Ángeles Espinosa

Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

Eskup

Encarcelados sin cargos en Irán

Por: | 28 de marzo de 2016

Amigos y familiares de Siamak Namazi se están movilizando para pedir su liberación y la de su padre a las autoridades iraníes. Namazi, un consultor con doble nacionalidad iraní y estadounidense, se encuentra en la ominosa cárcel de Evin, al norte de Teherán, desde el pasado septiembre sin que se conozcan los cargos contra él. Lo que es más grave, ante su negativa a realizar una confesión, los servicios secretos detuvieron a su padre, Baquer, el pasado febrero, para presionarle.

  Baquer y Siamak 3

Baquer Namazi (a la izquierda) y su hijo Siamak, en una foto del Facebook de Effi Namazi.

“Queremos que los liberen inmediatamente. Tanto Baquer como Siamak son inocentes y están encarcelados sin motivo. Siamak lleva más de cinco meses en prisión sin una acusación clara. Además, la familia y los amigos estamos preocupados por la salud de Baquer, que tiene 80 años y necesita continua atención médica”, me explica Bijan Khajehpour, que está casado con una prima de Siamak, ya que la familia más cercana evita hacer declaraciones.

El pasado 24 de febrero, Effi Namazi, la madre de Siamak, confirmaba en su cuenta de Facebook lo que ya era un secreto a voces entre sus allegados. Dos días antes su marido había sido detenido y trasladado a Evin, al igual que su hijo unos meses atrás. “Es una pesadilla para la que no tengo palabras”, escribió antes de expresar su preocupación por Baquer, quien sufre del corazón y requiere un tratamiento especial.

“Estoy convencido de que lo han hecho para presionar a Siamak. Deben querer una confesión y con Siamak eso lo tienen difícil. Es realmente indigno”, reaccionaba un diplomático europeo que trabó amistad con el consultor durante su destino en Teherán.

Ni Effi ni el abogado contratado por la familia lograron que los responsables judiciales o de prisiones les explicaran la causa de la detención del padre. Al día siguiente, una información difundida por la agencia Fars, vinculada con los temidos Pasdarán o Guardianes de la Revolución, buscaba vincular al anciano Baquer, que hasta su jubilación trabajó como alto funcionario de Unicef, con una supuesta trama de corrupción a través de un proyecto académico conocido como Gulf2000. Ni una sola acusación formal.

No ha habido ninguna imputación oficial contra Baquer o Siamak Namazi. Y lo que es más preocupante, no se ha permitido que les visite su abogado. Ha habido algunas acusaciones sin fundamento en páginas web cercanas a los Guardianes de la Revolución, pero todos esos artículos están llenos de mentiras y distorsiones”, asegura Khajehpour por email desde Austria, donde reside.

Coincidiendo con Nowruz, el año nuevo persa, Effi recibió permiso para visitar a su marido y a su hijo por separado. Pero fueron dos citas breves y en presencia de funcionarios de prisiones. Así que la familia no tiene datos para evaluar su estado de salud o si han sido maltratados durante su detención. Ambos continúan sin tener acceso a un abogado.

En esa situación algunos de sus amigos europeos se están movilizando para que, tras la firma del acuerdo nuclear y ante las perspectivas de interesantes acuerdos económicos, no se olvide la falta de garantías jurídicas y otros atropellos a los derechos humanos que aún son la norma en Irán. Para ello están haciendo lobby en Bruselas, donde buscan el apoyo de los europarlamentarios a una carta en la que expresan su preocupación por la salud de Baquer Namazi y piden que se le facilite asistencia letrada para garantizar que se respetan sus derechos legales y humanos.

De momento, algunos eurodiputados reconocen haber iniciado “gestiones más discretas” ante representantes iraníes. “Son más eficaces con según qué gobiernos”, confía uno de ellos que asegura haberles transmitido su “preocupación” por el caso de los Namazi.

Festival de cine en… Arabia Saudí

Por: | 23 de marzo de 2016

¿Cómo puede haber un festival de cine en un país que prohíbe la exhibición pública de películas? El titular resulta paradójico, pero les aseguro que es fiel a la realidad. Este jueves se inaugura en Damman, en la Provincia Oriental, el tercer Festival de Cine Saudí. Es una de las muchas contradicciones que afronta el Reino del Desierto en su esfuerzo por mantener costumbres anacrónicas a la vez que una parte de su sociedad intenta no perder el tren, no ya de la modernidad sino de la vida.

Así que mientras las autoridades de Arabia siguen respaldando una austera (y controvertida) interpretación del islam que no permite lugares de entretenimiento comunes en el resto del mundo, como los cines, sus habitantes dan pruebas de estar hechos del mismo barro y los mismos sueños que los demás. He contado aquí cómo muchos saudíes, especialmente jóvenes,  vienen a Dubái  a darse atracones de cine por el mero placer de ver películas en pantalla grande. Los ricos se instalan lujosas salas de proyecciones en los sótanos de sus chalés, pero la mayoría tiene que conformarse con ver los vídeos en sus televisores. No es lo mismo.

