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3500 Millones

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3.500 Millones es un blog coral dirigido por Gonzalo Fanjul. Este espacio es el resultado de un esfuerzo colectivo en el que los protagonistas de la lucha contra la pobreza comparten su experiencia y sus propuestas.

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  • Gonzalo FanjulGonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, preside la iniciativa +Social y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG

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Diásporas: un proyecto de investigación y periodismo

Por: | 29 de abril de 2016

FronterasFrontera entre Serbia y Hungría. Foto: Olmo Calvo.

"A lo largo de los últimos años la respuesta de Europa a la crisis de refugiados ha ido de la sorpresa al caos y de la inacción a la más que probable vulneración de las leyes internacionales. Hay algo muy equivocado en un modelo migratorio que ignora las verdaderas razones de la movilidad humana y elige descomponer el proyecto de unión política y social del continente antes que asumir la incertidumbre de unas fronteras más abiertas".

Con este texto de apertura presentamos ayer en Madrid el proyecto de porCausa Diásporas, una iniciativa que se desarrollará en tres continentes y que, como en todos nuestros proyectos, aglutina las capacidades de investigadores, periodistas y analistas de datos. Diásporas ha sido concebido en el contexto de la crisis más dramática de movilidad que ha vivido Europa en 50 años, pero nuestra mirada va mucho más allá. Al fin y al cabo, el espectáculo poco edificante de la respuesta de la UE es el epítome de un modelo migratorio global roto cuyas distorsiones legales, éticas y prácticas van mucho más allá de lo aceptable.

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Siete presidentas: un regalo de Colombia para Málaga

Por: | 27 de abril de 2016

Por Lula Gómez. Directora del documental 'Mujeres al frente, la ley de las más nobles' @Lulagomez

 

Me gusta pensar que las siete protagonistas del documental Mujeres al frente, la ley de las más nobles merecerían dirigir países. Se aprende escuchándolas, como cuando resuenan ante nosotros los conocidos y sabios Eduardo Galeano o Pepe Mujica, ex presidente de Uruguay.

Mayerlis Angarita, Patricia Guerrero, Luz Marina Bernal, Vera Grabe, Nelly Velandia, Luz Marina Becerra y Beatriz Montoya son siete fuerzas de la naturaleza. En un país en guerra han sabido vencer la espiral de violencia e inventarse alternativas de paz, y lo mejor: sus propuestas funcionan. Una se inventó una ciudad de mujeres donde mandan ellas y expulsan a quienes incumplen su ley: la no violencia. Otra dirige el Observatorio por la Paz tras ser senadora y, muchos años antes, guerrillera. Recuperar la memoria y hacer justicia es la batalla de otra de estas heroínas; entenderse y hacer posible la reinserción es la de la propuestas de paz de otra de estas sabias. Hablar, empoderarse para crear una sociedad más libre y justa serían los combates restantes.

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El problema de confundir el valor del agua con su precio

Por: | 26 de abril de 2016

Por José Manuel Gómez, de ONGAWA.

WaterFoto: SS-SCSD.

Sin agua no hay nada; tampoco economía. Por el momento no se ha encontrado un elemento que pueda realizar las múltiples funciones que el agua desempeña en la economía global. Basta pensar en el suministro de energía y la dilución de vertidos para la actividad industrial, en el riego para la agricultura, o en el abastecimiento de las cada vez mayores aglomeraciones urbanas, pasando por las enormes cantidades necesarias para la extracción de gas a través de fracking. Sin olvidar, claro, la más antigua y evidente de sus aplicaciones: calmar la sed (y asegurar la vida) de los hombres y mujeres que hacen girar (al menos de momento) la rueda productiva.

Dicen los números que la mitad de los empleos del mundo están relacionados con el agua, y son prácticamente todos los que dependen de una u otra forma de ella. No hace falta leerse ningún informe sesudo para hacerse una idea de esta dependencia, menos aún para entender que en la medida en que todas las actividades económicas requieren trabajadores razonablemente sanos, el acceso al agua (limpia) es requisito para asegurar que cada mañana se ponga en marcha la maquinaria del mundo. El hecho de que 1.800 millones de personas no dispongan de agua limpia es una sangrante vulneración de derechos, pero también un lastre productivo (250.000 millones de dólares es la mareante cifra de lo que se pierde cada año por servicios inadecuados de agua y saneamiento).

