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3500 Millones

El hambre, a través de las manos de Amina

Por: | 16 de enero de 2015

Esta entrada ha sido escrita por la Dra. Marta Taida García Ascaso, voluntaria de la Fundación Pablo Horstmann en el Hospital Pediátrico de Lamu (Kenia) y en la Clínica Pediátrica “Let Children Have Health” de Meki (Etiopía).

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Foto: New Security Beat.

Morir por el hambre o morir por las circunstancias que rodean el hambre. Soy pediatra y he trabajado en diferentes proyectos relacionados con nutrición en el terreno. Con mi experiencia, puedo afirmar que la malnutrición infantil está muy condicionada por lo que conocemos como determinantes sociales de la salud. El médico puede contribuir a paliar los efectos del hambre sobre la salud, pero las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven y envejecen, incluido el sistema de salud al que tienen acceso, son las que marcan las inequidades sanitarias en el mundo y las que conducen al hambre. Estas circunstancias son el resultado de la distribución del dinero, el poder y los recursos a nivel mundial, nacional y local, que depende, a su vez, de las políticas adoptadas.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la malnutrición* supone la mitad de las causas de muerte infantil en el mundo. El África subsahariana y sudeste asiático son las dos áreas del mundo con mayor proporción de niños malnutridos, reuniendo más del 80% del total, lo que supone 180 millones de niños menores de 5 años, de los cuales 6.000 mueren cada día. Vidas como las de Fatma, una bebé somalí que vive en Lamu (Kenia) junto a su familia y que necesitó muchos meses de tratamiento para poder superar un peso de escasamente 3 kilos a los 8 meses de edad.  

En la región conocida como el Cuerno de África (Somalia, Etiopía, Yibuti y Kenia), las prolongadas e implacables sequías traen cíclicamente intensas hambrunas que privan a los millones de niños que viven en estas regiones de los escasos nutrientes de los que disponen en épocas más “benévolas”. Los periodos de sequía son cada vez más frecuentes y prolongados, existiendo desde el año 2011 una situación extremadamente crítica, como no se había conocido en los últimos 60 años. La ausencia de lluvias durante meses es consecuencia directa del cambio climático, cuyas evidencias científicas se conocen desde hace ya más de tres décadas pero que avanza, imparable, sobre las semiáridas regiones de los habitantes olvidados de este planeta. Debido a esto se convierten en un verdadero desierto donde el ganado muere y las cosechas no prosperan.

Esto es lo que les sucedió a Amina y Mohamed, los padres de Fatma, que huyeron desde el Sur de Somalia tras haber perdido sus vacas y su pequeño huerto, único medio de vida para esta familia de 6 miembros. Además, el agua para el consumo de estas poblaciones se obtiene de pequeños pozos excavados en la arena, en muchos casos contaminados con heces humanas debido a la ausencia de letrinas, lo que provoca enfermedades como el cólera. A todo esto se une la pobreza, ante la imposibilidad de generar algún producto con el que poder comerciar.

El círculo vicioso entre miseria y enfermedad se recrudece con la malnutrición y amenaza directamente la vida de los niños, en muchos casos dejándoles secuelas físicas e intelectuales que no se corregirán incluso si se revierte la malnutrición. En otros casos, les provoca la muerte.

Como pediatra, he comprobado la complejidad de los determinantes sociales de la malnutrición infantil en esta región africana. La ausencia de estructuras sanitarias es uno de ellos. Las poblaciones más afectadas por la malnutrición quedan política y geográficamente aisladas y resulta difícil llevar a cabo una adecuada asistencia médica. Además, una vez que se consigue llegar a las poblaciones más castigadas, hay que buscar los casos más graves y tratar de llegar a sus causas.

Por otro lado, las familias identifican con dificultad que la malnutrición es una enfermedad muy grave. La madre de Fatma, con apenas 17 años de edad y también malnutrida, apenas podía llegar a entender que no era “normal” que la niña, con ocho meses, pesara prácticamente lo mismo desde su nacimiento. Las poblaciones malnutridas “asumen” esta condición como basal o innata y, cuando solicitan ayuda, no es porque piensen que están malnutridas, sino por la presencia de fiebre, vómitos o diarrea, entre otros.

Nuestro trabajo consiste en diagnosticar a los niños y aportar información a sus familias, así como suplementos nutricionales en los casos más graves. Una prioridad es identificar infecciones activas y evitar otras futuras potenciando la vacunación. Fatma recibió durante muchos meses un seguimiento estrecho por parte del personal sanitario (tanto mediante su hospitalización, como en consultas externas) y a través de la educación nutricional a sus padres y de los suplementos nutricionales especiales para niños (alimentos terapéuticos), consiguió ganar peso, empezó a crecer en altura y todo ello condujo a un gran avance en su neurodesarrollo (aprendió a sonreír, a sentarse, a reconocer a su madre…).

