40 Aniversario
Ángeles Espinosa

En Irán, no es un chiste. Todos terminan en comisaría. Los ultras de la República Islámica parecen decididos a acabar con cualquier expresión de alegría de sus compatriotas. No contentos con silenciar a sus rivales políticos y poner en la calle a varios miles de policías para que vigilen que a las mujeres no se les vea el flequillo, ahora han lanzado una campaña contra las fiestas, o más bien contra los que disfrutan de ellas.

Raro es el fin de semana que las autoridades judiciales iraníes (bajo control de los más conservadores) no anuncian nuevas detenciones entre quienes osan salirse de las pautas morales del régimen. En el último, la policía detuvo a 132 personas, incluidos algunos “bisexuales” según puntualiza el comunicado. La tendencia está convirtiendo a los periodistas en asiduos de la web informativa MizanOnline, asociada al poder judicial, donde cada viernes se informa de las redadas.

En Irán, la semana laboral comienza los sábados. Así que la noche del jueves es la noche de juerga por excelencia, sí es que puede haber juerga en un país sin bares ni discotecas donde oficialmente está prohibido el alcohol, el baile y las reuniones entre personas de distinto sexo que no tengan relación familiar. Pero una cosa son las normas y otra la realidad.

“Al menos 70 hombres y mujeres ebrios fueron detenidos en un restaurante Farahzad”, informa el texto en referencia a un barrio del noroeste de Teherán. “Entre ellos se ha identificado a algunos bisexuales”, añade sin explicar cómo se ha determinado ese extremo, que sin duda agrava su situación.

No sólo en la pervertida capital del país se producen semejantes excesos. También “han sido arrestados 62 hombres y mujeres en otra fiesta en Bandar Abbas”, una importante ciudad portuaria del sur del país, aunque la web no precisa la fecha, ni la tendencia sexual.

La semana anterior, 35 universitarios  fueron castigados con 99 latigazos por participar en una fiesta de fin de curso en Qazvin, al noroeste de la capital.  Su detención, juicio y sentencia se produjeron en el increíble plazo de 24 horas, todo un récord de eficacia para el desprestigiado sistema judicial iraní, al que las organizaciones internacionales de derechos acusan de falta de garantías procesales. El caso ha merecido la condena de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para  los Derechos Humanos.

Poco antes, la agencia estatal IRNA informó de la detención de 120 personas en varias celebraciones en Semnan y Kerman, dos ciudades situadas al este y suroeste, respectivamente. Además, el fiscal general de Teherán, Abbas Jafarabadi, anunció hace unos días el encarcelamiento de “ocho personas que producían vídeos musicales obscenos, que se difunden en un famoso canal de televisión antirrevolucionario”.  Hay decenas de cadenas que emiten programas en persa por satélite desde fuera de Irán y algunas se han hecho muy populares, a pesar de estar prohibidas dentro del país. Para los ultras, todo lo que suene a fiesta se ha vuelto tóxico.

Los hombres que no daban la mano a las mujeres

Por: | 30 de mayo de 2016

Advertencia: También hay mujeres que no dan la mano a los hombres, pero yo sobre eso no tengo experiencia directa.

Después de tantos años viajando por el mundo islámico, estaba convencida que ya había pillado el punto al asunto de los saludos. Una no da la mano a un clérigo musulmán, a un barbudo con aspecto de ser muy pío, ni tampoco a un fanático talibán. Aunque con los miembros de los Hermanos Musulmanes es más complicado. Algunos sí, otros no. En caso de duda, se espera un instante a ver qué hace el interlocutor.

Pues la semana pasada, me ha fallado. No una, sino dos veces. La primera, durante una conferencia sobre Palestina en los Medios Internacionales celebrada en Estambul. Uno de los encargados de la coordinación, un palestino-libanés muy bien trajeado, se acercó amable a preguntarme si todo estaba en orden y si necesitaba algo. Instintivamente le tendí la mano y, por primera vez en mucho tiempo, sentí el corte de no ser correspondida. Me dio la impresión de que el hombre se sintió tan azorado como yo, aunque no pronunció ninguna de las excusas habituales, ni recurrió al gesto de llevarse la mano al corazón con la que intentan compensarte los funcionarios iraníes.

