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Lola Huete Machado

Esto es África juzgando a un tirano

Por: | 30 de julio de 2015

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Hissène Habré, el lunes 20 de julio durante el comienzo de su juicio en Dakar./ AFP

Lunes 20 de julio. Nueve y media de la mañana. Sala 4 del Palacio de Justicia Lat Dior de Dakar. El ex presidente de Chad, Hissène Habré, vestido con un bubu tradicional blanco y llevando en la mano un rosario musulmán, permanece sentado en la primera fila rodeado de agentes de policía. Él no quiere estar allí, ha sido traído por la fuerza desde la prisión en la que está recluido desde hace dos años hasta la sala donde va a ser juzgado por crímenes de guerra, contra la Humanidad y torturas. De repente, un grupo de jóvenes sentados más atrás, entre los que se encuentran sobrinos y familiares del propio Habré, comienzan a agitarse y lanzar consignas a favor del Chad y del dictador y contra el proceso judicial. “Traidores, esto es una vergüenza para África”, repiten los jóvenes. En ese instante, el propio Habré comienza también a gritar contra “el imperialismo” y los “servidores del neocolonialismo” hasta que es desalojado del lugar.

 

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Autor invitado: Johari Gautier Carmona

Miedo, represión y sensación de total indefensión. Los términos que describen la vida cotidiana en las más sanguinarias dictaduras de la Historia universal encuentran también en la Guinea Ecuatorial de Francisco Macías Nguema su estado de máxima plenitud.

Ese pedacito de España exótica en tierras africanas, que de un día para otro se alejó del imaginario ibérico –y franquista– para recobrar su identidad, se ilustra en la novela Los poderes de la tempestad del escritor Donato Ndongo como un espejismo de la deriva de un gran número de independencias en el continente negro. Port_Los poderes

¿Cómo creer que un pequeño país de gentes amables y de grandes recursos pueda caer, de un día para otro, en la voracidad de la intolerancia y el desdén? ¿Qué lleva a gobernantes que hablan en nombre del pueblo –y se llenan la boca de ideales y grandes proyectos beneficiosos- a emular el perfecto ejemplo del tirano enemigo del pueblo? 

Publicada originalmente en 1997, la novela vuelve a reeditarse dos décadas después sin perder un ápice de su relevancia y actualidad. Nada más oportuno que re-explorar la memoria perdida de una España que tuvo un protagonismo en el reparto de ese gran pastel que fue –y sigue siendo- África, pero también entender el deslizamiento despótico que ha conocido el pueblo guineano desde que tuvo “en sus manos” la posibilidad de escoger su destino y que termina hoy en la patética imagen de ese puesto vitalicio y opresor de Teodoro Obiang.  

El retrato  amargo -y en numerosas ocasiones angustiante- que esboza Donato Ndongo traslada el lector a una época sombría de la reciente historia africana. El realismo de una prosa cadenciosa –así como un jazz de Thelonious Monk o Cannonball Adderley– que toca uno a uno los detalles de la cotidianidad se ha convertido en la firma de un escritor elegante que no duda en girar –y girar otra vez– la tuerca para sacarnos de nuestras casillas.

Y si de reflexionar se trata, Donato Ndongo nos sirve el plato completo: una radiografía magistral sobre la independencia malograda de Guinea Ecuatorial y su acelerada descomposición social, pero también un enfoque desgarrador sobre esos momentos humanos –muy a menudo incomprensibles–, trampas de la retórica y de la lucha por el poder, malentendidos, argucias e intereses que devoran los espacios de tranquilidad para convertirse en pura brutalidad, odio y fomento de la violencia.

La historia del regreso de un bienintencionado ecuatoguineano a su país, tras unos años de estudios y de trabajo en España, nos abre los ojos sobre el régimen totalitario de Francisco Macías Nguema. El joven abogado, casado con una española de tez blanca y padre de una joven mestiza, llega con la ilusión de trabajar para que su país crezca, brindar y compartir sus conocimientos adquiridos en una Europa adelantada, pero descubre con asombro las pocas garantías que le reserva un país donde impera la corrupción, la aversión hacia todo lo diferente, la envidia, y el miedo desbordado –patológico-, fomentados desde las entrañas del poder.

