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Lola Huete Machado

Sobre los autores

Lola Huete Machado. Redactora de El País y El País Semanal desde 1993, ha publicado reportajes sobre los cinco continentes. Psicóloga y viajera empedernida, aterrizó en Alemania al caer el muro de Berlín y aún así, fue capaz de regresar a España y contarlo. Compartiendo aquello se hizo periodista. Veinte años lleva. Un buen día miró hacia África, y descubrió que lo ignoraba todo. Por la necesidad de saber fundó este blog. Ahora coordina la sección Planeta Futuro.

Chema Caballero Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.

José NaranjoJosé Naranjo. Freelance residente en Dakar desde 2011. Viajó al continente para profundizar en el fenómeno de las migraciones, del que ha escrito dos libros, 'Cayucos' (2006) y 'Los Invisibles de Kolda' (2009), que le llevaron a Marruecos, Malí, Mauritania, Argelia, Gambia, Cabo Verde y Senegal, donde aterrizó finalmente. Le apasiona la energía que desprende África.

Ángeles JuradoÁngeles Jurado. Periodista y escritora. Trabaja en el equipo de comunicación de Casa África desde 2007. Le interesa la cultura, la cooperación, la geopolítica o la mirada femenina del mundo. De África prefiere su literatura, los medios, Internet y los movimientos sociales, pero ante todo ama a Ben Okri, Véronique Tadjo y Boubacar Boris Diop, por citar solo tres plumas imprescindibles.

Chido OnumahChido Onumah. Reputado escritor y periodista nigeriano. Trabaja como tal en su país y en Ghana, Canadá e India. Está involucrado desde hace una década en formar a periodistas en África. Es coordinador del centro panafricano AFRICMIl (en Abuja), enfocado en la educación mediática de los jóvenes. Prepara su doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro se titula 'Time to Reclaim Nigeria'.

Akua DjanieAkua Djanie. Así se hace llamar como escritora. Pero en televisión o en radio es Blakofe. Con más de tres lustros de carrera profesional, Akua es uno de los nombres sonados en los medios de su país. Residente en Reino Unido, fue en 1995, en uno de sus viajes a Ghana, cuando llegó su triunfo televisivo. Hoy vive y trabaja entre ambos países. La puedes encontrar en su página, Blakofe; en la revista New African, en Youtube aquí o aquí...

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Nos quedamos sin fauna salvaje

Por: | 02 de julio de 2015

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Foto AP.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) advierte seriamente de que la fauna salvaje, tanto terrestre como fluvial, de África central y occidental corre un grave peligro. Consecuentemente, pide una legislación más fuerte y acciones de protección más eficaces y rotundas para poner fin a este desastre, conservar las áreas protegidas y parar la pérdida de la biodiversidad.

Estos datos están contenidos en el último informe de la organización, el cual atribuye la erosión de la biodiversidad de África occidental y central a la pérdida y degradación del hábitat lo cual se debe, principalmente, a la rápida urbanización, la expansión agrícola y la explotación insostenible de los recursos naturales, así como a la caza de animales salvajes y el comercio ilegal de estas especies.

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Inmigración interior

Por: | 01 de julio de 2015

Autor Invitado: Gaetan Kabasha (*)

Se habla mucho de los inmigrantes africanos en las costas del Mediterráneo listos para entrar en Europa, pero no se habla del fenómeno de inmigración masivo en el interior del continente. Se puede incluso decir que lo que se percibe desde Europa es solo la punta del iceberg en comparación con lo que ocurre dentro. El fenómeno de la inmigración es previsible que vaya creciendo y si no se logra detener será un problema global en los próximos años. No basta con avanzar teorías fáciles. La base está en la inestabilidad política, económica, demográfica, social etc., de los países africanos.

La inmigración en el interior de África podría dividirse en tres partes: los desplazados, los refugiados y los que marchan por motivos económicos.

