Lola Huete Machado

El año que vivimos intensamente en Ghana

Por: | 13 de agosto de 2012

Autor invitado: Ángel Gonzalo (*)

Mediados de agosto de 2012. Se termina el año que pasamos en Ada, un pueblo de 3.000 habitantes en la desembocadura del río Volta, al sur de Ghana. En estos momentos, cerrando la mochila, pesa despedirse de tantas personas como hemos conocido y que nos han ayudado a lo largo de los meses. Vinimos aquí para trabajar en varios proyectos sociales. Mi compañera Elena ha puesto en marcha un departamento de fisioterapia en el hospital Dangme East District. Lo ha conseguido con mucho esfuerzo, casi sin apoyos, y superando numerosos obstáculos. Pero hoy la continuidad de este servicio está garantizada.

 

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Festival de Ada (Ghana)

Por mi parte, queda consolidado y con acceso a Internet el equipo de informativos de Radio Ada, la emisora comunitaria que sirve como ventana de aproximación al mundo exterior e interior para el grupo étnico Dangme, con más de 200.000 personas. Además, ambos hemos construido con el apoyo de familiares y amigos, y los líderes comunitarios, la escuelita de Anyakpor para 97 niños huérfanos de la calle, o de la playa, en una de las zonas con índices de analfabetismo más elevados. Estos son los hechos y lo que justifica nuestro año aquí. Ahora vienen las emociones.

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Fotografías de Elena Llanos

A flor de piel. Vivir aquí es duro. Estoy escribiendo este texto sin luz, apurando la batería de un portátil que funciona por casualidad y encharcado en sudor. Algunas letras naufragan en la pantalla. La humedad es del 80%, la temperatura media es de 30º y se hace de noche todos los días a las seis de la tarde. Imaginen cómo puede afectar esto a los ritmos de trabajo, al cansancio, al sueño y a la vida diaria. Es muy difícil mantener un horario y un estilo europeo. ¿Cuántos de ustedes trabajan en estos momentos con el aire acondicionado apagado? Las jornadas laborales no son de 40 horas ni son festivos los sábados ni los domingos, ni las fiestas de guardar, ni hay vacaciones ni tantos otros derechos que en España disfrutamos -aunque muchos nos los intenten arrebatar ahora-.

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Elena junto a Josua en el hospital.


Elena
y yo somos voluntarios y no recibimos salario por nuestras actividades. Estamos aquí con nuestros ahorros y vivimos de forma humilde. Aún así somos los privilegiados de Futuenya, la comunidad en la que está situada nuestra casa. Tenemos agua corriente hasta por lo menos las siete de la tarde y a pesar de que los cortes de luz y agua son constantes podemos manejarnos para sobrevivir. 

Pero sobrevivir no significa vivir con comodidad. Hemos pasado un año muy solos y nos costó adaptarnos al aburrimiento. Hay un abismo con nuestra vida en Madrid hasta en las pequeñas tonterías. Aquí no hay cines, no hay teatros, la televisión sólo emite culebrones, Internet va a pedales y además de conversar no se puede hacer otra cosa. Charlar es entretenido, pero después de las preguntas de rigor cuesta encontrar temas en común con los vecinos. 

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Escuela de Anyakpor, donde acuden un centenar de niños huérfanos.

En Ada, el 65% de las personas son iletradas y muchas jamás han pasado de la capital, Accra, por lo que su universo es distinto al nuestro. Aquí nadie lee periódicos -muchos no entienden ni siquiera el inglés-, ni libros ni tienen los mismos hábitos culturales ni de ocio que en Europa. Cuesta integrarse, se lo juro. Y cuesta compartir una cerveza si no la pagas tú. Incluso es extraño quedar para cenar. No existe la sobremesa española. En nuestra experiencia, la gente se alimenta, come por pura necesidad. No se comparte la mesa. No hay debate. Se come y punto. Cada uno a lo suyo.

Creencias religiosas. Luego está el papel de las distintas corrientes cristianas. Evangélicos, presbiterianos, pentecosteses, metodistas y adventistas, entre otros, se reúnen  a menudo para taladrar los cerebros de las personas de la comunidad. En algunos de sus encuentros se amenazan, emplazan a que el diablo salga de ellos y se maldicen a voz en grito. Ver estos ritos, algunos mezclan las creencias animistas con estas doctrinas neocristianas, asusta.

