Precarios resistentes queriendo ser decentes

Por: | 17 de octubre de 2014

Unknown-1JORGE FERNÁNDEZ LEÓN

Es casi un título de película española cañí de los setenta. Pero cada vez resulta más consistente la idea de que el mercado laboral de la cultura ha sido la vanguardia del modelo de producción neoliberal al que tan sugerentemente hacía referencia Byung-Chul Han. Y las perspectivas, a pesar de la alegre muchachada de la economía creativa como señala Jaron Rowan, son poco favorecedoras para un futuro de empleo decente en el sector.

Un informe recientemente publicado y elaborado el pasado año por el departamento de Actividades Sectoriales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ratifica rotundamente lo ya indicado en otros estudios independientes (es decir no financiados por encargo interesado de partes): El mercado de empleo cultural está formado por cohortes de trabajadores con un alto grado de motivación, alta cualificación profesional, bajos salarios y empleos cada vez más precarios. Y parece predecir con más detalle que ningún otro sector el escenario laboral general que crece en el mundo aparentemente civilizado de hasta ayer.

Las gentes de la cultura somos pioneros sociales sobre los que se prueban perfiles que han de convertirse en socialmente aceptables para la ciudadanía en el corto plazo. Este es el escenario dibujado en el documento, que contradice cualquier atisbo de cambio de las condiciones en las que se desarrolla hoy la tarea de los cientos de miles de profesionales dedicados a la cultura en nuestro país. “¿Marca tendencia el mercado de trabajo de la cultura?”, se pregunta el autor, “a la vista del creciente número de autoempleados y de microemprendedores”. Del trabajo de aprendizaje no pagado o abonado muy por debajo de los precios de mercado al precariado integral, que acepta casi disciplinadamente condiciones éticamente inaceptables de prolongación de tarea y jornadas que avergonzarían a cualquiera que defienda unas condiciones dignas de trabajo en cualquier sector. Del mercado que certifica la discriminación de género y santifica la discontinuidad y deslocalización permanentes como prácticas sanas, aunque todas estas formas de subempleo sean los síntomas evidentes de esa progresiva corrosión del carácter de la que habla R. Sennet. Un trabajo sin perspectivas o previsiones de mejoras salariales, con subempleados resistentes e ingresos que difícilmente permiten siquiera pensar en formar familias o tener un futuro estable a la vista.

La OIT es una institución casi centenaria de la que cada vez oímos hablar menos. Silenciados por la confluencia -nada sorprendente- de los discursos-marcos de la producción desregulada y las narraciones postmilenaristas de las multitudes, los puntos de vista de la única plataforma global de encuentro entre los gobiernos, las organizaciones de las y los trabajadores y las patronales parecen importar poco a nuestros millones de intermitentes, precarios y subempleados. Pero no mucho más interesan, en apariencia, a quienes dicen representar política y socialmente sus voces. Y eso es más preocupante.

Recientemente pregunté a un experto por el motivo de la poca difusión del concepto de trabajo decente, que la OIT viene desarrollando y aplicando desde hace más de quince años en sus documentos de trabajo. Admitía que no era un término que las organizaciones españolas del sector usaran con frecuencia. Ahora que el discurso de las organizaciones internacionales auspiciadas por Naciones Unidas parece confluir en una línea de recomendaciones a favor del trabajo formal y el empleo decente ¿no sería hora de comenzar a debatir en serio estos asuntos entre el sector de la cultura?

Ya sé, es pura retórica.

 

* Jorge Fernández León es director de Programas de la Fundación de Cultura de Gijón y analista de políticas culturales.

 

 

El precariado y las clases sociales

Por: | 15 de octubre de 2014

Images-2JOSÉ SATURNINO MARTÍNEZ GARCÍA y PAU MARÍ-KLOSE 

Hablar de precariado está de moda. Desde que el concepto se haya popularizado de la mano de Guy Standing, ha sido extensamente utilizado en el debate público, y últimamente en la investigación empírica sobre la estructura social británica (en un macroestudio liderado por Mike Savage y Fiona Devine). En España estamos empezando solo a operacionalizarlo empíricamente, aunque el interés por su uso en un terreno tan abonado para la precariedad es más que evidente.