La negativa de algunos musulmanes a dar la mano a interlocutores del sexo opuesto ha alcanzado cierta notoriedad en las últimas semanas debido al caso dos alumnos sirios que rechazan saludar así a sus profesoras en un instituto de Suiza. Se trata sin embargo de una actitud muy puritana que, en mi experiencia, no es mayoritaria. El islam prohíbe el contacto físico con personas del sexo opuesto con las que no exista un parentesco directo. Los más estrictos, tanto entre los suníes como entre los chiíes, interpretan que esto incluye el normal apretón de manos.

(Aclaración: También hay algunas sectas judías, hindúes y budistas que prohíben ese contacto.)

En general, es una opción personal, más frecuente entre las personas muy religiosas, aunque he conocido clérigos que dan la mano sin problemas. Sin embargo, en Irán, desde el triunfo de la revolución islámica, se ha convertido en una norma de obligado cumplimiento para todos sus funcionarios. Fue allí donde me quedé por primera vez con la mano extendida y perpleja ante la situación embarazosa que la había creado a mi interlocutor. Me pareció raro, pero donde fueres, haz lo que vieres, que me aconsejaba mi madre.

Con el tiempo, aprendería que el asunto era más complejo. Al tratarse  en ese país de una imposición política, una misma persona, en este caso un diplomático amigo, me saludaba con la mano en el pecho y una ligera inclinación de cabeza en las funciones oficiales, me daba la mano cuando nos encontrábamos en un restaurante y me plantaba dos besos en la mejilla cuando venía a visitarnos a casa.

Así que no voy a decir que me extrañé cuando estando en el foro de Doha fui testigo de cómo dos diplomáticos iraníes saludaban con un apretón a la embajadora de Venezuela. Lo que me sorprendió fue que lo hicieran en un lugar público. Uno de ellos, el que parecía más veterano, lo hizo a iniciativa propia, con gran soltura, al ir a sentarse a la mesa donde estaba la representante venezolana; el otro, sólo renuentemente, cuando al ser presentado, ésta le tendió la mano. Respecto a las consecuencias del gesto, cabe recordar que al ex presidente reformista Jatamí, los ultras le formaron un escándalo cuando ya abandonado el cargo dio la mano a unas mujeres durante una visita a Italia. Incluso su sucesor, Ahmadineyad, recibió un rapapolvo por besar la mano de su anciana maestra durante una ceremonia para homenajearla.

Vídeo en el que se ve al expresidente Jatamí dando la mano a varias mujeres en la ciudad italiana de Udine (a partir del minuto 4.04).

Todo lo cual me lleva a mi segunda metedura de pata. En el mismo foro, me encontré con un ex alto funcionario iraní a quien hacía tiempo que no veía. Me acerqué, y siguiendo las reglas del juego de su país, limité el saludo a una inclinación de cabeza; charlamos animadamente durante un rato y, cuando al despedirnos volví a repetir el gesto de la cabeza, él me tendió la mano con mucha naturalidad. Me pilló desprevenida.

Encarcelados sin cargos en Irán

Por: | 28 de marzo de 2016

Amigos y familiares de Siamak Namazi se están movilizando para pedir su liberación y la de su padre a las autoridades iraníes. Namazi, un consultor con doble nacionalidad iraní y estadounidense, se encuentra en la ominosa cárcel de Evin, al norte de Teherán, desde el pasado septiembre sin que se conozcan los cargos contra él. Lo que es más grave, ante su negativa a realizar una confesión, los servicios secretos detuvieron a su padre, Baquer, el pasado febrero, para presionarle.

  Baquer y Siamak 3

Baquer Namazi (a la izquierda) y su hijo Siamak, en una foto del Facebook de Effi Namazi.

