Lola Huete Machado

Un minuto de silencio por Costa de Marfil

Por: | 16 de abril de 2014

 

Hay aniversarios y recuerdos que quedan sepultados bajo otros aniversarios y otras historias que nos conmueven. Así sucede especialmente en lo que se refiere a los medios de comunicación, la opinión pública, la memoria colectiva de nuestro planeta. En este mes nos centramos en el recuerdo de los 20 años transcurridos desde el genocidio en Ruanda, una auténtica tragedia que conmocionó al mundo y que hoy tapa otros genocidios más "pequeños", otras historias menos conocidas y quizás menos cruentas pero que también tuvieron y tienen lugar en suelo africano y marcan las vidas de muchas personas.

La tragedia tutsi eclipsa al conflicto que desangra lentamente la República Centroafricana o al aniversario de la intervención armada de la fuerza francesa Licorne y la misión de la ONU en Costa de Marfil, que tuvo lugar hace justamente tres años y que resultó en el bombardeo inmisericorde de la capital económica del país, Abiyán, durante una eterna semana antes del final de su crisis post-electoral.

"En el colegio, aprendí que este país fue una vez colonia francesa, aprendí que es el primer productor de cacao del mundo, aprendí que su primer presidente fue Félix Houphouët Boigny... Aprendí muchas cosas útiles e inútiles también... pero sobre todo aprendí que, el 7 de agosto de 1960, este país consiguió su independencia... Independencia...".

Quien así habla es el realizador marfileño Armand Breh (Krindjabo, Costa de Marfil, 1988), guionista y director de Un minuto de silencio, la primera película sobre las víctimas de la crisis post-electoral marfileña. Fue concebida con el comienzo de los bombardeos franceses y de la ONU sobre Abiyán: el calendario marcaba el 4 de abril de 2011, cuatro meses y cuatro días después de la segunda vuelta de las elecciones de 2010, que acabaron en un baño de sangre. Armand explica que la idea de la película, un cortometraje que no llega a los 18 minutos, surgió en la puerta de la casa de un amigo. Allí observó con sus propios ojos cómo uno de los helicópteros militares de la misión de la ONU, un MI-24, bombardeaba un campo militar situado en plena ciudad y habitado por militares y sus familias, Akouedo

"Los hechos fueron poco tratados en los medios internacionales en aquel momento y caen, día a día, en la amnesia internacional -señala Armand Breh- ¿Quién sabe? Un día, enseñarán a mis hijos en el colegio cosas útiles e inútiles y puede que no se mencione jamás ese episodio de la historia de este país. Mientras tanto, tengo la suerte de ejercer un oficio que me permite dejar huellas... y voy a aprovecharme de ello".

 

Un minuto de silencio es para su director y guionista un desahogo, una manera de sanación. También un deber de memoria a fin de que no se olviden los días en los que, ante la indiferencia y la incomprensión del resto del mundo, los civiles marfileños sufrieron el bloqueo de medicamentos, el hambre, la sed y un fuego cruzado que acabó con muchas vidas. Armand Breh no intenta explicar lo que pasó. Simplemente ofrece un pequeño homenaje a los marfileños, atacados en su propio país y representados por un joven vecino de Abiyán, Innocent, un chico mudo que sale de casa a buscar alimentos y que muere, en la flor de la vida, por culpa de una bala perdida.

Armand afirma en facebook que es consciente de que la historia puede ser manipulada y reescrita con el tiempo y de que el olvido es largo, como decía Neruda. Por eso, a partir del 4 de abril de 2011, empezó a grabar imágenes de lo que pasaba en las calles de Abiyán, que luego utilizaría para mezclarlas con la historia de ficción de Innocent. Los muertos sobre el asfalto, abandonados bajo el sol o la lluvia, las barricadas, los cajeros destripados, las tiendas saqueadas, los impactos de balas, morteros y misiles.

Al año siguiente, pudo comenzar a embarcar a gente en su proyecto. Primero, con una tentativa de crowdfunding en la que recibió apoyos como los de Théophile Kouamouo o Edith Brou. Después, en el proceso creativo en sí, autofinanciado y casi infinito, con colaboraciones como los diálogos de Yehni Djidji o el storyboard de Roland Polman, la banda sonora de Youssoupha y las intervenciones de actores aficionados y profesionales, como Guy Kalou. Entre otras cosas. 