Lo podemos definir como un grupo heterogéneo de personas caracterizadas por sus frágiles vínculos con el mercado laboral: contratos temporales, periodos de paro seguidos por empleos de mala calidad, contratación a tiempo parcial involuntaria, o en situación de paro de larga duración. Se sitúan en la frontera entre la exclusión social y la integración, y con el tiempo muchos de ellos se decantarán en uno u otro sentido, mientras que una parte continuarán con su vida en los márgenes entre ambos mundos. Cuando se habla de este colectivo se insiste en sus características demográficas: jóvenes, mujeres, inmigrantes, mayores de 45 años de sectores profesionales en declive… son los atributos en los que más se insiste. Pero la insistencia en la demografía del colectivo tiende a ocultar sus características socioeconómicas. En el Gráfico 1 se aprecia la probabilidad de ser precario según la condición socioeconómica, una forma elegante con la que el INE se refiere a la clase social. El gráfico es el resultado de una simulación estadística, suponiendo que no hay inmigrantes y que estamos ante el grupo de edad de edad de 31 a 45 años. Apreciamos una clara diferencia de ser precario según clase social, y diferencias de género en algunas de ellas.

En las clases desfavorecidas la probabilidad de ser precario es mayor. Es fácil diferenciar claramente dos grandes bloques: por un lado, empresarios, autónomos, profesionales por cuenta ajena y personal de cualificación media en los servicios, como los administrativos; por otro, están quienes trabajan en servicios no cualificados, los obreros (cualificados o no) y ocupados en el sector agrario. Las mujeres están un poco mejor protegidas frente a la precariedad que los hombres en el segmento de profesionales por cuenta ajena,  posiblemente gracias a que están empleadas en mayor medida que los varones en el sector público. Entre obreros no cualificados, la situación más favorable de las mujeres está relacionada con el hecho de que están menos concentradas en sectores en crisis, vinculados a la construcción, y a que son pocas. Donde hay más mujeres, en los servicios no cualificados, el riesgo de que estén en situación de precariedad es mayor.

Como vemos pues, la insistencia en debatir sobre las características demográficas puede obviar la importancia de la clase social como determinante de las oportunidades vitales. Nos olvidamos que muchas de las personas con esos perfiles demográficos precisamente están en una situación socioeconómica desventajosa. Pero se insiste más en políticas concebidas para un beneficiario definido en función de su perfil demográfico (juventud, género, mayores) que en conseguir mejorar las condiciones de vida de los ocupados cuando su situación es precaria, independientemente de su perfil demográfico. Una forma de pasar sibilinamente por alto que vivimos en una sociedad de clases.

Gráfico 1. Probabilidad de ser precario por clase social y sexo, cuando la única característica que cambia es la condición socioeconómica, controlando la inmigración y el grupo de edad.

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Fuente: Población ocupada o con menos de un año en paro de la Encuesta de Población Activa del INE, II trimestre de 2013.

Nota: En la categoría de precario se incluyen personas en paro, que trabajan a tiempo parcial de forma involuntaria o con contrato temporal (los parados de larga duración están excluidos por falta de información) La probabilidad se interpreta como un cambio en la probabilidad de ser precario con respecto a una persona de características promedio (estimación mediante logit).

*José Saturnino Martínez es profesor de Sociología en la Universidad de la Laguna y Pau Mari-Klose es profesor de Sociología en la Universidad de Zaragoza.

Hong Kong: La revolución de los paraguas

Por: | 13 de octubre de 2014

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PANEL ASIA, FUNDACIÓN ALTERNATIVAS

Desde hace exactamente dos semanas Hong Kong vive momentos excepcionales de tensión política. La frustración de extensos sectores sociales ante la oferta que ha hecho Pekín de una reforma electoral que desvirtúa la esencia del sufragio universal al restringir drásticamente la selección de posibles candidatos a la jefatura del gobierno local para los comicios de 2017 ha desencadenado una oleada de protestas de un alcance y duración imprevistos , y con consecuencias que aún no es posible calibrar. 

La suspensión por el gobierno local de las anunciadas conversaciones con las organizaciones estudiantiles que se han puesto al frente de las protestas no ha servido más que para revitalizarlas y reforzarlas. En el momento de concluir este análisis no es posible prever cual será su desenlace ni hasta qué punto los manifestantes podrán lograr alguno de sus objetivos.

