El Gobierno no quiere refugiados

Por: | 26 de junio de 2015

Diego López Garrido

 

El Consejo Europeo de este fin de semana tiene dos puntos calientes: Grecia y las cuotas de refugiados. En las dos, Rajoy ha estado en las posiciones más duras y menos sensibles a los principios en que se sustenta el proyecto de Europa.

Me voy a centrar en el asunto de los refugiados, sobre el que ya hay una posición de la cumbre, que es: no a las cuotas obligatorias de acogida a 40.000 solicitantes de asilo, provenientes de Siria y Eritrea, que ya están en la UE (Italia y Grecia).

Refugiados blog el paísLo que no admite el Consejo Europeo es que las propuestas de la Comisión sean vinculantes para los Estados y su sacrosanta soberanía. Lo dicen Gobiernos supuestamente muy europeístas, incapaces de ver que la situación actual de los refugiados en el mundo, sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, producto de conflictos civiles, de Estados fallidos, de guerras  como las de Irak y Siria, del Estado Islámico y el terrorismo yihadista, es absolutamente nueva y terrible.

Los Gobiernos de los países que forman la UE (“tierra de asilo”) se pelean entre sí porque no quieren que unos miles de refugiados se ubiquen en sus territorios, mientras cierran los ojos a los cinco millones que están hacinados en  campamentos como los de Líbano, Turquía o Jordania (que he tenido ocasión de visitar).

La actitud del Gobierno Español es particularmente inaceptable, continuidad de lo que ha venido haciendo esta Legislatura con quienes piden asilo. La Unión tuvo el año pasado 600.000 solicitudes de asilo. España, 5.947 (menos del 1%, aunque representa el 10% de la economía europea), y concedió 384 (¡). El 56 % de las solicitudes ni siquiera fueron admitidas a trámite. Con estas cifras delante, el Gobierno, sin pestañear, rechaza que sea obligatoria la propuesta de mínimos de la Comisión, que consiste en que España admita 4.288 refugiados en dos años, por los que recibiría 6.000 € de ayuda por persona. Sólo en Líbano hay 1.200.000 refugiados. Al Gobierno se le tendría que caer la cara de vergüenza.

 Diego López Garrido. Presidente del panel de Asuntos Europeos de la Fundación Alternativas. Catedrático de Derecho Constitucional. Diputado.

 

 

 

¿Ocaso o renacer de la izquierda tras la crisis?

Por: | 24 de junio de 2015

Antonio Quero

 

Han pasado siete años desde que estalló la crisis y aún no se atisba en el horizonte una alternativa al capitalismo financiero que la provocó. Nuevas fuerzas políticas, inexistentes o irrelevantes antes de la crisis, han conseguido acceder al poder, como Syriza en Grecia o Ahora Podemos en Madrid, pero sus propuestas estrella, ya sea el fin de la austeridad, la restructuración de la deuda pública o la creación de un banco público, han sido reducidas a gestos simbólicos, postergadas indefinidamente o abandonadas. Mientras, los partidos socialdemócratas en el poder, en Francia o en Italia, acometen reformas que hace unos años se consideraban de derechas. ¿Quiere decir que no hay alternativa, como ya avisara Thatcher, o la hay pero nadie en la izquierda la ha formulado todavía?

Para que una alternativa emerja, primero hay que imaginarla, pensarla y desarrollarla, una labor que recae habitualmente en los intelectuales pero que necesita el estímulo y la complicidad de los actores políticos que conforman el debate público, ya sean partidos, sindicatos, movimientos sociales, etc. Por su naturaleza e impacto, la crisis ha generado un debate extremadamente fértil en el terreno de la macroeconomía, de la política monetaria y de la regulación financiera. Autores de reconocida trayectoria académica han elaborado análisis y propuestas que antes de la crisis hubieran sido tachadas de heterodoxas o, incluso, de heréticas. Blogelpais

Paradójicamente, desde la izquierda, hacia la que todas las miradas se volvieron tras el fracaso estrepitoso que la crisis de 2008 supuso para el neoliberalismo, la producción de ideas susceptibles de generar los cambios profundos que una democracia representativa agotada y un modelo económico social y ecológicamente depredador requieren ha sido decepcionante. Por ello vale la pena apuntar aquí dos contribuciones que no desesperan de ver renacer la capacidad transformadora de la izquierda.