  

 

Armand Breh aprovecha su corto para guiñar un ojo amable a #CivSocial, la iniciativa de internautas de la sociedad civil que auxilió a la población, en la medida de sus posibilidades, durante la crisis. Con cierta amargura, recuerda que hubo gente entre los propios marfileños que apoyó los bombardeos a su país, aunque las bombas no distingan afiliaciones políticas ni etnias.

También precisa que se desconoce el número de muertos ocasionados por Francia y la ONU en Costa de Marfil y, de nuevo, apunta que las guerras truncan vidas y proyectos vitales y que ocasionan un enorme sufrimiento en la población y un trauma nacional, sea cual sea el número final de víctimas mortales. Su corto, desde la denuncia y la reivindicación de la memoria, es también una llamada a la paz y la reconciliación.  

Más información:

"Une minute de silence", premier film en hommage aux victimes de la crise

1 minute de Silence sur le 4 avril 2011

Los silencios sobre Ruanda

Por: | 14 de abril de 2014

Autor invitado: Óscar Mateos (*)

Se han cumplido 20 años del genocidio tutsi en Ruanda. Dos décadas de aquellos 100 días en los que África, y el conjunto del planeta, firmaron una de las más funestas páginas de la historia reciente. Es necesario recordar y conmemorar lo que allí sucedió, precisamente, para evitar que nunca jamás vuelva a repetirse un episodio semejante.

Existe, sin embargo, el peligro de que dicha conmemoración sólo ponga el foco en aquellos 100 días de 1994, como si los años anteriores no hubieran sido determinantes en lo que sucedió más tarde, o como si Ruanda se encontrara desde entonces en un simple proceso de reconstrucción que trata de olvidar y superar su amargo pasado.

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Menos de medio euro hora por limpiar la Sudáfrica rica

Por: | 09 de abril de 2014

“Los blancos sudafricanos son unos inútiles porque han dejado todo el trabajo en manos de los negros y ahora no saben hacer nada por sí solos”. La frase la pronunció un vecino de Orania. Blanco y afrikáner, como todo el que reside en este pequeño enclave de Free State, fundado cuando el apartheid ya era un cadáver viviente para, dicen, “preservar la cultura y lengua afrikáans”. Rascando sólo un poco ese honorable objetivo se convierte en racismo hiriente.

Aunque ni lo pretendía ni remotamente lo habrá pensado nunca, la sentencia del de Orania bien podría servir para homenajear a esa mano de obra barata que ha servido, y sirve, para que poco más de un 10% de la población en Sudáfrica tenga en muchos aspectos parámetros de bienestar y riqueza superiores a la media europea.

Servicio domestico

Una niña abraza a su cuidadora en una calle de Sudáfrica

 

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Los amantes de la literatura africana están de enhorabuena. Primero, por el reconocimiento internacional: la nigeriana Chimamanda Adichie acaba de recibir el premio de la asociación de críticos literarios de Nueva York (National Book Critics Circle Awards) con su novela Americanah y la camerunesa Léonora Miano obtuvo hace poco el premio Fémina 2013, con La saison de l'ombre, su última novela. En el último caso, además y si quiere leer esta novela en español, debe saber que, en teoría, será traducida y publicada por Casa África a lo largo de este año. En el caso de Chimamanda Adichie, Mondadori ya agregó su último título a su catálogo, pero puede entretener el camino hasta su novela sobre el racismo, el amor y el pelo natural afro con los doce relatos de Algo alrededor de tu cuello o sus novelas Medio sol amarillo o La flor púrpura.

En España tenemos acceso a más y más títulos de la prolífica y fascinante literatura que emerge de las plumas de autores africanos en el continente o la diáspora. Sirvan como ejemplo los cuentos de Venance Konan y las historias de barrio abiyanés en cómic firmadas por Marguerite Abouet, las obras de algunas de las firmas más interesantes del panorama anglófono africano, como Helen Oyeyemi, Chris Abani o Binyavanga Wainaina, o los sofisticados escritos de la reina del afropolitismo, Taiye Selasi, recién publicada en español con Lejos de Ghana.

Y hay lecturas para todos los públicos...

Assata Ediciones publicó el año pasado, con la colaboración de Frat Mat,Y sin embargo, ella lloraba. Es una de las novelas del rey del género romántico y escritor más vendido en Costa de Marfil: Isaïe Biton Koulibaly (Abiyán, 1949). Carne de editorial desde 1977, Koulibaly toca todos los palos literarios y ha recibido los premios Nyonda, Yambo Ouelogueum y el Gran Premio Marfileño de las Letras, entre otros. Está casado y es padre de tres hijos, cree en el poder transformador de la lectura y se dice influido por Alphonse Daudet, Pearl S. Buck, Alberto Moravia y, sobre todo, Alexander Pushkin.