Aunque el drama se desarrolla en Hong Kong la clave de la decisión final sigue encontrándose en Pekín, y el régimen de partido único que controla absolutamente todo el poder en China no se caracteriza precisamente por su flexibilidad ni por su respeto a la disidencia. La salida, por consiguiente, no será fácil, pero lo que sí es seguro es que tras estas protestas Hong Kong habrá cambiado dramáticamente.

Antecedentes
Desde que la antigua colonia británica volvió a la soberanía de China en julio de 1997 el estatuto jurídico, político , económico y social del territorio sigue el principio "un país, dos sistemas" definido por Deng Xiaoping. En virtud del mismo Hong Kong tiene plena autonomía monetaria, financiera, fiscal, judicial, educativa y cultural; los derechos de libre expresión, asociación y manifestación están garantizados; la Administración judicial es independiente y la seguridad corresponde a la policía local. Pekín supervisa discretamente las relaciones exteriores y la defensa.

Pero este régimen de amplia autonomía no tiene verdadero carácter político. Los mecanismos vigentes hasta ahora para la selección del Ejecutivo y la elección del Parlamento local (LEGCO) son semidemocráticos, de modo que Pekín se ha asegurado -al menos hasta ahora - que nadie que carezca de la confianza del PCCh o que no se someta a sus dictados pueda ejercer la jefatura del gobierno. La vigencia de un sistema mixto democrático/corporativo impide a los partidos prodemocráticos alcanzar la mayoría en el LEGCO, aunque les concede una minoría de bloqueo. De este modo el sistema es disfuncional, y frustra las aspiraciones de la mayoría de los hongkoneses de alcanzar la plena democracia.

La Ley Básica (Estatuto) aprobada por Pekín en 1991 prevé que, "cuando las circunstancias lo permitan", tanto el jefe del Ejecutivo como la totalidad del LEGCO puedan ser elegidos por sufragio universal. Una disposición del Parlamento chino (NPC) del año 2007 estableció que el jefe del Ejecutivo sería elegido por sufragio universal desde el año 2017, y que el LEGCO lo sería también a partir de 2020.

El problema surge porque, desde la llegada al poder de Xi Jinping en China, Pekín ha adoptado una actitud mucho más restrictiva respecto a la autonomía de Hong Kong. En junio de este año el gobierno central chino publicó un Libro Blanco que hace una interpretación del principio "un país, dos sistemas", mucho más inclinado al primer elemento que al segundo. Los síntomas de inseguridad del régimen del PCCh y el incremento de las tensiones entre China y sus vecinos asiáticos -a la sombra de una rivalidad creciente con Estados Unidos por la hegemonía regional- pueden haber motivado este endurecimiento. La alarma cundió en Hong Kong, y no hizo más que crecer con la decisión del CNP de 31 de agosto pasado, que desvirtúa totalmente el sufragio universal pasivo al condicionar la selección de candidatos a la jefatura del gobierno local de manera que hace imposible una verdadera alternativa de ofertas políticas.

Los hechos
Como consecuencia de las interpretaciones restrictivas que Pekín ha hecho de la autonomía de Hong Kong, han surgido diversos grupos de orientación prodemocrática y proautonómica que se oponen firmemente al nuevo giro y a la docilidad absoluta de las autoridades locales, cuyo carácter de simples ejecutores de las órdenes de Pekín es cada día más evidente.

 La manifestación anual del 1 de julio -aniversario de la reversión de la soberanía a China- fue este año más multitudinaria que nunca, concentrando a medio millón de personas. El movimiento Occupy Centralque surgió en el mundo académico y de las ONG para defender la democracia y la autonomía, organizó un referéndum, calificado de ilegal por las autoridades locales y centrales, que convocó a más de 800.000 personas.

Tras la publicación del edicto del NPC sobre reforma electoral el 31 de agosto, la indignación se extendió. Fueron los estudiantes los que tomaron la vanguardia del movimiento, con una huelga en la enseñanza secundaria y universitaria entre el 20 y el 26 de septiembre que se saldó con gran exito.

Fue precisamente en la jornada final de la huelga, el 26, cuando se iniciaron las concentraciones  junto a la sede del gobierno. Al dia siguiente el lider de Occupy Central, Benny Tai, anunció el arranque de su movimiento. La agrupación de fuerzas entre estudiantes, Occupy y los sectores más militantes del bloque pan-democrático en el LEGCO impulsaren las protestas.

