La periodista Amanda Mars contó en El País que Europa es una tierra dividida entre virtuosos y malditos: Alemania, Francia, Holanda, Austria y Finlandia reciben dinero de los inversores por sus títulos de deuda, en vez de pagarlos, mientras España, Italia y los países rescatados pagan los intereses más altos de la historia del euro por colocar su deuda. Lo peor para España sería acabar con políticas propias de países intervenidos, pero sin sus ventajas de costes financieros. Como para hacérselo ver, y con urgencia, porque la media del coste de la deuda española sube como la espuma.
Como dijo en este diario el ministro alemán de Hacienda, Wolfgang Schäuble, España como Estado no necesita un crédito de rescate, lo necesitan una parte de sus bancos, de modo que cuando culmine la recapitalización y las reformas sigan dando frutos, se reducirán las tensiones en los mercados financieros. Es posible que sea así, pero si entre tanto España se atraganta pagando intereses no llegará a cruzar la línea de meta. La herida diaria que provoca la prima de riesgo –ya en niveles insostenibles- puede derivar en hemorragia.
Analizar fríamente lo que sucede en España desde Berlín o Bruselas es gratis, pagar los intereses desde Madrid es muy caro. El presidente Rajoy tiene razón en lo que pide: inmediatez, porque no hay dinero y no hay tiempo. Europa -léase Alemania- sigue jugando con España y con el euro. Lo primero seguramente le da igual, lo segundo puede volvérsele en contra. Pero si Alemania no cede, asumiendo que darle a la máquina de los billetes genera un poco de inflación, España se consumirá pagando intereses, por muchos ajustes que haga. Y es que, de momento, la única traducción conocida del ajuste habla de impuestos más altos y salarios más bajos, con mucho desempleo.
La canciller Angela Merkel, que es quien gobierna de facto en Madrid, hace la hoja de ruta del ajuste español; lástima que no trace de paso el camino de la producción para que España supere la recesión y aumente el empleo. Sería el mejor camino para darle la razón a los grandes empresarios que, liderados por César Alierta (Telefónica), Emilio Botín (Santander) e Ignacio Sánchez Galán (Iberdrola), hicieron un informe para avalar al ministro Luis de Guindos cuando dice que la percepción de la situación de España es peor que su realidad. Es posible que los mercados estén exagerando la penalización que, vía tipos de interés, merece España, pero lo cierto es que mientras no se les demuestre lo contrario o Alemania nos eche una mano, todo seguirá más o menos igual o incluso irá a peor. En definitiva, aunque la solvencia exterior sea la prioridad, los recortes fiscales solo agravarán la recesión y el desempleo. @J_L_Gomez