España se parece cada vez más a una comunidad autónoma de un Estado federal –la Unión Europea (UE)- que aún no existe como tal, pero que lleva trazas de existir, aunque de inicio parta de un déficit democrático importante. Como quien paga manda, la UE ha quitado competencias al Ministerio de Economía y ha colocado el Banco de España bajo su tutela, para poder controlar mejor el dinero que le prestará a los bancos arruinados o descapitalizados. De paso, Bruselas se ha hecho con las riendas de la política macroeconómica española, dominada por una devaluación interna que, en síntesis, requiere subir los impuestos y bajar los salarios.
A eso se debe que el presidente del Gobierno anunciase en el Congreso un paquete de duros ajustes económicos, que comprende: elevar tres puntos el IVA general del 18 al 21%, eliminar la paga extra de Navidad a los funcionarios para este mismo año y numerosos recortes adicionales hasta alcanzar los 65.000 millones de euros de aquí a 2014. Unas restricciones históricas que el líder del PSOE propone reconducir a un plan consensuado con la Oposición, los sindicatos y los empresarios.
Todo parece indicar que, tras estas nuevas medidas de ajuste, España se asoma a una profunda recesión, que podría prolongarse hasta mediados del año que viene; es decir, el PIB caerá este año más de lo previsto y seguirá cayendo en 2013, en contra de las previsiones que se venían barajando. Ya lo reconoce incluso el presidente del Gobierno. El horizonte de la crisis de 2008 se amplía; puede que hasta completar un ciclo de al menos diez años.
España produce ahora lo mismo que hace cinco años pero ha destruido unos tres millones de empleos y tiene que sostener a dos millones más de personas. A diferencia de España, otros países ya recuperaron lo perdido en la recesión. ¿Qué le impide a España, de nuevo abocada a otra caída del PIB, seguir el ritmo de recuperación países como Alemania o Estados Unidos? Entre otras cosas, la falta de competitividad y su elevada deuda, sobre todo la privada, que se multiplicó por tres en la década del 2000. De hecho, el problema más grave en España no es el déficit, ni la deuda pública: lo es la deuda privada y su desequilibrio comercial y financiero, porque todo lo demás, incluido el paro y el déficit del Estado, es una consecuencia de la falta de actividad económica.
Semejante aumento del endeudamiento de empresas y familias y, como resultado, de los bancos y las cajas tuvo que ver con la abundancia de liquidez en pleno boom inmobiliario, el descenso de los tipos de interés y la escasa percepción del riesgo. Ahora, volver a la normalidad consumirá años, probablemente unos cinco, por lo que hasta el 2015 o 2016 no se alcanzará un nivel normal de deuda, con la repercusión negativa que eso tiene en términos de inversión y de crecimiento. En resumidas cuentas, antes de volver a invertir habrá que pagar lo mucho que se debe.
>Conclusión: ¿saldrá la España de Rajoy de la crisis? Sí, pero lo hará despacio, con una tasa de desempleo elevada y una paulatina reducción salarial, salvo en sectores muy competitivos o privilegiados. Como dice El País, lo que toca ahora es terapia de choque europea para España. @J_L_Gomez