Una de ellas es el último libro del ex-primer ministro francés y figura socialdemócrata Michel Rocard, "Suicide de l'Occident, suicide de la humanité?" (París, Ed. Flammarion, 2015). La otra es el ensayo del doctor en Economía y profesor de Ciencia Política Luis Fernando Medina, "El fénix rojo. Las oportunidades del socialismo" (Madrid, Ed. Catarata, 2014). Ambos hacen un diagnóstico opuesto sobre el capitalismo. Para Rocard el conjunto de derivas y peligros que acechan a la humanidad es el resultado de la "madurez terminal del sistema capitalista vigente". Según Medina, "serán los éxitos del capitalismo, tanto o más que sus fracasos, los que le den fuerza al socialismo en el siglo XXI". Aun así, los dos ofrecen una perspectiva de superación del mercado como dueño y señor del destino de las personas.

Rocard plantea un catálogo de los desafíos a los que se enfrentan nuestras sociedades, desde la amenaza persistente de explosión de la burbuja financiera mundial hasta el agravamiento vertiginoso de las desigualdades, pasando por el calentamiento global, el incierto equilibrio futuro entre bloques regionales con intereses y visiones contrapuestas o el auge multiforme de la violencia. Frente a ellos, Rocard reivindica el papel de la política, no solo la política tradicional protagonizada por los partidos, sino también al activismo de la sociedad civil. Ante el paisaje intelectual y político desolador de Occidente, Rocard emplaza a los partidos políticos a cumplir con una de sus funciones primordiales: pensar el futuro y elaborar respuestas posibles a los dramas del presente. Para ello les dicta tres condiciones: que recuperen y respeten la función de pensar, que asuman plenamente la dimensión ante todo internacional de los problemas y de sus soluciones y que acuerden una prioridad absoluta a la reflexión a largo plazo.

Rocard elabora una agenda política urgente, desde reformar la ONU hasta dotar de contenido jurídico y contable la noción de bien público, y señala lo que para él ha sido el mayor descubrimiento de la crisis, a saber la inestabilidad estructural, profunda y permanente de un sistema monetario y financiero en el que la contrapartida a la emisión de moneda central son deudas bancarias, de carácter volátil e inestable, en vez de inversiones productivas directamente generadoras de riqueza. El mérito de Rocard no está tanto en las soluciones que apunta, en muchos casos solo esboza pistas de reflexión, como en la valentía y rigor con los que encara los problemas, huyendo de dos características por desgracia comunes de los responsables políticos contemporáneos: el comportamiento de avestruz ante la complejidad del mundo globalizado y la agitación de propuestas simplistas de inspiración mediática y demoscópica.

El ensayo de Medina concentra su reflexión en un objetivo más circunscrito pero no menos ambicioso. Medina constata el derrumbe del socialismo ligado al derrumbe del trabajo como estructura de legitimación social; su papel lo ocupa ahora el consumo. Sin embargo, antes que deplorar resignadamente esta evolución, Medina opina que "este mismo proceso puede llevar la surgimiento de un nuevo tipo de socialismo".

Partiendo de una concepción del socialismo como "una visión de sociedad que ofrece a los individuos espacios de cooperación donde puedan encontrarse relativamente a salvo de la presión de los mercados y de los estados", Medina ve en la renta básica la base material para garantizar la plena libertad individual.

Medina invita pues a considerar la renta básica como algo más que un instrumento de lucha contra la pobreza: "desde una perspectiva socialista, la renta básica encarna el principio de propiedad colectiva sobre la riqueza de la sociedad". La renta básica no es en sí misma equivalente a socialismo, aclara Medina, pero representa "uno de los pasos más certeros que se pueden tomar para transformar la lógica subyacente del capitalismo actual".

La renta básica merece ciertamente un debate en profundidad, superando las objeciones un tanto burdas con las que se la suele descalificar, pero también sin prejuzgar del desenlace de dicho debate. Plantear seriamente la renta básica obliga a reformular los pilares del contrato social en sociedades materialmente ricas. Independientemente de la opción final que se adoptara tras un proceso democrático deliberativo, incluso si no se lleva a cabo finalmente, la aspiración de libertad, de igualdad y de fraternidad con la que se identifica el socialismo descubriría en dicho proceso respuestas nuevas que la sociedad capitalista e individualista de consumo actual no ofrece.

Parece, por lo tanto, que la supuesta falta de alternativa al capitalismo financiero dominante es más un problema de insuficiencia de reflexión, debate y desarrollo de propuestas que de ausencia real de alternativa. Esta es la responsabilidad que nos incumbe tras una crisis como la que padecemos. El hecho de que los nuevos partidos surgidos del desencanto o del rechazo de los partidos tradicionales no asuman esta responsabilidad, como tampoco lo hacen los tradicionales, no es excusa para dejar de trabajar por ello, desde fuera o desde dentro de los mismos. La demanda ciudadana es evidente y no va a desaparecer porque la cobardía, la incompetencia o el cinismo de las "élites" y de las direcciones de estos partidos pretenda ignorar las raíces de los problemas.

Aportaciones como las de Rocard y Medina ayudan a entrever la vía de renacimiento de la izquierda como aspiración a la justicia social en una economía libre, regulada según la voluntad democrática de la ciudadanía. Prolongando su análisis más allá de las páginas de sus libros, se pueden formular dos condiciones para dicho renacimiento.

La primera, enlazando con el énfasis de Rocard sobre la dimensión internacional de los problemas a los que nos enfrentamos y con el universalismo del socialismo como recuerda Medina, es la ambición de generar una corriente de pensamiento que federe y sirva de base común a las opciones políticas, progresistas como diría Rocard o socialistas como las califica Medina, en cada país europeo, además de servir de puente con otros continentes. Las políticas económicas de apoyo al crecimiento y el empleo, las reformas necesarias del sistema financiero, la gestión de las migraciones o la seguridad en el Mediterráneo y en el Este de Europa son ejemplos de cuestiones que, desde una perspectiva de izquierda, deben recibir una respuesta común y no depender del país en el que se discuten. La Unión Europea como herramienta política ofrece una soberanía ciudadana frente a las fuerzas del mercado o a la violencia y el sufrimiento de la que carecen los Estados por sí solos. En vez de generar la impotencia democrática descrita por Sánchez Cuenca, en la que la voluntad ciudadana se ve cercenada por imposiciones supranacionales que escapan del ámbito de influencia de las democracias nacionales, la Unión Europea puede ser una palanca poderosa si nos apropiamos de ella ejerciendo la política desde la colaboración transnacional. Ya va siendo hora, como clama Habermas, de que los partidos políticos piensen y actúen en clave europea, poniendo las instituciones europeas al servicio de la ciudadanía, como permiten los cauces establecidos en el Tratado de la UE, en vez de dejarlas en manos de la tecnocracia y de la ley del más fuerte, es decir, de Alemania. A condición, claro está, de que se consiga expresar una voluntad popular genuinamente europea. Esto que parece tan utópico para los actores y los observadores de la política europea, es claramente factible cuando se habla con el ciudadano de a pie de cualquier país. El internacionalismo está en los genes del socialismo, no hay renacimiento de la izquierda posible si no es desde una perspectiva por lo menos europea.

