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¿Se puede cambiar la opinión de alguien sobre la posibilidad de migrar?

Por: | 10 de febrero de 2016

Esta entrada ha sido escrita por Richard Mallet, investigador del Overseas Development Institute. Hoy se presenta en Londres el informe 'Viajes a Europa: el papel de las políticas en la decisión de emigrar'. El informe y el material relacionado están disponibles aquí.

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A los gobiernos les gusta creer que la migración puede gestionarse: que se la puede dirigir para llenar huecos en la mano de obra, o estimuar el crecimiento en sectores concretos cuando sea necesario, y que cuando se quiera se puede cerrar, negando a algunas personas la entrada o impidiéndoles venir.

La respuesta de Europa a la actual crisis migratoria se ha centrado principalmente en esto último. Guiados por la lógica del control, la contención y el impedimento, los países europeos han buscado desviar y hacer retroceder los flujos migratorios, en lugar de permitir a la gente buscar asilo, asentarse y trabajar dentro de su territorio.

Varias de las medidas tomadas por ciertos gobiernos para hacerlo giran en torno al principio de disuasión. Funciona de dos formas clave. Primero, hacer el viaje tan difícil como sea possible. Alambre de púas y policía armada con gases lacrimógenos son, podríamos pensar, una forma bastante sugerente de conseguirlo. Y segundo, retratar el destino como un lugar atestado, falto de oportunidades, hostil. En un movimiento que roza con la sátira, el año pasado el gobierno de Dinamarca contrató espacio publicitario en cuatro periódicos libaneses para publicitar sus nuevos nuevos procedimientos restrictivos de asilo para cualquiera que estuviera planeando un viaje a Dinamarca.

Esto es esencialmente un ejercicio de cambio de comportamiento a gran escala en el cruce de fronteras, dirigido a personas que viven a miles de kilómetros. Las políticas migratorias de los países occidentales se basan en el supuesto de que esto funciona. ¿Pero cómo es de sólido este supuesto?

Para probarlo, entrevistamos a más de 50 migrantes y refugiados en Reino Unido, Alemania y España, incluyendo a personas de Siria, Eritrea y Senegal. Destacó un mensaje sincero: las medidas de disuasión se vienen abajo cuando se confrontan con las poderosas fuerzas sociales que generan la migración.

Hay teorías populares que sugieren que es posible cambiar la idea de migrad de alguien simplemente minimizando el número de factores de atracción, es decir, de los factores que atraen a la gente hacia un país concreto. La lógica de actor racional que acompaña a esta idea implica que esto ocurre cuando los posibles migrantes son expuestos a información nueva y previamente desconocida sobre la ruta o el destino.

En un informe para el Overseas Development Institute (Londres, Reino Unido), argumentamos que esta visión malinterpreta la forma en que los seres humanos toman sus ‘grandes’ decisiones. Si la migración es tan difícil de impedir es porque para mucha gente se considera algo profundamente normal. Y derrumbar lo normal puede ser muy difícil.

Hay algunos países –como Senegal, Ghana, Nepal- donde la migración es simplemente parte de la cultura en la que crece la gente. El hecho de irse no se ve como algo extraordinario, al contrario, se da bastante por hecho.

Se puede hacer un paralelismo con los altos índices de emigración que podemos ver ahora en sitios como Siria, Eritrea o Afganistán. Hace diez años, la idea de pagar a un traficante miles de dólares para que te lleve a escondidas y en precariedad por Europa habría parecido absurda probablemente para el sirio medio. Eso ahora es la norma, considerada una opción tan viable como quedarse y buscar trabajo en un entorno cada vez más depredador.

Esta ‘nueva normalidad’ se ha creado a través de procesos sociales y psicológicos, y ha llevado años crearla. Los migrantes de hoy están siguiendo las huellas, casi literalmente, de miles de sus conciudadanos. Y lo hacen porque, en parte, la huida se ha convertido en algo aceptable y normal.

