Lola Huete Machado

¡Taxi!

Por: | 06 de diciembre de 2011

Los vi por primera vez en mitad del caos de Lagos, la antigua capital de Nigeria y la segunda ciudad más poblada del continente, después de El Cairo. En las plazas o en los cruces de las calles había decenas de jóvenes sentados sobre o cerca de sus motos: charlando, fumando, gritando, presumiendo ante las chicas que pasaban por allí… Eran los taxistas más populares de la ciudad, los okadas, los más rápidos y económicos, los conductores de motos, que mataban el tiempo a la espera de que algún cliente contratase sus servicios.

Image1           Okada en una aldea de Tonko Limba, Sierra Leona. Foto: Chema Caballero

Con el paso de los años, me he dado cuenta de que la escena es parte del paisaje diario de muchas ciudades africanas: Monrovia, Conakry, Freetown... Y no solo de las capitales, sino también de los pueblos y hasta de las pequeñas aldeas de cualquier país. Solo faltan en Accra, donde en los últimos años el gobierno ha prohibido su circulación debido a la gran cantidad de accidentes en los que se ven envueltos y la confusión que provocan en el tráfico de la ciudad.

En Sierra Leona a estos moto-taxis también se les conoce con el nombre nigeriano de okadas. Sin embargo, la singularidad que presentan los sierraleoneses es que sus primeros conductores surgieron justo después de la guerra. Se trataban, en su mayoría, de antiguos combatientes (principalmente provenientes del RUF y del SLA) que con la ayuda recibida tras su desmovilización adquirieron una moto. Con el paso de los años, el negocio se ha ido desvinculando de ese colectivo y hoy día son cientos los jóvenes que inundan las calles, las carreteras, los caminos y las trochas de todo el país conduciendo una okada.

Estos chavales crean continuos conflictos por su forma de conducir. Fueron aquellos primeros exrebeldes los que marcaron el estilo que hoy todos quieren imitar, especialmente su arrogancia y su desprecio a las normas.  No hay forma de que cambien los hábitos adquiridos. Son peligrosos y se ven envueltos en continuos accidentes de tráfico. Algo que se repite en todos los países del continente. Y a pesar de ello, los ciudadanos los prefieren a cualquier otro tipo de transporte.

Image1              Transporte de viajeros en Madina, Sierra Leona. Foto: Ch. C.

No solo son imprescindibles en Sierra Leona o en Nigeria. Parece que el fenómeno se extiende por la mayoría de las ciudades del África subsahariana, así en BamakoUagadugú más del 50% del transporte se hace sobre motos, según un estudio del Banco Mundial. En Kenia y Uganda a estos taxis se los conoce como boda-boda, en suajili como piki-piki, en Liberia como peen-peen…

La irrupción de las motos en el África subsahariana se debe, en gran parte, como tantas otras cosas, a los productos de fabricación china e india. Hasta no hace mucho eran las marcas occidentales las que dominaban el mercado en el continente, pero sus precios estaban muy lejos del alcance de la gran mayoría de los ciudadanos. Con la llegada de las máquinas de fabricación asiática las cosas han cambiado mucho y ahora el precio de una, bastante decente, puede oscilar entre 500 y 1.500 dólares.

La mayoría de las motos pertenecen a pequeños emprendedores que cuentan con el capital suficiente para adquirirlas. Luego las alquilan a taxistas que debe pagarles una renta diaria. Todo lo que el conductor consigue por encima de esa cuota es su beneficio, además, un día a la semana no tiene que entregar nada al propietario aumentando, así, sus ingresos. El dueño es responsable de los gastos de manutención, seguros y matriculación. Mientras que el combustible corre por cuenta del conductor. Este también debe de lidiar con los policías, que no pierden ocasión para extorsionar a los conductores de okadas siempre que se les presenta la ocasión.

 

                   Okadas en Victoria Island (Lagos, Nigeria). Video en Youtube, por Mauricio Pretto.

 

                  Grabado desde una boda-boda en las calles de Kampala (Uganda). Por AdkinsMedia.

