Ángeles Espinosa

Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

Eskup

Mi encuentro con la Señora Solís

Por: | 18 de diciembre de 2014

El trabajo de corresponsal le prepara a una para los encuentros más variopintos. En mi caso, he entrevistado desde mendigos hasta jefes de Estado, pasando por señores de la guerra afganos, cultivadores de droga (también en Afganistán), jefes de milicias (en Líbano e Irak), defensores de los derechos humanos (en Irán y Arabia Saudí), víctimas de la tortura y mujeres valientes (en todos los países). Sin embargo, nunca antes había tenido ocasión de acercarme a la alfombra roja. Así que cuando Mabel Galaz, la responsable de Gente, me llamó para pedirme que entrevistara a Eva Longoria, tuve un momento de perplejidad.

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Eva Longoria durante su visita a Dubái / Á. E.

¿Por dónde empezar? Todo lo que sabía de ella se limitaba a su actuación en la serie Desperate Housewives, que en español se tradujo como Mujeres Desesperadas. Me aficioné a las series cuando vivía en Irán.  Entre los paquetes de DVD que me llevaba a la vuelta de vacaciones estaban las andanzas de las vecinas de Wysteria Lane que, en contraste con el pestiño de la televisión local iraní, me resultaron de lo más entretenidas. No estoy segura de que hoy pensara lo mismo. En cualquier caso, la Señora Solís (Eva Longoria) y sus amigas (a veces, enemigas) me hicieron pasar buenos ratos.

Para mi sorpresa, la americano-mexicana, orgullosa de sus raíces hispanas, es mucho más que una cara bonita al servicio de la historia de turno. Preparando la entrevista, descubrí su lado solidario y de activista de los derechos de los latinos. Empezó a interesarme.

Longoria no venía al Festival Internacional de Cine de Dubái a presentar una película o lucir palmito, sino a presidir una gala benéfica para recaudar fondos para varias fundaciones, entre ellas la suya propia, que se dedican a ayudar a los niños en los países en vías de desarrollo.

Lástima que en esta región del mundo se practiquen más las relaciones públicas que el periodismo. Las encargadas de la promoción y difusión de la visita me pidieron las preguntas de antemano, algo que en lo que me concierne sólo avanzo a los jefes de Estado, luego me dijeron que las cambiara y me ciñera al motivo de su visita y, finalmente, y se disculparon con un “no tiene suficiente tiempo”. Me hicieron pensar que la actriz era una diva extravagante y con poca cintura para encajar el escrutinio público que, en su profesión, una asume que va en el sueldo.

Nada más lejos de la realidad. Longoria, a la que todo el mundo (incluidos los fotógrafos) llamaba Eva con una familiaridad que no es habitual en mi terreno, resultó ser bastante accesible, muy profesional en su trato con los reporteros y dispuesta a hablar de lo divino y lo humano sin pillarse los dedos. Cuando una periodista iraquí, le preguntó qué pensaba del islam y de las mujeres árabes, la actriz señaló que como americana de ascendencia mejicana sabe lo que es sentirse juzgado por los orígenes étnicos o culturales.

Y en un tono más ligero añadió: “Las mujeres árabes son las más guapas del mundo”. Casi nada viniendo de alguien que ha sido considerada una de las Personas Más Bellas (en 2003), la Estrella Femenina Más Atractiva (en 2005 y 2006), una de las Mujeres Más Sexy (en 2008) y la Más Bella a Cualquier Edad (en 2012).

Cierto que todos esos títulos no le han servido para conservar a sus dos maridos el actor Tyler Christopher, con quien estuvo casada de 2002 a 2004, y el jugador de baloncesto francés Tony Parker, de quien se divorció en 2010, después de tres años de matrimonio, debido a sus infidelidades. Pero de eso no habló durante su estancia en Dubái.

La asesina del 'niqab'

Por: | 11 de diciembre de 2014

 

Nadie sabe con certeza qué ocurrió el pasado 1 de diciembre en los aseos de mujeres del centro comercial Boutik de Abu Dhabi, la capital de Emiratos Árabes Unidos (EÁU).  Pero en un país que se precia de la seguridad de sus calles, el hallazgo del cadáver apuñalado de Ibolya Ryan iba a provocar una sacudida. Con la diligencia que caracteriza a la policía emiratí, y la ayuda de las omnipresentes cámaras que todo lo graban, la presunta asesina era identificada en 24 horas y detenida al día siguiente. Y eso a pesar de que las imágenes del circuito cerrado de televisión sólo muestran una figura completamente cubierta de negro y cuyo rostro se esconde detrás de un niqab, el velo facial que utilizan algunas musulmanas conservadoras.

De acuerdo con la información oficial, la detenida es una mujer emiratí de 37 años, de quien no se ha revelado la identidad. Las autoridades le atribuyen además “la colocación de una bomba artesanal delante de la casa de un médico”, de nacionalidad estadounidense como Ryan, y que la policía pudo desactivar a tiempo. Ryan, de 47 años, era maestra en una guardería de Abu Dhabi.

Hasta ahí los datos que están claros. Aún no se han establecido con certeza los motivos de la presunta agresora. En su primera comparecencia ante la prensa tras la detención, el ministro emiratí del Interior, el jeque Seif Bin Zayed al Nahayan, aseguró que la mujer había “elegido a sus víctimas por su nacionalidad; que no tenía problemas personales con ellas”. Sin embargo,  unos días más tarde, el embajador saliente de EEUU, Michael Corbin, aseguraba que Ryan no había sido asesinada por ser estadounidense sino porque parecía “representar a Occidente”.

