Ángeles Espinosa

¿Qué tienen en común un universitario que celebra una fiesta de fin de curso,un bisexual y un autor de vídeos musicales?

Por: | 06 de junio de 2016

En Irán, no es un chiste. Todos terminan en comisaría. Los ultras de la República Islámica parecen decididos a acabar con cualquier expresión de alegría de sus compatriotas. No contentos con silenciar a sus rivales políticos y poner en la calle a varios miles de policías para que vigilen que a las mujeres no se les vea el flequillo, ahora han lanzado una campaña contra las fiestas, o más bien contra los que disfrutan de ellas.

Raro es el fin de semana que las autoridades judiciales iraníes (bajo control de los más conservadores) no anuncian nuevas detenciones entre quienes osan salirse de las pautas morales del régimen. En el último, la policía detuvo a 132 personas, incluidos algunos “bisexuales” según puntualiza el comunicado. La tendencia está convirtiendo a los periodistas en asiduos de la web informativa MizanOnline, asociada al poder judicial, donde cada viernes se informa de las redadas.

En Irán, la semana laboral comienza los sábados. Así que la noche del jueves es la noche de juerga por excelencia, sí es que puede haber juerga en un país sin bares ni discotecas donde oficialmente está prohibido el alcohol, el baile y las reuniones entre personas de distinto sexo que no tengan relación familiar. Pero una cosa son las normas y otra la realidad.

“Al menos 70 hombres y mujeres ebrios fueron detenidos en un restaurante Farahzad”, informa el texto en referencia a un barrio del noroeste de Teherán. “Entre ellos se ha identificado a algunos bisexuales”, añade sin explicar cómo se ha determinado ese extremo, que sin duda agrava su situación.

No sólo en la pervertida capital del país se producen semejantes excesos. También “han sido arrestados 62 hombres y mujeres en otra fiesta en Bandar Abbas”, una importante ciudad portuaria del sur del país, aunque la web no precisa la fecha, ni la tendencia sexual.

La semana anterior, 35 universitarios  fueron castigados con 99 latigazos por participar en una fiesta de fin de curso en Qazvin, al noroeste de la capital.  Su detención, juicio y sentencia se produjeron en el increíble plazo de 24 horas, todo un récord de eficacia para el desprestigiado sistema judicial iraní, al que las organizaciones internacionales de derechos acusan de falta de garantías procesales. El caso ha merecido la condena de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para  los Derechos Humanos.

Poco antes, la agencia estatal IRNA informó de la detención de 120 personas en varias celebraciones en Semnan y Kerman, dos ciudades situadas al este y suroeste, respectivamente. Además, el fiscal general de Teherán, Abbas Jafarabadi, anunció hace unos días el encarcelamiento de “ocho personas que producían vídeos musicales obscenos, que se difunden en un famoso canal de televisión antirrevolucionario”.  Hay decenas de cadenas que emiten programas en persa por satélite desde fuera de Irán y algunas se han hecho muy populares, a pesar de estar prohibidas dentro del país. Para los ultras, todo lo que suene a fiesta se ha vuelto tóxico.

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Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

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