Y sin embargo, ella lloraba es un auténtico folletín con pretensiones morales y educativas. Habla de  la historia de un sacerdote católico, Robert Williams, que ejerce en una parroquia de Abiyán hasta que se desengaña de la maldad de la gente que le rodea, desde sus compañeros de la congregación a los feligreses, y conoce a la seductora y hermosa Blandine. Es cierto que, como ejercicio de estilo, no es especialmente innovador y que hay otras obras suyas más atractivas. Sobre todo, Ah!, les femmes. Sin embargo, resulta un bouquin interesante si queremos conocer un poco mejor la realidad social de Costa de Marfil, desde una óptica diferente a la de Venance Konan, por ejemplo.   

 
 
En otra liga, en las antípodas de Koulibaly, está Dambudzo Marechera (Rusape, Zimbabue, 1952), un autor maldito, ya muerto, del que se ha publicado en español La casa del hambre (Sajalín Editores). La casa del hambre es una novela muy corta o un relato muy largo, según cómo se quiera ver. Una obra resplandeciente, trágica, dura y desgarrada en la que aparecen varias de las obsesiones de su autor: colonialismo, racismo, el papel de la literatura y los escritores en el mundo. Todo en el contexto de un distrito segregado de la antigua Rodesia, contra un trasfondo de violencia generalizada, pobreza, alcohol y drogas.   

Según reza la portada del libro:

"La casa del hambre" supuso el fulgurante debut con el que un joven africano de veintiséis años obtuvo en 1979 el prestigioso premio Guardian de ficción. Un libro explosivo que rompió con el tratamiento realista de temas sociales y políticos típicos de la novela de protesta anticolonial en favor de un retrato profundamente expresivo. A través del monólogo interior del narrador sin nombre de "La casa del hambre", Marechera hace partícipe al lector de la turbulenta existencia de un joven que abandona su miserable casa del gueto y, de camino hacia el bar más cercano, medita sobre «la mierda infecta que había sido y era mi vida en ese momento». Una vida, como la del propio autor, marcada por la violencia cotidiana, el estigma de la segregación racial y la desesperada búsqueda de la libertad individual.  

Marechera es una novela en sí mismo. Nació en una colonia racista, tercero de nueve hijos en una familia que quedó en la indigencia al morir el padre. Le expulsaron de la Universidad de Rodesia en 1973 por participar en una manifestación contra el racismo en el campus. Estudiaba literatura inglesa con una beca. Otra beca le permitió marcharse a Inglaterra para estudiar en Oxford, de donde también fue expulsado en 1975 por alteración del orden y por negarse a recibir tratamiento siquiátrico. Escribió La casa del hambre en Londres, en un momento turbulento de su vida, entre casas ocupadas y de amigos, enganchado al cigarro y la botella, probablemente con la cabeza llena de voces y el corazón torturado.

 

 

 

Dambudzo Marechera recibió el premio Guardian de ficción por esta obra en 1979. Apareció borracho y vestido de una manera extravangante en el acto de entrega del premio y provocó un estropicio al tiempo que insultaba al público reunido para la ocasión. Regresó a Zimbabue independiente en febrero de 1982. Falleció apenas cinco años más tarde, a los treinta y cinco años de edad, a causa de una neumonía contraída tras serle diagnosticado sida.

Marechera refleja su rico, sucio y violento universo personal en el volumen publicado por Sajalín Ediciones y que incluye también varios cuentos cortos y apuntes, una entrevista consigo mismo y un post scríptum. El libro es como una serie de patadas en el vientre y la cabeza, extremadamente brutal y complejo. Autobiográfico. Terrible, pero también hermosísimo. Un legado breve, como la propia vida del autor, en el que aparecen todas sus preocupaciones, angustias y traumas pero también su particular visión de la belleza, la literatura y el universo. Palizas, borracheras, encuentros sexuales más o menos violentos, historias de racismo y de ira que no pueden dejar al lector indiferente y que tampoco pueden disociarse de las circunstancias personales, políticas y sociales del autor, de la maldad intrínseca del colonialismo y del apartheid rodesio.