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 Refugiados ruandeses cerca de Goma en 1994. Foto: Radio Nederland Wereldomroep / Flickr

Los desplazados

Este término se utiliza para calificar a los que huyen de sus hogares a causa de la inseguridad y se ven obligados a instalarse en otro sitio, en el interior de su país. Resulta desgarrador, vivir dentro de tu propio país y no poder acceder a tu vivienda, familiares y pertenencias. De manera general, esta situación está causada por las guerras civiles que obligan a una parte de la población a huir de la otra o de las milicias hostiles.

En todos los países africanos donde hay guerra, son miles los ciudadanos que han tenido que huir de sus casas y se encuentran en familias ajenas o hacinados en los campamentos de infortunio bajo el cuidado de las organizaciones humanitarias. A veces, la situación sanitaria es dramática por la precariedad en la que se vive. Las epidemias proliferan, el hambre, la falta de protección, la miseria y la desolación etc, hacen estragos.

En la actualidad, son miles los que viven en esta situación en el Sudán del Sur, la República Centroafricana, República Democrática del Congo, Nigeria, Niger, Mali, Libia, Somalia etc. La Organización Internacional para las Migraciones habla de 12 millones de desplazados en toda África.

Según la legislación internacional, los desplazados internos no se benefician de la protección internacional sino de la de su propio país. Esto, muchas veces, dificulta aún más la vida de los que se encuentran en esta situación cuando sus países son incapaces de asegurar su protección y sustento.

Los movimientos internos a causa de la inseguridad son los que originan posteriormente la verdadera inmigración hacia otros países en busca de estabilidad.

Los refugiados de guerra

Muchos países africanos han conocido en los últimos 30 años unas guerras atroces. Estas guerras que suelen tomar fácilmente tintes étnicos o religiosos empujaron a muchas personas  a salir de su país para refugiarse en los países vecinos. Otros, más hábiles y con más medios, pueden alejarse más del foco de conflicto e ir más lejos pero siempre dentro del continente.

De manera general, los refugiados de guerras quedan retenidos en los campamentos de refugiados donde los atienden los organismos humanitarios bajo el auspicio del ACNUR. La vida bajo la lona de los campamentos, nunca es agradable y en todo caso, es siempre precaria. Vivir dependiendo, absolutamente en todo, del otro, es siempre humillante para un ser humano. En muchos casos, no se permite a los refugiados salir de los campamentos para buscarse la vida en otros sitios.

En la actualidad, según las cifras del ACNUR hay aproximativamente 4 millones de refugiados en África, repartidos en diversos países. Dentro de los campamentos más antiguos se encuentran Dadaab en Kenya donde viven más de 200 mil somalíes. Kenya, con más de un millón de refugiados es de los países que más refugiados acogen por estar rodeado de países en conflicto. Allí se encuentran acogidos más de 400 mil somalíes, 125 sudaneses del sur, 20 mil etíopes, congoleños, ruandeses etc. En Ruanda viven muchos refugiados de la República Democrática del Congo y de Burundi. Después del genocidio de Ruanda, muchos ruandeses se dispersaron por todo el mundo, tanto en África como en otros continentes. Muchos están en RDC, Zambia, Congo Brazzaville, Centroáfrica, Kenya etc. Con el reciente conflicto de Centroáfrica, miles de ciudadanos de este país salieron hacia Chad, Camerún, RDC, Congo Brazzaville. Más hacia el oeste, las atrocidades de Boko Haram hicieron huir a muchos nigerianos a Chad, Níger, Camerún etc. También la guerra postelectoral en Costa de Marfil provocó un gran número de refugiados hacia  los países vecinos (Togo, Ghana, Mali etc.) aunque muchos ya han empezado a volver a sus pueblos.

Como se ve, el mapa de los refugiados es bastante amplio. En algunos casos, los refugiados llevan décadas mientras que en otros, es un problema temporal de pocos meses. Dentro de algunos campamentos, se puede ya encontrar a nuevas generaciones que nunca conocieron sus países de origen. El principio de generación según el cual uno nace en las condiciones de sus padres se aplica perfectamente. En el este de la República Centroafricana, en el campamento de Mboki, se encuentran centenares de sudaneses que llevan más de treinta años sin volver a su país.

