Inmerso en un aluvión de críticas, en los medios y en las redes sociales, por su política de ajustes, el presidente Rajoy decidió comparecer ante los periodistas, poco antes de salir hacia Galicia para relajarse un poco. Sin las reformas, hubieran intervenido España, había dicho el jefe del Gobierno en junio, el día que arrancaba el Mundial, cuando evitó hablar de rescate, a diferencia de la prensa internacional. Pero pocas semanas después el rescate vuelve a estar encima de su mesa. Distinto de los de Grecia, Portugal e Irlanda, pero rescate al fin. La razón no es otra que los problemas de España para financiarse en el mercado a un tipo de interés razonable, que su economía pueda pagar. En definitiva, España como país rescatado deberá demostrar que cumple a rajatabla la política fiscal que se le 'aconseja' desde Bruselas y que al menos en sus grandes líneas parece resumirse en esos 102.000 millones de ajuste programado de aquí a 2014. Si Rajoy hace los deberes al gusto de Merkel –se pronostica en La Región-, Draghi abrirá el grifo del dinero, como ya parecen estar descontando los mercados. De lo contrario, habría que ir pensado en salir del euro, algo que casi nadie quiere en España.
Rajoy arrancó bien en su conferencia de prensa del viernes, incluso fue didáctico y claro; se enredó a mitad de camino, puede que en parte a propósito; en el turno de preguntas mareó la perdiz, para reconocer a su manera que habrá un segundo rescate, y finalmente se fue sin comentar una palabra del plan de ajuste de los 102.000 millones hasta 2014, lo cual cuando menos resulta sorprendente.
Cien mil millones es el 10% del PIB, una cifra que requiere no solo una conferencia de prensa, sino varias conferencias de presidentes, si es que el Gobierno pretende realmente sacar adelante semejante propuesta de ahorro. Solo, sin las autonomías, tampoco podría conseguirlo, y menos todavía con un equipo de gobierno que empieza a estar 'tocado'. Pero vayamos por partes, partiendo de lo más inmediato. Todo parece indicar que habrá un segundo rescate, a la espera de conocerse las condiciones del BCE, y que solo las pensiones parecen estar a salvo de lo que pueda pasar, que en cualquier caso será grave. Todo lo demás queda a expensas de las exigencias de Bruselas, que en pronunciamientos anteriores sí había deslizado su interés por alargar la edad de jubilación, una cuestión que no debe pasar inadvertida, como informó El País. Por eso el Gobierno prometió a Bruselas elevar la “edad efectiva” de jubilación y encargó a Hacienda que endurezca las prejubilaciones.
Las condiciones sobre el probable segundo rescate estarán en función de la credibilidad que Bruselas y el BCE le otorguen al plan del presupuesto bienal. Y, de entrada, el plan no parece consistente, por falta de realismo y de concreción. Un botón de muestra: hay una partida -nada menos que de casi 20.000 millones- que es tan genérica como decir que habrá una reestructuración completa del sector público autonómico, que se irá dejando notar con mayor intensidad en 2013 y 2014. También cuesta creer la proyección del crecimiento previsto para 2014, tras recesiones tan profundas en 2012 y 2013, pero es verdad que eso dependerá precisamente de cómo se hagan los ajustes y, sobre todo, de sus políticas de acompañamiento -léase incentivos-, de las que nada se sabe. Lo que sí se ve es que es tanto lo que se pretende recortar y tan poco lo que se va a ingresar, debido a la recesión, que la reducción del déficit seguirá haciéndose durante años a costa del Estado del bienestar. @J_L_Gomez
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