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Cuando temblamos todos

Por: | 25 de abril de 2016

Por Belén de la Banda, periodista @bdelabanda

  Nepal

Sobre los escombros. Tras el terremoto del 25 de abril de 2015 en Nepal. Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón.

Algo especial ocurre en la sociedad española cuando la tierra tiembla en cualquier lugar del mundo. He tenido oportunidad de percibirlo en muchas ocasiones, aunque la primera que recuerdo con nitidez es la respuesta que llegaba al país tras el terremoto del sur de Perú que tuvo lugar en 2001. Pero lo mismo ocurrió con el siguiente de Perú en agosto de 2008, con el de Haití en 2010... Y por supuesto, también en Lorca en 2011. Hoy, cuando nuestros ojos están atentos a la posibilidad de ayudar a las víctimas del terremoto de Ecuador, y conmemoramos un año del de Nepal, es un buen día para pensar en los motivos de la sociedad española para ser generosa, rápida y solidaria ante estos fenómenos terribles que lo echan todo abajo.

La solidaridad puede ser tan abrumadora como la tragedia a la que responde. Desde el fin de semana pasado, he escuchado y recibido a través de las redes muchas propuestas y preguntas sobre cómo colaborar con las personas afectadas en Ecuador. Desde las propias organizaciones de migrantes en nuestro país, que me consta que se han dirigido a todas las organizaciones y medios de comunicación posibles para organizar posibles envíos de ayuda o colaboraciones económicas, hasta grupos scouts, asociaciones del ambito escolar, del ámbito cultural, y grupos de todos tipos -desde religiosos hasta musicales, muchas personas a las que nada les sobra, se movilizan en los días posteriores a un terremoto para ver cómo pueden colaborar a paliar el sufrimiento que están viendo en los medios.

Es cierto que las emergencias mediáticas reciben mucha más atención que las que no lo son, pero las consecuencias de esto no hay que atribuírselas a la ciudadanía, sino a las instituciones y los medios que hablan más de unos problemas que de otros. Porque esta situación de terremoto evidencia que, cuando la gente ve el problema y tiene claro que su colaboración es necesaria para solucionarlo, no hay fuerza capaz de parar la solidaridad espontánea, ni la capacidad de organización.

Lo mismo ocurre al otro lado: en pocas horas, en el propio país afectado, o en los países vecinos, hay gente organizándose para entrar a las regiones devastadas sin saber exactamente lo que van a encontrar. Se sabe que las primeras horas son valiosas para rescatar vidas atrapadas entre los escombros, y por eso los bomberos y expertos en protección civil se movilizan de forma exprés, pero también que en estas primeras horas es muy importante asegurar agua, alimentos y cobijo para garantizar la supervivencia de las personas a quienes se les ha caído todo su mundo. Los primeros días tras una tragedia de este tipo son muy difíciles para las organizaciones humanitarias. Llegar a una zona donde las carreteras han quedado destrozadas por el movimiento sísmico, comunicarse difícilmente porque las redes telefónicas también han caído, preparar con ayuda de la experiencia lo necesario para intervenir, buscar el modo de hacer llegar el material necesario desde otros países...

Más difícil es mantener la atención y el rumbo a medida que pasan los meses. Y sacar conclusiones que permitan evitar males mayores en futuros terremotos. Como tantas otras veces, un año después de un terremoto como el de Nepal, se demuestra que las personas más vulnerables, como las mujeres, a menudo único sustento de la familia pero que normalmente no tienen las tierras a su nombre, son quienes pueden quedar excluidas de los planes de recuperación. Y sin unos presupuestos oficiales adecuados a las necesidades de la ayuda humanitaria, la contribución de España puede quedar en meramente anecdótica o inútil.  

La emocionante respuesta de nuestra sociedad ante los terremotos es el ejemplo de cómo deberíamos ser capaces de reaccionar en otras situaciones de conflicto y emergencia. Para resolver con menos coste humano todo eso que, una y otra vez, nos hace temblar a todos. 

Burundi ¿demasiado pequeño para preocuparnos?