Quizá es una cuestión cultural, porque cuando he explicado cómo se celebra en España la Semana Santa, con los capuchones y las procesiones, o que algunas personas recorren de rodillas el Camino de Santiago me miraban como si fuera un marciano. Aquí temen a Dios y lo temen profundamente, so pena de ser expulsados de las iglesias o de las comunidades, perder sus bienes o padecer toda serie de desgracias. Las autoridades religiosas ejercen una influencia enorme sobre la vida de las personas. Esa influencia no siempre es positiva. Elena ha perdido tres pacientes en el último mes. Niños de menos de cinco años que tenían la oportunidad de acudir al centro sanitario, pero sus padres siguieron los consejos de estas autoridades y fallecieron. En vez ir al hospital fueron al “prayer camp”. Así es la vida aquí. El último fue Josua, de dos añitos. Se deshidrató tras una diarrea. Una diarrea para la que existe vacuna gratuita desde hace pocos meses gracias a un programa de UNICEF.

Integrarse en la rutina de África exige mucho tesón. También con los occidentales. Nosotros vinimos a conocer Ghana, a sus gentes y a convivir con ellos. Vinimos a viajar en tro-tro -furgonetas en las que se amontonan 13 personas o más en 12 asientos desvencijados y son el transporte público por excelencia-, a comprar en sus mercados -a pesar del cólera, la falta de higiene y el estado del pescado y de la carne-, a curarnos en sus hospitales -si son buenos para ellos, deben serlo para nosotros. Además, se construyen con fondos extranjeros...- y a sentir como propios el sufrimiento y el afán de superación de estas personas.

Esta actitud nos ha apartado de otros expatriados cuya experiencia africana se basa en estancias en hoteles de 200 dólares por noche, mansiones en barrios protegidos por seguridad privada, coches 4x4, con aire acondicionado, conducidos por chóferes obedientes o legiones de sirvientes que atienden sus caprichos. Hemos conocido esa otra realidad y la hemos rechazado. Ghana ofrece mucho en ese otro aspecto: turismo sexual y lujo desmedido con sólo chascar los dedos y agitar unos billetes. 

Corrupción ghanesa, desidia española. Es difícil vivir aquí, sostengo. La corrupción es moneda de cambio común entre los funcionarios públicos. He perdido la cuenta de cuántas veces han querido extorsionarnos en la carretera, viajando de noche, sólo por  nuestro color de piel y también cuántos regalos nos han pedido en las fronteras o controles de Ghana, Togo, Benín o Burkina Faso.

También he conocido de cerca el difícil trato con la policía o la situación de los calabozos. He tenido acceso a testimonios que describían el hambre y las penurias de las cárceles locales, absolutamente masificadas, y las condiciones inhumanas y degradantes en las que los internos cumplen condena. Amnistía Internacional publicó un informe al respecto en marzo pasado.

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Imagen del funeral por presidente Mills: "Se ha ido demasiado pronto", dicen.

Pero esta situación tampoco es patrimonio de Ghana. La corrupción, ya lo saben, es una lacra muy presente en España, Italia y otros lugares desarrollados. La ineficacia y la desidia de las autoridades también. Por ejemplo, no pudimos votar en las Elecciones Generales de noviembre pasado y tuvimos que pagar dos extorsiones ante la administración ghanesa –siguiendo indicaciones de la Embajada española- para poder ejercer nuestro derecho al matrimonio. En este último caso, al menos el cónsul de España nos pidió disculpas, un gesto que le honra. En Ghana también hemos conocido la intolerancia y la persecución de la homosexualidad, la invisibilidad y el desprecio hacia gays, lesbianas, bisexuales y personas transgénero. Amar a una persona del mismo sexo es delito en este país.

Al mismo tiempo, hemos asistido en primera fila a la puesta en marcha de gestos de solidaridad espontánea, hospitalidad sincera y cariño sin parangón en ningún otro lugar del mundo. Como ven, un sinfín de contradicciones y de emociones fuertes.

Democracia, apuesta de futuro. El pasado 24 de julio falleció el presidente del gobierno, Atta Mills, por cáncer, cuando las encuestas apuntaban a su reelección en diciembre próximo. Ghana es una democracia joven, con poco más de 20 años, y este hecho no ha amenazado la estabilidad del país. Ghana tiene esperanza. El sistema democrático es su mejor aliado en un entorno regional difícil e inestable. La población lo sabe y lo protege. Piensen en cómo se encuentra Costa de Marfil, o Malí o la región del Sahel o Nigeria -que tantos vínculos tiene con este país- o Togo, de quien nadie habla y cuya indignación con la familia que lleva en el poder los últimos 50 años empieza a generar protestas, alejadas de los focos de los medios de comunicación, eso sí.

Junto a esta vorágine que voy narrándoles, en Ghana también hemos descubierto lo mejor del ser humano, su capacidad de adaptación ante las adversidades y su negativa a rendirse. Hemos aprendido qué significa de verdad la palabra resistencia. Y cómo se vive al día. Sin que mañana exista y sin que eso importe lo más mínimo. Son lecciones fundamentales y creo que nos ayudarán mucho en el presente al que regresamos.