La inmigración por motivos económicos

Muchos son los jóvenes universitarios que no encuentran oportunidad en sus países y prefieren probar su suerte fuera. Aprovechando la flexibilidad de las fronteras, cruzan varios países con la intención de instalarse donde les es fácil encontrar trabajo. El caso de de la República Democrática del Congo es prototípico. Este país se encuentra envuelto en crisis repetitivas desde hace muchas décadas. Este hecho hace que muchos universitarios, ante la imposibilidad de encontrar trabajo o superados por el nivel de corrupción que gangrena todas las estructuras del Estado, prefieren ir a Ruanda, Angola, Sudáfrica para buscarse la vida.

Muchos de estos inmigrantes tienen un nivel intelectual suficiente para insertarse en la vida laboral de los países vecinos y, en general, no tienen intención de permanecer en los países de destino. Van buscando oportunidades y permanecen a la espera que sus países estén en condiciones de ofrecerles el espacio vital ajustado a su deseo económico y vital.

Los países de destino suelen ser los productores de petróleo por su oferta de empleo y también los países más avanzados del continente. Sudáfrica es el que más inmigrantes africanos acoge,seguido de Angola, Gabón, Guinea Ecuatorial, Costa de Marfil etc.

En la época de Gadafi, había muchos africanos del sur del Sahara trabajando en las fábricas y en la minería. En Costa de Marfil, inmigran muchos malienses y burkinabenses para trabajar en las plantaciones de cacao y también como empleados del hogar en las familias ricas. A Ruanda van muchos congoleños buscando trabajo en la enseñanza secundaria.

Las colectividades afectadas por este tipo de inmigración llevan sus propios problemas de integración y convivencia. Últimamente hemos visto varios países procediendo a la expulsión de los inmigrantes de países vecinos, muchas veces en condición deplorables. Congo Brazzaville expulsó a sus vecinos de la República Democrática del Congo sin previo aviso haciéndoles cruzar el río desprovistos de sus pertenencias. Angola hizo lo mismo repetidas veces con los congoleños suscitando la indignación de las organizaciones de los derechos humanos. Las expulsiones de los inmigrantes africanos por los países de destino son cosa frecuente.

En algunos casos, estalla violencia xenófoba entre los autóctonos y los inmigrantes. El caso más llamativo es el de los extranjeros agredidos en Sudáfrica hace poco. Esas violencias suelen ir desde destrozar los bienes de los extranjeros hasta agredirles físicamente.

Como se ve, la inmigración africana en Europa es solo una pequeña parte de todo un fenómeno global. No quiere eso decir que toda África esté en movimiento hacia otros lugares. Muchos son los que quedan en sus países y luchan para vivir día a día junto a sus familias. Sin embargo, es importante destacar que el problema de la inmigración tanto en África como en Europa va a ser uno de los problemas mayores a los que la humanidad tendrá que hacer frente en el futuro próximo.

(*) Gaetan Kabasha, africano de nacimiento y de cultura, vive actualmente en España. Está preparando una tesis doctoral en filosofía sobre temas de las violencias y conflictos. Se interesa mucho de la actualidad política y económica del África subsahariana. Tiene un blog sobre esos temas titulado Afroanalisis: www.afroanalisis.blogspot.com

El corazón negro de Pepe Dámaso

Por: | 30 de junio de 2015

Los ojos de José Dámaso Trujillo se abrieron al mundo en Agaete, un pueblito pescador y amable del noroeste de Gran Canaria, el 9 de diciembre de 1933. 

