A vueltas con España

Sobre el blog

Este blog tiene por objeto el análisis económico y político, combinado con la aportación de claves informativas de la realidad española. Su autor es un convencido de esa máxima que dice que periodismo es todo aquello que los poderosos no quieren que se sepa y que lo demás es propaganda. En este oficio de contar las cosas, el modo de hacer periodismo puede cambiar pero su esencia siempre es la misma.

Sobre el autor

José Luis Gómez

, gallego de Brión (A Coruña), es columnista de El País y OTR/Europa Press, así como colaborador de TVG, Radio Galega y La Región. Es editor de Mundiario. Fue director de La Voz de Galicia, Capital y Xornal de Galicia, cuya versión digital fundó en 1999. También fue director editorial del Grupo Zeta. Es autor y coordinador de varios libros de economía, entre ellos 'Cómo salir de esta'.

Eskup

TWITTER

José Luis Gómez

Archivo

mayo 2013

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    

Más ajustes, menos sueldos y más impuestos

Por: | 12 de agosto de 2012

Viñeta de Forges al comienzo de la crisis. Parece que no pasa el tiempo

Los países del euro están adentrándose en una nueva recesión que amenaza a toda Europa e incluso a la economía de Estados Unidos, donde el presidente Barack Obama tiene pronto elecciones. Para Alemania, echarle una mano a España y a Italia, mediante una rebaja de los tipos de interés, tiene un precio, pero aun siendo alto puede ser inferior al de contaminar la eurozona y Estados Unidos, cuya interdependencia es grande. De hecho, Obama ya urgió en varias ocasiones a los líderes de la UE a que tomen medidas para controlar la crisis económica, y de ese modo evitar que se contagie a otras zonas del mundo. Lo cierto es que a estas alturas se da por probable la recesión en Francia y es evidente que Alemania crece cada vez menos.

En este contexto recesivo, el Banco Central Europeo (BCE) ha recomendado a España, país con una alta tasa de paro, sometido a severos recortes sociales, que prosiga reduciendo los salarios y las indemnizaciones por despido. La recomendación -¿indicación?-  de moderar los sueldos la hace Mario Draghi, que gana la ‘moderada’ cifra de 378.857 euros al año al frente del BCE, más del doble que el estadounidense Ben Bernanke en la Reserva Federal. Cuando menos, una curiosa manera de predicar con el ejemplo. Draghi también propone acotar los márgenes de beneficio excesivos y liberalizar las profesiones cerradas, así como reorientar el gasto público hacia la educación y la investigación, pero todo esto parece estar en un segundo plano. La réplica de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) fue de libro: la disminución salarial aumenta las exportaciones pero deprime el consumo interno, lo que lastra el crecimiento y el empleo.

La idea de Mario Draghi, de facto, ya está aplicándose por parte del Gobierno de Mariano Rajoy, que mediante la reforma laboral impulsa la negociación salarial en cada empresa, con una probable rebaja de sueldos, y abarata y simplifica las contrataciones, del mismo modo que los despidos, hasta dar lugar a una especie de devaluación encubierta, de manera que lo que antes se hacía con la moneda se hace ahora con los sueldos. ¿Qué le impide a España, de nuevo abocada a otra caída del PIB, seguir el ritmo de recuperación países como Alemania o Estados Unidos? Entre otras cosas, la falta de competitividad y su elevada deuda, sobre todo la privada, que se multiplicó por tres en la década del 2000.

¿Por qué el BCE sugiere reducir el salario mínimo, relajar las leyes de protección laboral, permitir la negociación salarial a nivel de empresa y abolir la interrelación entre salarios e inflación? ¿Y por qué lo hace sabiendo que ese tipo de política fracasó en Irlanda, sin ir más lejos? La clave sigue estando en la devaluación interna que precisa hacer España, un ajuste mucho más duro y más lento que a través de una devaluación del tipo de cambio cuando se tiene una moneda propia. El economista Guillermo de la Dehesa suele explicar que una devaluación convencional -recordemos las de Carlos Solchaga- se decide en una noche y afecta de inmediato a todos los ciudadanos y empresas, mientras que una devaluación interna requiere negociar y pactar los aumentos necesarios de productividad y las reducciones de salarios reales, y además obliga a ceder márgenes de beneficio para que no sean solo los trabajadores los que paguen la devaluación.

En este tipo de escenarios, la conclusión, según el Nobel Paul Krugman, es que muchas empresas ajustan plantillas, recortan salarios, reducen costes e incluso bajan los precios. Los sindicatos alertan de que esta política puede generar tensión; máxime cuando la subida salarial apenas llega al 0,5% en los nuevos convenios en un país donde la inflación, por encima del 2%, acentúa la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores, castigados a su vez por importantes subidas fiscales. ¿Conclusión? Para España toca empobrecimiento o cambio de modelo en la política europea. @J_L_Gomez

 

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal