Ramón Lobo

Sobre el autor

Nací en otro siglo, en Venezuela, mitad español, mitad inglés. Siempre me gustaron las noticias internacionales. Con El País he viajado a guerras en medio mundo. He aprendido mucho, sobre todo a escuchar.

Eskup

Podemos estar tranquilos: Anders Behring Breivik está loco

Por: | 27 de julio de 2011

Cuidado
Del blog 'Y si nos quitan lo bailao'?

Actualizado a las 16.00 /

Podemos estar tranquilos: Anders Behring Breivik está loco. No tiene barba ni piel aceitunada ni turbante ni habla en idiomas incomprensibles. No es un 'Otro', de los que salen en la televisión armados con un Kaláshnikov, uno que entra como un guante en los estereotipos, y desde el abismo cultural que separa nos hace sentir a salvo. Cuando son islámicos los asesinos no los llamamos locos, solo fanáticos.

O como dice mi compañera Verónica Calderón: "Si es blanco es uno; si es árabe son todos". Detrás de un fanatismo no hay preguntas incómodas, indagaciones; solo antiterrorismo.

Breivik es blanco, rubio y cristiano. Pasea por las mismas calles, compra las mismas marcas de ropa, acude a los mismos colegios. Es blanco, de esos que llaman de raza pura. Esa cercanía preocupa, conmociona a una sociedad europea que se encuentra en un laberinto: necesidad de inmigrantes (menor con la crisis; sin trabajo, vienen menos y se van más) y rechazo a la multiculturiedad, un rechazo mutuo, del que está y del que llega.

Noruega 5
BRITTA PEDERSEN (EFE).

¿Cómo es posible que con la misma educación, la misma alimentación, el mismo aire respirado existan personas tan opuestas: el monstruo y el héroe? La locura es la explicación que nos salva, que permite pensar: 'yo nunca lo haría', 'mis hijos nunca lo harían'. La locura es la explicación que lo cubre todo, que evita y aplaza las preguntas incómodas, las que carecen de respuestas. ¿Cuáles son las causas del odio profundo de una extrema derecha que ya no se contenta con gritar, raparse la cabeza, patear a mendigos o profanar tumbas?

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Shimon Peres delante del muro

Por: | 26 de julio de 2011

ISRRAEL
Shimon Peres ante la prensa árabe./ BERNAT ARMANGUE (ASSOCIATES PRESS).

La democracia permite varios discursos sin que nadie sienta la necesidad de encarcelar o matar al contrario. Cuando esto sucede, como en Noruega, el fallo va más allá de la policía; se trata de un fracaso colectivo, de la sociedad entera, de la suya y la nuestra, de la occidental. El discurso oficial es el que repite la mayoría. La unanimidad no equivale a tener razón: 2+2 sigue siendo 4 aunque no resulte patriótico.

Quien controla el discurso oficial, controla la propaganda, la versión que llega, la que se queda. En el conflicto israelo palestino, un eufemismo de ocupación, Israel controla el discurso y su divulgación. En la divulgación son maestros.

En la imagen que encabeza el post se ve al presidente de Israel, Simon Peres, junto a cuatro banderas de su país. Responde preguntas de un grupo de periodistas árabes. El plan es mejorar la relación con ellos: canapés de salmón, libertad de fotos y nada de registros exhaustivos y humillantes. Falló, o no, el decorado de fondo: parece el muro que condena a miles de civiles a vivir en un gueto permanente.

Los palestinos, con la razón histórica, geográfica y legal de su parte, no supieron leer los efectos del 11-S en la política internacional. Ariel Sharon aprovechó el error y la propaganda de CNN y Fox News para sacar de Yasir Arafat del listado del premio Nobel y colocarle en el de los terroristas más buscados.

En Israel, el discurso oficial es que la paz es una quimera en los términos que espera la comunidad internacional. Sus gobiernos han trabajado duro en impulsar la colonización de Cisjordania para que el Estado palestino sea imposible. Los palestinos se han cansado de esperar a Godot y aceleran los preparativos para declarar su Estado en septiembre. La ONG 'Avaaz' se ha sumado a la causa con una campaña mundial en la Red.

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Se busca artificiero de palabras

Por: | 25 de julio de 2011

Osloflores  

CATHAL MCNAUGHTON (REUTERS).

Actualizado a las 23.30 /

Todo empieza con las palabras: el niño regresa del colegio y repite una frase racista, xenófoba. Los padres lo reducen a una gracia, a qué-cosas-tiene-el-niño, cuando esas palabras son la alerta que exige la presencia de los artificieros de las palabras. ¿Dónde las escuchó? ¿De un maestro? ¿Un compañero? ¿Una teleserie basura? ¿Una red social? La única defensa contra las ideologías del odio es la educación. A menudo preventiva: la batalla empieza en la primera palabra equivocada.