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Agaete es, cuando menos, un sitio peculiar. Arrumbado en una costa pedregosa, se tuesta al sol junto al Dedo de Dios, un roque con forma de anular artrítico, amputado desde que pasara sobre él la tormenta tropical Delta en noviembre de 2005. En Agaete se encuentran los únicos cafetales de toda Europa, una rareza a medio camino entre sus parientes africanos y americanos. En agosto, los vecinos del municipio descienden desde el valle, cargados con cañas y ramas, para derramarse por el pueblo y el puerto bailando y agitar las aguas atlánticas con una marea de hojas verdes. Piden lluvias a los dioses aborígenes y realizan movimientos de baile que captaron la atención de José Dámaso Trujillo cuando era niño y que, al devenir un joven artista prometedor y curioso, rebautizado como Pepe Dámaso, pudo conectar con bailes que observó en Senegal a mediados de los 60.

Como buen canario, Dámaso se sentía conectado a África desde la infancia. Casi de forma telúrica. El siroco, el paisaje y hasta los rostros de muchos de sus vecinos le hablaban del continente al que pertenecen geográficamente las islas. Culturalmente, le bastaba explorar los vestigios y yacimientos aborígenes repartidos por barrancos y cuevas o un simple paseo entre las momias del Museo Canario para comprender la conexión cultural con el mundo bereber, del que Canarias era una extensión. O perderse entre las obras del indigenismo de la Escuela Luján Pérez, africanidad pura y rezumante en pinturas y esculturas de Santiago Santana, Jorge Oramas, Juan Ismael, Felo Monzón o Plácido Fleitas. Unos artistas que, a su modo de ver, son dignos de un reconocimiento similar al recibido por los muralistas mexicanos, encabezados por Diego Rivera.

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Por esa magia que ronda a Agaete y por esa conexión africana, quizás, Pepe Dámaso acabó siendo el único artista español en el mítico I Festival Mundial de las Artes Negras que se celebró en Dakar en 1966. Expuso en la Embajada de España en Senegal y regresó de Dakar atesorando imágenes como las de la frágil y hermosa Marpesa Dawn admirando su obra o la mirada intensa del emperador etíope Haile Selassie, cruzándose con él en el pasillo del flamante Teatro Sorano. También con el cálido apretón de manos de Léopold Sedar Senghor, el presidente poeta. Con la música de Duke Ellington reverberando en sus oídos. Con el destello de las lentejuelas de Josephine Baker deslumbrándole la mirada. Con un recuerdo imborrable de la sinceridad de las máscaras africanas y los lienzos de Francis Bacon. Con un cargamento de anécdotas del inolvidable trayecto en tercera clase, el submundo de un crucero que navegaba entre Canarias y Dakar, el Ancerville. Con una aproximación a lo mejor de la negritud expuesto, cantado, bailado y hablado en un momento concreto, único, de la Historia y del planeta. 

 

  

Pepe Dámaso expone, hasta principios de agosto, parte de sus recuerdos y obras de aquel momento y de su fondo más africano en Casa África. Héroes atlánticos entre los que elige retratar también a migrantes que murieron en su travesía desde África hacia Canarias. Los trípticos que expuso en Dakar en 1966. Una serie de dibujos inéditos, bajo el título de Mango negro, trazados con sencillez sobre papel de envolver en 1984 y que muestran simples desnudos masculinos. Un homenaje a la cautivadora y liberadora palabra con Espejo de paciencia, una obra dedicada a Silvestre de Balboa, el canario que ejerce de padre de la poesía cubana. El recuerdo de César Manrique escribiéndole desde Nueva York, donde el mundo comprendía la trascendencia del Festival de las Artes Negras, para expresarle en letra apretada su deseo de haber vivido con él esa experiencia y colmar el sobre com recortes de prensa. Collage, pintura matérica, hojas de platanera, cuero, arena volcánica, cabos azules rescatados del naufragio en una playa de Jandía. Dibujos en tinta, documentación, esculturas, máscaras, objetos y tótems. Parte de su obra consagrada a la negritud firmada en los 60, pero también en los 90 y estrenando este siglo, todo comisariado por un experto cercano a él y con el que le une una amistad profunda y de largo recorrido, Orlando Britto Jinorio.  

