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3500 Millones

Mamá, quiero ser activista

Por: | 22 de octubre de 2013

Esta entrada ha sido escrita por Jorge Jimeno, escritor y especialista en desarrollo.

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"Te dije que nos apuntáramos a la tienda de comercio justo...".

Este mes hace un año de la publicación del Mama, quiero ser cooperante, un libro que pretende describir de la forma más objetiva posible el trabajo de los cooperantes, a la vez que vierte una crítica constructiva a medio camino entre los que piensan que todo esto es una mentira y los que creen que, aunque no es perfecta, la cooperación internacional es la mejor herramienta para luchar contra las desigualdades del planeta. En este análisis, y aunque se hace referencia a ello a lo largo del libro, hay un factor que quizás debiera haber destacado con más ahínco, pues conforma uno de los grandes problemas de la cooperación actual: la falta de activismo, la tibieza en la lucha por verdaderos cambios.

En los primeros años del siglo XXI, recuerdo haber escuchado a representantes de ONG de muchas nacionalidades un lema que quizás haya marcado la dirección de la cooperación en la última década: “durante muchos años hemos luchado con el corazón, ahora nos toca hacerlo con la cabeza”.

Detrás de esa lucha con la cabeza se erigió una profesionalización del sector. Directores ejecutivos provenientes de otros sectores se asentaron como líderes de muchas ONG. El énfasis se puso en la dirección estratégica de la organización, en planes directores y en posicionar a las organizaciones en el mercado de las donaciones para lograr un crecimiento que permitiese una mayor eficacia de los programas. Se cambió la mochila por el traje y los departamentos de recursos humanos prefirieron a aquellos con buenos masters. Y esto no debiera haber sido malo, si no fuera porque en la transformación se olvidó el corazón. Las ONG no se diferenciaban mucho de las empresas o de la administración pública a las que —desgraciadamente— en muchos casos sustituían.

Hoy en día, en una época de cambios profundos en todos los ámbitos, a nadie se le escapa que la cooperación internacional debe hacer mucho más para provocar cambios. Así, cada vez se oye más hablar de incidencia política, de advocacy, de cambio político y social..., pero el problema continuará mientras el corazón no vuelva a tomar el timón, acompañado de la cabeza, sí, pero con todos y cada uno de los miembros de las organizaciones creyéndose que el cambio es posible, y comprometiéndose profesional y personalmente con ello.

Es muy difícil ser coherente, pero con la profesionalización del sector se fue construyendo una barrera entre el compromiso laboral —que suele ser altísimo— y el compromiso personal —que depende de cada uno, pero que no suele ser tan fuerte—. El otro día escuchaba a una trabajadora de una ONG decir que el compromiso personal comienza al aceptar trabajar en una organización que no le va a pagar un sueldo tan alto como si estuviese en la empresa privada. Quizás eso algún día fue cierto y puede que aún lo sea en algunos casos, pero ya no tiene mucha base: si no trabajas para esa ONG —normalmente cobrando un sueldo bastante decente— tienes más probabilidades de estar en la cola del paro, emigrando a otro país o recibiendo 600 euros al mes por cualquier trabajo temporal. Así que lo del sueldo a mí no me vale. Es una opción profesional más, con sus baremo salarial, como cualquier otra.

Y entonces, ¿cuál es la salida? Está claro que la cooperación al desarrollo solo tiene sentido si va acompañado de una acción de cambio pero, ¿cómo se conseguirá que el activismo real, el apasionado, el que lucha con el corazón y con el compromiso, vuelva a escena? Ese que se puede ver en otros ámbitos: el que caracterizó al 15M, el que se ve en la plataforma antidesahucios, el que lucha porque la sanidad pública lo siga siendo, el de aquellos que ponen todo su empeño para conseguir algo en lo que creen. Este activismo, de momento, en la cooperación internacional, está lejano.

Siempre he creído que el futuro de la cooperación internacional pasa por la creación de una red de personas norte-sur, sur-norte y este-oeste. Una red que consiga apoyarse para lograr cambios tanto local como globalmente. Una red flexible en la que las agendas vengan marcadas por aquellos que luchan, personalmente, por unos cambios tangibles. Una red que gire alrededor de las personas activistas. 

Hay 2 Comentarios

Somos una ONG interesados en ejecutar programas para la primera infancia y adolescencia y para el agro....he leido detenidamente el termino cooperante para conseguir recursos pero veo que no esta bien utilizado este termino.. que termino nos aconsejan para que los empresarios aporten y poder ejecutar proyectos o programas para el bien de la comunidad.. Cordialmente Albeiro Jose Perez Lozada Representante legal

Ser activista debiera significar la implicación decidida de todos en la lucha por el cambio radical de un sistema criminal, el neocapitalista. El neocapitalismo es heredero del capitalismo, pero, al tiempo, es una realidad muy otra, otro orden económico, otra estructura social. Existen muchas diferencias entre el sistema capitalista y el neocapitalista, pero la más importante quizá sea esta: el capitalismo explota, el neocapitalismo domina. El capitalismo fue transformándose, de sistema de explotación, en sistema de dominación; dominación que, desbordando el mundo de la producción, se extendió al del consumo, la información, la cultura. Y así, la estrategia de las fuerzas anticapitalistas fue superada por la astuta estrategia neocapitalista de integrarla, asimilarla; el neocapitalismo todo se lo traga, en él, todo se diluye. Y esto explica que no haya habido reacción al despojo de derechos esenciales -adquiridos a lo largo de un proceso largo y duro- en un período de tiempo brevísimo.

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Sobre los autores

3.500 Millones es un blog coral dirigido por Gonzalo Fanjul. Este espacio es el resultado de un esfuerzo colectivo en el que los protagonistas de la lucha contra la pobreza comparten su experiencia y sus propuestas.

Autor

  • Gonzalo FanjulGonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, impulsa la iniciativa porCausa y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG

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