Que en el mundo de los videojuegos las críticas y puntuaciones altas van relacionadas siempre con la generosidad de la compañía que los publica no es nada nuevo. En algunas ocasiones el resultado suele ser justo, en otras ni por asomo, condenando a un título decente, bueno o incluso magistral a quedar relegado a un segundísimo plano del cual solo los jugadores que pasan de las críticas ajenas podrán ser capaces de salvar.
Los FIFA o los Call of Duty son dos ejemplos perfectos de cómo año tras año un juego que suele ser una versión mejorada del anterior (y a veces ni eso) se lleva una puntuación y unas críticas excelentes por parte de las grandes publicaciones. Resident Evil es otra que entra dentro del saco, y esperpentos como la quinta entrega se llevan notas altísimas que de ninguna manera hacen justicia a la realidad del juego.
En el lado opuesto, tenemos el sonado caso de Deadly Premonition e IGN, entre otros, y ahora se ha sumado al carro otro título, en este caso perteneciente a una saga legendaria a la que las revistas especializadas parecen haber puesto fin a sus días de gloria. ¿Alguien lo adivina? Si hablo de niebla, monstruos y un pueblo fantasma seguro que a la primera pilláis que se trata, por supuesto, de Silent Hill.
Antaño una saga admirada por toda la comunidad gamer, Silent Hill hace mucho tiempo que se ha convertido injustamente en una franquicia segundona. Algunos lo achacan a la falta de innovación, otros a la poca pegada del survival-horror en un momento en que lo que más se llevan son los tiros online, y también hay quien habla de los cambios de personal y estudios en el desarrollo de la saga.
Quizá sea cierto, pero ya solo uno de estos motivos chirría. Si se le achaca la falta de innovación, ¿por qué franquicias como Call of Duty siguen recibiendo notas excelentes con cada entrega? ¿No es incluso peor que un lanzamiento anual innove tan poco respecto a sus entregas anteriores? En realidad, el problema de Silent Hill no es la falta de innovación, tampoco las tendencias actuales, sino que hace tiempo que Konami, la compañía que lo publica, ha dejado de tener peso en el mercado.
En realidad, Silent Hill Downpour no es en absoluto el bodrio que se nos ha hecho creer, y pese a no resultar igual de impactante que la mítica segunda entrega (lógico, tanto por el contexto como por el hecho de que en Silent Hill 2 ya vimos potenciado al máximo todas las virtudes que nos podía ofrecer la saga), es un videojuego intenso, entretenido y lo suficientemente atractivo como para rozar el notable. Y como survival, le pasa la mano por la cara a la mayoría de títulos supuestamente del género.
Quizá el apartado gráfico no haga las delicias de los más exigentes, pero quien en un survival horror lo único que busca son unas gráficas hiperrealistas quizá tenga un problema de conceptos. La atmósfera sucia y decadente de los lugares que visita el protagonista, Murphy Pendelton, puede poner de los nervios a más de uno. Y es que encontrarse una mecedora vacía balanceándose lentamente mientras oímos gritos de niños y golpes en las paredes justo detrás nuestro es algo que no deja indiferente. Por otro lado, el sistema de combate no varía en exceso y contribuye al pánico, con armas que por lo general se hacen pedazos con un par de golpes y nos dejan indefensos ante unos enemigos que pese a repetirse más que el ajo pueden ser letales en grupo.
¿Los puntos negativos? Dejando de lado la ya mencionada repetitividad de los enemigos, quizá lo más irritante del juego sea el sistema de autoguardado, algo bastante habitual últimamente y que de no estar bien implementado puede resultar excesivamente tedioso. En el caso de Downpour, puede aparecer un símbolo "Guardando" en pantalla y que en realidad la partida no se guarde. Con lo que puede que tengamos que repetir todo avance que hayamos hecho innecesariamente.
Por lo demás, las misiones secundarias, los típicos personajes excéntricos y ambiguos marca de la casa, la libertad con la que podemos recorrer los escenarios y la ambientación opresiva de los escenarios, contribuyen a moldear un juego mucho mejor de lo que afirma la mayoría de críticas. Quizá de haber sido publicado por una de las grandes compañías del momento y con una promoción con más dinero de por medio, el resultado hubiese sido distinto.
Afortunadamente, los aficionados siempre podrán hacerle justicia.
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