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Pepe Dámaso inauguró la exposición recitando en francés un poema de Sénghor (camarade / je veux, par delà ta peau hâlée, éraillée / et tes mains, / plonger jusqu'à ton coeur, jusqu'à tes entrailles / sensibles). Acababa de aterrizar en Gran Canaria recién llegado de Betancuria, en Fuerteventura, donde trabajaba en otro proyecto también conectado con el continente africano. A los pocos días le ingresarían para una operación de la que se recuperó con ánimo y celeridad. Antes de entrar en el quirófano reiteró que el artista ya es un ser humano comprometido por el mero hecho de dedicarse al arte, a un campo tan "desatendido" como es la cultura. "Moriré con las botas puestas, con el pincel en la mano", profetizó, recolocándose las gafas de pasta negra, con los ojos de chiquillo curioso, encendidos y determinados, desafiando a la vejez, la enfermedad y los prejuicios.

Vagó con los periodistas entre sus obras, señalando una, fotografiándose junto a otra, sonriendo desde una especie de aturdimiento feliz, agradeciendo, hilvanando futuros proyectos. Con el pañuelo al cuello, emocionado, se declaró satisfecho de disfrutar reconocimientos en vida, de haber sido testigo, de haber creado incansablemente, de todo lo que África y el Universo le han regalado. 

"Quise solidarizarme con la marginación que sentía la gente de color y que yo veía", se explicó más tarde, sentado ya, entre buches de agua y arrimado a la sombra de los desnudos homoeróticos de Mango Negro. "Me interesé por el compromiso y el sufrimiento de la colonización". Dámaso afirmó que esa solidaridad con el discriminado es consustancial a su manera de ser y que surge de la persecución que soportó, cuando fue joven, por ser homosexual. "El sentimiento mío de querer que me entendieran y el mío para con los demás. Siempre fui consciente de mi manera de ser. No renuncié jamás y ha sido enriquecedor", precisó.

 

Fotos de Joan Tusell Prats  

  

Compromiso y música (120): De viejos y nuevos

Por: | 27 de junio de 2015

Hoy hemos conseguido una mezcla muy curiosa en esta sección. De los cinco temas seleccionados, los dos primeros proceden de Mali y Senegal, tienen mucha influencia tradicional y están interpretados por músicos que llevan mucho tiempo sobre el escenario, han creado escuela y ejercen una gran influencia sobre otros. Los tres últimos pertenecen a artistas más recientes pero que han cosechado un gran éxito en muy poco tiempo, de hecho son de las voces más escuchadas y codiciadas en el continente en la actualidad y no solo en sus países de origen: Uganda, Nigeria o Ghana. Los tres acaban de sacar nuevos temas que ya están siendo números uno en muchos de los países de África. Contraponemos dos generaciones y diversos estilos con lo que esperamos que cada uno encontrará algo de su agrado.

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Foto Newcity.

Les Ambassadeurs, quizás una de las orquestas más importantes de Malí y por la que han pasado algunos de los más grandes músicos del país, entre ellos Salif Keita, han vuelto a reunirse para grabar, junto a este, un álbum que estará a la venta dentro de pocos días. El LP se titula Rebirth, renacimiento, y tiene como objeto recaudar fondos para la fundación del cantante, la cual cuida de niños y niñas albinos. De hecho, el vídeo del tema presentación, Mali Denou, es un homenaje a estos jóvenes y a las personas que se ocupan de ellos. También cuenta con la colaboración de Natenin Keita, hija del artista, campeona de atletismo y albina como su padre. El tema elegido ya fue interpretado por Les Ambassdeurs y más tarde Amadou y Miriam también hicieron una versión de él, pero nosotros escuchamos la última.

