Las grandes líneas de actuación del Gobierno de Rajoy contra la crisis comprenden la llamada consolidación fiscal -léase ajuste presupuestario-, facilitar el crédito mediante la costosa recapitalización bancaria, elevar la competitividad de la mano de la reforma laboral, luchar contra el desempleo con más crecimiento económico, y modernizar las Administraciones públicas, lo que incluye una reforma municipal todavía pendiente y diversas armonizaciones autonómicas, entre otras medidas. Traducido a un lenguaje más de la calle: impuestos más altos y salarios más bajos con mucho desempleo, al menos durante unos años. Así es lo que podríamos llamar la agenda alemana para España, que a este paso corre el riesgo de encadenar movilizaciones de protesta que ya han empezado a aflorar, a medida que aumenta el número de afectados entre los funcionarios, parados, asalariados y dependientes.
Si España sigue en el euro, será obligatorio reducir el déficit público, si bien podrá discutirse cómo recortar y/o ingresar más, al objeto de rebajar un tipo de interés cada día más insoportable para las arcas públicas. El Gobierno ya ha tomado muchas medidas de ajuste pero todavía quedan cosas en las que Rajoy puede gastar menos e ingresar más. ¿Dónde tiene margen el Gobierno para rebajar el gasto y aumentar los ingresos? Curiosamente, en varios frentes de los que apenas se habla desde el Ejecutivo, quizá un poco más desde la Oposición, pero tampoco demasiado.
España puede recortar gasto público, por ejemplo, eliminando las diputaciones provinciales y cediendo sus competencias municipales a las comunidades autónomas –ya se hizo en las uniprovinciales sin el más mínimo trauma-, pero también reduciendo el número de ayuntamientos, cambiando el Senado, eliminando los coches oficiales y las tarjetas de crédito de los altos cargos, salvo en casos contados, y reduciendo a la mínima expresión el número de asesores políticos. ¿Por qué no se hace? ¿Es prioritario no hacerlo frente a ciertos recortes sociales o incrementos fiscales? Quienes suelen beneficiarse de ese tipo de cosas suelen argumentar que ahorrar en coches o comidas es el chocolate del loro y hace años puede que tuviesen razón económica, que no ética, pero a día de hoy ni eso, porque hay demasiados loros.
Del mismo modo, España también puede ingresar más si lucha, de verdad, contra la economía sumergida –su nivel dobla el de la media europea y puede mover hasta un 25% del PIB-, si eleva la fiscalidad de las grandes empresas y de las grandes fortunas, y si aplica una tasa a las transacciones financieras. ¿Por qué apenas se trabaja en esta dirección?
El Gobierno debería explicarlo y la Oposición debería saber preguntárselo. ¿O no? @J_L_Gomez