La segunda, inspirada por la propuesta de Medina sobre la renta básica y la libertad de pensamiento con la que Rocard supera tabúes, es la apertura de la agenda política a las propuestas que actúan sobre la raíz de los males de nuestro tiempo, por muy complejas y desconcertantes a primera vista que puedan resultar. Replantear las bases del contrato social, imaginar un nuevo modelo para la creación y gestión del dinero, favorecer modelos productivos sostenibles, redefinir las fronteras entre propiedad privada, libertad individual, bien común y derechos como el trabajo, la salud o la vivienda, acotando el mercado a los espacios en los que genera riqueza colectiva y desterrando la mercantilización de las relaciones humanas y de la emancipación personal, concebir un derecho internacional centrado en el ser humano, en vez del blindaje actual de la soberanía inviolable de los Estados, o diseñar instituciones internacionales más democráticas y más eficaces a la hora de garantizar la paz, el respeto de los derechos humanos, los derechos sociales y la defensa de los bienes comunes de la humanidad, son algunos de los ejemplos de la futura agenda política que debiera movilizar la energía intelectual y política de la izquierda. Son cuestiones con un horizonte temporal de medio y largo plazo, pero cuyo debate proporciona soluciones inmediatas y duraderas a problemas acuciantes como el paro, los desahucios o las desigualdades, en vez de los meros parcheos que apenas alcanza a proponer la política actual de vuelo rasante y motivación electoral cortoplacista.

Finalmente, añadiría una tercera condición que no se encuentra explícitamente en los libros de Rocard y Medina pero que los atraviesa desde el instante en el que se pretende pasar de la reflexión a la acción. Se trata de diseñar y practicar formas participativas y deliberativas de democracia. Ya sea por razones intrínsecas, aspirando a hacer realidad el ideal de construcción democrática de la voluntad popular, como por razones instrumentales, porque sin espacios de debate abiertos, no sometidos al cálculo electoral y mediático permanente, se hace inconcebible una agenda política como la anteriormente mencionada. Las transformaciones profundas que conlleva la puesta en práctica de una agenda política tan ambiciosa amenazan directamente a muchos intereses particulares que secuestran hoy la política (poderes económicos, aparatos de los partidos, tecnocracias opacas, etc.). En teoría, la voluntad ciudadana expresada democráticamente debería vencer la resistencia de dichos grupos de intereses, pero, en la práctica, el acceso privilegiado de estos a los circuitos de decisión política frena los cambios deseados. De ahí la necesidad de abrir el espacio y los procedimientos democráticos.

Hay motivos, pues, para la esperanza de ver surgir tras la crisis un pensamiento progresista verdaderamente transformador. Rocard recuerda que "ninguno de los riesgos que nos acechan parece irremediable hasta el punto de escapar al radio de acción de una acción preventiva de la humanidad", mientras que Medina subraya que "pocos momentos hay más definitivos e irreversibles, más llenos de poder que aquel instante en el que por fin podemos visualizar el primer paso".

 

Antonio Quero. Coordinador de Factoría Democrática. Autor de 'La reforma progresista del sistema financiero' (Ed. Catarata)

La cultura en el eje de las transformaciones sociales

Por: | 22 de junio de 2015

Carta del Consejo de Cultura y Comunicación de la Fundación Alternativas

Las políticas de la cultura y comunicación han sufrido un importante retroceso en los años de la crisis, pero no así la capacidad de creación cultural. Sin unas políticas acertadas se hace más difícil que estas creaciones culturales y artísticas tengan un mayor impacto en la sociedad.

Consejo asesor OCC1En el próximo otoño se celebrarán elecciones generales y ahora es un buen momento de elaborar nuevas propuestas que sitúen a la cultura en el eje de las trasformaciones sociales y de la recuperación que este país necesita. La capacidad de propuesta de  la Fundación Alternativas nace de su capacidad de reflexión y  análisis y por ello quiere contribuir a que la cultura y la comunicación dispongan de un ámbito más favorable en el debate público.

 

Tras los resultados de las elecciones municipales y autonómicas se abre definitivamente un nuevo ciclo político en España. Las políticas culturales tienen su mayor espacio de acción en el ámbito local y municipal (el 75% de los presupuestos públicos).

En este año de gran trascendencia y cambios en la política de nuestro país relanzamos nuevas  ideas y estrategias para que la Fundación Alternativas sea capaz de contribuir de forma efectiva y eficaz a los debates públicos sobre las políticas culturales, y al papel fundamental que debe jugar la cultura en el conjunto de políticas públicas y en la sociedad. Pensamos que la cultura es el centro de la regeneración moral y ética de la sociedad y debe ser un motor de cambio.