“Queremos que los liberen inmediatamente. Tanto Baquer como Siamak son inocentes y están encarcelados sin motivo. Siamak lleva más de cinco meses en prisión sin una acusación clara. Además, la familia y los amigos estamos preocupados por la salud de Baquer, que tiene 80 años y necesita continua atención médica”, me explica Bijan Khajehpour, que está casado con una prima de Siamak, ya que la familia más cercana evita hacer declaraciones.

El pasado 24 de febrero, Effi Namazi, la madre de Siamak, confirmaba en su cuenta de Facebook lo que ya era un secreto a voces entre sus allegados. Dos días antes su marido había sido detenido y trasladado a Evin, al igual que su hijo unos meses atrás. “Es una pesadilla para la que no tengo palabras”, escribió antes de expresar su preocupación por Baquer, quien sufre del corazón y requiere un tratamiento especial.

“Estoy convencido de que lo han hecho para presionar a Siamak. Deben querer una confesión y con Siamak eso lo tienen difícil. Es realmente indigno”, reaccionaba un diplomático europeo que trabó amistad con el consultor durante su destino en Teherán.

Ni Effi ni el abogado contratado por la familia lograron que los responsables judiciales o de prisiones les explicaran la causa de la detención del padre. Al día siguiente, una información difundida por la agencia Fars, vinculada con los temidos Pasdarán o Guardianes de la Revolución, buscaba vincular al anciano Baquer, que hasta su jubilación trabajó como alto funcionario de Unicef, con una supuesta trama de corrupción a través de un proyecto académico conocido como Gulf2000. Ni una sola acusación formal.

No ha habido ninguna imputación oficial contra Baquer o Siamak Namazi. Y lo que es más preocupante, no se ha permitido que les visite su abogado. Ha habido algunas acusaciones sin fundamento en páginas web cercanas a los Guardianes de la Revolución, pero todos esos artículos están llenos de mentiras y distorsiones”, asegura Khajehpour por email desde Austria, donde reside.

Coincidiendo con Nowruz, el año nuevo persa, Effi recibió permiso para visitar a su marido y a su hijo por separado. Pero fueron dos citas breves y en presencia de funcionarios de prisiones. Así que la familia no tiene datos para evaluar su estado de salud o si han sido maltratados durante su detención. Ambos continúan sin tener acceso a un abogado.

En esa situación algunos de sus amigos europeos se están movilizando para que, tras la firma del acuerdo nuclear y ante las perspectivas de interesantes acuerdos económicos, no se olvide la falta de garantías jurídicas y otros atropellos a los derechos humanos que aún son la norma en Irán. Para ello están haciendo lobby en Bruselas, donde buscan el apoyo de los europarlamentarios a una carta en la que expresan su preocupación por la salud de Baquer Namazi y piden que se le facilite asistencia letrada para garantizar que se respetan sus derechos legales y humanos.

De momento, algunos eurodiputados reconocen haber iniciado “gestiones más discretas” ante representantes iraníes. “Son más eficaces con según qué gobiernos”, confía uno de ellos que asegura haberles transmitido su “preocupación” por el caso de los Namazi.

Festival de cine en… Arabia Saudí

Por: | 23 de marzo de 2016

¿Cómo puede haber un festival de cine en un país que prohíbe la exhibición pública de películas? El titular resulta paradójico, pero les aseguro que es fiel a la realidad. Este jueves se inaugura en Damman, en la Provincia Oriental, el tercer Festival de Cine Saudí. Es una de las muchas contradicciones que afronta el Reino del Desierto en su esfuerzo por mantener costumbres anacrónicas a la vez que una parte de su sociedad intenta no perder el tren, no ya de la modernidad sino de la vida.

Así que mientras las autoridades de Arabia siguen respaldando una austera (y controvertida) interpretación del islam que no permite lugares de entretenimiento comunes en el resto del mundo, como los cines, sus habitantes dan pruebas de estar hechos del mismo barro y los mismos sueños que los demás. He contado aquí cómo muchos saudíes, especialmente jóvenes,  vienen a Dubái  a darse atracones de cine por el mero placer de ver películas en pantalla grande. Los ricos se instalan lujosas salas de proyecciones en los sótanos de sus chalés, pero la mayoría tiene que conformarse con ver los vídeos en sus televisores. No es lo mismo.