 

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Por Analía Iglesias

Cantan y bailan, invocan a Dios y a los hombres. Llevan el pan a sus casas, crían a sus hijos lejos de sus noches y también se lo pasan bien. Las shikkat marroquíes expresan en música y fiestas populares sus placeres, alegrías y penas; esto es, ellas se expresan y gozan en el espacio público.

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Fotograma del filme 'Orchestre des auvegles' ("Orquesta de ciegos") de Mohammed Mouftakir.

Así, un placer tan femenino y misterioso se hace hueco en un sitio tradicionalmente reservado a los hombres y a sus decires, gozos y pareceres. Un placer que es también problema en algunas sociedades que reservan a las mujeres el papel del recato y la discreción puertas afuera de sus casas, sin importar el poder doméstico que ostenten.

Poderosa pero no tan libre como podría de verdad ser, la shikha sale a la calle y se convierte en un personaje asumido y resistido a la vez. Es, en el mundo magrebí, alguien que anima nuestras fiestas pero mejor que no esté muy cerca de nuestra familia. Es ella la que sostiene la tradicional ‘Aita’ (poesía cantada marroquí). Es ella la adulada y marginalizada al mismo tiempo, en razón de su libertad o, lo que es peor, de la exhibición de su libertad para comportarse en el bendito espacio público.

 

Fragmentos del filme documental 'Blues des shikhats' de Ali Essafi.

Una shikha canta bien fuerte y baila con hombres que no son sus parientes. Y, a veces, alguna acepta un billete en la cadera. Son profesionales en el mundo de la música y suelen alimentar a muchas bocas a su alrededor. "Nuestra vida se parece a una vela que arde y se sacrifica para que los demás vean", dice la veterana Aïcha en el documental de Ali Essafi, Blues des shikhats (2004).

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Tánger desde la UCI

Por: | 25 de junio de 2015

Autor invitado: José Luis Márquez, Gerente de Casa África

Antonio Lozano (Tánger, 1956) es uno de los mayores expertos españoles en literatura africana. Sus propias obras, que tocan géneros diversos, como la novela negra, la historia contemporánea novelada o la tragedia social, están todas, con muy pocas excepciones, impregnadas de África o directamente se centran en personajes y territorios africanos. Él personalmente ha viajado en repetidas ocasiones por esos territorios. Varias de sus obras han sido reconocidas con premios nacionales e internacionales, y algunas de ellas han sido traducidas a otros idiomas.

La labor de Antonio Lozano, desde su base en Agüimes, Gran Canaria, donde vive desde hace casi treinta años, como fundador y Director que fue del Festival del Sur-Encuentro Teatral Tres Continentes y del Festival Internacional de Narración Oral «Cuenta con Agüimes», o como asesor principal de literatura africana de Casa África, junto con su activismo político y social, completa el perfil de un escritor, de una persona, excepcional que ha afinado sus instintos en clave africana para ofrecernos una obra variada, solidaria y fecunda.

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Antonio Lozano, en Casa África, con el club de periodismo de su instituto / Foto: Joan Tusell

La última obra publicada de Antonio, Un largo sueño en Tánger, ha supuesto una pequeña sorpresa para aquellos que conocen bien su obra y se han acostumbrado a un estilo en el que ha prevalecido la descripción sencilla y objetiva de situaciones y la conjunción de diversos elementos sociales y de la vida cotidiana, elementos sin estridencias con los que ha conseguido construir el universo concreto, a veces muy complejo, de cada una de sus novelas. El drama que nos ha hecho vivir en cada obra no estaba necesariamente derivado del alarde literario o de la elaborada originalidad de las situaciones. Los dramas en torno a los que giran sus novelas aparecen como circunstancias que están ahí por sí mismas y que, en la línea de aquellos cronistas gráficos de las guerras mundiales, Antonio fotografía con una narración analógica, en blanco y negro, como aquellas tremendas fotos de Robert Capa.

