Ángeles Espinosa

Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

Eskup

Mientras Siria arde (y3)

Por: | 04 de agosto de 2012

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Uno de los abogados detenidos a mediados de julio

Emiratos Árabes Unidos (EAU)

Desde el pasado 16 de julio, EAU ha detenido a 36 activistas de la sociedad civil y defensores de los derechos humanos. Entre ellos se encuentran dos destacados abogados contra los que no se ha presentado ninguna acusación según ha informado la organización Human Rights Watch (HRW). La última oleada de detenciones se produjo los pasados lunes y martes, con lo que se eleva a medio centenar los encarcelados desde el pasado marzo. HRW y otros grupos de derechos humanos denuncian que se desconoce el paradero de 38 de ellos.

En la anterior ocasión, a mediados de julio, los 18 detenidos fueron acusados de “oponerse a la Constitución” y “estar vinculados a organizaciones con agendas extranjeras”, según el fiscal general, Salem Said Kubaish. Esa acusación se refiere sin mencionarlo al Islah (Reforma), un grupo islamista local que las autoridades identifican con los Hermanos Musulmanes cuyo acceso al poder tras las revueltas en Túnez y Egipto ha creado una enorme preocupación entre las monarquías de la península Arábiga.

Entre los encarcelados había abogados, activistas de los derechos humanos y blogueros.

“Las autoridades equiparan de forma deliberada cualquier signo de crítica del sistema a un peligro para la seguridad nacional con el objetivo de silenciar la disensión”, denuncia Reporteros Sin Fronteras (RSF) que pide la inmediata liberación de los detenidos. La mayoría de ellos firmaron el año pasado una petición para que el Consejo Nacional Federal, un proto parlamento, sea dotado de poderes legislativos y de control sobre el Ejecutivo.

Aquella petición estuvo promovida desde el foro de debate democrático Al Hewar, que administraba Ahmed Mansur. Este activista liberal laico y otros cuatro participantes en el foro fueron encarcelados en abril de 2011 y condenados a finales de noviembre a penas de entre dos y tres años de cárcel por “insulto a los dirigentes emiratíes” y “llamamiento a manifestarse contra el régimen”. El presidente de EAU, el jeque Jalifa, les perdonó al día siguiente de conocerse la sentencia.

A diferencia de aquel caso, la mayoría de los detenidos este año son islamistas, incluido un primo del emir de Sharjah, uno de los siete emiratos. Aunque los miembros de Islah admiten que comparten objetivos con los Hermanos Musulmanes, niegan que tengan vínculo alguno con grupos extranjeros. Pero el temor de las autoridades, parece reflejado en las declaraciones del jefe de la policía de Dubái, Dhahi al Tamim, que ha acusado a la cofradía de querer desestabilizar la región. EAU no permite ni los partidos políticos ni las manifestaciones.

Significativamente, también a mediados de julio se ha expulsado del país a Ahmed Abdulkhaleq, uno de los cinco detenidos por participar en el foro de Al Hewar. Abdulkhaleq, deportado a Tailandia, hacía campaña por los derechos de los apátridas. Conocidos como bidún, por la palabra sin en árabe, son miembros de familias originarias de otras zonas de la península Arábiga o de Irán que no lograron obtener la nacionalidad cuando se creó EAU en 1971. Los entre 10.000 y 100.000 los afectados, según las fuentes, están al margen del generoso estado de bienestar emiratí y se quejan de discriminación a la hora de obtener empleo.

Otro siete detenidos el año pasado, esperan que un tribunal de apelaciones revise los dos decretos presidenciales que el año pasado les retiraron la nacionalidad por constituir “una amenaza a la seguridad nacional”. La vista ha sido retrasada para el próximo octubre. Hasta ahora, a EAU no ha llegado la agitación política y social que desde el año pasado sacude buena parte del mundo árabe. Al contrario, si acaso se ha beneficiado indirectamente de la inestabilidad en su entorno inmediato. Gran parte del turismo regional que hasta ahora se dirigía a Bahréin, Egipto o Líbano se ha reorientado hacia Dubái, la principal ciudad-Estado de esa unión. Pero, sobre todo, muchos capitales han buscado refugio en la seguridad de su sistema financiero o en su sector inmobiliario, dando un impulso a la recuperación económica tras la crisis de 2009.