Además, entre las nuevas generaciones de saudíes existe interés por la expresión visual, tal como lo prueba el enorme éxito de YouTube (son los mayores consumidores per cápita de esa plataforma) y el hecho de que sin que existan cines, ni estudios cinematográficos, hayan empezado a surgir cineastas locales. Aunque  las películas hasta ahora grabadas en el reino no han salido apenas de los circuitos árabes de arte y ensayo, la selección de Wadjda para los Oscar de 2013 reveló algo que rayaba lo imposible: una directora saudí, Haifa al Mansur, en un país donde las mujeres no es que tengan prohibido conducir, es que carecen de derechos individuales.

Ahmed al Mulla

Ahmed al Mulla, el director del Festival de Cine Saudí, durante el certamen del año pasado. / AFP

El tercer Festival de Cine Saudí es, como los dos anteriores, fruto del empeño de Ahmed al Mulla, su director, y está organizado por un grupo de voluntarios organizados en la Sociedad para las Artes y la Cultura. De las dificultades que afronta da cuenta el hecho de que entre la primera cita, en 2008, y la siguiente, pasaron siete años. El éxito y el interés de la convocatoria quedó reflejado el año pasado en el lleno total del Centro Cultural de Damman, donde se celebra el evento, que puede seguirse en su canal de YouTube.

Un total de 70 cortometrajes (las películas no pueden tener más de 59 minutos además de no haberse mostrado ni en televisión ni en YouTube) compiten por la Palmera de Oro que el próximo lunes premiará a los mejores drama, documental, guión, cinta de tema saudí y obra de un cineasta menor de 25 años.

El certamen va a abrirse con un cortometraje de cuatro minutos sobre el terrorismo, un fenómeno que desde hace una década sacude Arabia Saudí y en particular la Provincia Oriental. Pero los temas de las cintas que concursan, todas ellas obras de autores saudíes, también incluyen la guerra, los derechos humanos o la salud.

Los organizadores confían en que el festival muestre las posibilidades del cine en Arabia Saudí y ayude a vencer las reticencias de los ultraconservadores que ven en las películas una vía para occidentalizar sus costumbres y corromper sus valores morales, presuntamente superiores.

Dubái se ahoga en un vaso de agua

Por: | 09 de marzo de 2016

20160309_173101

Una calle de Dubái en las inmediaciones del centro comercial Ibn Battuta. / Á. E.

Rayos, truenos y lluvia. Ha sido un día raro en Dubái. Como la víspera, ha amanecido cubierto, pero las nubes no han dejado paso al sol como suele, sino que han descargado su agua sin contemplaciones. Con un clima desértico y una precipitación media anual no suele llegar a los 100 mm, los 240 mm caídos este miércoles han sembrado el caos. Numerosas calles se han inundado y las filtraciones han obligado a cerrar escuelas y comercios. En la vecina Abu Dhabi, incluso la Bolsa ha suspendido la sesión. Muchos colegios volverán a cerrar el jueves.

Semáforos apagados, balsas de agua sobre las que los coches parecían navegar más que rodar, accidentes de tráfico… Pero lo más llamativo era el ejército de camiones bomba que no daba abasto a achicar el agua estancada. Dubái no tiene un sistema de alcantarillado y, por inusual que sea un día de lluvia, no es la primera vez que se inunda por cuatro gotas. Filipinos y otros trabajadores del sureste asiático, acostumbrados a los monzones, mostraban su incredulidad por el desbarajuste.

En una ciudad que se precia de su modernidad y sus instalaciones a la última, resultaba tercermundista ver los sacos de arena colocados a la entrada de los centros comerciales para evitar que entrara el agua y los cubos improvisados con cestas de la compra y bolsas de plástico para recoger la que se filtraba del techo. En algunos garajes hacían falta botas de goma para llegar al coche. La imagen de un hombre que intentaba alcanzar su vehículo subido a un carrito de la compra en el aparcamiento de un supermercado se ha hecho viral.

