Ángeles Espinosa

Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

Eskup

Condones a domicilio

Por: | 31 de enero de 2013

Es lo último que le faltaba a Dubái. En una ciudad donde te llevan a casa no sólo la compra del súper o la comida del restaurante de la esquina, sino hasta el pedido de la farmacia y la ropa de la tintorería, innovar en los servicios a domicilio se hace cada vez más complicado. Las empresas se gastan una pasta en elaborar esmerados folletos en papel cuché y con atractivas fotografías para atraerse nuevos clientes. La oferta es muy amplia y la competencia dura.

Pero la idea de la empresa Durex de ofrecer un reparto urgente de condones sobrepasa incluso lo que estamos acostumbrados en este emirato. “Te salvará la cita. Consigue condones cuando los necesites. Entrega en cualquier punto de Dubái”, promete el anuncio colgado en la red bajo el lema SOS condoms y que también proporciona una app para el móvil. Eso sí, para mayores de 21 años, la mayoría de edad legal en Emiratos Árabes Unidos.

¿Existe de verdad demanda para ese servicio? Los profilácticos están al alcance de cualquiera en farmacias, supermercados e incluso gasolineras. Tal vez los analistas de mercado hayan encontrado un nicho en la cultura del ocio y del que te lo den todo hecho que triunfa por estas latitudes.

Sin embargo el servicio, que también está disponible en otras ciudades como París o Sidney, da pruebas de un gran desconocimiento de las sensibilidades locales. El vídeo que lo acompaña muestra a una pareja, que al parecer acaba de ligar, en actitud cariñosa. “Todos hemos estado alguna vez en esa situación en la que ella pregunta: ¿tienes un condón?”, relata la voz en off, mientras el protagonista masculino revuelve cajones en busca del preservativo.

Sólo que en este país el sexo fuera del matrimonio heterosexual es ilegal y, al menos en teoría, una situación como esa no debería darse. Aunque las autoridades suelen hacer la vista gorda a la vida privada de los extranjeros que constituyen el 90% de la población del emirato, ha habido algunos casos sonados de turistas que han pasado varios meses en la cárcel, antes de su repatriación, por haberse mostrado excesivamente fogosos en público.

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Típico cartel a la entrada de los centros comerciales de Dubái. / Gulfnews.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Nuestros equipos profesionales están siempre listos para entregarle sus condones en cualquier lugar, de forma rápida y discreta”, promete Durex. De nuevo, su idea de discreción choca con la realidad local. Además del consabido repartidor de pizza y de los improbables turistas, un policía salva del apuro a una pareja que se lo está montando en el coche, algo que de darse en la práctica acabaría con los interesados en comisaría.

Esto es Dubái, sí, pero también un emirato de la península Arábiga y bajo el destello de su modernidad apabullante, se ha producido en los últimos años una reacción conservadora. El año pasado, un sector de la población local promovió una campaña contra el vestido “indecente” que obligó a las autoridades a recordar a todos los extranjeros, residentes y visitantes, que deben respetar la cultura autóctona. Es decir, taparse un poco más aunque haga calor. No está claro que los condones entren en esa categoría.

Irán corteja a Egipto

Por: | 25 de enero de 2013

Los gobernantes iraníes tienen los ojos puestos en Egipto. Esta semana, Teherán ha propuesto El Cairo para la próxima ronda de conversaciones nucleares con las grandes potencias y la oficina del presidente ha anunciado que Mahmud Ahmadineyad viajará a la capital egipcia a primeros de febrero para asistir a la cumbre de la Conferencia Islámica. Más allá de que Ahmadineyad y a su equipo les guste el Um Ali (un postre egipcio similar al pudin), su interés por estrechar lazos con el mayor país árabe es visto por los analistas como un intento de remodelar las alianzas regionales y aislar a Arabia Saudí. Pocos creen que lo logre.

Las relaciones entre ambos países (el uno persa y chií; el otro árabe y suní) han sido tensas desde la revolución iraní de 1979. Los nuevos dirigentes no perdonaron que Egipto hubiera firmado la paz con Israel y rompieron relaciones diplomáticas cuando El Cairo ofreció asilo político al depuesto monarca iraní Mohamed Reza Pahlavi (casado en primeras nupcias con una princesa egipcia). A sus diferencias ideológicas, se sumó más tarde el recelo egipcio hacia la interferencia iraní en asuntos árabes en Líbano, Palestina, Irak o Siria. En esos conflictos, las dos potencias regionales han estado siempre en lados opuestos de la trinchera.