Koulibaly y Marechera no tienen nada que ver, pero son dos caras de las múltiples que nos muestra el continente africano y que nos enseñan otras maneras de ver la vida. Parafraseando al nigeriano Ben Okri, si no hay dinero para un billete que te lleve hasta Abiyán o Harare, siempre puedes conseguir un libro para que Koulibaly o Marechera te muestren un atisbo de sus mundos.

   

 

Macky Sall, el cambio tranquilo

Por: | 02 de abril de 2014

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Macky Sall, presidente de Senegal desde 2012. / Foto: AFP

3 de abril de 2010. En una de las colinas situadas al norte de la ciudad de Dakar, el entonces presidente de Senegal Abdoulaye Wade inauguraba, con gran boato y ante multitud de jefes de Estado del continente, el Monumento al Renacimiento Africano, una colosal estatua que había costado a las arcas públicas la friolera de 20 millones de euros. Exactamente cuatro años después, las silenciosas figuras en bronce de un hombre, mujer y niño que miran y apuntan a América no levantan gran interés ni siquiera entre los turistas, y se han convertido en el mejor símbolo de un régimen y un estilo de gobernar que han pasado a mejor vida. Y es que en 2012, justo dos años después, el anciano presidente Wade fue barrido del mapa por una ola de protestas y de ciudadanos hastiados de tanta corrupción y despilfarro que llevaron en volandas hasta el sillón presidencial a Macky Sall, un político que se ha ganado a pulso su fama de sobrio y discreto y que, muy alejado de las obras faraónicas y la megalomanía, está reformando el país desde dentro y a la chita callando. 

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La red marfileña (6): Taxi Tracker

Por: | 02 de abril de 2014

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Imagen utilizada en redes sociales sobre el caso Awa Fadiga


Ésta no es sólo la historia de una aplicación para Android, Taxi Tracker, creada en Costa de Marfil por un joven ingeniero marfileño.

También es la historia de una hermosa modelo marfileña de 23 años, Awa Fadiga, agredida en el transporte público de Abiyán y que, según la opinión pública marfileña y su familia, murió a causa de la avaricia y la desidia de una Sanidad pública desmantelada a través de sucesivos programas de ajuste estructural y en la que sólo el dinero garantiza la asistencia. Por último, es una historia que ha servido de revulsivo a la comunidad web marfileña, tradicionalmente muy activa y ahora movilizada con rabia casi infinita en Youtube y las redes sociales.

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Las Vegas sudafricana que construyó el apartheid

Por: | 31 de marzo de 2014

Sun City gusta del mismo modo al sudafricano medio como horroriza al expatriado europeo. No hay término medio. Sin dudar, el residente local aconsejará con los ojos cerrados una visita a este parque de atracciones, complejo hotelero y de casinos conocido como Las Vegas de África, en medio del llamado cinturón de platino de Sudáfrica ya que acoge multitud de minas de este metal. Es un oasis verde, de árboles plantados, en una provincia árida y empobrecida, salpicada de pueblos que recuerdan al salvaje Oeste americano.

El conjunto rezuma ese aire kitsch de cartón piedra, lleno de excesos ornamentales, mezcla de estilos arquitectónicos tan variados como la propia demografía a sudafricana, bautizado con nombres tan pomposos como el Palacio Perdido. Es un destino muy popular para pasar el día, el fin de semana o celebrar bodas o reencuentros familiares. Parte del éxito se debe a que se erige a tan sólo dos horas al norte de Johanesburgo, en el área más poblada del país pero también en su oferta de ocio adaptado a un amplio abanico de presupuestos familiares.

Sin voluntad de crear grandes expectativas ni ofrecer una plataforma gratis de publicidad, Sun City representa, de largo, y junto a los miles de centros comerciales que siembran el país, el sueño de un ocio con plena seguridad, elemento muy valorado por los sudafricanos, y la reconciliación de Nelson Mandela hecha realidad. Las olas de la playa artificial, las mesas de póker y los inmensos jardines unen a todas las razas de esta nación del arcoíris, a familias obreras con matrimonios de clases medias.

 

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Fadiouth: conchas y concordia

Por: | 28 de marzo de 2014

Fadiouth

Pierre Ndimo Diouf (Fadiouth, 1954) nos guía por las callejuelas de Fadiouth bajo un sol implacable que destiñe el cielo senegalés. Nos cruzamos con un burro solitario que rebuzna sus penas y una piara feliz dormitando a la sombra. Intercambiamos salutaciones afectuosas y casi eternas con familiares y amigos suyos. Fantaseamos con gazelles heladas y con zambullirnos en el manglar, en el estuario del río Saloum, entre garzas despelusadas, campos de ostras y pelícanos enormes. El suelo, mezcla de arena y conchas, cruje bajo nuestros pasos: tiene aires de fondo del mar. La maresía que se remansa en Fadiouth tiene sabor a historia contada por la voz fabulante y grave de Fatou Diome.