Isabel, una lectora de este blog, escribe: "Ellos no ven peligro en sus opiniones racistas, no ven que unas palabras pueden ser el detonante, la mecha que enciende la hoguera cuando la hierba está muy seca". Y da ejemplos de esa xenofobia subyacente que afecta a la prensa.

Cuando se produce un crimen se desliza con frecuencia un añadido peligroso: "Un marroquí mata a una mujer...". Nunca titulamos: "Un español blanco y católico asesina a sus padres con una espada". Los delitos los cometen las personas (nombre y apellido), no las razas, ni las nacionalidades, ni el color de la piel. El añadido -marroquí, negro, islámico- sirve para generar tranquilidad, también subyacente: 'No es uno de los nuestros'. Ellos y yo, buenos y malos; el horror y un exceso. Esa división racista es el caldo en el que beben algunos de los discursos contra los inmigrantes.

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El mal no está en la música

Por: | 24 de julio de 2011

El ser humano tiene un punto débil: la vanidad. El estrellato súbito deja a la mayoría de las personas sin defensas, a la intemperie. Al principio se mantienen los amigos de la infancia, del colegio, los que saben cómo somos, los de las primeras ilusiones; después aparecen los otros, los que adulan con la calculadora en la mano, las sangüijuelas. La fama caída como una losa aplasta y mata. Dinero, éxito, fans, vivir en la cumbre...

Amy Winehouse era un juguete roto, como otros que murieron con su edad, 27 años: Brian Jones, Janis Joplin, Jimy Hendrix, Jim Morrison, Kurt Cobain...  Sexo, drogas, alcohol y rock... El mal no está en la música sino en una incapacidad de ser feliz, en una carrera loca huyendo de nosotros mismos, en el derecho de cada uno a gastarse su vida, pausada o alegremente. No hay una Ítaca a la que llegar; la riqueza, escribe el poeta Cavafis, está en el camino. Muchos se van sin saberlo.

Gran voz la de Winehouse, cálida y diferente, pero a mí aún me resuena la otra, la de Joplin.

La mujer que camina detrás de una sombra

Por: | 23 de julio de 2011

Afganfoyo
Una mujer en Kabuk. / AHMAD MASOOD (REUTERS).

Nacer mujer en Afganistán es una condena a cadena perpetua. El burka azul no es el culpable, por mucho que se empeñe Occidente; solo es el símbolo de un problema mayor que no se elimina a bombazos. La mujer es víctima cotidiana de una tradición que las maltrata, las reduce a un objeto, a un nadie. Nacen destinadas a casarse con quien decidan sus padres. Nada de estudios secundarios, universidad; solo callar, fregar y cocinar. En ese matrimonio forzado comienza una segunda esclavitud, la del orden y mando, la de los permisos para salir a la calle, la invisibilidad.

En la fotografía de hoy, una mujer camina delante de unos policías antidisturbios entrenados con fondos exteriores. Calzan rodilleras y espinilleras negras, producto de alguna donación, de alguna película de extraterrestres. Visten así todos menos el primero a la izquierda: un jefe, u otro nadie que se quedó sin equipo policial. Los agentes sostienen su bastón en alto, pero no lo sujetan con la firmeza de quien va a lanzar un ataque o aguarda la orden de avanzar y golpear. Los tres de la derecha parecen una repetición, fotocopias; todos del mismo tamaño. Al segundo se le descubre una cierta originalidad en la posición de las piernas abiertas, en descanso o en hartura de estar de pie en la solana.

La mujer transita con su burka, protegida de miradas lascivas, machistas. Se mueve bajo su capa de invisibilidad que iguala: no existen guapas y feas, jóvenes y ancianas. Por la figura, el brazo extendido, casi flamenco, se trata de una mujer joven con prenda nueva, impoluta. Nada sabemos de los policías ni de los que están enfrente dispuestos a a carrera. Delante de la mujer viaja una sombra tan condenada como la mujer que la persigue. Con los años, la mujer y su sombra serán lo mismo: una sombra sin mujer.

Propuestas para pensar en África este fin de semana

Por: | 22 de julio de 2011

Armassomalia
Un arma de guerra en Somalia. / BUNDESWEHR -EJÉRCITO ALEMÁN- (REUTERS).

Actualizado a las 17.05 /

-UNA CONTRADICCIÓN: Un mundo desmedido con rescates millonarios para tranquilizar a los mercados y migajas para la hambruna de Somalia. El hambre sigue, allí y allá, siempre sin luz y sin telégrafos.

-SOBRE LAS CAUSAS: El blog compañero '3.500 ideas irreverentes contra la pobreza' da en la diana: no es un problema de falta de comida, sino de despilfarro: La mitad de nuestra comida acaba en la basura.

-ALGUNOS DATOS que publica la web de Global Issues:

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-UN LIBRO: Aman, historia de una joven somalí (Seix Barral). Existen muchos libros sobre Somalia, casi todos en inglés. Son libros interesantes, útiles, pero que se escriben desde el punto de vista colonial, de Occidente, del blanco que, salvo algunas excepciones, no entiende nada.