Y el gobierno hizo el resto con su torpe represión policial, con gases lacrimógenos, en la noche decisiva del 28 de septiembre. Los manifestantes hicieron uso de sus paraguas para defenderse, convirtiendo a este accesorio tan común en símbolo de la protesta.

Eso motivó que miles de ciudadanos que habían estado pasivos hasta entonces acudiesen en masa a apoyar a los manifestantes, cuyo número aumentó, haciéndose espectacular en el puente festivo del 1 y 2 de octubre, irónicamente dedicados a celebrar el aniversario de la República Popular de China.

Aunque a partir del domingo 5 de octubre la afluencia a los lugares de manifestación empezó a declinar, dos nuevas torpezas gubernamentales les han dado nuevo impulso. En primer lugar, el envío de matones de las "tríadas" a atacar violentamente a manifestantes en el barrio de Mongkok; finalmente, el anuncio anteayer jueves de la cancelación de las conversaciones previstas por parte del gobierno local  encendió de nuevo la protesta. El viernes 10 la zona de Admiralty, contigua a los edificios del Gobierno, volvió a llenarse masivamente. 

Y a todo eso se suma la publicación por un periódico australiano de un grave escándalo de corrupción que salpica directamente al impopular jefe del Ejecutivo y dócil secuaz de Pekín, C. Y. Leung.

Los manifestantes y sus apoyos
Aunque parecía que los dirigentes de Occupy Central -un profesor, un sociólogo y un pastor protestante- iban a encabezar las protestas, ese papel ha sido asumido realmente por los líderes del movimiento estudiantil Alex Chow (22 años, universitario) y Joshua Wong (17 años, fundador de Scholarism, enseñanza secundaria). 

Tienen amplio respaldo entre los amplios sectores sociales que defienden más autonomía y democracia -(académicos, profesionales liberales y clases medias, también de quienes luchan contra la desigualdad económica y social de un sistema radicalmente injusto). Un sector minoritario de los medios de comunicación, como el Apple Daily del magnate Jimmy Lai, el único multimillonario significado que apoya las protestas.También les respaldan los 27 diputados del bloque pandemocrático en el LEGCO- sobre un total de 60- y muchas figuras de la cultura y el arte local.

El gobierno local y su entorno 
Por su parte, el impopular gobierno local de C. Y. Leung -cuyo número dos es la más eficaz y discreta Carrie Lam- cuenta con el respaldo absoluto de Pekín, de los grandes sectores del poder económico y financiero -los llamados tycoons-, del bloque oficialista (33 diputados) en el LEGCO, de la mayoría de los medios de comunicación y de un no desdeñable sector de la población, más preocupado por los negocios que por la política. Todo eso conduce a una creciente polarización política y social, que puede tener peligrosas consecuencias para la estabilidad de este importante centro comercial y financiero que es Hong Kong, que ha hecho el papel de puerta de China hacia el mundo y cuyo futuro puede verse muy comprometido. 

La sombra de Pekín
Hong Kong es parte de China
, de la que depende cada vez más en el orden económico - agua, alimentos, energía, comunicaciones, turismo... Es cierto que Hong Kong es también muy importante para China, no solo en términos de operaciones financieras, sino sobre todo de imagen y de proyección mundial. Todos estos elementos son importantes para poder calibrar el difícil equilibrio entre Hong Kong y Pekín.

Para complicarlo aún más el legado de la historia ha creado narrativas identitarias totalmente distintas entre Hong Kong y la China continental. Los hongkoneses recelan de la oleada asimilacionista que impulsa Pekín y que amenaza sus señas de identidad propias. Pekín tiene sin duda la última palabra, pero sus dirigentes deben ser conscientes de que las decisiones que adopten, revisen o confirmen tendrán  consecuencias no sólo para Hong Kong, sino por factor contagio para la propia China, y desde luego para la proyección del país en Asia y en el mundo. De manera particular los taiwaneses -ya de por si desconfiados ante los cantos de sirena de Pekín- observa inquietos (y solidarios) lo que sucede en esta antigua colonia británica.

La sustancia del conflicto
Tal como ya he apuntada la sustancia del doble conflicto en Hong Kong -interno a su propia sociedad y respecto a su relación con el poder imperial pekinés- tiene elementos políticos (democracia o autoritarismo), socioculturales (identidad o asimilación) y socioeconómicos (riqueza-desigualdad). El conflicto actual muestra una sociedad mucho más dividida y tensionada que la que proyectaba la imagen tradicional de un Hong Kong alegre y próspero, que en estas semanas se ha hecho añicos.