Es comprensible que un país en el que luce el sol 360 días al año, esté más preparado para las altas temperaturas que lo castigan que para el chaparrón ocasional. Aunque me temo que tampoco es el caso. El uso de materiales aislantes es demasiado caro para el sistema de enriquecimiento rápido que predomina. En el piso en el que vivo, el agua se colaba por la pared que da a la fachada hasta encharcar el suelo. No es la primera vez que sucede. A pesar de que las torres donde se encuentra se anuncian como “lo más de lo más”, no dejan de ser unos edificios de aspecto soviético y cercanos por sus materiales a las viviendas de protección social. En verano, la misma pared quema, no en sentido figurado, sino literalmente.

La quiniela iraní

Por: | 28 de febrero de 2016

Al taxista se le abre el cielo cuando descubre que dos de sus pasajeros son españoles. Luis Rivas y yo acabamos de subirnos al coche junto a Ali Falahi en una calle de Teherán, y apenas hemos intercambiado el preceptivo “¡Salam!” (¡Hola!), ya nos está preguntando de fútbol. Extiende una papeleta con un par de columnas en las que hay que adivinar el resultado de los partidos no de la liga iraní, sino de la inglesa y la española. Lo curioso es que el islam, que es la religión oficial de Irán, prohíbe las apuestas.

20151104_142854

Uno de los típicos taxis amarillos de Teherán, en la calle Jordan (rebautizada Africa tras la revolución de 1979).

Menos mal que Rivas demuestra un gran dominio del tema porque Falahi y yo estamos fuera de juego. Así que enseguida resuelve con los preceptivos 1 X 2, el resultado de los partidos entre la Real Sociedad y el Málaga, el Deportivo y el Granada, etc. Desconozco si sus previsiones son acertadas, pero nuestro taxista queda encantado y le propongo que si su boleto resulta ganador, nos invite a cenar.

“Soy un joven de antes de la revolución, así que cumplo con mi palabra”, me responde en una poco velada crítica a los dirigentes que desde 1979 han prometido acabar con la pobreza y la desigualdad en Irán.

Pero ¿es legal esta quiniela?, inquiero sorprendida por la tranquilidad con que exhibe el boleto y el aspecto del mismo que, además de un número de serie, cuenta con una razón legal y un número de teléfono. En un país en el que está prohibido el juego, la existencia de apuestas huele a clandestinidad.

“Debe de serlo porque la organiza el nieto del ayatolá Reyshahri”, responde muy tranquilo el conductor. Mohammad Mohammadi Reyshahri, de 70 años, es un temido miembro de la élite clerical que fue el primer titular del Ministerio encargado de los servicios secretos, entre 1984 y 1989. “Y además se saca un buen pellizco”, añade picarón. Según él, los beneficios alcanzan los 500 millones de riales (unos 15.000 euros) a la semana.

Las posibilidades de los jugadores varían según el número de apuestas y la complejidad de las mismas, pero una quiniela sencilla, con una sola apuesta por partido, cuesta 10.000 riales (0,30 euros). Si se tiene suerte, es suficiente. Él asegura que adivinar el último empate entre el Granada y el Deportivo le permitió embolsarse el equivalente a 500 euros, el sueldo de todo un mes.

Habrá que ver si los iraníes han tenido el mismo grado de acierto con los candidatos que han elegido en las pasadas elecciones.

A vueltas con Irán

Por: | 23 de febrero de 2016

Van a ser las primeras elecciones tras la firma del acuerdo nuclear, lo que las convierte en un referéndum sobre la popularidad de las políticas del presidente Rohaní, en especial tras el acuerdo nuclear. El interés es enorme. Numerosos periodistas de todo el mundo han solicitado acreditarse para cubrirlas y descubrir cómo está cambiando Irán ahora que se reintegra en el mundo. Pero las viejas costumbres están muy arraigadas y se resisten a morir.