Por: | 21 de abril de 2016

Por Rosa Moro, coordinadora de comunicación de Umoya, Federación de Comités de Solidaridad con África Negra (@ComitesUmoya).

Refugiados burundeses en el campo de Mahama

Refugiados burundeses en el campo de Mahama, en territorio ruandés. Foto: Umoya

Durante 2015, la presencia de Burundi en los medios internacionales creció relativamente por la crisis humanitaria generada en el país por un conflicto con base política. En abril, el presidente Pierre Nkurunziza anunció que se presentaría a un tercer mandato. Inmediatamente estallaron manifestaciones de protesta, que fueron fuertemente reprimidas por las fuerzas de seguridad. Cualquier crisis en Burundi no puede desligarse de la región en la que se encuentra el país: Ruanda, la República Democrática del Congo, Uganda, se han visto sacudidos por grandes y graves crisis humanitarias, y los modos políticos en todos estos países tienen llamativas semejanzas. Por ejemplo, la pretensión del presidente burundés de presentarse a un tercer mandato en las elecciones se parece mucho a lo que antes habían hecho con naturalidad varios de sus vecinos: el presidente de Uganda en 2005, el de Ruanda en 2010 y el de República Democrática del Congo en 2011: interpretar el límite constitucional de dos mandatos presidenciales elegido por sufragio universal directo. En la región se han dado otras circunstancias políticas de mayor inestabilidad, como designaciones indirectas tras acuerdos o altos al fuego u otros motivos, como el asesinato del anterior presidente, en el caso de Kabila, en Congo.

La preocupación por lo que pueda pasar en Burundi, desgraciadamente, no ha logrado movilizar a la comunidad internacional mucho más allá de la propia región, donde existen intereses geopolíticos y económicos muy fuertes. La falta de compromiso queda en evidencia con el mediador designado para la crisis de trasferencia de poder, Yoweri Museveni, de Uganda. Él mismo lleva en el poder 30 años, desde 1986, agotó un largo mandato por designación hasta que se organizaron las primeras elecciones en las que fue elegido, agotó su segundo mandato y cuando llegó la hora de dejar el poder, cambió la Constitución ugandesa para mantenerse en el poder y acaba de ganar las últimas elecciones en febrero de 2016. No parece la persona más apropiada para asesorar a Burundi. Tampoco el otro vecino y participante en las “conversaciones de paz”, Paul Kagame, de Ruanda, quien lleva en el poder desde 1994 y acaba de reformar la constitución para seguir siendo presidente hasta 2034: un total de 40 años, mínimo. Joseph Kabila, de la República Democrática del Congo, intenta por todos los medios cambiar la constitución para “legalizar” su presencia en el poder. Nkurunziza, que ni siquiera ha llegado a reformar la constitución como ellos tres, se ha encontrado con una indignación internacional nunca antes vista, al querer cumplir dos mandatos presidenciales “elegido por sufragio universal directo”, como reza la Constitución de Burundi, a la que remiten los famosos Acuerdos de paz de Arusha del año 2000.

La represión de las manifestaciones por parte del Gobierno, y un intento de golpe de Estado por parte del jefe destituido de los servicios secretos, desataron 77 muertes y la huida de 127.000 personas. Pero cuando el 21 de julio Nkurunziza ganó las elecciones con más del 69% de los votos, la violencia se disparó, dejando.400 muertos y 220.000 personas desplazadas. Los ataques rebeldes desde el exterior y el interior se han dirigido a cuarteles militares, al palacio presidencial, y han ido acompañados de varios asesinatos de líderes civiles, políticos y militares, hasta fechas recientes. Todo ello en un pequeño país de apenas 10 millones de habitantes. La composición étnica del país es muy similar a la de la vecina Rwanda: una mayoría hutu, minorías tutsi y twa.

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Tres hermanas refugiadas en Líbano

Por: | 19 de abril de 2016

Esta entrada ha sido escrita por Ralph Baydoun, de World Vision Líbano, y Eloisa Molina, de World Vision España. La Fundación World Vision trabaja sobre el terreno en Siria y en los países vecinos.

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Foto: World Vision.