En un país que sabe poco de tolerancia y que ha decaído en un tiempo récord en la más incómoda miseria del pensamiento, los avances de una pareja enamorada, unida bajo el lema de la comprensión y el mutuo respeto, se convierten incomprensiblemente en tropiezos y encontronazos. El protagonista principal, oriundo de Guinea Ecuatorial, y su esposa española, se ven igual de desubicados y, en su esfuerzo de adaptación, son obligados a pasar por un inflexible y humillante filtro social que les rebajará al mismo nivel que los demás, tanto en el intelecto como en lo físico, porque cualquier diferencia o distinción pueden ser vistas como una amenaza seudo-burguesa.

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Y el miedo, que en un principio sólo es perceptible en la mirada y el silencio de la gente, se hace tangible poco a poco en todo el régimen, las administraciones públicas y su sistema carcelario y represivo. Ya no queda el más mínimo espacio para los derechos y la transparencia.

Así es como el joven abogado, inconsciente de esa imagen totalitaria de Guinea, se topa con la realidad indigesta de su país y se pregunta: “¿Cómo pueden hacer creer a la gente de fuera, al resto del mundo, que en Guinea Ecuatorial somos felices y gozamos de una inmensa paz y tranquilidad, cuando en realidad no es sino la paz de los cementerios? ¿Cómo consolar a cada familia guineana afligida que llora en silencio su desgracia, porque ni siquiera te dejan llorar a tus muertos?” (p. 98).

En medio de este vendaval de terror, el protagonista descubre a qué quiere dedicar el resto de su vida: volver a Europa para hablar y denunciar las violaciones de un régimen construido sobre la mentira y el abuso. Y en esa representación trasluce algo del temperamento del escritor quien a lo largo de su trayectoria -y en cada uno de sus escritos- ha hecho de las críticas a los totalitarismos un discurso existencial. 

Más información: Los poderes de la tempestad (1987) Assata Ediciones (2014) info@assata.es 

Otra crítica del libro recomendada en Literafrica

@JohariGautier 

Liberia, la primera república negra

Por: | 26 de julio de 2015

 

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La actual presidenta de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf, en la ceremonia de apertura de la tercera cumbre internacional sobre financiación del desarrollo celebrada la semana pasada en Addis Abeba (Etiopía). Fotografía de Tiksa Negeri / Reuters


El 26 de julio no es un día más para los liberianos.
Se cumplen 168 años desde la independencia de Liberia, un pequeño país cuyo nombre alude a la idea de libertad y fue noticia pasajera reciente ante la epidemia de ébola más grave de la historia. Se independizó en 1847, no de un Estado sino de una empresa, mucho tiempo antes que la mayoría de África. En efecto, cuando el continente fue repartido a finales del siglo XIX, esta joven república fue, junto al reino de Etiopía, la única en conservar su autonomía.

El nombre antiguo que adoptó Liberia fue el de “Costa del Grano”. Así devino desde que los portugueses, primeros europeos en arribar a sus costas y a la región a lo largo del siglo XV, comenzaran a practicar, desde la década de 1470, el comercio de la pimienta malagueta, el “grano del paraíso”, como fuera llamado el producto en Europa. Más tarde, la zona, al igual que todo el litoral atlántico y las regiones colindantes, fue espacio de las razzias esclavistas para el tráfico atlántico. En particular, la región que hoy ocupa Liberia sufrió severamente la Gran Trata Atlántica.