Estamos en la isla de las conchas, en la Petite Côte, la Costa Pequeña senegalesa, a 114 kilómetros al sureste de Dakar. Fadiouth es un pedacito del paraíso unido al pueblo de Joal y a tierra senegalesa por un puente de madera. Territorio fundamentalmente serer y cristiano, florece gracias al turismo, la pesca y la agricultura. También a la tolerancia y la tranquilidad. 

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Por Chido Onumah (*)

Ver versión en inglés

Han pasado ya más de dos semanas desde que se produjo el desgraciado accidente en el Servicio de Inmigración de Nigeria (NIS, por sus siglas en inglés), que se cobró la vida de numerosos jóvenes nigerianos que demandaban un empleo como funcionarios públicos. Según el último recuento, el número de víctimas por la estampida ascendía a 20 muertos y decenas de heridos. El fallecimiento de cualquier nigeriano en trágicas circunstancias, tal como ocurrió el pasado 15 de marzo, debería ser un motivo grave de preocupación para las instituciones del Estado.

Pero entonces, esto no sería Nigeria. Estamos acostumbrados a las muertes en situaciones trágicas. No pasa una semana sin informaciones escalofriantes sobre dramáticos sucesos que se cobran las vidas de los nigerianos. Ya sea por altercados sin sentido en nombre de la religión, como consecuencia de accidentes de tráfico o de barcos, de secuestros, de robos a mano armada cometidos por individuos que andan al acecho o por escaramuzas entre los miembros de diferentes etnias. En esta enorme prisión llamada Nigeria, la mayoría somos “muertos vivientes”.

NIS1Imagen del momento del suceso en The Vanguard.
 

Desde luego, lo que ocurrió el sábado 15 de marzo ha sido producto de las irregularidades que existen en este país. No hay mejor manera de describirlo. Porque aquel incidente no fue por casualidad. Fue cuidadosamente orquestado. Y es probable que los que lo organizaron ni siquiera imaginaron que morirían tantas personas.

Este último y fatal incidente es la consecuencia de una entramada red de corrupción arraigada en la complicada estructura sociopolítica de Nigeria. Podemos sacar esta conclusión de los fatuos comentarios que salieron de la Cámara de Representantes y de las declaraciones que se hicieron bajo cuerda en el Servicio de Inmigración.

Pocos días después del accidente, el periódico Daily Trust denunciaba que la mayoría de los empleos para los servicios de inmigración a los que se habían presentado el sábado decenas de miles de personas "habían sido de antemano adjudicados a políticos enchufados, entre ellos gobernadores estatales y parlamentarios federales”.

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Nigeria: one week, one tragedy

Por: | 27 de marzo de 2014

By Chido Onumah

Versión en castellano

It’s almost a week since the Nigeria Immigration Service (NIS) job recruitment tragedy that claimed the lives of many young Nigerians. At the last count, the number of deaths stood at 20 with scores injured. The death of any Nigerian under the tragic circumstances of March 15 ought to be of grave concern to the state.

But then, this is Nigeria. We are inured to tragic deaths. No week passes without bloodcurdling reports about one tragedy or another claiming the lives of Nigerians. Whether it is the mindless mayhem in the name of religion, road accidents, boat mishaps, kidnappers and armed robbers on the prowl or ethnic skirmishes over land, in this huge prison called Nigeria, the majority are “dead men walking”.

Of course, there is no other way to describe what took place last Saturday other than to say it is the product of a dysfunctional country. That incident did not happen by chance. It was carefully orchestrated. Perhaps, those who orchestrated it didn’t imagine that so many young people would die in the process.  

The latest tragedy is the product of an entrenched web of corruption which is rooted, evidently, in the warped socio-political structure of Nigeria. You can sense this much from the insensate remarks that came out of the House of Representatives and the reports of what went behind the scene at the NIS.

A few days after the incident, Daily Trust reported that “Most of the Immigration jobs that hundreds of thousands turned up trying to get on Saturday have already been allocated to well-connected politicians, including state governors and federal lawmakers.”

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Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas y mejorar el conocimiento y uso de los medios de comunicación en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los más jóvenes. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria' (Essays 2001-2011).

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

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