¿El secreto? Los analistas han apuntado a la legitimidad del sistema de gobierno, principados hereditarios de raíz tribal; a la prosperidad económica (Abu Dhabi, el único emirato rico en petróleo, redistribuye entre los demás, y Dubái ha logrado otras fuentes de ingresos), y a la escasa población nacional (apenas un 10% de los 8 millones de habitantes de EAU). Las autoridades también han tomado algunas medidas preventivas como la ampliación del número de grandes electores que eligen el Consejo Nacional, el aumento de los sueldos de los empleados públicos (donde se concentran los trabajadores nacionales) y la concesión de la nacionalidad a hijos de mujeres emiratíes casadas con extranjeros. Sin embargo, y aunque la mayoría de los emiratíes parecen satisfechos, las recientes detenciones revelan que existe un debate sobre la libertad de expresión y la necesidad de una mayor participación política.

Mientras Siria arde (2)

Por: | 03 de agosto de 2012

Omán.

Las protestas que mayor sorpresa causaron el año pasado a los diplomáticos y periodistas que trabajamos en esta parte del mundo, fueron las que acontecieron en Omán. El apacible sultanato era el último lugar del mundo donde alguien podía detectar algún malestar con el estado de cosas. La autocracia benevolente de Qabús había logrado un desarrollo a escala humana y un reparto del bienestar que no mostraba aristas. Hasta que estalló Sohar.

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Manifestación el año pasado en Sohar./Wordpress

Entonces salió a la luz que una cuarta parte de los omaníes en edad de trabajar estaba en paro (a pesar de que un tercio de los 3,2 millones de habitantes del sultanato son mano de obra extranjera) y que el generoso estado de bienestar no alcanzaba a todos por igual. La rapidez con que el sultán Qabús cesó a un tercio de su Gobierno, implantó un subsidio de desempleo y anunció la creación de miles de puestos de trabajo, logró calmar el descontento. Pero sólo hasta cierto punto.

El malestar ha seguido cociéndose a fuego lento. En mayo y junio, cientos de empleados de empresas del sector petrolero bloquearon el acceso de los obreros a las instalaciones de la compañía nacional para pedir un aumento de sueldo.

A mediados de julio, dos centenares de jóvenes omaníes volvieron a manifestarse en Sohar con pancartas en las que pedían empleo, mejores condiciones de vida y que se acabe con la corrupción. La mayoría eran recién licenciados que no se han visto beneficiados por los 50.000 trabajos las autoridades aseguran haber creado en el último año. Residentes en esa ciudad portuaria aseguran que la mayoría de los puestos en la industria local se los lleva la gente de la capital, Mascate, y piden que se reserve una cuota para los jóvenes de la zona.

Las autoridades han tratado de restar importancia a estas protestas. Portavoces citados por medios locales aseguran que se trata de “incidentes aislados” o las atribuyen a “gente que abandona el trabajo porque quiere sueldos poco realistas, perezosos o meros agitadores.

Sin embargo, su nerviosismo parece evidente en la oleada de detenciones que siguió a las huelgas. Al menos nueve blogueros y escritores fueron encarcelados el 31 de mayo por criticar el fracaso del Gobierno en llevar a cabo las reformas prometidas el año pasado tras las protestas. Diez días después, una veintena de manifestantes que protestaban por esa medida, también acabaron en el calabozo. Tanto Human Rights Watch como Reporteros Sin Fronteras han denunciado las penas de cárcel que se les han impuesto por ejercer su derecho a la libre expresión, y piden su inmediata puesta en libertad. Las sentencias, que se han ido conociendo a lo largo de julio, serán revisadas por un tribunal de apelaciones el próximo septiembre.

