Está en juego la libertad de expresión frente a la intolerancia, sea política, social o religiosa. Un medio de comunicación tiene derecho a publicar aquello que considere oportuno, sean caricaturas o unas fotos de Lady Kate en una playa. Aquellos que se sientan ofendidos pueden acudir a los tribunales. Hay decenas de ejemplos sobre el uso del Código Penal. El último en Alemania, donde la justicia estudia el procesamiento de un grupo de extrema derecha islamofóbico.
La Familia Real británica no puede ordenar la muerte del fotógrafo ni promover el asalto de embajadas, institutos y comercios franceses en la Commonwealth. Son las reglas en una sociedad democrática.
Un medio de comunicación también debe ser responsable y no provocar innecesariamente la sensibilidad de personas que viven bajo otras circunstancias políticas, a menudo a su pesar, en un momento de enorme tensión, como el actual tras la aparición en YouTube de un 'trailer' de una presunta película sobre Mahoma, fundador de una religión que siguen unos mil quinientos millones de personas.