De hecho, Irán lleva tratando de acercarse a Egipto desde los mandatos de Mohamed Jatamí (1997-2005), cuando Hosni Mubarak aún estaba en el poder. Junto a Turquía, son los países más grandes y poblados de la región (en torno a 80 millones de habitantes cada uno). La eventual coordinación de sus políticas supondría un enorme cambio geopolítico. Sin embargo, la rivalidad de sus intereses y alianzas regionales ha bloqueado hasta ahora todos los esfuerzos. El ascenso islamista en El Cairo a raíz de la Primavera Árabe ha dado nuevas esperanzas a una República Islámica cada vez más aislada internacionalmente.

“Si Irán fuera capaz de normalizar relaciones con Egipto, Arabia Saudí quedaría rodeada por el Este y el Oeste por dos repúblicas revolucionarias que están tratando de extender su modelo a Riad”, asegura Ali al Ahmed, un analista saudí que dirige el Institute for Gulf Affairs.

Muftah.org
Morsi con Ahmadineyad en Teherán durante la cumbre de No Alineados./. muftah.org

Pocos observadores dudan de que Irán va a hacer todo lo posible para ganarse a Egipto. “Incluso sustituiría a Siria si lo lograra”, estima el politólogo emiratí Abdulkhaleq Abdulla. En su opinión “sería una victoria geopolítica y estratégica enorme”. Sin embargo, Abdulla no cree que lo logre. “Existe un problema ideológico fundamental, Siria. Así que el acercamiento, los gestos, son meramente simbólicos”, asegura.

En Siria, como antes en Irak o en Líbano, el corazón de los egipcios está con sus hermanos suníes, que además ahora identifican con su propia revuelta contra la dictadura de Mubarak hace justo dos años. Sin embargo, el régimen iraní sigue apoyando a Bachar el Asad (cuyo derrocamiento ha señalado como una línea roja) no tanto porque el autócrata proceda de la minoría alauí (considerada una escisión del chiísmo) cuanto por una larga asociación de intereses políticos que nacieron de la rivalidad común a Saddam Husein.

Hay además otro obstáculo importante: Palestina. Irán ha dado muestras de desear convertirse en el mediador del proceso de paz intrapalestino, una función a la que Mubarak supo sacarle mucho partido y que Morsi se ha asegurado con gran éxito. Todo indica que esa es una baza a la que ningún presidente egipcio va a renunciar. Hacerse necesario en cualquier negociación para apaciguar el conflicto palestino (tanto interno como con Israel) garantiza relevancia regional e internacional.

Así que por muy sonriente que Ahmadineyad logre retratarse en El Cairo junto a Morsi el próximo febrero, todo indica que el presidente iraní regresará a casa con poco más que buenas palabras y tal vez un papiro de recuerdo.

Locas por el fútbol, y algo más

Por: | 21 de enero de 2013

El triunfo del equipo nacional de Emiratos en la Copa del Golfo ha desatado el pasado fin de semana (que aquí corresponde al viernes y el sábado) una celebración popular. La noche del viernes, tras computarse el 2 a 1 frente a Irak, numerosos seguidores se echaron a la calle en sus coches tocando el claxon o agitando banderas nacionales. Nada sorprendente en un país que, como otros de la zona, siente pasión por el fútbol. Lo que me ha llamado la atención ha sido el debate paralelo que ha suscitado la presencia de mujeres (emiratíes) en el estadio de Bahréin donde se jugó la final.

Desde que se supo que las autoridades habían reservado plazas para 25 mujeres (y sus respectivos chaperones) en los seis vuelos que el jeque Khalifa, presidente de Emiratos Árabes Unidos (EAU), ofreció a los fans de los blancos para acudir a las semifinales, las redes sociales estallaron con las críticas (y contracríticas) a la presencia femenina en las gradas.

“Resulta triste ver que la AFEAU [Asociación de Fútbol de EAU] anima a las mujeres a quitarse el velo y olvidarse de su decencia con el pretexto de apoyar [al equipo nacional]”, lamentaba un tuitero. No era una opinión aislada. Numerosos internautas expresaron su malestar con la decisión, a pesar de que las interesadas viajaban acompañadas del preceptivo mehran (padre, marido o hermano que tiene su custodia legal). “Es culpa de los padres y guardianes que dejan a sus hijas, hermanas o esposas asistir a esos eventos”, señalaba @Bnshaheen1.

Lo grave no era tanto la presencia de las mujeres en el estadio, algo que ya se vio en 2007 cuando EAU ganó su primera Copa del Golfo, sino que lo hicieran fuera de casa. “¿Quién sabe qué puede pasarles si viajan solas a otro país?”, preguntaba uno de los tuits. El temor de esos ultraconservadores es, según @bomoath75, que las mujeres puedan “perder el espíritu de modestia y castidad”, un valor al parecer exclusivo de aquellas que viven recluidas en el entorno familiar-nacional. Pero lo más sorprendente es que las pegas no provenían sólo de los hombres.