La mera idea de mostrar transparencia produce urticaria en el búnker. La posibilidad de decenas de periodistas extranjeros correteando a su libre albedrío por las calles de Teherán (para salir fuera de la capital hace falta otro permiso) pone los pelos de punta a los guardianes de las esencias. La presencia de la prensa extranjera se acepta como un mal menor para que testimonie que el espíritu revolucionario aún sigue vivo, aunque sea a base de cuidados intensivos.

20151130_083504

Vista del norte de Teherán, al pie de los montes Alborz. / Á.E.

En los próximos días, las autoridades anunciarán el elevado número de periodistas extranjeros que han cubierto los comicios y utilizarán el dato como prueba de que el país se abre al mundo. Pero todo es relativo. Los visados, limitados a una semana, se han dado con día de llegada y día de salida preestablecidas. En algunos consulados, como en el de Dubái, incluso se han negado a estamparlos hasta el mismo día del viaje. ¿Porque si no pueden ser utilizados más durante ese estrecho margen temporal?

Nadie da una explicación convincente, pero lo que transmite esa medida es que quienes manejan los hilos del poder se sienten inseguros, tienen miedo de hombres y mujeres armados con bolígrafos, grabadoras y cámaras. Quieren evitar que accedan al Irán real, con su diversidad, sus contrastes y sus contradicciones. Por eso, lo mejor es limitar su presencia a unos pocos días, sin apenas tiempo para captar la complejidad de un país con un gran potencial, pero aún sujeto por los arneses de quienes se resisten a compartir el poder.

Exámenes bajo las bombas

Por: | 03 de febrero de 2016

Hace unos días Mustapha Noman difundió en Twitter una foto de la graduación de su hijo Aziz. Como cualquier otro padre estaba orgulloso de que su chaval hubiera acabado el bachillerato y superado la reválida. Sólo que en su caso tenía mucho más mérito. Aziz, como varios millones de estudiantes yemeníes, ha terminado el curso en medio de la guerra. La foto en la que él y sus compañeros de la Modern School de Saná posaban con las togas y los birretes frente a un edificio oficial bombardeado próximo a su escuela, se hizo viral. Reflejaba la resistencia de una generación que muchos dan por perdida.

Aziz03

Aziz y sus compañeros de la Promoción del Aguante, el día de su graduación el pasado enero en Saná.

“Han aguantado lo indecible”, respondió Noman a mi felicitación. De hecho, las chicas y chicos de la Modern School lucían sobre sus bandas la inscripción “2015 Promoción del Aguante”. Porque la suya es, con medio año de retraso, la promoción de 2015.

Cuando el 26 de marzo empezaron los ataques aéreos de la coalición que lidera Arabia Saudí, el Ministerio de Educación decidió cerrar escuelas e institutos en Saná y otras ciudades bombardeadas. Antes de que concluyera el curso el pasado junio, la medida ya afectaba a 3.600 centros de enseñanza primaria y secundaria, tres cuartas partes de los que existen en Yemen, y a 1,85 millones de escolares. Sólo cuatro meses después algunos pudieron reanudar las clases.

Además, de acuerdo con cifras del Ministerio de Educación yemení, medio millar de escuelas han resultado destruidas por los bombardeos. Otras muchas se han convertido en refugios para acoger a las familias que se han quedado sin techo. Los daños son especialmente graves en la provincia de Saada, tradicional feudo de los Huthi contra cuya toma del poder intervino la coalición árabe, y la vecina Amran.

Pero incluso allí donde los profesores han logrado mantener las clases, los retos han sido enormes. No sólo las incursiones aéreas interrumpían a menudo las lecciones, sino que roza lo heroico que los chavales pudieran concentrarse tras noches enteras sin pegar ojo y a menudo con una alimentación escasa. La coalición mantiene un bloqueo que ha convertido los productos básicos en artículos de lujo, incluido el material escolar.

