El verano es una época del año en la que los videojuegos parecen estar de hibernación, y más allá del E3 el número de novedades es más bien escaso. Algun titular aquí, otro allá, algo de hype pero sin pasarse... todo muy ligero y soso. En realidad, si algo apetece en verano, con esos treinta grados como mínimo derritiéndote el cerebro a base de bien, es meterte en una sala de cine, con su aire acondicionado y disfrutar de una película que merezca la pena. O eso, o irse a la playa. ¿Para gustos los colores, no?
Sin duda alguna, la última entrega de la trilogía del Batman de Christopher Nolan (aunque para mí siempre será de Christian Bale, todo sea dicho) ha sido para mí la película más esperada del año. Y es que en el caso del cine, en verano siempre hay más de un bombazo listo para reventar las taquillas. Batman, Brave, Men in Black III, The Amazing Spiderman... Pero pese a poder considerarse un blockbuster más, muchos estaremos de acuerdo en que las películas del hombre murciélago van más allá del simple cine comercial. Con "La Leyenda Renace", Nolan no hace más que confirmarlo.
El que escribe esto tiene la suerte de haber conocido a Batman con esta trilogía. Si bien, como en el caso de todos, formaba parte de mi imaginario particular, nunca había profundizado en la cosmogonía del oscuro héroe de la DC. Por eso, si bien conocía de sobras el personaje de Dos Caras, nunca supe que su nombre real era Harvey Dent, por poner un ejemplo. Lo sorprendente y lo gratificante (dentro de lo que cabe, claro está) que fue ver a Aaron Eckhart convertirse en uno de los villanos más emblemáticos villanos de Gotham no tuvo precio, esa noche hace ya cerca de cuatro años.
La sombra de "El Caballero Oscuro", como es de suponer, fue tan alargada en mi caso como en el de todos aquellos que incluso la disfrutaron sin gustarle el héroe protagonista. Pero pese a que "La Leyenda Renace" no deepciona, no hay que cometer el error de juzgarla en base a su entrega anterior. La desaparición de Heath Ledger es más que notable, y se echa de menos la colaboración del Joker en el diabólico plan que esa mole imponente que es Bane lleva a cabo para reducir Gotham a sus cimientos.
El juego psicológico de la segunda entrega desaparece dando paso un ritmo y a un estilo narrativo reminiscente de Batman Begins, mucho más cercano a una película de acción estándar, pero sin dejar de lado el "toque Nolan" ni perdiendo la seriedad y madurez que ha caracterizado esta trilogía de principio a fin. Si bien Bane carece de complejidad y su enfrenamiento con Batman es estrictamente físico, no deja de ser una buena elección como enemigo final. Lástima que su desenlace sea tan soso y que carezca de clímax.
Joseph Gordon Levitt interpreta a un personaje que creo conveniente no comentar por razones de argumento, así que este párrafo va dedicado a uno de los miembros del reparto que más bocas callará a raíz de su interpretación: Anne Hattaway, o lo que es lo mismo, Catwoman. Seductora y atractiva hasta decir basta, esta actriz que todos tomaban como una mala elección para encarnar a Selina Kyle ha demostrado que los prejuicios no sirven para nada, con una interpretación envidiable y a la altura de lo esperado. Y al igual que se comparó a Ledger con Nicholson, no faltan los parangones entre Hattaway y Michelle Pfeifer. Decir que X es mejor que Y, teniendo en cuenta lo distinto del registro de los directores y las películas, es absurdo hasta decir basta.
Dando por supuesto que Michael Caine y Morgan Freeman no fallan en sus respectivos papeles, cabe destacar por encima de todos al protagonista de la saga, a un Christian Bale interpretando el papel de su vida, un verdadero Batman y, sobre todo, un verdadero Bruce Wayne. Nadie podía creerse que Michael Keaton fuese un playboy, Val Kilmer nunca tuvo la suficiente elegancia para aguantar el peso del personaje y George Clooney... pues eso, George Clooney disfrazado de Batman. Tampoco se esperaba más.
Bale, en cambio, logra consolidarse como la mejor encarnación del héroe, resultando fascinante tanto metido en el traje como, sobre todo, desprovisto de la máscara y dando forma al alter ego del hombre murciélago. Por fin nos creemos a este Wayne, torturado, oscuro, gracias a la base sobre la que el personaje se ha construido desde los primeros compases de Begins.
Por contra, la película decae ligeramente en un tramo final algo frenético y no del todo bien resuelto, pero que encuentra su redención en un epílogo emocionante, un conjunto de escenas que cierran la trilogía de la mejor manera posible, dejando al espectador con una sonrisa en los labios.
Quizá sea solamente este frenetismo y algunos agujeros en el guión lo que no acaba de convencer en el resultado final. Ignorando, por supuesto, los nefastos doblajes de Bane y Miranda Tate al español, algo en lo que el equipo de la película ni pincha ni corta. Me cuesta entender cómo es posible que una producción como esta reciba un doblaje que no está a la altura de la calidad que uno espera. Por lo menos, en el resto de personajes el nivel mucho más que aceptable.
Lo que está claro es que Nolan deja una trilogía para el recuerdo, con un Batman inmejorable. La Leyenda Renace debería ser la última película del hombre murciélago hasta la fecha, porque difícilmente el encargado de volver a llevar la franquicia al cine podrá superar este legado a menos que sea capaz de redibujarla por completo. Habrá que esperar, pero por el momento es Batman el que ostenta la corona, la que lo reconoce como el protagonista de las tres mejores peliculas de superhéroes rodadas hasta la fecha.
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