El conflicto sirio ha cumplido cinco años. Un conflicto que ha dejado tras de sí 4,7 millones de Sirios que se han convertido en refugiados y 6,6 millones más están desplazados dentro de Siria. La mitad de ellos son niños que están en grave riesgo de enfermar, malnutridos, pasando frío, sufriendo abusos o siendo explotados. Millones han tenido que abandonar la escuela y se enfrentan a una vida sin futuro.

"Cuido muy bien de ellas", dice Aaliya de 6 años, una pequeña refugiada siria que vive en el Líbano; "soy la más mayor, y mi padre me pidió que cuidara de mis hermanas". Las tres viven con su madre desde que huyeron de la ciudad de Al Rakka en Siria.

Aprovechando la luz del sol, después de una noche fría bajo una tienda de campaña, estas tres hermanas inseparables se sientan al lado de la que ahora es su casa, en el Valle de Bekaa en Líbano, buscando un poco de calor. En la foto podéis ver a Aaliya vestida de rojo, tiene 6 años; Hasna vestida de negro, tiene 4 años; y Amal de 1 año de edad.

La pequeña Hasna se pinta las uñas con un botecito donde tiene tierra mezclada con agua, su bien más preciado, mientras que Aaliya sostiene a su hermana pequeña enrollada en una manta para mantenerla caliente. Su historia representa el presente de millones de niños a los que la guerra les ha arrebatado el futuro.

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El 18 de abril de 2015 un barco cargado de refugiados e inmigrantes que hacía la ruta entre Libia e Italia naufragó dejando 28 supervivientes y al menos 800 muertos, entre los cuáles se encontraba un importante grupo de niños. La tragedia de Lampedusa marcó un nuevo hito en la cronología de la crisis y provocó la habitual cumbre apresurada de ministros del interior, indignados por la actividad de unas mafias cuyo negocio debería pagar royalties a las instituciones europeas.

Un año después, seguimos batiendo récords. Hace pocos días, varios centenares de refugiados e inmigrantes fueron rechazados en la localidad fronteriza de Idomenei (Grecia) por fuerzas policiales macedonias que hicieron uso de gases lacrimógenos, pelotas de goma y bombas aturdidoras. El recurso al material pesado de antidisturbios contra una población inerme de mujeres, hombres y niños que escapan de la guerra y la persecución constituye la última de una colección de decisiones en la que países europeos -dentro y fuera de la UE- han cruzado líneas rojas que ignoran sus obligaciones legales y humanitarias. Desde el goteo constante de muertes en el mar a la violación casi estructural de los derechos de los niños a lo largo de su tránsito, las excepciones han dejado de serlo para convertirse en parte consustancial a la norma del modelo migratorio europeo.

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España: datos y propuestas de un país que quiere cooperar

Por: | 14 de abril de 2016

José María Vera, Director General de Oxfam Intermón.

Una niña escribe en la pizarra en la escuela de Rutenderi (Burundi) Imagen de Pablo Tosco

Una niña escribe en la pizarra en la escuela de Rutenderi (Burundi). Imagen de Pablo Tosco.

El Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE hizo públicas ayer sus cifras oficiales para 2015, confirmando la lamentable posición de España entre los 28 donantes. Ha sido un año en el que se ha alcanzado un nuevo record en el volumen global de la ayuda en el mundo, con 131.586 millones de dólares. En realidad este crecimiento se debe al cómputo dentro de esta cantidad de los recursos empleados en ejecutar la política doméstica de asilo y refugio, más del 20 % del total de la “ayuda” en los casos de Suecia, Italia, Grecia, Holanda y Australia. Dinero que nunca sale de las fronteras de cada país.

Los datos muestran una situación española que debería ruborizar a cualquier líder político que pretenda defender un país solidario, responsable con el mundo en el que vivimos y consciente de que ya apenas nada se resuelve dentro de las limitadas fronteras del cómodo localismo. Una enfermedad de la que nuestra clase política parece tener un ataque agudo en estos tiempos.

Con un 0.13 % del PIB, España se encuentra a la cola de los países miembros del CAD, y en conjunto, en los últimos años es el donante que más ha reducido su cooperación: más que países como Grecia, Portugal o Irlanda. Es en el capítulo de la Ayuda Humanitaria donde más se ha notado este recorte, por encima del 80%, dejando unas capacidades mermadas para responder allá donde las personas sufren más, en desastres naturales, conflictos y zonas limítrofes, donde los refugiados llegan por millones y se quedan. En el fondo es una política coherente. Nuestro gobierno no acoge refugiados, apoya las devoluciones y no responde como debe a su situación humanitaria en Jordania, Líbano, desplazados en Siria o tantos olvidados en Sudán del Sur, RCA y otras crisis.