Según el embajador, las autoridades norteamericanas no creen que el asesinato esté relacionado con el aviso que difundieron el pasado octubre a las escuelas y profesores estadounidenses en la región debido a una amenaza aparecida en un foro terrorista y vinculada a los bombardeos contra el Estado Islámico en Irak y Siria. Tampoco el Gobierno emiratí ha calificado de “terroristas” los ataques contra los dos estadounidenses, ni los han relacionado con su participación en esas operaciones aéreas. Los asesinatos son raros en Emiratos, donde casi el 90% de sus 8,5 millones de habitantes son extranjeros.

Pero mientras en las redes sociales los residentes, especialmente emiratíes, se han dedicado a debatir la conveniencia o no de prohibir el velo integral, algunos observadores y expatriados se preguntan si la asesina del niqab no es la manifestación de una nueva estrategia de los extremistas islámicos para causar el terror: el uso de los llamados lobos solitarios.  

“La sospechosa había visitado algunas webs electrónica terroristas, que son numerosas en Internet y que le permitieron adquirir la ideología terrorista y aprender cómo hacer una bomba”, aseguró una fuente de seguridad citada por la agencia estatal, Wam, apuntando en esa dirección. “Cometió los delitos a título personal y sus acciones no están ligada hasta donde sabemos a ninguna organización terrorista”, añadió.

En la vecina Arabia Saudí, se han producido en los últimos meses al menos tres extraños casos de extranjeros atacados en centros comerciales. El Estado Islámico (EI) se responsabilizó de los disparos contra un ciudadano danés en Riad a mediados de noviembre. El asesinato de un estadounidense en octubre se atribuyó a un ex colega resentido. Aún está por aclarar el apuñalamiento a un australiano hace dos semanas en la Provincia Oriental. Pero algunas embajadas han advertido a sus nacionales para que extremen las precauciones.

Dinamarca, Canadá, Arabia Saudí y EAU participan en la coalición que encabeza EEUU contra el EI y este grupo ha prometido vengarse. Además, el Gobierno de Abu Dhabi combate con empeño la presencia en su territorio de los Hermanos Musulmanes, grupo político que el mes pasado colocó a la cabeza de una lista de 83 “organizaciones terroristas”.

Libertad para Jason

Por: | 07 de diciembre de 2014

Jason Rezaian es un periodista que está encarcelado en Teherán desde hace cuatro meses y medio, sin que ni su familia, ni su periódico, ni sus colegas conozcamos la causa. Incluso el pasado sábado, cuando tras una larga audiencia fue finalmente imputado, a nadie de los presentes en la sala le quedó claro de qué se le acusa, según ha informado The Washington Post, el diario para el que trabaja desde 2012.

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Jason Rezaian, junto a su mujer, Yeganeh Salehi, y un amigo, y en otras dos imágenes, todas difundidas por la campaña de recogida de firmas para su liberación.

Rezaian, de 38 años, fue detenido el pasado 22 de julio junto a su mujer, Yeganeh Salehi, que colaboraba con el diario emiratí The National, y una fotógrafa y su marido, liberados poco después. En el mejor estilo iraní, el caso ha estado rodeado de ambigüedad. Un responsable judicial declaró a mediados de agosto que el matrimonio estaba implicado en un asunto vinculado con la seguridad del Estado. Otro mencionó poco después “actividades de los enemigos [de Irán] y de sus agentes”. Por su parte, un periódico conservador, sugirió que se trataba de un asunto de espionaje.

“Tonterías”, me aseguraba hace unos días una reportera amiga de los detenidos. “Es todo fabricado; los ultras buscan crear problemas a Rohaní, pero éste no ha movido un dedo para ayudar a los periodistas”, explicaba tras mencionar que la fotógrafa detenida y liberada junto a su marido está emparentada con el presidente iraní y le hacía las fotografías oficiales.

Reporteros Sin Fronteras considera a Irán una de las mayores cárceles del mundo para periodistas e internautas. Según esta organización, un total de 65 profesionales de la información, cinco de ellos extranjeros, se encuentran detenidos por ejercer su trabajo.

En octubre, Salehi quedó en libertad bajo fianza y la semana pasada, un portavoz anunció que la detención de Rezaian se prolongaría un máximo de dos meses mientras continuaba la investigación. El problema es que al no haberse presentado cargos o ser estos muy difusos, nadie sabe qué están investigando. Inevitablemente, en la pequeña comunidad de corresponsales extranjeros de Teherán, se teme lo peor: que estén fabricando alguna acusación.

Jason es un ciudadano con doble nacionalidad, iraní y estadounidense, que hace  varios años decidió volver al país de origen de su padre para conocerlo mejor y servir de puente con el país en el que creció. Colaboró primero con el San Francisco Chronicle y otros medios,en una época, antes de las protestas de 2009, en la que iba y venía, aprovechando la ventaja de tener un pasaporte iraní que no le exigía obtener el difícil visado para los periodistas extranjeros. Ese trabajo le abrió las puertas del Post.

Pero la doble nacionalidad es un arma de doble filo en Irán, como antes han experimentado  la académica Haleh Esfandiari, o los también periodistas Roxana Sabery y Maziar Bahari. Los tres fueron detenidos  y acusados de espionaje aunque finalmente las presiones internacionales lograron que las autoridades encontraran algún hueco para justificar su liberación. Irán no reconoce segundas nacionalidades por lo que Rezaian, como el resto, no puede recibir asistencia consular. Además, los responsables judiciales tampoco han permitido que le visite el abogado contratado por su familia.

Mientras, sus amigos han lanzado una campaña de recogida de firmas en la que piden al líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, que libere, de inmediato y sin condiciones, a Rezaian.

¡Libertad para Jason!

El País

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