Ángeles Espinosa

Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

Eskup

Barriles bomba sobre Faluya

Por: | 19 de mayo de 2014

Faluya es el infierno.  Desde principios de año, el Ejército iraquí se halla enzarzado, en esa ciudad y toda la provincia de Al Anbar, en una guerra contra una mezcla de tribus suníes que se sienten marginadas del poder y militantes de una rama de Al Qaeda. Atrapados entre dos fuegos, los civiles huyen en desbandada ante cada nueva ofensiva. Por si esa tragedia fuera poco, ahora llegan dos noticias enormemente preocupantes que responsabilizan al Gobierno de Bagdad (dominado por islamistas chiíes) de ataques indiscriminados y de dificultar la salida de la población de la zona de combates.

¿Y a quién le importa? Hace tiempo que ha desaparecido el interés de la opinión pública por Irak. La saturación informativa durante la invasión y la ocupación, el rosario inacabable de atentados que copa las crónicas procedentes del país, y los nuevos focos de atención en Libia, Siria o, más recientemente, Ucrania, han contribuido a enterrar cualquier noticia iraquí. Las acusaciones, sin embargo, son graves.

Vecinos de Faluya denuncian que las fuerzas gubernamentales han utilizado “barriles bomba” en su última operación contra la insurgencia suní la semana pasada, según una información de Reuters. El lanzamiento desde helicópteros de esos contenedores llenos de explosivos, cemento y trozos de metal, se ha convertido en la imagen de la brutal represión del régimen sirio contra las zonas rebeldes. ¿También en Irak?

“Fue algo realmente extraordinario. El polvo y el humo. Parecía como una bomba nuclear”, cuenta Abu Hamid. La explosión, que se produjo a apenas 300 metros de su casa, fue determinante para que decidiera abandonar de inmediato la ciudad con su familia, después de haber aguantado cinco meses de combates.

Fallujah

Casa destruida por un barril bomba en Faluya, según la Asociación de Ulemas de Irak. / heyetnet.org

Por supuesto el Gobierno lo niega y asegura que hace todo lo posible para evitar las víctimas indiscriminadas. Sin embargo, además de los testimonios de varios residentes, la agencia también cita a un policía local que confirma el uso de los ominosos barriles bomba.

“Es una política de tierra quemada, la destrucción de toda una zona. El Ejército tiene menos experiencia en la lucha casa por casa que los rebeldes dominan. Así que han recurrido a esto”, admite el agente desde el anonimato.

Sin acceso a Al Anbar, resulta difícil de dilucidar. El problema es la ausencia de testigos independientes. Durante mi último viaje a Bagdad, el pasado febrero, no sólo cualquier conductor en su sano juicio se negaba a acercarse siquiera a Faluya, sino que las carreteras estaban cortadas. La única forma de tener contacto directo con la población de esa provincia era trasladarse a alguno de los campamentos habilitados para los desplazados. Aún así, el trauma vivido o el temor a ser oídos limita el alcance de lo que están dispuestos a contar.

Pero no es la única alegación contra las fuerzas gubernamentales. Human Rights Watch (HRW) ha recogido testimonios de personas que han visto a los soldados disparando a vecinos que intentaban huir de los enfrentamientos, o trataban de llevar alimentos y medicinas. La organización, que también ha condenado a los insurgentes por sus ataques a civiles, asegura en un informe que “el Gobierno iraquí está exacerbando la crisis humanitaria en la provincia de Al Anbar al dificultar que los residentes abandonen las zonas donde se producen combates e impedir la llegada de ayuda”.

Por su parte, el representante especial de la ONU para Irak, Nickolay Mladenov, denunció a finales de marzo ante el Consejo de Seguridad que “al menos en una ocasión” los bombardeos del Ejército han alcanzado el Hospital General de Faluya. La oficina de ese organismo en Bagdad ha dejado de incluir los muertos en Al Anbar en su informe mensual de víctimas. Los datos facilitados por la Dirección Provincial de Sanidad elevan los civiles muertos entre enero y abril a 471, un tercio de ellos en ese último mes.