Los 1446 millones de euros desembolsados, que nos colocan entre los últimos de la fila, se vuelven calderilla si los desglosamos.  La mitad se va en contribuciones obligatorias a la UE y organismos internacionales. Descontando los costes administrativos, crecientes en porcentaje por la disminución del total, apenas queda para llevar a cabo una política de cooperación al desarrollo que merezca tal nombre. Apurar la ejecución de fondos retrasados, tratar de impulsar de nuevo una confusa cooperación reembolsable o captar recursos de otros donantes para ejecutarlos por delegación son, bien parches para justificar la cicatería, bien opciones parciales. La Agencia Española de Cooperación Internacional no es una consultora que deba dotarse de sentido estirando recursos pasados y ejecutando los de otros. Eso lo hacen los organismos zombis que no reconocen su estado.

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En nuestra serie sobre 'El futuro de la ayuda al desarrollo', hoy escribe desde el Reino Unido Diane Abbott, portavoz laborista de la oposición sobre Desarrollo Internacional. Las opiniones expresadas en este artículo son de la autora y no de Thomson Reuters Foundation,  en cuya web se publicaron originalmente.

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Imagen de tomalaplaza.net

Cuando el año pasado David Cameron comprometió a Gran Bretaña a gastar el 0,7% de su Producto Interior Bruto en cooperación, logró para su gobernante Partido Conservador un aire de santidad. Ahora está explotando esa santidad para impulsar algunos cambios bastante más impíos en la forma como el país gasta ese presupuesto.

La concepción pública de la ayuda al desarrollo (AOD) no incluye financiar al Ministerio de Defensa para que entrene a militares por todo el mundo en la tarea de encontrar y matar a personas que previamente ha determinado que son terroristas.

Pero, desde este mes, la gente se sentirá tristemente engañada si piensan que los 12.000 millones de libras de sus impuestos destinados cada año al presupuesto de la cooperación de Gran Bretaña se dedican sólo a reducir la pobreza en el mundo en desarrollo.

Siguiendo una exitosa campaña de lobby del Gobierno británico - y en contra de los argumentos de países donantes más sensatos y menos militarizados como Suecia- el Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE ha ampliado la definición de la ayuda oficial al desarrollo para que se permita que estos fondos se usen para fines militares.

Helen Clark, responsable del Programa de Desarrollo de Naciones Unidas, dijo la semana pasada que estos cambios normativos pueden dañar e incluso desestabilizar a los países pobres.

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¿Hay futuro para la ayuda?

Por: | 12 de abril de 2016

Captura de pantalla 2016-04-12 a las 0.31.18Ilustración: Mariam Kamensky.

Hace solo un par de décadas el debate sobre la pobreza internacional era, en buena medida, un debate sobre los dilemas de la ayuda del hombre blanco. Los fondos de la cooperación sostenían al mismo tiempo la respuesta humanitaria a las hambrunas y la cleptocracia de regímenes como el de Mobutu; las movilizaciones más vibrantes en favor de la solidaridad internacional y el paracaidismo empresarial de los donantes. Los propios Objetivos de Desarrollo del Milenio fueron estrenados en 2000 sobre la base de los recursos que los gobiernos y empresas de los países más ricos estaban dispuestos a dedicar a los más pobres, principalmente al continente africano.

Quince años y una Gran Recesión después, este debate parece de otro tiempo. La ayuda juega un papel relevante pero muy diferente al de aquel momento, y sus fundamentos están amenazados por el mismo estado de histeria colectiva y jibarización presupuestaria que se ha apoderado de otros ámbitos de la acción pública. En el futuro la ayuda será muy diferente de lo que hemos visto en el pasado, determinada por el equilibrio de riesgos y oportunidades que definen hoy las relaciones internacionales. 3.500 Millones se asomará a ese futuro con una serie de entradas que inauguramos hoy y que analizarán algunas de las preguntas que rodean el debate de la ayuda:

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