Ángeles Espinosa

Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

Eskup

Esteva trae los Djinns de Socotra a Dubái

Por: | 16 de septiembre de 2015

La sola mención de Oriente Próximo evoca para la mayoría conflictos y problemas sin fin. Entre los países más castigados por esos males destaca Yemen, el hermano pobre de la región. A los daños humanos y materiales de la guerra, se añade algo más imperceptible pero igual de cruel: la desaparición de las costumbres y tradiciones que lo hacían único. Sólo la documentación de esos usos permite salvaguardar la memoria. Middle Easterns Talks, la exposición con la que la galería The Empty Quarter de Dubái abre el nuevo curso, pone su granito de arena con las imágenes de Jordi Esteva (Barcelona, 1951) sobre “la tierra de los Djinns”, esas criaturas supra naturales de la mitología árabe preislámica.

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Una de las fotografías de Esteva sobre Socotra.

“Las fotografías de Jordi adquieren un especial valor en este momento”, declara Safa al Hamed, la galerista, durante la inauguración. Se refiere a la campaña militar para frenar a los rebeldes Huthi que una coalición liderada por Arabia Saudí lanzó a finales del pasado marzo y en la que su país, Emiratos Árabes Unidos, ha sido especialmente activo. Las imágenes, en el marco de una exposición que también incluye paisajes de otros lugares de la península Arábiga captados por artistas locales, constituyen justamente un contrapunto a las escenas de violencia que ofrecen las pantallas.

Esteva, autor de Los árabes del mar, viajó en septiembre de 2011 a Socotra, una isla yemení del océano Índico que por su alejamiento de la costa continental y falta de bahía natural ha logrado preservar su naturaleza única (y aún al precio del atraso, también la ha librado en gran medida de las luchas tribales, políticas y geoestratégicas que están destruyendo el resto del país). De aquel viaje, salió además del libro Socotra, la tierra de los genios, una colección de imágenes que no sólo reflejan unos paisajes extraordinarios, sino una forma de vida que desaparece.

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Esteva (a la derecha), junto a un visitante de la exposición, ante una de sus fotos de dragos. / PEPE TOLEDO

Toda la magia del ambiente queda atrapada en el blanco y negro de las fotografías, en las que la aridez de las montañas Haghier contrasta con la belleza de los dragos, también llamados árboles dragón, que son endémicos de Socotra. De igual forma, los lugareños ponen el contrapunto a la dura naturaleza de la isla. Además, las imágenes de Esteva cobran vida en un vídeo resumen de su documental Socotra: the land of Djinns, que va a estrenarse en 2016.

 

 

 

Melenas al viento en Teherán

Por: | 03 de septiembre de 2015

La policía de tráfico de Teherán ha anunciado que va a confiscar los coches conducidos por, o en los que viajen, mujeres “mal veladas”. Es decir, de las que dejan caer el pañuelo para mostrar el flequillo o incluso, horror, la cabellera entera en contra de la ley iraní que exige cubrirse a todas las mujeres dentro del país. Que no cunda el pánico. Estoy convencida de que no va a llegar la sangre al río y que, como tantas otras peculiares normas iraníes, lo más probable es que nunca se ponga en práctica.

¿Por qué no me lo creo? En principio, porque no tendrían ni policías ni plazas de aparcamiento suficientes. En mis últimos viajes a Teherán, he visto como ha crecido el número de mujeres (de todas las edades) que han reducido el mal llamado “pañuelo islámico” a un chiste. No es ya que se haya convertido en un accesorio de moda, es que, salvo en los centros oficiales donde aún impera el severo maqnae (una especie de toca de monja), pasa más tiempo sobre los hombros que sobre la cabeza. Dentro del coche, ni se molestan en ponérselo.

Tanto es así que en una salida a cenar con unas amigas, el camarero ni se inmutó cuando le pedimos que nos hiciera una foto e instintivamente nos quitamos los (poco favorecedores) pañuelos. Gran parte de la clientela femenina de la cafetería parecía llevar cintas de pelo en vez de fulares…

Pero sobre todo, mi escepticismo surge de la propia advertencia del jefe de la policía de tráfico, de la que se deduce que la ley ya existe y obviamente no se aplica.

“Si una persona en un coche lleva mal el velo o se lo ha quitado, el vehículo será requisado de acuerdo con la ley”, ha dicho el general Teymur Hoseini, citado por la agencia ISNA.

Y si no se aplicaba hasta ahora, ¿por qué habría de hacerse a partir de hoy? Me da la impresión de que a medida que las noticias que llegan de EEUU apuntan a que el Congreso va a aprobar el acuerdo nuclear, los ultraconservadores iraníes se están poniendo cada vez más nerviosos. Sólo así se explica la ristra de noticias relativas a la represión social de los últimos días. A través los centros de poder que controlan (como la policía o la judicatura), tratan de reafirmarse y atemorizar a una población que ansía ver abrirse las ventanas.

