Este es un blog internacional no siempre madrugador; una revista de prensa de medios tradicionales y no tan tradicionales que circulan por Internet, incluyendo las redes sociales. El objetivo es guiar al lector de lunes a viernes entre las informaciones relevantes del día sin descuidar el contexto.
Sobre el autor
Nací en otro siglo, en Venezuela, mitad español, mitad inglés. Siempre me gustaron las noticias internacionales. Con El País he viajado a guerras en medio mundo. He aprendido mucho, sobre todo a escuchar.
Cada vez es más frecuente el relato único, sea político o económico. Una sola voz que explica un mundo complejo. Esa única voz es la que empuja al Primer Mundo a cometer errores graves en Afganistán e Irak; en África, también. Es el desconocimiento absoluto del otro lo que nos pierde.
Esta conferencia de la escritora nigeriana Chimamanda Adichie es una bocanada de aire fresco; demuestra la importancia del relato múltiple y compartido.
Ese runrún de tradiciones pastunes (que tan bien narra la película de John Houston y la novela de Kipling) se comparte con el vecino Afganistán. Explica la distancia sideral entre las tropas occidentales (y sus Gobiernos, claro) que llevan más de 11 años combatiendo a un fantasma, instalados en castillo de valores y prejuicios, protegidos por muros de cemento y aviones drones, alejados de la realidad que dicen querer cambiar.
Cuando las tropas extranjeras abandonen Afganistán volverá una guerra civil que no ha dejado de estar presente desde la invasión soviética en 1979. Las escuelas construidas serán devoradas por los nuevos enfrentamientos, las niñas serán expulsadas de las escuelas y las mujeres seguirán atrapadas en un mundo de pobreza, sin derechos. Nada de lo aportado, ni los millones gastados (en armas y bombas), es sostenible. Todo ha sido un enorme error y un gran fracaso.
La niña paquistaní es una metáfora de ese desastre que no se detiene en una frontera. Malala creyó los cantos de sirena, en una educación para todas la niñas, en un mundo mejor. Se lanza el mensaje pero no existe capacidad política ni militar, ni voluntad de proteger a las personas que quieren impulsar el cambio. Los invisibles están desprotegidos. Esa es la derrota colectiva.