“El amor a la libertad nos trajo aquí”

La especificidad de la experiencia en el actual territorio liberiano comenzó a partir de 1816, en un país que no fue nunca colonizado oficialmente. En forma similar a la vecina Sierra Leona, Liberia inició como un proyecto de repatriación de antiguos esclavos y negros libres. Desde finales del siglo XVIII el movimiento abolicionista se intensificó y, haciéndose eco de los planteos humanitarios (más los cambios de época, en suma, la Revolución Industrial), la autoridad británica en 1807 decretó la ilegalidad de la trata esclavista en todos los territorios bajo su jurisdicción. Pero, pese a la pretensión británica, el número de los traficados en el Atlántico no disminuyó. Entre 1810 y 1860 fueron embarcados hacia América una cifra del orden de los tres millones y medio de personas.

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Compromiso y música (124): Toumani Diabaté

Por: | 25 de julio de 2015

El músico maliense e intérprete de kora Toumani Diabaté es bien conocido en todos los rincones del planeta, sobre todo porque ha sabido mezclar la tradición de su país con músicas de todo el mundo, como el flamenco, el blues o el jazz.

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Toumani y Sidiki Diabaté en Bamako. Foto Youri Lenquette.

Nacido en Bamako en 1965, procede de una larga lista de griots. Estos creen que todos ellos tienen un antepasado común: un esclavo negro llamado Surakata que vivió en tiempos del profeta Mahoma. Basado en ello, Toumani clama ser la 71ª generación, por línea paterna, de su familia. Recibió el relevo de su padre, Sidiki Diabaté, y lo ha pasado a su hijo que lleva el mismo nombre de su abuelo, Sidiki. Su prima Sona Jobarteh es también una famosa interprete de kora, al igual que su hermano pequeño, Mamadou Sidiki Diabaté. La madre de Toumani fue la cantante Nene Koita y junto a su marido se unió al grupo Ensemble National Instrumental, formado por el gobierno maliense tras la independencia del país para mostrar la riqueza musical de Mali.

Un primer acercamiento a la música del artista nos lo ofrece esta actuación en directo en los Reales Alcázares de Sevilla del tema cantelowes perteneciente al álbum The Mandé Variations que se publicó en 2008.

 

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Canta la ceiba, la palmera responde

Por: | 24 de julio de 2015

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Corisco es una isla de apenas 14 kilómetros cuadrados, que se asoma sobre el mar de puro milagro, aupada en una playa de arena resplandeciente, puro sílice, que ciega y la vuelve invisible frente a los navegantes que no son de allí y no pueden sentirla. Allí nació Raquel Ilombe del Pozo Epita, el 22 de noviembre de 1931, en una colonia española en África que se llama Guinea Ecuatorial. Mestiza, era hija de Raimundo del Pozo, un finquero español posiblemente masón y seguro republicano, que se instaló en Nguandón, una tierra a 90 kilómetros de Bata y al lado del rio Muni. Su madre, Esperanza Epita, era benga, corisqueña, elegante y negra como las noches sin luna. Raquel abrió los ojos sin nubes en una isla misteriosa, mágica, en la que su madre depositó un conjuro, una llamada para atraerla cuando se la arrebataron, apenas con 3 años, rumbo a España.

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Raquel Ilombé / Literáfrica

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Everyday Africa, la mirada continental a través de Instagram

Por: | 22 de julio de 2015

A medio camino entre un proyecto fotográfico y documental, Everyday Africa es una plataforma donde todo aquel que quiera subir fotos de cualquier lugar de África a través de Instagram puede hacerlo para mostrar la vida cotidiana del lugar; el mercado, los niños, el trabajo, el ocio, los bares, las celebraciones... Igual que en cualquier otra parte, pero a la vez diferente. Los creadores de esta idea, Peter Dicampo y Austin Merrill, junto con muchos otros fotógrafos colaboradores, cansados de los típicos clichés que tenemos del continente; pobreza, violencia o miseria, decidieron crear este espacio para romper estereotipos y mostrar África a través de los africanos, de la gente que vive allí y que conoce el día a día. Una ventana para abierta mirar sin prejuicios y una visión que desde Radio Africa Magazine admiramos y compartimos. 