El martes, un responsable policial dijo haber procedido a incautarse de prendas de vestir “con las banderas de Estados Unidos y el Reino Unido”, además de la detención de sus distribuidores. Es posible que algunas de las decenas de miles de camisetas que Irán importa de China (la liberalización promovida por Ahmadineyad se terminó de cargar la industria textil local) pudieran tener esas enseñas, al igual que se ve en otros lugares del mundo. Lo que no parece es que hubieran llegado a ser tendencia.

“Me sorprende mucho porque ninguno de mis alumnos ha aparecido con una de ellas en clase”, confía una profesora de una academia privada, donde las modas no pasan desapercibidas. (En los centros oficiales, las alumnas y los alumnos deben atenerse a las estrictas normas vestimentarias).

En una nueva pataleta de los sectores inmovilistas, la agencia France Presse informaba ayer de una quema de banderas “enemigas” (es decir, de Israel, EEUU y Reino Unido) por parte de un grupo de basiyis, los voluntarios islámicos que defienden las esencias de la revolución de 1979. El incidente se produjo frente al edificio de la antigua Embajada norteamericana, donde se había convocado la inauguración de un mural con los cien nombres que el ayatolá Jomeini, el fundador de la República Islámica, dio a EEUU: gran Satán, corruptos, criminales, arrogantes… En total, una treintena de personas participaron en el evento, en una ciudad de 15 millones de habitantes. Significativo.

 

 

Irán quiere conquistar el cielo

Por: | 01 de septiembre de 2015

Rara vez abro correos si no conozco su origen, pero esta vez he caído en la tentación.  El asunto decía “SkyGift”, así en inglés, y luego en persa “nuevo sitio de prueba”. Tal vez fue esa mezcla la que me llamó la atención. Sin duda, deformación profesional hacia todo lo que pueda estar relacionado con Irán.  Enseguida he visto que no se trataba de un email basura.

“Estimados miembros del club de viajeros frecuentes SkyGift”, empieza el mensaje. Rápidamente, me he acordado. En una ocasión cuando vivíamos en Irán, mi marido y yo compramos un billete de avión, no recuerdo si para Bam o para Bandar Abbas,  y la empleada de Iran Air, la aerolínea de bandera, sugirió que nos hiciéramos miembros de su programa de puntos.

Solíamos evitar Iran Air en los trayectos internacionales, en parte por lo viejo de su flota y en parte por su escasa oferta de horarios. Pero dentro del país, todavía no había la proliferación de compañías aéreas que llegaron después y, además, ellos tenían más vuelos. En cualquier caso, nos hizo gracia el intento de emular a las grandes líneas internacionales hasta en ese detalle. Nos registramos.

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Un avión de Iran Air despegando del aeropuerto de Mehrabad, en Teherán. / Airlines.net

Poco después recibimos en nuestro domicilio de la calle Golshahr (el correo funcionaba muy bien) sendos sobres con las respectivas tarjetas y un folleto que indicaba las condiciones y refería a una página web. Entre aquellas, que los vuelos nacionales no generaban puntos. En cuanto al sitio en internet, como era habitual entonces, no funcionaba.

Había olvidado el asunto cuando este mensaje me pide “sinceras disculpas por el retraso en el lanzamiento de la nueva versión del club SkyGift”. Sólo han pasado ocho años… Pero claramente, el reciente acuerdo nuclear y las expectativas de una renovada actividad turística y empresarial están sacudiendo todos los rincones de la anquilosada administración iraní.

Entre las primeras necesidades (y promesas) de la normalización de relaciones de Irán con el mundo, se encuentra la renovación de su flota de aviones civiles. Bajo los términos de las sanciones estadounidenses (que precedieron a las motivadas por su empeño nuclear), el país lleva tres décadas sin poder adquirir ni siquiera piezas de repuesto para sus viejos Boeing  y Airbus, lo que le hizo comprar aparatos rusos menos fiables y se cita como causa de sus numerosos accidentes aéreos.

De momento, la web para pasajeros frecuentes es una “versión beta”, o de prueba, y la carta pide la colaboración de los miembros para mejorarla. Significativamente, entre los monumentos cuyos perfiles acompañan al de la plaza de Azadi de Teherán se halla el Big Ben de Londres, cuyo Gobierno era tachado hasta ahora de “pequeño Satán” por la propaganda oficial. No aparece ningún símbolo de EEUU, el “gran Satán”. Aún es pronto para anunciar un vuelo directo a Nueva York, pero por algo se empieza.

El País

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