Según mi amigo Sampha, que posee varias motos, es necesario un mínimo de 4 para conseguir que el negocio sea rentable, aunque lo ideal, siempre según él, sería tener unas 10. Ali, un chaval que conduce una okada en Freetown, me comenta que en una buena jornada puede sacar un beneficio limpio de unos 4 euros, pero que no todos los días tiene la suerte de llegar a esa cantidad.

El problema es que cada vez hay más motos en las ciudades y aldeas y el mercado se está saturando, por lo que es difícil conseguir un buen margen de beneficios.

Las motos han revolucionado el transporte en África, sobre todo en las zonas rurales. Rara es la aldea donde no lleguen las okadas o boda-bodas cargando personas o mercancías en equilibrios imposibles. Están facilitando el comercio, el transporte de productos hasta los mercados o de enfermos hasta los puestos de salud, por citar solo algunos de sus beneficios. También permiten que las campañas de vacunación o de información lleguen hasta lugares donde antes era imposible penetrar.

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           Mecánico en Bamako, Malí. Foto: Manfred Schweda para Thisfabtreck

Alrededor de ellas se han generado toda una serie de negocios que hacen posible que muchas otras personas vivan. Por ejemplo, los talleres mecánicos se multiplican por pueblos y aldeas. Un árbol frondoso sirve para que un mecánico y su cohorte de aprendices haga milagros con las motos: utilizando cuerdas, alambres, trozos de mangueras o botellas de plástico, puede conseguir que el más destartalado de los vehículos vuelva a recorrer los senderos de cualquier selva o sabana.

También han surgido vendedores de recambios, otro negocio que ha experimentado un rápido auge en los últimos años. Muchos de ellos son ambulantes que, cargados de gomas y transportando sobre sus cabezas o en la parte de atrás de sus motos cajas y cajones, recorren los pueblos pregonando sus mercancías.

Otro comercio generado en torno a ellas es el de las gasolineras. En muchas aldeas hay jóvenes que viajan hasta las grandes ciudades a comprar combustible que luego revenden en botellas de un litro consiguiendo un pequeño beneficio que les permite sobrevivir.

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          Venta de combustible. Foto: Alainie para A is for Africa

No cabe duda de que las motos forman parte del paisaje del África actual y de la transformación que esta está experimentando; sin ellas no se entendería lo que está sucediéndo en el continente.

Hay 4 Comentarios

Pepe por qué insinuas que se ayude al desarrollo de África respetando su cultura tradicional, acaso tú bebes en botijo en vez de la lata de coca-cola oagua embotellada como fruto de un desarrollo en España de respeto a nuestra cultura tradiconal ¿?. Cada persona es dueña de su propio desarrollo, te guste o no y ellos eligen cómo quieren desarrollarse. Les guste o no a las organizaciones de desarrollo o a defensores de las tradiciones culturales.

PARA PEPE: ¿Por qué no pensar en un africano o una africana como un ser humano independendiente con valores y expectativas propias. Una persona que decide por sí mismo qué es lo más beneficioso para su vida y su entorno. Nada diferente de lo que presumimos de un europeo, un japonés, un canadiense o cualquier otro occidental?

Esto es una mierda más que le mandamos a los africanos; comprar motos, gasolina y contaminar a punta pala, por no decir accidentes etc. ¡Pero si no se cumplen ni las leyes de tráfico! Más vale que se ayude al desarrollo de África respetando su cultura tradicional de agricultura y ganadería y no haciendo un mercado gigante para las porquerías de los chinos. ¡¡¡Qué desastre de planeta hemos hecho!!!

Según el artículo periodístico, parece que gran parte de África se va motorizando con el transporte de las moto. Atrás quedaron los mulos y los burros, tan útiles para mover carretas y carretones. Bueno, al menos es un alivio para las economías de esos países que durante siglos han sido y siguen siendo manipulados por la voracidad de los imperios occidentales.

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Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País desde 1993 y El País Semanal desde 2002, ha publicado reportajes sobre cuatro continentes. Psicóloga y viajera empedernida por el mundo, aterrizó en Alemania cuando caía el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Para no olvidar, se hizo periodista.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas y mejorar el conocimiento y uso de los medios de comunicación en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los más jóvenes. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria' (Essays 2001-2011).

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