos y muchos medios de comunicación responden a las demandas sociales escandalizándose por los detalles o tratando de apuntarse el tanto… pero ignorando sus argumentos fundamentales. Es posible que los convocantes empleen un lenguaje altisonante y sostengan alguna reivindicación exótica (pueden leer aquí el texto de la convocatoria), pero seguro que ninguna de ellas es tan radical como incluir en las listas electorales a un rosario de imputados y corruptos, por poner solo un ejemplo. En esto, como en todo, sigue habiendo categorías.
Tal como se han calentado los ánimos, merece la pena recordar que se trata de una convocatoria pacífica y legal. Rodear el Congreso es solo un símbolo. Sin agresiones, sin contenedores quemados, sin cargas policiales. Todos sabemos que un acto legítimo puede transformarse rápidamente en un acontecimiento vandálico. Evitarlo exige que los participantes se abstengan de forzar un acercamiento físico al Congreso y que las fuerzas de seguridad respeten sin provocaciones el legítimo derecho a manifestarse.
Ojalá todo transcurra con calma, porque hay buenas razones para "ocupar" el Parlamento. Yo, desde luego, tengo las mías:
· Porque el Parlamento es una institución rígida, opaca y decimonónica que vive de espaldas a la sociedad. En otras palabras, es un reflejo fiel de los partidos que lo habitan.
Gonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, preside la iniciativa +Social y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG
Lucila Rodríguez-Alarcón, ingeniero agrónomo, experta en comunicación política, ahora dedicada en cuerpo y alma a Intermón Oxfam.