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Saint-Exupéry y el laberinto somalí

Por: | 21 de julio de 2011

Desde el aire, parte de Somalia es un desierto amarillento; y Mogadiscio, una ciudad fantasma. Desde el mar, donde se combate a los presuntos piratas (también ¿tienen derecho a la presunción de inocencia?), Somalia es arena y viento, un misterio.

El reportero Bru Rovira pone de ejemplo, cuando habla del buen periodismo, el libro de Saint-Exupéry 'Piloto de guerra': a 10.000 metros de altura hay montañas, nubes; si se desciende aparecen valles, vacas, viviendas. La guerra no se gana desde el alejamiento de la realidad y sus complejidades. A 10.000 metros no hay personas, no hay voces; no entendemos sus razones, su vida, sus carencias y ellos no pueden conocer nuestras intenciones. Sin diálogo, fracaso seguro.

Somalia es uno de los países más complejos de África, un laberinto de clanes, subclanes y subsubclanes. No es una guerra civil, sino una guerra clánica entre señores de la guerra y grupos islamistas radicales. Cualquier mequetrefe con armas, seguidores y un punto de saqueo -un puerto por ejemplo-, se convierte en un 'alguien' que atrae a milicianos a sueldo de otros subclanes. Los llamamos mercenarios. Cuando se trata de occidentales en negocio privado en Afganistán o Irak preferimos el sinónimo: contratistas.

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Vukovar cierra el círculo

Por: | 20 de julio de 2011

No es un buen año para los malos oficiales: Osama bin Laden, Fazul Abdulá Muhamad, Ratko Mladic... Y ahora Goran Hadzic, un líder serbocroata responsable de cientos de crímenes en la guerra de 1991 entre Croacia y el proyecto de la Gran Serbia de Slobodan Milosevic y sus amigos de la Academia de las Artes y las Ciencias. Hadzic ha sido detenido en Fruska Gora, al norte de Belgrado.

La nueva Serbia ha cumplido con el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY), que podrá cerrar sus puertas cuando corresponda (al finalizar los procesos en marcha y las condenas sean firmes) sin dejar flecos de impunidad. También ha cumplido con la Unión Europea y debería tener un premio por parte de la UE, aunque la UE, la Europa fortaleza para muchos inmigrantes, hace aguas por todos los euros.

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Y cuando me desperté Somalia seguía allí

Por: | 19 de julio de 2011

Los mismos -o unos parecidos- que especulan contra el euro y contra las deudas de España e Italia, son los que especulan en la Bolsa de Chicago, donde fijan los precios del hambre, es decir los precios del maíz, los frijoles, el arroz y la soja, entre otros alimentos básicos. Los primeros, los jugadores del dinero en el gran casino, desestabilizan países, generan paro, desgracias personales; los segundos condenan a la muerte a millones de personas.

"Un niño que muere de hambre es un niño asesinado". Esta afirmación, que a algunos podría parecer algo exagerada, antisistema, quinceemeista, antiglobalizadora, es de Jean Ziegler, un hombre que sabe de qué habla: exrelator especial de ONU para el Derecho a la Alimentación entre 2000 y 2008.

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Las peligrosas amistades del primer ministro David Cameron

Por: | 18 de julio de 2011

 

Murdoch
 
KI PRINCE (AFP).

David Cameron, el joven primer ministro del Reino Unido, solo 15 meses en el Gobierno, tiene problemas. Empieza a sentir el calor del incendio que está devorando directivos, jefes policiales y parte de los negocios periodísticos de su aliado y amigo Rupert Murdoch. Las relaciones entre Cameron y el poderoso imperio murdochiano, sus relaciones concretas con Rebekah Brooks y Andy Coulson, ambos directores del ya difunto 'The News of the World' en los tiempos de las escuchas, están por aclarar.

'The Independent', un periódico de calidad, ofrece algunos datos para el debate: Cameron se reunió en los 15 meses que lleva en Dowing Street 26 veces con ejecutivos de News Corporation (empresa de Murdoch). La relación parece fluida; quizá, demasiado íntima.

Aunque el escándalo estalla por una exclusiva del 'Guardian', como explica su director, los métodos del periodismo basura eran conocidos y reconocidos desde hace ocho años. Lo ocurrido no debería ser una sorpresa; lo sorprendente es la impunidad.

Brooks y Coulson reconocieron en 2003 que su medio pagaba a la policía, eso sí, "dentro de la ley". Nadie se escandalizó, ni preguntó cómo es posible sobornar dentro de la ley. Las respuestas van llegando, tarde, pero llegan con las dimisiones de dos jefes policiales: el responsable de Scotland Yard, Paul Stephenson, y su segundo, John Yates.

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El País

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