El campamento de Dadaab tiene una ventaja: en él nunca se habla de la prima de riesgo, ni del humor de los mercados, ni de las predicciones pesimistas, ni de Paul Krugman y Nouriel Roubini, ni de la cotización del euro. En Dadaab, donde malvive un millón de refugiados junto a la frontera de Somalia, solo se habla de hambre y muerte, o de nada.
Son las ONG las que tienen que levantar la voz en nombre de quienes no la tienen. Ocho de ellas, las que trabajan entre pobreza extrema -Care; Catholic Relief Services; Danish Refugee Council; International Rescue Committee; Lutheran World Federation; Oxfam y Terre des Hommes, han lanzado un dramático llamamiento internacional.