 

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Fragmentos de #Lagos. Fotografía: @tomsaater Tom Saater

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Llegada a Centroáfrica, un país deshecho

Por: | 21 de julio de 2015

Autor invitado: Gaetan Kabasha (*)

Al desembarcar en el aeropuerto de Bangui, el calor es sofocante y pegajoso. Imposible imaginar que estamos en la época de lluvia. En efecto, esta región es siempre calurosa en todas las épocas y su calor va acompañado de humedad, lo que lo hace que la sensación térmica sea más ingrata todavía. A parte de ese calor que nunca ha cambiado, Bangui sigue siendo la capital de un país completamente deshecho por los enfrentamientos y desestructurado en todos los ámbitos de su vida nacional.

Ya antes de aterrizar, una voz de la cabina del piloto nos avisa de que está prohibido tomar fotos  de todo tipo, tanto sobre la ciudad como dentro del aeropuerto. Dice la voz del altavoz que las autoridades nacionales tomaron esta decisión por medidas de seguridad. Pero para alguien que está acostumbrado a vivir en este país, no es una novedad. Quizá la República Centroafricana sea el único país en el mundo que impide tomar fotos en casi toda la capital sin por eso impedir que, en estos cincuenta últimos años, hubiera habido más siete golpes de Estado y una cuantas guerras internas. ¿Para qué sirve esta orden absurda si no es por mera rutina sinsentido? ¿Acaso los viajeros de Air France, la única compañía europea que aterriza allí una vez por semana pueden desestabilizar el país con una sencilla foto del aeropuerto?, ¿Será por ocultar al mundo el estado en el que se encuentran el aeropuerto y el resto del país?.

Al tocar tierra, salta a la vista de forma inmediata algo inaudito: los campamentos de desplazados alrededor del aeropuerto, a dos metros de la pista de aterrizaje. Son tiendas improvisadas de lona que dan cobijo a  algunos de los habitantes de Bangui que tuvieron que huir de sus casas durante los enfrentamientos entre los anti-Balaka y los Seleka. Muchos vieron sus casas destruidas; otros, perdieron todas sus pertenencias y no saben cómo volver a rehacer su vida en sus barrios de origen. Prefieren quedarse en los campamentos donde, al menos, las organizaciones humanitarias les proporcionan comida de subsistencia. Desgraciadamente todo el país está lleno de desplazados atenazados por la desesperación, el horror y la miseria.

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Paternalismo o la nostalgia de un dictador: el caso Túnez

Por: | 20 de julio de 2015

Por Analía Iglesias

"Necesitamos un dictador, pero íntegro", dice alguien en una calle de Túnez. Frente a la pantalla, y ante conjunción de palabras tan inverosímil, estamos a punto de rendirnos como ciudadanos del mundo. ¿Cómo es posible pensar que un dictador, alguien que consigue el poder a través de un golpe de estado, puede ser honesto?

Más o menos a partir de este desasosiego empiezan las preguntas de dos jóvenes realizadores tunecinos, Lilia Blaise y Amine Boufaid, en el documental 7 vies. Porque "siete vidas", como las del gato, parece tener Ben Ali, el último (y omnipresente) dictador de este pequeño país africano que tanto está dando que hablar de un tiempo a esta parte (o desde el estallido de la Primavera árabe a la última locura radical contra los turistas de Susa). Y porque siete era el número preferido de Ali, que ascendió al poder un 7 (de noviembre) de 1987.

¿Se puede echar de menos a Ben Ali, el agente de inteligencia que gobernó el país durante más de dos décadas, hasta 2011?

¿Síntoma de qué enfermedad es la nostalgia del autoritarismo?

Entre las temerarias respuestas con que topan los cineastas en sus calles, se escuchan: "nos da pánico la libertad" o "los árabes no estamos hechos para la democracia".

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Fotograma del documental 7 vies.