Volvemos a España, un país que sentimos desmoralizado y noqueado. Hay razones para ello, por supuesto. Pero la crisis y los recortes se ven con otros ojos desde aquí. Mis vecinos no tienen nada, menos que nosotros, pero permanecen en pie y alzan la cabeza cada mañana. Han vivido mucho tiempo como esclavos. Hoy saben disfrutar de su festival, acuden a trabajar -cuando hay algo que hacer- y piensan que las cosas van a cambiar. Es un tópico, pero la sonrisa no se les ha borrado del rostro y se agradece. Para mí esa sonrisa es una muestra de dignidad. Este es un país optimista y eso se contagia. Incluso su género musical más conocido, highlife, y su canción por excelencia, Azonto -una especie de Macarena ghanesa- dan fe de ello.

Siempre hacia adelante. No creo que por muy mal que estén las cosas en España lleguen nunca a estar peor que aquí. Y ante este panorama hemos encontrado alegría, satisfacción por pequeños detalles y muchas, muchas ganas de vivir. No saben cómo anima eso.

Qué más puedo contarles. Que vengan a África. Que vengan y conozcan este continente, alguno de sus más de 50 países, su cultura ancestral. Acérquense a descubrir cómo son los africanos y las africanas, cómo afrontan la pobreza y cómo sufren la indiferencia de la comunidad internacional. Pero también vengan y vean cómo se divierten, cómo relativizan y cómo siguen adelante. Aprendan a mover las caderas como esta gente.

Vengan, en serio, y olviden los circuitos turísticos, inviertan en el desarrollo local. Dejen el tontoterreno, los parques naturales y los hoteles de cinco estrellas a un lado -o no les dediquen todo su tiempo- para sumergirse en la vida que fluye a borbotones en las calles sin asfaltar, en los mercados coloristas, en las playas contaminadas o en los tro-tros siempre a punto de partir.

Esto es África y no sólo lo que cantaba Shakira para que ganáramos el Mundial de Fútbol. Vengan y verán cómo la experiencia no les deja indiferentes. Nosotros regresamos más fuertes, más estables y más maduros como personas y como pareja; y eso es un regalo que nunca olvidaremos. Por eso sólo podemos decir con humildad gracias Ghana, gracias África.

(*) Ángel Gonzalo es periodista y lleva 15 años dedicado al mundo de la comunicación social en todos los formatos. Durante los últimos ocho ha sido responsable de prensa de Amnistía Internacional en España. Desde hace uno disfruta de una excedencia en Ghana donde colabora con Radio Ada y diferentes medios españoles. En su blog Ghaneantes, aviso para escribe sobre su experiencia junto a su compañera en este país de África subsahariana. 

(**) Su historia apareció también en el reportaje Ghana, Estado de buena esperanza.

 

Hay 11 Comentarios

Despedida y cierre de sesión . No se si lo publicarán . Felicidades al autor de este blong, ya que despertará las mentes de muchas personas que vayan al Continente Africano. Llegarán con buen y mal sabor de boca . Miren todo , decir todo es el colorido de la región y la parte oscura de la misma . Buenas noches , son las 4:13 de la noche . me espera una señora llamada cama . :)

No tengo ninguna cuenta. Como último comentario , decir que mi cuñado fue Médico Jefe por la O.M.S. en casi todas las regiones de Africa . Sacó un master en enfermedades tropicales . Tuvo que hacer otro curso en Brasilia , donde destacó por sus conocimientos. Mi hermana vive con muchos añitos , mi cuñado falleció . Creo que en España era uno de los médicos que más sabían de medicina tropical. Tengo una sobrina que nació en el antiguo Congo Belga . Sé que fueron evacuados en las guerras que hubo, bueno hablo de casi el año 1.970 . Estudiaba en Brasil unas 14 horas al dia para sacar el master, eso según mi hermana. Hizo mucho en su cometido. La malaria es normal en todo Africa , recuerdo que mi hermana me comentaba que tomaban todos los dias quinidina ( principio activo de la quinina ), en un terrón de azúcar o bebido. Ojo , enterense Ustedes los que decidan ir a Ghana , de las enfermedades que hay y posibles vacunas . Las mosquiteras son obligatorias , y aún así les picarán muchos lepidópteros agresivos. Suerte a los que se vayan a una gran aventura. Primero informarse de todo.

Bueno, leí algo sobre Ghana , acabo de recibir de ese país un email de una chica preciosa , concretamente era de Kumasí que es la capital de Ashanti .