“Si quieren apoyar [al equipo nacional], que lo hagan desde casa”, respaldaba la tuitera @wafa_als. Otra mujer, @jumaira, aseguraba que la asistencia al partido era una idea “extranjera y ajena a nuestros usos que distorsionará la imagen de nuestro país”.

¿Qué concepto tienen del extranjero? ¿Y de sus propias compatriotas? ¿Acaso creen que fuera de sus fronteras sólo existe Sodoma y Gomorra, o que las emiratíes son unos seres tan débiles (o tan condicionados por las imposiciones sociales) que nada más cruzar la puerta de su casa van a comportarse en contra de la educación que han recibido? Nada sustenta semejantes recelos. Al contrario, sus resultados en la universidad e incluso en el trabajo superan con frecuencia a sus colegas masculinos. Cada vez hay más mujeres preparadas y en puestos de responsabilidad.

El alboroto no desanimó a las fans que finalmente viajaron tanto a las semifinales como a la final. “Si tuviera tiempo, cogería a mis hijos e iría; y si no os gusta, no es mi problema”, espetó @nailaalnuaimi. Otros, menos desafiantes, no veían obstáculo en que lo hicieran siempre que estuvieran “acompañadas por su padre o su hermano, y se sentaran en una zona especial reservada a familias”. Es decir, que sigan siendo tratadas como eternas menores de edad.

El recelo a la independencia de la mujer sigue estando muy arraigado en las sociedades patriarcales de esta parte del mundo. No obstante, los dirigentes emiratíes, a diferencia de en la vecina Arabia Saudí, llevan varios años promoviendo la progresiva participación femenina en todos los ámbitos sociales, incluido el deporte, no sólo como actividad privada sino también de competición. Rompieron el tabú enviando a la hija de un jeque a los Juegos Olímpicos de Pekín. Y aunque tranquilizan a las familias facilitando que las chicas viajen acompañadas por un familiar, no exigen como los iraníes que compitan completamente cubiertas, una decisión que dejan a cada deportista.

Año Nuevo con diamantes

Por: | 16 de enero de 2013

Tarjeta

Al empezar el año, tengo por costumbre hacer limpieza en mis archivos y en las seis cajas en las que guardo las tarjetas de visita. A lo largo de casi tres décadas de viajes de trabajo por medio mundo, he recibido (y entregado) numerosos de esos cartoncillos. La mayoría de ellos han sido variaciones, de mayor o menor calidad, del sobrio modelo que negro sobre blanco indica el nombre, el cargo, la empresa y los datos de contacto de la persona en cuestión. Pero ha habido destacadas excepciones como la tarjeta plastificada y con fotografía (algo bastante útil, por cierto) que me dio un general afgano de etnia uzbeca en Mazar-i-Sharif, o las impresas en relieve con letras doradas de algunos próceres árabes.

Ninguna sin embargo me ha causado tanta impresión como la que uno de los últimos viajes que realicé a Bagdad me entregó un funcionario de la oficina del presidente del Parlamento iraquí. No recuerdo ni su nombre ni su cargo, pero la tarjeta es inolvidable e irrompible: una fina chapa dorada, con letras negras y rojas, árabes por un lado y latinas por el otro, con el escudo y el mapa de Irak sobreimpresos, y con los bordes troquelados como si se tratara de un encaje de Camariñas. Nunca pensé que pudiera superarse.

Sin embargo, acabo de descubrir mi total ignorancia en cuanto a tarjetas para impactar se refiere. Nada más regresar a Dubái, leo en un periódico local, The National, que lo que realmente causa sensación son las tarjetas con diamantes protegidas por una película de material resistente a la abrasión. Como lo están leyendo. La empresa que las fabrica, la británica Black Astrum, presenta su tarjeta (“signature card” la llama) como “única y especial”. Y sin duda, a un precio unitario antes de impuestos de entre 159 y 1.000 libras esterlinas (entre 190 y 1200 euros, dependiendo de la calidad y el número de diamantes), debe de serlo.

Según el fundador de la compañía, la mayoría de sus clientes se hallan en Oriente Próximo y China. Evidentemente, si esta corresponsal se encontrara entre los elegidos para recibir una de esas joyas, no estaría escribiendo estás líneas. Pero por ahora ni siquiera he visto la versión más modesta, que utiliza cristales Svarosvski en lugar de diamantes (99 libras). Así que, tras mi reciente ausencia para atender asuntos familiares, seguiré contándoles desde aquí anécdotas de esta parte del mundo que se escapan a la vorágine informativa del día a día. Feliz Año Nuevo.

El País

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