Escenarios de salida
Creo que cabe descartar el escenario más catastrofista de un Tiananmen en Hong Kong, que sería nefasto en todos los sentidos, y que arruinaría la política exterior de China, ya muy llena de conflictos y problemas en Asia y en el mundo. 

Tampoco parece verosímil que Pekín haga concesiones sustanciales, más allá de algunos retoques cosméticos, en la cuestión de la reforma electoral. Ni que entregue a los manifestantes la cabeza del impopular C. Y. Leung, aunque ésta acabará seguramente cayendo por el escándalo de corrupción que le afecta, si Pekín actúa en el tiempo adecuado para sus intereses.

Lo más probable es que persista por tiempo indefinido una situación de incertidumbre y de tira y afloja, con conatos de diálogo y tentativas de amedrentamiento, que tendrá  como consecuencia ahondar en la polarización política y social. La táctica de intentar vencer a los manifestantes por cansancio no está funcionando, al menos no de momento. Una salida que satisfaga mínimamente a todos y que permita salvar la cara a unos y a otros no será fácil de encontrar. La consecuencia será un Hong Kong más incierto, más inestable y también más interesante para los analistas

En el destino de Hong Kong puede estar también de algún modo la clave del destino de China, que será fundamental para todos nosotros.

 *El Panel Asia de la  Alternativas forma parte del Observatorio de Política Exterior de la Fundación. 

Más cultura en las relaciones internacionales

Por: | 10 de octubre de 2014

UnknownALFONS MARTINELL SEMPERE

No podemos obviar que la mayoría de conflictos que vivimos en este mundo globalizado tienen una dimensión cultural significativa. Con esta afirmación no queremos expresar que la solución de ellos puede venir por la cultura. No somos tan ilusos. Pero si es importante reflexionar en la forma que los Estados y los organismos multilaterales abordan estos problemas, no incorporan ninguna lectura ni propuesta cultural. Sorprende que dentro de los grandes esfuerzos de todo tipo se están llevando a cabo no se contemplen las relaciones culturales como un elemento importante. Ni se les ocurre tenerla en cuenta. Los analistas de estos temas y los thinks tanks que preparan documentación, estrategias y ayudan a tomar decisiones en relaciones internacionales no contemplan la cultura ni como una posibilidad.

Una primera lectura puede ser que no entiendan los problemas en todas las dimensiones de su complejidad actual, entre ellas las culturales. O que tengan una concepción de cultura decimonónica que viene de las clásicas políticas nacionales que utilizan la cultura como hecho diferencial y reafirmarse sobre su propia imagen.

A pesar que en los últimos años se ha hablado mucho del soft power, diplomacia cultural, diplomacia pública, etcétera, pero la realidad es que los esquemas profundos de la concepción de las  relaciones internacionales no saben valorar suficientemente el significado de lo intangible y las potencialidades de las expresiones culturales como patrimonio común de la humanidad. Porque la esencia de las relaciones culturales, en el marco de las relaciones internacionales, es una forma de conocer los elementos culturales que configuran la política del otro. Para esto es importante canalizar acciones que generen confianza y expresión no defensiva y ver qué elementos reales existen de cooperar en común. De esta forma podemos descubrir que nuestras diferencias tienen un patrimonio común y una fuente para enriquecernos con estas nuevas formas.

Cuando ciertas formas de expresión del conflicto se crean sobre la base de una identidad a la defensiva (Manuel Castells las denomina refugio) es necesario trabajar en abrir estas posiciones a través de los elementos que podemos tener en común. La música, el cine, el teatro, la literatura, etcétera nos aproximan al otro y es un elemento para reducir resistencias y trincheras.

Las guerras, los autoritarismos, los fanatismos intentan ahogar la vida cultural de sus sociedades porque saben que en ella se encuentra un elemento fundamental de la supervivencia del pluralismo. Por esta razón es importante reclamar más cultura en las relaciones internacionales pero el problema es de qué forma y desde que posiciones ya que las que acostumbran a apoyar no son las adecuadas para el contexto internacional contemporáneo.  Como recientemente ha manifestado la directora de la UNESCO en el Forum de Florencia: “En un contexto de crisis económica, es preciso encontrar de nuevo motores de cohesión, y la cultura ofrece respuestas”.