Lo miré en el explorex, ni idea de donde quedaba Kumasi, desde donde se conectó una morenita muy guapa , que se hizo aquí en España la luz más blanca. Sorpresas nocturnas :) . En fin ya veremos los chateos, ya que hace traducción simultánea y me contestaba en inglés.

De todas formas creo que Africa , ese inmenso continente, tiene los secretos de la vida . Y eso hay que ir descubriéndolo , poco a poco . Animo y a conocer el mundo que tiene años luz por descubrir.

Lástima la pobreza inmensa que hay y millones de niños que fallecen sin ayudas de los todopoderosos capitalista que los niños juegan con la comida , y el colesterol , es una enfermedad endémica.

El solo hecho de vivir entre costumbres tan distintas, me parece formidable. Sólo lamento algunos comentarios resentidos, cuya motivación no alcanzo a entender. Y que no descalifican nada más que a sus autores. Desde Argentina, cordial saludo a Elena y Angel

Joder! Casi se me salta la lágrima...

Muy emocionante. Un año así le cambia la vida a cualquiera. Ánimo, será duro volver de la humanidad, el color y el calor de África a una España cada día más gris, más fría y gobernada por la prima de riesgo.

Hola X,

La superioridad moral del viaje de Elena y Ángel no está en el relato. Lo que cuentan con alguna tristeza es que la pobreza impide establecer relaciones de igual a igual. Y que el placer de una cerveza compartida no es posible cuando la otra parte no puede pagarla. Se echa en falta el momento, la posibilidad de charlar en la sobremesa. No se critica el escenario.

La superioridad moral de esto reside, precisamente, en que quienes trabajan por los demás en horario de oficina pueden seguir disfrutando de la cervecita en su jaula dorada de "La Moraleja" Ghanesa.

Por cierto, puedo dar fe de que E&A no fueron allí a dar lecciones sino a tener una experiencia personal. El blog que has leído es una derivada que por suerte comparten y que nos hace ver que la vida en África y la cooperación en general no es un cuento de hadas. Está llena de momentos agrios que muy probablemente empresarios, inversores y cooperantes de hotel no podrán contar por no haberlos vivido.

Saludos,

Hay que conocer África, indiscutiblemente.

Gracias por compartir vuestra interesantísima experiencia con los demás. No comparto, en cambio, el aire de superioridad moral del tipo de estancia que habéis escogido. Hay muchos expatriados en muchos países africanos, y muchos tipos de forma de vivir aquí. Hay efectivamente personal de Naciones Unidas encastillados y viviendo con mucho lujo. También hay, por ejemplo, y muchos más, miles de trabajadores chinos viviendo exactamente en las mismas condiciones y cobrando normalmente menos que el trabajador africano medio. O personal humanitario y cooperantes, de Cuba, España o Qatar, haciendo labores sociales y disfrutando al mismo tiempo en su vida privada de comodidades que no tiene la población local. O Peace Corps que viven en localizaciones remotas y solo se comunican en la lengua local. O empresarios árabes, desde los que gestionan colmados paupérrimos hasta presidentes de grandes multinacionales. ¿Y qué? ¿Es que es mejor quien viene a hacer labores humanitarias? ¿Es que es más legítimo o auténtico venir a hacer éso? ¿Tiene menos valor venir a invertir en un negocio o hacer turismo? ¿Y es superior moralmente vivir como los que menos recursos tienen del lugar? ¿Haces eso en tu ciudad en España? ¡Pero si por lo que cuentas ni siquiera así habéis podido integraros! Siento lo directo de la interpelación, pero entiendo que al compartir tu vida personal estás abierto a comentarios externos. Creo que emborrona tu hermoso relato de una gran experiencia la superioridad y altivez, e incluso el desconocimiento de otras realidades, que muestras por la forma que has escogido de vivir tu experiencia en Ghana. Has escogido vivir en condiciones muy duras en un país de África, porque tienes la capacidad y libertad de elegir, ¿esperas acaso una felicitación por ello?

que bonito y conmovedor .los europeos tienen mucho que aprender de los africanos es verdad pero tambien nosotros como africanos debemos tambien aprender mucho de los europeos como por ejemplo el gusto para el trabajo.el futuro estas en africa pero todo partira de nuestro voluntades a cambiar las cosas junto con una verdadera voluntad politoco

¡Ay que bonita es la Exdedencia! Y la majestad y el empauqe que da... ¿Quién hace de la Solidaridad una parte más del Capitalismo es como decía Bertol Brecht: un asalariado del arte, en este caso de la Solidaridad. ¡Ja!

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Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas y mejorar el conocimiento y uso de los medios de comunicación en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los más jóvenes. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria' (Essays 2001-2011).

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

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