Un largo sueño en Tánger, sin embargo, introduce un enfoque original y arriesgado. El personaje principal de la novela, una mujer postrada en la UCI de un hospital de Tánger, casi desahuciada, sólo puede utilizar uno de los sentidos: el oído. Todas las conversaciones y confidencias de quienes la visitan son escuchadas atentamente por la mujer, pero nadie es consciente de que les puede oír. Y así, con esas aparentes limitaciones de la puesta en escena, Antonio Lozano nos introduce en su creación más emotiva y compacta. Una obra en la que, desde ese único sentido, el oído que todo lo ve y que todo lo narra, aparecen una profusión de personajes y se exponen de forma cruda gran parte de los temas que componen y explican el mosaico histórico y social de una ciudad como Tánger. A saber: el colonialismo, la historia reciente de Marruecos y de la presencia española en ese país, el Tánger internacional, el racismo, la mujer en la sociedad colonial, la democracia, el franquismo, el machismo, la homosexualidad, las relaciones familiares, la violencia de género, las relaciones ama/criada, junto con todo el espectro de las pasiones de la tragedia clásica: celos, odio, compasión, amor, ambición, envidia..

Se trata de una obra femenina, más femenina que feminista, que también lo es, donde el oído de la protagonista se convierte en voz, que se va fundiendo con el resto de voces de las otras mujeres que dan sentido y sostienen esta historia. 

Esta reciente novela de Antonio Lozano es un complejo puzzle de elementos misceláneos, pero de todo ello surge una obra de voz solista, una obra apretada, sólida, edificante y, sobre todo, conmovedora. Una pequeña joya. Una canción. Leerla nos hace conocer mejor la condición humana, conocer mejor África, desde ese territorio tan especial que fue y que es Tánger, las claves de su travesía internacional y cosmopolita, contemporánea del franquismo. Pero, sobre todo, la lectura de Un largo sueño en Tánger nos hace ser mejores.

 

La habilidad de Antonio Lozano para conseguir una fórmula literaria tan redonda y bien trabada, a partir de elementos tan numerosos y variados, sólo es comparable con su capacidad como cocinero de darle el punto idóneo al cuscús, incluso cuando generosamente lo cocina para cien personas, algo de lo que algunos hemos tenido la suerte de ser testigos y beneficiarios. 

Un largo sueño en Tánger de Antonio Lozano Edit. Almuzara, 2015, 176 páginas

  Notas

  1. Antonio Lozano fue el creador y ha sido el responsable del programa Letras Africanas, y del Club de Lectura de Casa África, así como asesor de publicaciones de literatura africana de esa institución.
  2. Casa África es un Consorcio de Diplomacia Pública integrado por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, la AECID, el Gobierno de Canarias y el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, con sede en esta ciudad.

Afrodescendientes en México, la verdad oculta

Por: | 24 de junio de 2015

Autor invitado: Omar Freixa

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Si 2011 fue para las Naciones Unidas el “Año Internacional del Afrodescendiente”, la Unesco ha declarado 2015 inicio del Decenio de los Afrodescendientes en el mundo, con la intención de mejorar las condiciones de vida de las numerosas poblaciones producto de la diáspora africana y reivindicar sus derechos. Hay mucho por hacer. “México, en el panorama latinoamericano, la tiene mucho más difícil que el resto de los países”, lamenta Tanya Duarte, activista por los derechos humanos de las mujeres y de los afrodescendientes, fundadora y coordinadora de la organización Afrodescendencia México.

(*) Más información sobre Decenio de Afrodescendientes en España.

Al leer la Historia de México (2010), una publicación de la Academia Mexicana de la Historia (con prólogo del entonces presidente Calderón), editada con motivo del Bicentenario del inicio de la guerra de independencia (o Insurgencia) y de los 100 años de la Revolución, es claro advertir el insignificante espacio destinado a los afrodescendientes mexicanos en sus páginas. Solo se los cita como parte del orden colonial y luego desaparece toda referencia a ese colectivo. Como explica Duarte, ellos no figuran en ningún libro de texto porque en el país se niega su existencia y nunca se los ha censado. Pero la coordinadora estima que deben ser unos 5 millones, aunque dispersos y repartidos entre los 120 millones de mexicanos. En casi su totalidad, el mexicano niega el ancestro afro y prioriza la explicación de grandeza de una nación a partir del mestizaje. “La mayoría de los afromexicanos no saben que lo son”, problematiza la titular de Afrodescendencia México.

