
¿Eres un creador anónimo y necesitas llenarte los bolsillos? La recomendación ideal sería que te esforzaras algo más en lo que haces y que además te dieras un poco de maña en saber vender tu producto. Si no, siempre puedes buscar tus cinco minutos de gloria denunciando alguna obra por plagio, a ver si cae algo. O eso debe haber pensado John L. Beiswenger, autor de una novela llamada Link (2002) que, según afirma, ha servido demasiado de inspiración para Assassin's Creed.
La noticia corrió como la pólvora hace unos días, y no deja de ser curioso que si buscamos información sobre este tipo casi todo lo que encontramos sean solamente las noticias que se hacen eco de esta denuncia. Y para curiosidades, llama la atención que el escritor se haya pronunciado hasta ¡5! años después de que saliera a la venta la primera entrega, y en plena expectación por la que parece que será la más cuidada de todas ellas. ¿Habría hecho lo mismo si la saga hubiese sido un fracaso?
Beiswenger solicita una indemnización que oscila entre los 1,05 y los 5,25 millones de dólares y también la cancelación de los próximos lanzamientos de la saga. El autor justifica el plagio alegando que los personajes de su novela reviven los recuerdos de sus familiares mediante un sistema llamado Link, y que además toca también las referencias bíblicas y la eterna lucha entre el bien y el mal. Lo nunca visto, esto último.
Visto esto, sería interesante hacer un poco de reflexión sobre las denuncias de plagio, algo muy frecuente desde hace unos años y que curiosamente siempre sacan del anonimato a creadores de los que no se sabía absolutamente nada antes de la denuncia. ¿Justicia o juego sucio para darse a conocer? Y es que es de suponer que la novela de Beiswenger la leerá mucha más gente, aunque sea solo por curiosidad, en los próximos meses que no en los diez que lleva publicada.
Aun así, la idea de la propiedad intelectual entendida en su manera más estricta está de lo más desfasada a día de hoy. Aunque no podamos afirmar que todo está inventado, es de una ingenuidad total creer que nuestras ideas son únicas y que absolutamente nadie más haya podido concebir una de similar. Y por ello, denunciar descaradamente un producto que contiene similitudes con aquello a lo que has dado forma basándote en hechos puntuales, carece de sentido. Y más aún si echamos la vista atrás y buscamos referencias literarias o cinematográficas que hayan tratado el tema de los viajes en el tiempo.
En todo caso, y como se suele decir, la imitación es la mejor forma de adulación. Pero si algo está claro es que quien merece triunfar en el mundo de los negocios es aquel que sabe vender su producto, algo para lo que Beiswenger llega demasiado tarde.