No es fácil sobrevivir moralmente a una dictadura. Siempre hay una pérdida colectiva de honestidad. Son pocas las voces que se atreven a disentir, a protestar, a exigir; incluso en democracia. En una dictadura los disidentes están muertos o en la cárcel. Así era en el Irak de Sadam Husein, uno de los países con más desaparecidos del mundo junto a España, Guatemala y Argentina.
Ali Farzat es dibujante; denuncia a través de sus viñetas. Al régimen sirio no le gustan las ironías, los sarcasmos. Reírse es una prueba de inteligencia, de la que carecen los dictadores, los mediocres. Farzat fue torturado por las milicias pro Bachar el Asad: le rompieron las manos, como a Víctor Jara después de muerto, para que dejara de tocar una guitarra que sigue sonando.
