Pocos días después del golpe militar de Malí, mi amiga Oumou me llevó a las carreras de caballos en Bamako, siguiendo con esa vida cotidiana normal que comentábamos en un post anterior. Era domingo por la tarde, y se hacía lo que cualquier otro domingo por la tarde. El hipódromo, además de nombre de barrio, es una enorme y polvorienta pista de carreras oculta por colinas hasta tal punto que da la sensación de que te encuentras en un valle natural y no en el centro de una urbe hacinada como Bamako. En uno de los cerros se encuentra el Palacio presidencial, el mismo que unos días antes se convirtió en escenario de combates entre los golpistas y los soldados leales a ATT, el Presidente; desde donde sonaron los disparos en toda la ciudad hasta altas horas de la noche.
Las entradas para las carreras cuestan 500 CFA francos (0,75€) para las gradas cubiertas, el precio de un plato de arroz y carne, y es un poco más barato para el resto de asientos (ver calendario). Dentro del hipódromo cientos de niños reventaban las gradas, una tropa variopinta de muchachos jóvenes vistiendo camisetas cutres y sandalias de plástico. Se veían algunos hombres mayores sentados con los brazos cruzados y un plato de carne a la parrilla a sus pies, a la espera de los hambrientos clientes y chicas, bien flacas, vendiendo esas bolsitas de agua fresca colocadas en un recipiente de metal o plástico que lleva bien equilibrado sobre su cabeza. El sol se sumergía ya bajo la línea del cielo, produciendo una cálida luz que convertía la tierra roja en aún más rojo intenso.
Cuando los caballos y sus jinetes comenzaron a entrar en el ensilladero, Oumou y yo nos acomodamos en las gradas cubiertas. Una hilera de hombres con boubous (túnicas) y sus mujeres se sentaron junto a nosotros en sillas de plástico. Compramos latas de Coca-Cola y luego apareció un amigo de Oumou, impresionante, con en un traje verde de magnífica seda almidonada, y señaló a su caballo que se llamaba como ella. Oumou parecía divertida. A pesar de que había pasado toda su vida en Bamako, era la primera vez que asistía a las carreras, un pasatiempo de domingo por la tarde muy popular allí, aunque no tanto como los es en Sudáfrica o Mauricio, verdadero negocio con sus apuestas habituales, siempre emocionante deporte, hermosos caballos... Mi visita era para ella una oportunidad de ver un lado de la ciudad que aún no conocía.
Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.
José Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.
Ángeles Jurado.
Chido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas y mejorar el conocimiento y uso de los medios de comunicación en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los más jóvenes. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria' (Essays 2001-2011).