Estamos a las puertas de julio, y si algo tiene España en esta época es que sales de casa a cualquier hora del día y te deshaces como un helado, haciendo una metáfora bien vaga y acorde con lo mucho que reseca el coco este calor tan nuestro. Ni tan siquiera apetece, incluso, echar una partida. Y pensando en eso, no he podido evitar recordar un juego que en su día me quitó de encima todo el calor del verano con una de las aguas más reales jamás vistas en una pantalla. Recuerdos y más recuerdos de la que sigue siendo mi consola favorita, una Gamecube que mereció muchísimo más pero que a la vez dejó para la historia títulos impresionantes com el que nos ocupa hoy: Wave Race: Blue Storm.
Aunque hoy día no pueda evitar sentirme fascinado por un juegazo de la talla de FIFA 12, en su momento nunca me apasionarion los juegos deportivos o de competición. Pero para ser sinceros, la jugabilidad fue lo de menos en un título que si por algo brilla es por su estupenda ambientación y realización, centrada en todas las vertientes del agua (su aspecto, el oleaje, la lluvia...).
El sucesor del mítico Wave Race de Nintendo 64 es de lo pocos juegos que ha conseguido "refrescarme" ante una pantalla. El efecto, como es evidente totalmente sugestionado, es igual de comparable a la sensación de claustrofobia que transmiten los mejores Silent Hill o Resident Evil y también al frío desquiciado inevitable al recorrer los pasillos del Arkham Asylum que da título a uno de los mejores juegos de Batman. Dejando de lado estas cuestiones más bien subjetivas (o no, quién sabe), Blue Storm fue también importante al revalidar la apuesta de Nintendo de seguir dando forma a un plantel de personajes que protagonizaban sus títulos deportivos. Ricky Winterborn, Rob Haywood... Muchos de ellos habían aparecido en Nintendo 64, tanto en el Wave Race original como en el primer 1080º, aunque hay que reconocer que la estética de ambos juegos mucho deja mucho que desear en comparación a sus continuaciones.
Con todas sus virtudes y sin olvidar una banda sonora tan refrescante como la realísima (en su momento y aún hoy) agua del juego, mezclando desde los guitarrazos más skater-rock a hip-hop instrumental, en función de cada personaje, sin olvidar algo de nu-metal y algunos temas con trazas de reggae, Blue Storm pudo haber dejado huella. Lamentablemente, el relativo fracaso comercial de Gamecube y la falsa necesidad de reinventarse, porque la calidad de su catálogo era innegable, llevaron a franquicias como esta a la desaparición.
Si Nintendo hubiese seguido apostando por un modelo de consola pensada para competir con las otras dos grandes, probablemente hubiésemos acabado viendo un Wave Race de última generación que habría sido alucinante, además de que confirmaría que en la compañía hay vida más allá de los personajes "fantásticos" como Mario, Link o Kid Icarus. Lamentablemente, junto a 1080º, el genial planteamiento de Wave Race quedó reducido a un simple minijuego de los Miis, al igual que posteriormente sería Mario el que se subiese a una tabla de snowboard, borrando de un plumazo a una de las franquicias más prometedoras de Nintendo.
Siempre podemos confiar en que Wii U las recuperará, pero de momento mejor pasamos el calor con otra cosa.