Cuando vemos una película de Afganistán, el patrimonio de Crimea, las canciones de Mali, etcétera, por ejemplo, estamos entrando en una nueva lectura de la realidad. ¿Por qué no se fomenta este tipo de expresiones? O solo podemos dar noticias inhumanas.

. Alfons Martinell Sempere es director de la Cátedra UNESCO de Políticas Culturales y Cooperación en la Universidad de Girona, y miembro del Consejo Asesor del Observatorio de Cultura y Comunicación de la Fundación Alternativas.

 . El profesor Martinell dictará una conferencia sobre la cooperación cultural internacional y las relaciones con Iberoamérica, el lunes 13 de octubre en el Ateneo de Madrid (19 horas). 

 

Política en redes: más calidad que cantidad

Por: | 08 de octubre de 2014

 
Twitter2CARLOS HIDALGO

No es raro que surja periódicamente algún tipo de polémica acerca de los políticos presentes en las redes sociales. Muchas de ellas vienen siempre derivadas por cuestiones numéricas: quién tiene más seguidores, de dónde los ha sacado, quién es más influyente que quién; siempre dependiendo de la cifra de que arroje algún indicador que otro. Especialmente Twitter, que es la red social favorita de periodistas y activistas políticos.

Durante mucho tiempo se nos ha insistido en la decisiva influencia que las redes sociales tendrían en la manera en la que entendemos la política, pero tal vez esa influencia se esté empezando a entender de la manera incorrecta. A día hoy, todavía no se puede establecer una correlación fiable entre los indicadores cuantitativos que nos ofrecen las redes y los resultados electorales. Puede que tal cosa pueda hacerse en el futuro; sobre todo con trabajos tan brillantes como el desarrollado por los politólogos Gonzalo Rivero y Pablo Barberá. Sin embargo, las redes sociales siguen siendo un entorno bastante sesgado, con enormes diferencias entre los movilizados políticamente y los que no, con más población masculina que femenina y con un rango de edades que no representa de manera fiel al votante medio. 

¿De dónde viene la revolución en la política que se nos prometió? De algo más intangible: de la propia conversación en las redes. Internet nos ofrece la oportunidad de reducir el número de intermediarios entre el políticos y electorado, también permite a la gente poder hablar de política con más desinhibición y alcance que su propio entorno. Uno no sólo puede expresarse con (casi) completa libertad sobre cualquier tema, sino que puede obtener respuestas a sus opiniones. El debate ayuda a la gente a reafirmarse en sus opiniones, a modificarlas, a ampliar su conocimiento sobre un tema e, incluso, a adoptar otros puntos de vista. Lo novedoso es poder asistir a las conversaciones políticas de alrededor de seis millones de españoles en tiempo real. Quedarse sólo en las cifras es cómo juzgar si una fiesta es divertida sólo por el número de invitados.

Las ciencias sociales ofrecen, mediante las técnicas cualitativas de investigación social, una batería de herramientas que, aplicadas lo que vemos en las redes, no sólo nos permiten conocer qué es lo que piensan los votantes de las redes, sino por qué lo piensan, qué factores influyen en su alineamiento político, las fuentes mediante las cuales obtienen su información y el tipo de interacciones que tienen con el resto de usuarios. Sin embargo, no pedimos a los políticos que sean meros observadores de la sociedad, sino que también esperamos de ellos que hagan cambios para mejorarla. Así pues, en el caso de las redes sociales, los políticos en España no sólo han de ser entrenados para observar la incesante actividad de éstas, sino para poder participar en esa gran conversación y realizar aportaciones que sean valiosas. Las redes sociales son conversación, no la pausa publicitaria de un medio tradicional, ni un mero tablón de anuncios. 

Como en toda nueva manera de comunicarse, no existen aún recetas infalibles, ni modelos fácilmente transplantables. Para empezar a moverse en este nuevo mundo, hay que guiarse por una mezcla de observación, educación, sentido común, ensayo y error. Es verdad que hacer algo así crea una incertidumbre más en el político -que ya se ve sometido a demasiadas-, pero es un ámbito más en el que ha de encontrar voz y estilo propios. 

