Fotografía: RUNGROJ YONGRIT (EFE). Publicada en El País.
En el complejo y sofisticado proceso de negociaciones climáticas que se retomaron esta semana en la ciudad catarí de Doha, al menos una cosa está clara: mientras los principales culpables del problema se refugian en la crisis económica o en argumentos científicos medievales para evitar sus responsabilidades, decenas de millones de personas en países pobres no contaminantes están padeciendo ya las devastadoras consecuencias del cambio climático. La ausencia de mecanismos eficaces de compensación por este perjuicio constituye un agravio sin precedentes y un deterioro fundamental de la credibilidad de las negociaciones.
La combinación de fenómenos naturales extremos que golpean de manera recurrente a poblaciones sin redes de seguridad se traduce en hambre, medios de vida volatilizados y desplazamientos forzosos. Solo en Asia y el Pacífico, un mínimo de 42 millones de personas fueron obligadas a desplazarse entre 2010 y 2011 huyendo de las inundaciones, las sequías y las tormentas extremas. ¿Existe algún modo de compensar a estas poblaciones sin tener que esperar varias décadas?
Gonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, preside la iniciativa +Social y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG
Lucila Rodríguez-Alarcón, ingeniero agrónomo, experta en comunicación política, ahora dedicada en cuerpo y alma a Intermón Oxfam.