La lucha por la libertad tiene símbolos indiscutibles: imágenes que permanecen vivas en la retina colectiva. No es necesario entender la lengua ni ser experto; a veces basta con ver a un hombre que se enfrenta con bolsas de la compra a una columna de carros de combate. No evitó la matanza de Tiananmen. No provocó la llegada de la democracia ni mejoró el respeto a los derechos humanos en China. Pero no fue un gesto inútil. Sigue vivo, desafiante.
Veintitrés años después, la represión se mantiene en China, pero también se agudiza el ingenio. La Bolsa de Shangai fue ayer un ejemplo: supo jugar con los números en un homenaje particular. ¿Otra forma de visibilidad, de permanencia en la protesta?
