Ellas, las mujeres africanas que se dedican al gremio de la música de altura suelen ser rotundas, decididas, poderosas; hacen en verdad lo que les viene en gana y miran dentro y fuera con desenvoltura. Las que ha salido y andan en la diáspora (o son generación descendiente) le cantan continuamente a su tierra, y las que no, queda dicho, se mueven al ritmo interior/exterior bien resueltas. Ser músico/a es una condición respetada y respetable en todo el continente. Y ellas, lo mismo se apuntan a la estética Beyoncé como si les fuera la vida en ello (es la gran diva, la representación terrenal y palpable del éxito hecho carne) a la hora de mostrar lo que hacen en formato vídeo, que aman a Rihanna o se cruzan de estilo y emulan un buen día a esa señora de altura que era Cesaria Evora, recién desaparecida (emularla, decimos, porque igualarla es imposible). Eso quienes miran continuamente hacia fuera. O viven fuera. Las que andan enraizadas y se niegan a instalar su casa en otro lugar que no sea el continente podrían mirarse el ombligo una y otra vez. Porque encuentran mucho dentro.
La música africana es un filón, una veta de preciados y diversos minerales. Cada país una mina. Pero bien podrían mirar a Malí mismo, por ejemplo, un país que ha dado cantantes mujeres a espuertas. De Oumou Sangoré a Mariam (de Amadou y Mariam) y a esos coros femeninos que usa Salif Keïta, que cortan la respiración. Cantar y bailar en África es más que cantar y bailar. Es un desahogo. La música pone letra y notas a la vida. La hace llevadera.
A tres de ellas las presentamos aquí, como si de un mismo paquete regalo se tratara, pero todas son diferentes cual noche y día.
La primera es la nigeriana Goldie Harvey. La llaman la Lady Gaga africana, y sí, ella no hace nada para evitarlo. Más bien todo lo contrario. Como cuenta Loren A Lynch, en el blog (que admiramos) Africa is a country, acerca de este vídeo titulado Don’t Touch, la cosa abre en blanco y negro para luego coger color, velocidad y sofisticación (lo mismo es faraona que ángel, que chica pop, así de versatil: nada queda fuera ni en la simulación, ni en el sonido ni en el vestuario).
Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.
José Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.
Ángeles Jurado.
Chido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas y mejorar el conocimiento y uso de los medios de comunicación en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los más jóvenes. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria' (Essays 2001-2011).