Todo esto mientras la Instancia de la Verdad y la Dignidad está revisando las violaciones a los derechos humanos cometidas por las dictaduras padecidas en Túnez de 1955 en adelante. El organismo, creado en 2013, sigue recabando testimonios de los represaliados a fin de investigar y reparar, como lo explicaba, días atrás, el corresponsal de El País desde el Magreb. Son heridas y dolor de décadas de violencia político-institucional y arbitrariedad que no se acaban en sede administrativa. También desconcierto, el que queda al cabo de una vida de 'obediencia debida', en una sociedad que funciona si se aceptan las normas, por absurdas que sean. 

Pocas naciones se salvan de estos síntomas del paternalismo cómodo. En esto no hay occidente o mundo árabe que valgan. ¿Quién no ha escuchado a un taxista argentino o a un viandante español quejarse del caos de los tiempos y decir "con los militares estábamos mejor" o "esto con Franco no pasaba"? El que esté libre de pecado que tire la primera piedra, dirían las almas empáticas y experimentadas.

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Compromiso y música (123): Hartos de la policía

Por: | 19 de julio de 2015

Gambia, Uganda, Nigeria, Costa de Marfil y Ghana son los países que recorremos hoy gracias a la música. Proyectos interesantes que nos invitan a visitar bosques sagrados, canciones de amor, amenazas de muerte y hasta deseos de dar ¡un golpe de estado! para terminar con los abusos de la policía se mezclan en esta entrada. Como siempre: variedad de estilo y temas para que cada uno encuentre algo que le guste.

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Eddy Kenzo. Foto Chano8.

 Holy Forest es un nuevo proyecto musical del compositor y director Jon Fine. El álbum se ha grabado durante tres años en Gambia y diversas ciudades de Estados Unidos. El primer sencillo se titula Africa Calling y cuenta con la participación del gambiano Tata Din Din Jobarteh, uno de los mejores músicos de kora, el cantante Ed “Preachmann” Holley, del barrio neoyorkino de Harlem y la Antibalas Afrobeat Orchestra, un conjunto multicultural de Brooklyn. Se supone que este tema representa un viaje al bosque sagrado de Makasutu. El vídeo que acompaña al tema es muy interesante, está animado y se inspira en los colores de los batiks que la autora del mismo, Maya Erdelyi, vio por las calles de Banjul. El LP, como le gusta llamarlo a Fine, saldrá el próximo mes de noviembre.

 

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Paso valiente de la justicia guineana

Por: | 16 de julio de 2015

El pasado 8 de julio, el tribunal de la República de Guinea que investiga la masacre y las violaciones que tuvieron lugar en el estadio de la capital, Conakry, en septiembre de 2009 ha tomado una decisión inaudita en la historia del país al imputar al ex autoproclamado presidente, el capitán Moussa Dadis Camara, como responsable de aquellos crímenes.

Lo importante e insólito de esta noticia es que por primera vez un panel de jueces guineanos se atreve a aplicar la justicia contra altos mandos del ejército y ciudadanos que han gozado de una alta posición social y lo hacen a riesgo de sus propias vidas. Un paso más en la lucha contra la injusticia y la impunidad a la que en repetidas ocasiones se han comprometido los líderes africanos pero que en la mayoría de las veces encuentra innumerables obstáculos para concretarse.

Los hechos investigados acontecieron el 28 de septiembre de 2009 cuando varios cientos de miembros del ejército y la guardia presidencial irrumpieron en el estadio y abrieron fuego sobre miles de ciudadanos que se habían reunido pacíficamente allí para asistir a un mitin de la oposición. 157 personas murieron, más de 1.200 resultaron heridas y al menos 109 mujeres y niñas sufrieron violaciones u otras formas de violencia sexual.

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Moussa Dadis Camara tras el golpe de estado de 2008 en Conakry. © 2008 Reuters

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Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Veinte años lleva. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog. Ahora coordina la sección Planeta Futuro.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los jóvenes. Prepara su doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria'.

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

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