La Junta Militar que gobierna Egipto ha escogido el camino largo: aplazar el choque directo con los Hermanos Musulmanes. Admite la victoria electoral de su líder, Mohamed Morsi, y desactiva, de momento, las protestas por fraude que empezaban a crecer desde la plaza de Tahrir. Ahora son de júbilo.
Parecía una repetición calcada de los acontecimientos de enero y febrero de 2011 que derribaron a Hosni Mubarak. Los generales han decidido no correr riesgos.
Ganan los carteles arrancados. / Amr Abdallah Dalsh (REUTERS).
El escrutinio ha contado con todos los elementos del suspense, incluido un falso muerto (Mubarak), con el que se trató de desviar la atención. No parecía el mejor camino culminar el golpe de Estado suave -que disolvió el Parlamento y redujo el poder del futuro presidente- con una victoria del ex primer ministro del régimen ¿anterior? y general. Ahmed Shafiq hubiera sido una provocación de consecuencias imprevisibles.