“Llevamos nueve meses sin electricidad”, cuenta Khaled, padre de tres hijos, en conversación telefónica desde Saná. En tales circunstancias resulta especialmente admirable que su primogénito haya obtenido un sobresaliente en la reválida. Basam, de 19 años, quiere ser médico y ese brillante resultado le coloca en un buen punto de partida, pero ahora toca preparar el examen de acceso a la facultad.

Es complicado concentrarse cuando el mundo se derrumba a tu alrededor. Basam ha perdido a varios amigos en la guerra, no en los bombardeos sino luchando. Sólo en su escuela, el Centro Público Al Hasan, han enterrado a 17 estudiantes, algunos de ellos de apenas 16 años, que se unieron a uno o a otro bando. “La mayoría se une a los Huthis, pero también hay quien va con la coalición”, explica.

Los contendientes abren campamentos y animan a los muchachos a alistarse. A algunos les mueve la fe, pero muchos lo hacen por pura necesidad económica. La coalición ofrece una paga de 180.000 riales yemeníes (unos 280 euros), un buen sueldo para un país en el que el 80% de la población necesita ayuda para sobrevivir, según la ONU. Los Huthis no llegan a tanto. La mayor preocupación de Khaled es evitar que su hijo sea reclutado.

“La situación está afectando mucho a los niños, no sólo en los estudios también psicológicamente. Los bombardeos son tan fuertes que tiembla toda la casa y, sobre todo la pequeña, ahora se despierta al menor ruido”, confía preocupado. De momento, él intenta mantener una cierta normalidad, sentándose cada día con sus hijos a hacer los deberes del cole. Eso sí, siempre que no se hayan cancelado las clases por los bombardeos.

¿Es sexy Blancanieves?

Por: | 26 de enero de 2016

Dependerá del gusto de cada cual… Pero así la perciben en Qatar. Al padre de un alumno, la versión de Blancanieves y los siete enanitos que se encontraba en la biblioteca del colegio de su hijo le resulta excesivamente sugerente, tanto que la ha considerado “indecente” e “inadecuada” para los pequeños. Su queja en las redes sociales ha llevado a la intervención de las autoridades educativas cataríes, poniendo en evidencia los límites a la libertad de expresión en el rico emirato. El centro educativo, el español SEK Internacional, ha retirado el libro y pedido disculpas.

Snow-White-and-the-Seven-Dwarfs-disney-females-20306519-640-480

El príncipe besa a Blancanieves en una escena de la película de Walt Disney.

Ni la escuela ni los medios cataríes han identificado al progenitor que, según Al Sharq, se declaró “estupefacto” ante el libro de los hermanos Grimm. En su opinión, “contiene ilustraciones y frases con connotaciones sexuales” que resultan “indecentes” e “inapropiadas culturalmente”. Tampoco está claro qué imágenes en concreto han ofendido su sensibilidad.

Según una foto del cuento difundida por Doha News, la biblioteca escolar tenía a la disposición de los pequeños la versión de Disney editada por Penguin. En la portada, una sonriente Blancanieves mira embelesada al príncipe que la sujeta entre sus brazos. En las páginas interiores se cuenta cómo un beso de éste la ha devuelto a la vida después de que hubiera comido una manzana envenenada.

Nada más tener noticia de la queja, el Consejo Supremo de Educación de Qatar ordenó una investigación a resultas de la cual ordenó la retirada del libro. De acuerdo con su regulación, ningún material escolar puede cuestionar los valores islámicos o las normas cataríes. El colegio, un centro privado con 150 alumnos de 27 países distintos, se disculpó de inmediato por lo que su directora, Vivian Arif, calificó de “situación no intencionada”.

“Respectamos profundamente la cultura de Qatar, estamos comprometidos con la promoción de sus valores y principios, y vamos a seguir trabajando para que nuestro colegio sea siempre una referencia por su compromiso y servicio a la gente de Qatar”, declara Arif en un comunicado difundido por Doha News.

A pesar de los aires de modernidad que Qatar, como otros países vecinos, proyecta gracias a sus rascacielos, sus líneas áreas y sus campañas publicitarias, su sociedad es aun extremadamente conservadora. Está mal visto que personas de distinto sexo se besen o abracen en público, y una pareja que se muestre excesivamente cariñosa se arriesga a ser detenida.

