Sin entrar a considerar el fondo del asunto, las maneras con las que se está manejando el penúltimo escándalo de la corrupción española resultan irritantes. Irrita, por ejemplo, que el Presidente del Gobierno decida dar su versión de los hechos a golpe de retransmisión televisiva, sin admitir ni una sola pregunta de periodistas que deberían haberle plantado allí mismo, en ese instante. Irrita la inutilidad práctica del Congreso, cuya capacidad de control queda aplastada entre el rodillo de la mayoría y los tortuosos procedimientos parlamentarios. Irrita que las airadas denuncias de PSOE, CiU y otros partidos de oposición no vayan acompañadas de una relación completa de las donaciones que ellos mismos han recibido.
Irrita, y da muchas risas, que Esperanza Aguirre pontifique cada mañana sobre ética política, después de habernos dejado en la Comunidad de Madrid un reguero de imputados Gürtel, un puñado de altos cargos que se enriquecen rotando entre la sanidad pública y privada, y una televisión cuyos estándares de independencia abochornarían a Teodoro Obiang.
Gonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, preside la iniciativa +Social y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG
Lucila Rodríguez-Alarcón, ingeniero agrónomo, experta en comunicación política, ahora dedicada en cuerpo y alma a Intermón Oxfam.