La “nación azteca” olvida que es un verdadero mosaico étnico de cuatro raíces: indígena, europea, africana y asiática.

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Omar al-Bashir ríe, Dafur llora

Por: | 23 de junio de 2015

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Miles de personas, especialmente mujeres y niños, se refugian en la zona adyacente a la base de las fuerzas de paz de UNAMID en Um Baru, en el norte de Darfur. Foto Hamid Abdulsalam / UNAMID

El fin de semana del 13 y 14 de junio, de improviso, surgió la posibilidad de que se comenzara a hacer justicia a las víctimas del conflicto, ya olvidado, de Dafur. El presidente de Sudán, Omar al-Bashir, asistía en Sudáfrica a la cumbre de la Unión Africana (UA) cuando el Tribunal Supremo sudafricano le prohibió salir del país mientras decidía sobre su posible detención a petición de la Corte Penal Internacional (CPI). Sin embargo, el líder sudanés partía el 14 por la noche desde un aeropuerto militar cercano a  Johannesburgo en su propio avión hacia Jartum, burlando, una vez más, a la justicia internacional que le acusa de crímenes contra la humanidad y genocidio.

Con el paso del tiempo ha decaído la atención mediática sobre conflicto de Darfur, tanto que ya no se habla casi nada de él, como si se hubiera terminado. Nada más lejos de la realidad.

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Del sueño y sus pesadillas

Por: | 19 de junio de 2015

00106523123500____1__1000x1000Salif Bambara y Salif Diop son dos jóvenes senegaleses que sueñan con una vida mejor de la que han tenido hasta el momento. El trabajo en el bar de Fatú no les otorga esta oportunidad y por eso deciden embarcarse en un cayuco rumbo a las Canarias.

Esta historia nos la cuenta el escritor y periodista Johari Gautier Carmona (Paris, Francia, 1979) en su libro Del sueño y sus pesadillas. En él se cuenta todo el proceso que lleva a los muchachos, y a muchos de sus compañeros, a embarcarse. El negocio que la migración representa para algunos senegaleses y la angustia y el sufrimiento de los que realizan la travesía en cayuco.

Para adentrarnos más en la obra hablamos con su autor

 

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¿Qué sabemos de los inmigrantes africanos?

Por: | 17 de junio de 2015

Autor invitado: Gaetan Kabasha (*)

Resulta muy fácil hablar de la inmigración desde el punto de vista del observador y más aún si este vive en el mundo occidental. Es frecuente escuchar afirmaciones categóricas que nadie se atreve a replicar, bien por desconocimiento del tema o sencillamente porque son tópicos habituales instalados en nuestra imaginación. Pero la cruda realidad solo la conocen sus directos protagonistas que, muy rara vez, tienen espacio para explicar su situación.

Yo también fui inmigrante en distintos países y en circunstancias especialmente difíciles, y sé que muchas de las afirmaciones merecen ser matizadas cuando no son rotundamente erróneas. Otras hieren, sin saberlo, la sensibilidad de los africanos que las oyen, bien por no coincidir con la realidad o por ser sencillamente humillantes. Muchas veces cuando se habla de África desde Europa, parece que se está hablando de otro planeta, de un lugar completamente exótico donde no existe ningún atisbo de esperanza, en un entorno donde el sufrimiento hace rechinar los dientes y donde la totalidad de los habitantes viven sumergidos en una indescriptible miseria. Ciertamente algo de verdad habrá en lo que se dice pero la mayoría de esos tópicos son representaciones mentales alejadas de la realidad.

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Drogba, Essien, Eto'o, Mputi Mabi y Yaya Touré.

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