Según la ONU, los combates han obligado a abandonar sus hogares a 420.000 de los 750.000 habitantes de Al Anbar, pero muchos de ellos aún están atrapados en zonas de conflicto. De las 73.000 familias registradas como desplazadas, al menos 51.000 permanecen en la provincia. Muchos duermen en escuelas o edificios abandonados y carecen de dinero para comprar comida. Una evaluación del Programa Mundial de Alimentos estimaba el pasado 20 de abril que el 79% de los desplazados no logran comer lo necesario.

Justo cuando más falta hace su ayuda, la mayoría de las agencias de la ONU se han quedado sin dinero y provisiones, según ha declarado Mladenov, porque los donantes no han respondido a su solicitud de 75 millones de euros para asistir a los desplazados de Al Anbar. El olvido informativo de Irak puede ser tan dañino como un barril bomba.

Encarcelada por escribir

Por: | 02 de mayo de 2014

ACTUALIZACIÓN a 3 de mayo: RSF acaba de informarme de que Shiva Ahari está en libertad provisional desde hace un par de días. Es una buena noticia, pero aún quedan otros reporteros encarcelados.

Quiero presentarles a Shiva Nazar Ahari, una joven periodista y activista de los derechos humanos iraní.

 

Ahari, de 29 años, está encarcelada desde 2012 en la ominosa prisión de Evin, para cumplir una condena a cuatro años de prisión y 74 latigazos por “conspiración contra la seguridad” y “propaganda antigubernamental”. Como miles de iraníes, cometió el delito de quejarse de las controvertidas elecciones de 2009. Entonces, dirigía  la web Azad Zan (Mujer Libre) y era miembro del Comité de Reporteros por los Derechos Humanos.  Su caso ha sido denunciado por Reporteros Sin Fronteras (RSF) y PEN Internacional, entre otras organizaciones.

En 2011, la ciudad alemana de Esslingen la distinguió con el premio Theodor Haecker por su “valiente trabajo en internet sobre violaciones de derechos humanos”.

A pesar de que cuando se produjeron las protestas contra la reelección de Mahmud Ahmadinaeyad aún vivía en Teherán, no tuve la oportunidad de conocer personalmente a Ahari. Sin embargo, me ha conmovido. Como afiliada de RSF, he decidido apadrinarla y me he comprometido a difundir su caso para apelar a las autoridades iraníes a ponerla en libertad. Pero no es la única informadora en esa situación. Aunque la llegada de Hasan Rohani al Gobierno el año pasado ha reducido el número de presos políticos, todavía quedan 35 periodistas tras las rejas.

Irán tiene un peso excesivo en la lista negra de depredadores de la libertad de expresión. El año pasado, ese país, Turquía y China sumaron más de la mitad de todos los reporteros detenidos por su trabajo, 211 según el Comité para la Protección de los Periodistas. La lista se completa con Eritrea, Vietnam, Siria, Azerbaiyán, Etiopía, Egipto y Uzbekistán.

Los periodistas iraníes aún esperan que Rohani acabe con las ‘líneas rojas’ que atenazan la libertad de expresión. En un momento en que el país busca la rehabilitación internacional a través de la negociación nuclear, enviaría un mensaje muy positivo. Sin embargo, hace una semana, el poder judicial, que aún bloquea la publicación de varios diarios, cerró durante tres días el reformista Ebtekar.

Este sábado 3 de mayo se celebra el Día de la Libertad de Prensa. Sería una buena noticia que las autoridades iraníes anunciaran la liberación de Ahari y el resto de los periodistas encarcelados por ejercer sus trabajo. No es imposible. Isa Saharkhiz, mi anterior apadrinado, y otros nueve colegas recuperaron la libertad el año pasado. De momento, y en honor a Ahari, durante toda la jornada voy a colocar su imagen en mi cuenta de Twitter.

El País

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