Siempre me llamaron la atención las manos de Amina, la madre de nuestra niña. Cuando uno coge la mano de una madre que alimenta a un niño malnutrido, se observan muchos de los determinantes de la situación de su hijo. Se detecta suciedad porque no disponen de adecuadas condiciones de saneamiento ni de agua libre de riesgos, se advierte pobreza porque la hambruna siempre cae sobre las voces calladas de aquellos que no tienen nada y se adivina falta de conocimiento y cultura, porque se ha demostrado que una madre sin educación es un determinante social que incide en la  nutrición de su hijo. Empoderar a las niñas y educarlas ha demostrado ser una de las medidas más útiles para proteger a los niños de una muerte tantas veces evitable.

 

[*malnutrición es un desorden nutricional debido a la insuficiente ingesta de proteínas y calorías que condiciona un desarrollo inadecuado a nivel físico e intelectual de las personas afectadas. Si es de tipo moderada o grave, favorece la aparición de infecciones y puede  desencadenar la muerte.] 

Hay 6 Comentarios

Es lamentable ver como está la situación en muchos países del mundo, que en pleno siglo XXI haya gente muriendo de hambre, de ser, de violencia, que exista la explotación, el trabajo infantil y tantas y tantas cosas desgarradoras. Es penoso que África, un continente tan bello haya sido tan expoliado, maltratado, explotado y abandonado por parte del los "países desarrollados", al igual que lo han sido sus gentes.

La solidaridad, los deseos de paz, y el amor, siempre ayudan, incluso ya se menciona, como bien sabemos todos, como un buen precepto bíblico; el del diezmo, del 10%. Como siempre, de nuevo, también actualmente ocurre, con las personas más necesitadas, y sin ingresos. Y/o, sin trabajo. Y también ocurre, no lo olvidemos, aquí, desgraciadamente. Es un trabajo social, más, a realizar. También, por parte del Estado, a través de Caritas, y de las demás ONGS.

Estoy de acuerdo contigo Montse, la ayuda humanitaria está realizando una labor muy importante en todos estos países y mucha gente los apoya y está muy sensibilizada, pero pienso que no debe ser la única salida, no debe ser el compromiso de la gente solamente, debe ser el compromiso de los gobiernos para intentar que estos países salgan de esa situación, desde luego un camino bastante difícil de realizar, mientras tanto están los que ayudan que como he dicho al menos evitan que algunos no se mueran de hambre o de enfermedades, los que tienen más suerte, si se le puede llamar asi.

La ayuda humanitaria no soluciona la raíz del problema, pero contribuye a ello. Marta Taida ha trabajado en un hospital de Meki (Etiopía), una ciudad con más de 50.000 habitantes que antes no contaba con un solo médico y en Lamu, (Kenia) dónde tampoco era posible recibir atención sanitaria gratuita. Allí la población ha ido aprendiendo poco a poco con la educación que recibe del personal sanitario y los índices de mortalidad infantil han descendido al cabo de algunos años. Los que acuden a esos hospitales, cerca de 14.000 pacientes anuales en los dos centros que menciono, comprenden que existe la posibilidad de un futuro mejor, algo que a veces ni siquiera sabían. Su esperanza impulsará el cambio.

¿habéis tocado alguna vez unas manos castigadas de tanto trabajar? son manos duras, de piel acartonada, que casi no pueden gesticular de lo lentos que son los movimientos por la dureza de la piel, donde cualquier herida que se produce tarda un montón de tiempo en cicatrizar porque la piel al ser tan gruesa no le llega bien la irrigación y le cuesta unir, mi padre tenía esas manos y yo, cuando las miraba, sentía un sentimiento entre pena y alegría, pena de ver en cómo habían terminado aquellas manos que un dia fueron infantiles y alegría porque me parecían bellas ya que eran asi, por el esfuerzo, por la lucha, por el trabajo, quiero imaginarme que las manos de ellos serán asi, por el trabajo sin descanso, por la lucha infatigable.

No es suficiente, eso es sólo paliar algo el drama pero no se soluciona, por otra parte pensar en parar el cambio climático puede suponer años y tampoco nos dá garantías, lo ideal sería que todas esas personas no tuvieran que vivir de esas tierras tan castigadas, que pudieran irse a tierras más fértiles donde poder hacer una vida normal o bien donde están tratar de buscar , si existen, otras soluciones a su modo de vida, eso sería verlo sobre el terreno no desde tu casa por internet y necesitaría a gente que entienda de ese tema, pero desde luego lo que está claro es que con la ayuda humanitaria no se soluciona la raíz del problema.

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Sobre los autores

3.500 Millones es un blog coral dirigido por Gonzalo Fanjul. Este espacio es el resultado de un esfuerzo colectivo en el que los protagonistas de la lucha contra la pobreza comparten su experiencia y sus propuestas.

Autor

  • Gonzalo FanjulGonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, impulsa la iniciativa porCausa y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG

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