Además, entre las nuevas generaciones de saudíes existe interés por la expresión visual, tal como lo prueba el enorme éxito de YouTube (son los mayores consumidores per cápita de esa plataforma) y el hecho de que sin que existan cines, ni estudios cinematográficos, hayan empezado a surgir cineastas locales. Aunque  las películas hasta ahora grabadas en el reino no han salido apenas de los circuitos árabes de arte y ensayo, la selección de Wadjda para los Oscar de 2013 reveló algo que rayaba lo imposible: una directora saudí, Haifa al Mansur, en un país donde las mujeres no es que tengan prohibido conducir, es que carecen de derechos individuales.

Ahmed al Mulla

Ahmed al Mulla, el director del Festival de Cine Saudí, durante el certamen del año pasado. / AFP

El tercer Festival de Cine Saudí es, como los dos anteriores, fruto del empeño de Ahmed al Mulla, su director, y está organizado por un grupo de voluntarios organizados en la Sociedad para las Artes y la Cultura. De las dificultades que afronta da cuenta el hecho de que entre la primera cita, en 2008, y la siguiente, pasaron siete años. El éxito y el interés de la convocatoria quedó reflejado el año pasado en el lleno total del Centro Cultural de Damman, donde se celebra el evento, que puede seguirse en su canal de YouTube.

Un total de 70 cortometrajes (las películas no pueden tener más de 59 minutos además de no haberse mostrado ni en televisión ni en YouTube) compiten por la Palmera de Oro que el próximo lunes premiará a los mejores drama, documental, guión, cinta de tema saudí y obra de un cineasta menor de 25 años.

El certamen va a abrirse con un cortometraje de cuatro minutos sobre el terrorismo, un fenómeno que desde hace una década sacude Arabia Saudí y en particular la Provincia Oriental. Pero los temas de las cintas que concursan, todas ellas obras de autores saudíes, también incluyen la guerra, los derechos humanos o la salud.

Los organizadores confían en que el festival muestre las posibilidades del cine en Arabia Saudí y ayude a vencer las reticencias de los ultraconservadores que ven en las películas una vía para occidentalizar sus costumbres y corromper sus valores morales, presuntamente superiores.

Dubái se ahoga en un vaso de agua

Por: | 09 de marzo de 2016

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Una calle de Dubái en las inmediaciones del centro comercial Ibn Battuta. / Á. E.

Rayos, truenos y lluvia. Ha sido un día raro en Dubái. Como la víspera, ha amanecido cubierto, pero las nubes no han dejado paso al sol como suele, sino que han descargado su agua sin contemplaciones. Con un clima desértico y una precipitación media anual no suele llegar a los 100 mm, los 240 mm caídos este miércoles han sembrado el caos. Numerosas calles se han inundado y las filtraciones han obligado a cerrar escuelas y comercios. En la vecina Abu Dhabi, incluso la Bolsa ha suspendido la sesión. Muchos colegios volverán a cerrar el jueves.

Semáforos apagados, balsas de agua sobre las que los coches parecían navegar más que rodar, accidentes de tráfico… Pero lo más llamativo era el ejército de camiones bomba que no daba abasto a achicar el agua estancada. Dubái no tiene un sistema de alcantarillado y, por inusual que sea un día de lluvia, no es la primera vez que se inunda por cuatro gotas. Filipinos y otros trabajadores del sureste asiático, acostumbrados a los monzones, mostraban su incredulidad por el desbarajuste.

En una ciudad que se precia de su modernidad y sus instalaciones a la última, resultaba tercermundista ver los sacos de arena colocados a la entrada de los centros comerciales para evitar que entrara el agua y los cubos improvisados con cestas de la compra y bolsas de plástico para recoger la que se filtraba del techo. En algunos garajes hacían falta botas de goma para llegar al coche. La imagen de un hombre que intentaba alcanzar su vehículo subido a un carrito de la compra en el aparcamiento de un supermercado se ha hecho viral.

Es comprensible que un país en el que luce el sol 360 días al año, esté más preparado para las altas temperaturas que lo castigan que para el chaparrón ocasional. Aunque me temo que tampoco es el caso. El uso de materiales aislantes es demasiado caro para el sistema de enriquecimiento rápido que predomina. En el piso en el que vivo, el agua se colaba por la pared que da a la fachada hasta encharcar el suelo. No es la primera vez que sucede. A pesar de que las torres donde se encuentra se anuncian como “lo más de lo más”, no dejan de ser unos edificios de aspecto soviético y cercanos por sus materiales a las viviendas de protección social. En verano, la misma pared quema, no en sentido figurado, sino literalmente.

El País

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