Los comentaristas con frecuencia expresan incredulidad ante las decisiones de los sirios y otras personas de exponerse a ellos mismos y a sus familias a viajes que se sabe que resultan fatales. Pero eso es no entender. El riesgo extremo es parte de lo que se ha convertido normal en la opción de migrar. Las personas conocidas en el propio entorno de esta gente –familias, vecindarios, comunidades- han atravesado estas rutas antes. No lo ha hecho un grupo selecto, sino decenas o cientos de miles. Casi cada persona siria que entrevistamos conocía a alguien personalmente que había hecho el viaje antes.

La fuerza de lo normal aparece en esta capacidad para convertir ciertas ideas en opciones viables. Los objetivos que antes se consideraban fuera de alcance, o que ni siquiera se planteaban, de repente se convierten no sólo en creíbles sino también en asequibles. Es este sentido de posibilidad el que anima a la gente a moverse. Y es el mismo sentido de posibilidad el que impide que la gente se dé la vuelta cuando se encuentra con barreras o amenazas, es decir, con las herramientas de la política de disuasión.

Ya sabemos que lo mismo se aplica a los migrantes en otras partes del mundo. En su estudio de la migración no autorizada de México a Estados Unidos, Emily Ryo encuentra que, cuando se llega al punto de decidir si cruzar la frontera, los valores y las costumbres de las personas cuentan mucho más que la certeza de la detención o la severidad del castigo.

Entonces surge una sola pregunta: ¿más que tratar de impedirla –o de cambiar las ideas de la gente sobre el hecho de irse- cómo deberían en realidad los gobiernos empezar a gestionar mejor la migración? Sobre la base de nuestra investigación, así como de varios estudios más, la disuasión es esencialmente un gasto inútil: las mentes de las personas reciben otras influencias diferentes de las barreras. Entender esto es el primer paso hacia una política migratoria que tenga sentido. 

Hay 2 Comentarios

La migración es algo natural, es parte de la historia de la sociedad, un ciclo, una etapa, por lo tanto incontrolable a mi parecer...

La migración puede respondes a muchos factores, entre ellos interviene mucho la propia personalidad del que migra, hay personas que quieren conocer otros paises, uno, dos, los que sean y luego quedarse en el que más le haya gustado o dejado, hacen su vida allí, integrándose generalmente bien; y luego está la migración impuesta por las guerras, el terrorismo, las hambrunas, etc...que hacen que miles de personas se vayan de sus paises y crean problemas en los paises receptores, por esceso de personas, falta de infraestructuras, creación de guetos entre ellos, peligro de malas organizaciones delictivas, etc...pero para ello yo pienso que donde hay que actuar es en la raiz del problema, en tratar de solucionar las causas que producen esas migraciones; estoy segura que si ahora msimo se decretara el fin de la guerra de Siria, la paz, y hubiera un llamamiento para levantar el país, muchos de los que van en camino se volverían a levantar de nuevo sus casa y vivir en su país, pero eso es muy dificil que se haga sin voluntad de hacerlo, Siris sola nom lo puede solucionar, por lo tanto se tienen que poner de acuerdo las organizaciones internacionales para darle una verdadera solución al problema. Luego yo crero que las migraciones van dirigidas, en este caso hacia Europa, aunque es los paises proximos haya refugiados, pero estas grandes migraciones a Europa deben de tener un sentido y, mientras no haya paz, a estas personas no se les puede dejar abandonadas a su libre albedrío, la UE tendrá que reunirse en sus instituciones para buscarle salida mediante empleo o mediante pactos con otros paises para que vayan a otros sitios si aqui ya estamos sobresatrurados, pero no es un problema individual de Merckel, o de Mitterand, o de el Gobierno español, es un problema de la UE y es la que debe actuar.

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Sobre los autores

3.500 Millones es un blog coral dirigido por Gonzalo Fanjul. Este espacio es el resultado de un esfuerzo colectivo en el que los protagonistas de la lucha contra la pobreza comparten su experiencia y sus propuestas.

Autor

  • Gonzalo FanjulGonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, impulsa la iniciativa porCausa y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG

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