José Villagómez supo que padecía la enfermedad de Chagas a los 34 años, cuando su hijo recién nacido fue diagnosticado en
un hospital de Valencia y se practicó la prueba a los familiares
del pequeño. La doctora que le trató, boliviana como él, puede haberle salvado de un
mal que se camufla de patologías digestivas y cardiovasculares
y que mata cada año a unas 12.000 personas. Como
el resto de los casi 10 millones de afectados por el Chagas (la mayor parte de
ellos en América Latina), el único pecado de José es padecer una enfermedad que
hasta ahora ha preocupado muy poco a los gobiernos de los países que la padecen, a los donantes y a los grandes
laboratorios farmacéuticos.
Gonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, preside la iniciativa +Social y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG
Lucila Rodríguez-Alarcón, ingeniero agrónomo, experta en comunicación política, ahora dedicada en cuerpo y alma a Intermón Oxfam.