 En el próximo post trataré las detenciones de islamistas en EAU

Mientras Siria arde (1)

Por: | 02 de agosto de 2012

Uno de los problemas de la información es seleccionarla. Hay un límite de noticias que podemos procesar. Así que es tarea de los medios valorarlas y elegir cuáles llegan a sus audiencias. La ola de cambios que se desató el año pasado en el mundo árabe nos ha desbordado. Informaciones que meses atrás hubieran logrado un hueco destacado en las páginas de los periódicos o en los informativos de radio y televisión, quedan relegadas a una mención de pasada como mucho. La gravedad de los sucesos de Túnez, Egipto o Libia eclipsó las manifestaciones iniciales en Yemen y Bahréin.

Está sucediendo de nuevo con Siria. Los enfrentamientos en ese país son de tal magnitud que da la impresión de que los periodistas sólo tenemos ojos para ellos. El resto de lo que sucede en la región pasa inevitablemente a un segundo plano. Aunque sin duda del desenlace de esa cruel guerra civil va a depender en buena medida el siguiente capítulo de la historia de Oriente Próximo, la onda expansiva de la Primavera Árabe todavía retumba. Antes de irme de vacaciones, me gustaría compartir algunos de los apuntes que ido tomando estos días mientras tenía un ojo puesto en las imágenes que llegan desde Alepo y Damasco.

Arabia Saudí.

La tensión ha vuelto a aflorar entre la comunidad chií de la Provincia Oriental a raíz de la detención el pasado día 8 del jeque Nimr al Nimr, uno de los más duros críticos de la monarquía de los Al Saud. Tres jóvenes resultaron muertos por disparos policiales en las protestas de los días siguientes, lo que eleva a nueve el número de víctimas mortales desde el pasado noviembre. El llamamiento a la calma de un grupo de líderes religiosos chiíes sólo ha puesto de relieve la creciente radicalización de las nuevas generaciones que cuestionan los resultados del diálogo y la paciencia que predican los mayores. 

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Protesta en Qatif por la detención de un clérigo chii./Al-Monitor.com

La minoría chií de Arabia Saudí, en torno a un 10% de sus 20 millones de nacionales, se ha quejado tradicionalmente de discriminación por parte de los gobernantes suníes, pero desde la represión de las revueltas de 1979 se había mantenido discreta en sus reclamaciones. Sin embargo, los ecos de la Primavera Árabe alentaron nuevas protestas el año pasado. Las primeras manifestaciones, en febrero y marzo, se limitaron a pedir la libertad de los presos de conciencia, pero poco a poco han ampliado su alcance. Los jóvenes activistas piden más derechos y un sistema representativo. De ahí que clérigos como el jeque Al Nimr hayan ganado terreno a otros más conciliadores con la monarquía.

Las cosas se complican porque la familia real percibe las protestas en el contexto de su rivalidad regional con el chií Irán, al que acusa de fomentarlas. De ahí que su respuesta se limite a medidas de seguridad que a su vez azuzan el conflicto, en lugar de ofrecer medidas políticas que ayuden a desactivarlo.

De momento, las muestras de descontento se han circunscrito a los chiíes de la Provincia Oriental y no hay signos de que el resto de los saudíes simpaticen con sus aspiraciones hasta el punto de que la movilización vaya a generalizarse. Aunque en las redes sociales crece el número de quienes expresan su hartazgo con las limitaciones sociales del régimen, ese activismo de Internet no ha llegado por ahora a la calle. Así que las protestas chiíes no suponen una amenaza existencial para los Al Saud. Sin embargo, en la medida en que los gobernantes no atiendan los problemas de esa comunidad y sus jóvenes sigan radicalizándose, la Provincia Oriental, donde se concentran la mayor parte de los campos de petróleo del país, puede convertirse en una bomba de relojería. En algunos vídeos difundidos por esos activistas se oyen gritos de “Abajo los Al Saud”. 

En el próximo post, trataré la situación en Omán.

El País

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