Revistas, libros y películas tienen que pasar la censura. Las fotos de mujeres en biquini o con escotes pronunciados se emborronan con tinta negra antes de que la publicación salga a la venta. En los filmes se cortan las escenas de pasión e incluso los besos. Hace un par de semanas, el mismo Qatar que dice querer promocionar el cine prohibió La chica danesa, sobre una artista que se somete a uno de los primeros cambios de sexo, a raíz de las quejas que suscitó su pase.

Huir a... Yemen

Por: | 20 de enero de 2016

Con una guerra que desde el pasado marzo ha causado cerca de 9.000 muertos, 280.000 desplazados internos y 168.000 refugiados fuera del país, Yemen no parece un lugar nada atractivo al que inmigrar. Sin embargo, en 2015, al menos 92.500 personas llegaron por mar, dos tercios de ellas desde el inicio del conflicto, ha informado el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Se trata, según esa agencia de “una de las cifras totales anuales más altas de la última década”.

0484e0b9b6

Alambradas en la costa de Bab el Mandeb, el estrecho que separa la península Arábiga de África. / J.Zocheman (ACNUR)

Sí, a pesar de estar entre los países más pobres del mundo, Yemen lleva años sirviendo de vía de escape para decenas de miles de habitantes del Cuerno de África. Son sobre todo ciudadanos etíopes y somalíes que ven en el antiguo reino de Saba una vía de acceso a Arabia Saudí, donde están dispuestos a hacer los trabajos más duros y menos valorados por un bocado que llevarse a la boca. Casi el 90% de las llegadas registradas por el ACNUR el año pasado procedían de Etiopía y eso a pesar de las deportaciones masivas de 2013.

¿Qué pasa en Etiopía para que haya tanta desesperación? No he estado nunca allí, pero al parecer en el segundo país más poblado de África con 100 millones de habitantes, la democracia formal alcanzada en 1994 no está funcionando como debiera. Tras las últimas elecciones hace un año desapareció del Parlamento la oposición perdió a su último representante. El despegue económico impulsado por el presidente Hailemariam Desalegn no ha alcanzado a todos debido a los favoritismos y la corrupción; además los derechos humanos dejan mucho que desear.

En cualquier caso, la situación resulta tan desesperada como para que un número significativo de sus jóvenes (y de los somalíes, cuyo país está aún peor) arriesguen sus vidas cruzando el mar Rojo. Y ahora, ante la extensión de los combates a esa costa yemení, navegando en embarcaciones precarias hasta el mar Arábigo, más al sur. Desde que ACNUR empezó a registrar las llegadas a Yemen 2006, sólo en 2011 y en 2012 el número de migrantes había sido mayor, con 103.154 y 104.532, respectivamente.

A muchos les sorprenderán estos datos, pero el fotógrafo Samuel Aranda ya retrató ese problema durante el verano de 2012 en un trabajo para ACNUR. A las difíciles condiciones del viaje y la falta de medios para atenderles a su llegada se sumaba más tarde el maltrato en la frontera con Arabia Saudí, donde a menudo los migrantes son recibidos a tiros para evitar que crucen (ilegalmente). Ni siquiera la guerra les frena en su aspiración a una vida mejor. Tampoco los muertos en el camino.

“Siguen llegando personas a pesar de la escalada sin precedentes del conflicto interno en Yemen”, señaló Adrian Edwards, portavoz del ACNUR, al presentar el informe en Ginebra. Esta agencia de la ONU ha registrado 95 muertos en 2015, el segundo año con más víctimas. Y 2016 ha empezado con la pérdida de otras 36 vidas en un hundimiento acaecido el 8 de enero. A los que hay que sumar quienes, una vez en tierra, se ven atrapados por la guerra yemení. “Algunos de ellos podrían terminar asesinados”, advierte la organización. De momento, la desesperación parece mayor que el riesgo.

Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

Eskup

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal