Ángeles Espinosa

En la cama con Bond, James Bond

Por: | 22 de diciembre de 2013

A pesar de los espías que periódicamente Irán anuncia haber detenido, una nunca se imaginaría encontrar al glamuroso Bond, James Bond, en pleno Teherán. Entre otras cosas, porque sin su dry Martini (agitado, pero no revuelto) el hombre no es nadie. Pero en el mundo de la ficción, hace mucho que son posibles los viajes en el tiempo. Y a estas alturas de la película no tengo empacho en declararme una incondicional de 007. Asumo los riesgos.

Yalda Moaiery-12

Teherán, vista desde Tochal, la semana pasada. / Yalda Moaiery.

Todo empezó en Bagdad, durante la guerra real que siguió a la guerra oficial. Corría 2004 y aunque George W. Bush había declarado el fin de las hostilidades, el país seguía hundiéndose en un agujero del que todavía no ha salido. La electricidad iba y venía de forma aleatoria, pero más iba que venía, así que en casa utilizábamos un generador para alimentar los ordenadores, la parabólica, la antena de internet y el resto de los artilugios necesarios para ejercer el trabajo de periodista. Así que cuando llegaba la noche estábamos tan hartos del ruido del dichosos trasto que sacrificábamos ver una peli a cambio de un poco de silencio.

La alternativa era la lectura. Disponíamos de unas lámparas de fabricación china que se cargaban durante el día y permitían una o dos horas de luz sin necesidad de corriente. Pero comprenderán ustedes que tras pasar el día visitando las escenas de los atentados suicidas y recopilando las desgracias de la ocupación, una no tenía el cuerpo ni para sesudos estudios sobre el sectarismo que empezaba a desangrar el país, ni siquiera para literatura de cierto calado. Lo confieso: me leí las obras de Dan Brown.

Lo que es aún más grave, me aficioné a la novela de aventuras antes de conciliar el sueño. Así es cómo llegué a Bond, James Bond. Claro que ya me había leído (de joven) los originales de Ian Fleming. Descubrí sin embargo que, al hilo del éxito cinematográfico, varios autores (alguno de ellos de cierto renombre) habían aceptado el encargo de escribir nuevas historias para el agente secreto más conocido de la historia. Eran un estupendo contrapunto a los duros destinos que forman parte de mi trabajo.

Primero leí Carte Blanche, de Jeffery Deaver, con el pretexto de que se desarrollaba en Dubái. Luego abordé Solo, escrita por William Boyd, sin buscar pretexto alguno. Y finalmente, conocedor de mi debilidad, mi marido me regaló Devil May Care, de Sebastian Faulks, justo unos días antes de mi último viaje a Irán. Sin duda, la compañía perfecta para acabar las intensas jornadas de trabajo que me esperaban.

Cuál no sería mi sorpresa cuando al segundo día de mi estancia, me meto en la cama, empiezo el capítulo 7 y me encuentro con una frase de Viaje a Oxiana de Robert Byron:

                “El inicio de un viaje a Persia se asemeja a una ecuación de algebra: tal vez salga el resultado o tal vez no”.

¿Era un mensaje en clave? ¿Qué significaba eso para mis planes de escribir un reportaje para EL PAÍS Semanal? No tenía tiempo de averiguarlo. Bond, James Bond, acababa de llegar a Teherán y, aunque para él era 1967, yo no iba a perder la ocasión. De inmediato llamé a su contacto, Darius Alizadeh, y le pedí que me ayudara a concertar una cita en mi hotel que, según el relato de una amiga, aunque ahora era propiedad de los servicios secretos, en tiempos había pertenecido al marido de la cantante Googoosh y albergado un cabaré.

La información que Darius nos facilitó, a Bond y a una servidora, se ha quedado un poco anticuada después de la revolución. No obstante, hay cosas, como el tráfico o la contaminación, que parecen no haber cambiado demasiado. Obviamente no pudimos brindar con champán. Tampoco nos sirvieron caviar, porque casi ha desaparecido, pero los pistachos siguen siendo los mejores. Lo demás lo dejo a su imaginación, y aprovecho para desearles unas felices fiestas y un estupendo 2014.

Hay 3 Comentarios

Teherán, Bond y hasta sus chicas, todo parece más real y más humano cuando lo cuenta Ángeles. Gracias por un año más de magníficas crónicas. Un abrazo, Chus

Lo mejor de James Bond eran las chicas con las que se acostaba y para mi la mejor de todas, sin duda, fue esta: http://xurl.es/ch3vj Es un poco machista el formato de sus películas pero son éxito asegurado

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Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

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