Ejemplos como el de Barack Obama se han entendido mal. Es verdad que el presidente de Estados Unidos ha logrado grandes impactos en las redes; entre otras cosas, gracias a las fotos del fotógrafo oficial de la Casa Blanca, Pete Souza. Imágenes como las de Obama compartiendo una hamburguesa con ciudadanos normales y corrientes o jugando con un niño en el Despacho Oval se han hecho enormemente virales. Sin embargo, al querer transponer eso a nuestro ecosistema político se suele olvidar algo fundamental: Obama sólo aparece en actitud informal en una de 20 fotos, aproximadamente. El resto son fotos oficiales o donde se ve al presidente estadounidense trabajando o en actitud formal. De ahí que las fotos informales sean las relevantes, pero por lo inusual. En el caso español hemos adoptado la fórmula a nuestra manera, por lo que hay políticos con sobredosis de “selfies”, fotos con amigos, comidas, cenas y ágapes variopintos. Ni qué decir que eso consigue el efecto contrario al que se busca. Y provoca que los usuarios piensen que, en mitad de una de las peores crisis económicas de nuestras historia, los políticos españoles viven en una fiesta permanente.

Como en casi los demás ámbitos de nuestra vida, en las redes ofrecemos un reflejo de cómo somos y, a la vez, vemos nuestro reflejo en la actitud de los demás. Con la política no es diferente. De la misma manera que no solemos fiarnos de los balances políticos basados únicamente en cifras y porcentajes, debemos mantener el mismo escepticismo cuando se nos hable de followers, ránkings de influencia, amigos de Facebook o visitas a una web. Idealmente, la democracia consiste en elegir a la mejor persona de entre nuestros iguales. Observemos entonces qué clase de personas nos hablan de política en las redes. Y si nos convence lo que nos dicen en ellas. 

* Carlos Hidalgo es periodista.

Alternativas

Sobre el blog

Crisis de la política, la economía, la sociedad y la cultura. Hacen falta alternativas de progreso para superarla. Desde el encuentro y la reflexión en España y en Europa. Para interpretar la realidad y transformarla. Ese es el objetivo de la Fundación Alternativas, desde su independencia, y de este blog que nace en su XV Aniversario.

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Nicolás SartoriusNicolás Sartorius. Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Alternativas (FA), abogado y periodista, ha sido diputado al Congreso.

Carlos CarneroCarlos Carnero. Director Gerente de FA, ha sido Embajador de España en Misión Especial para Proyectos en el Marco de la Integración Europea y eurodiputado.

Belén BarreiroBelén Barreiro es Directora del Laboratorio de la Fundación Alternativas. Doctora en Ciencia Política y Sociología. Ha sido presidenta del Centro de Investigaciones Sociológicas.

Vicente PalacioVicente Palacio. Director Adjunto del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas, Doctor en Filosofía, Visiting Fellow y Visiting Researcher en Harvard.

Fernando RuedaFernando Rueda. Director del Observatorio de Cultura y Comunicación de la Fundación Alternativas. Politólogo, consultor internacional y experto en cooperación cultural internacional.

Ignacio UrquizuIgnacio Urquizu es Profesor de Sociología de la Universidad Complutense y colaborador de la Fundación Alternativas.

Rubén Ruiz-RufinoRubén Ruiz-Rufino es investigador García Pelayo en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC) y colaborador de la Fundación Alternativas.

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Pablo BeramendiPablo Beramendi es Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Duke (USA). Coordina la colección de Política Comparada en el Laboratorio de Alternativas.

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Manuel de la Rocha VázquezManuel de la Rocha Vázquez. Licenciado en empresariales por la UAM y Master en Política Económica por la U. de Columbia. Es coordinador de Economía Internacional de la Fundación Alternativas.

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Kattya CascanteKattya Cascante coordina el área de Cooperación al Desarrollo del Observatorio de Política Exterior de la Fundación.

Enrique BustamanteEnrique Bustamante. Catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad en la UCM. Es un experto de la economía y sociología de la televisión y de las industrias culturales en España.

Alfons MartinellAlfons Martinell. Director de la Cátedra Unesco en la Universidad de Girona y profesor titular en esa misma institución. Codirige el Laboratorio Iberoamericano de Investigación e Innovación en Cultura y Desarrollo.

Jorge Fernández LeónJorge Fernández León. Director de Programas de la Fundación de Cultura de Gijón y analista de políticas culturales.

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