El estado de la cultura en España

El Observatorio de cultura y comunicación abordará los temas y contenidos del tercer Informe sobre el Estado de la Cultura en España, como uno de los principales documentos para proponer políticas a las administraciones e instituciones, y para el debate público. El informe 2015 desarrollará en su análisis sectorial, una revisión sobre el estado de situación de algunos sectores culturales no analizados en ediciones anteriores, como el mercado del arte, el patrimonio, las  bibliotecas, la proyección exterior del audiovisual o el diseño como industria creativa. En su parte de análisis transversal, se llevará a cabo un análisis actualizado de las políticas autonómicas y locales para la cultura, junto con experiencias españolas e internacionales sobre participación ciudadana y autogestión cultural por una parte y de modelos, experiencias  y eficacia de los viveros culturales por otra. Así mismo presentaremos una mirada internacional, en términos de cooperación, sobre buenas prácticas culturales en América Latina, y  la apuesta por el sector creativo y el mercado único digital  en las políticas de la Unión Europea.

La sociedad digital

En el contexto de cambio de las políticas culturales, debemos  estar atentos a los impactos de la revolución tecnológica en términos  de gobernabilidad en  Internet y  revisar a fondo los marcos normativos que permitan adaptar los derechos de acceso y los derechos de autor a la sociedad digital. Atenderemos en este sentido aspectos tales como el desarrollo de una economía equitativa en materia de edición y distribución, las condiciones del dominio público para contenidos de uso educativo e investigador, los intercambios  no mercantiles, las garantías de neutralidad de la red, o la fiscalidad digital de la cultura.

La cultura en la política local y autonómica

Respecto de las nuevas políticas para la cultura en los niveles local y autonómico, se debe pensar en propuestas que eviten acciones aniquiladoras y de privatización de servicios públicos culturales. Para ello, queremos analizar la experiencia de los espacios culturales de arte contemporáneo, los centros de barrio y de proximidad en sentido amplio y los movimientos de autogestión cultural, como herramientas fundamentales para la participación y movilización ciudadana. También queremos pensar y poner en valor  la creación cultural que se genera y se difunde en todo el territorio, más allá  de lo que ocurre en las grandes capitales como Madrid o Barcelona.

Los públicos

Tradicionalmente, las políticas culturales se han focalizado principalmente en los agentes y sus industrias y no en los públicos ni en los derechos de participación activa. Los ciudadanos son los titulares de los derechos de acceso a la cultura. España se encuentra en un proceso en el que los modelos y referentes construidos a través de los medios masivos de comunicación, así como la disminución de contenidos artísticos y culturales en los procesos educativos, no ayudan a regenerar el tejido cultural.

Queremos conocer las experiencias de la innovación cultural, los vínculos entre arte y educación, los circuitos alternativos de creación y comunicación y nuestro patrimonio cultural contemporáneo. Necesitamos saber más  acerca de las experiencias artísticas de los públicos de las artes, que en último término, son las que sustentan el valor público de las artes y dan sentido a la oferta cultural de las instituciones y empresas culturales.

Debemos analizar, en este sentido, el trabajo de los medios de comunicación en relación a  la crítica y a la información cultural, y el de las instituciones educativas ante los procesos educativos formales cultuales y artísticos,  pues entendemos que se está perdiendo interés por la innovación cultural. Existe una gran exposición y fascinación por la innovación tecnológica que parece tener un gran valor para el público, pero no tanto por los contenidos culturales y artísticos en sí, que parece que deben ser gratuitos.  Se constituyen nuevos públicos de y para la tecnología, en el que la cultura tiene un valor instrumental.  Entendemos que ambos aspectos no sólo son compatibles sino incluso complementarios. 

A pesar de todo Europa ha sido, es y será la solución

Por: | 19 de junio de 2015

Nicolás Sartorius

 

Al cumplirse los 30 años de la entrada de España en la entonces Comunidad Europea se ha puesto de moda entre ciertos opinantes, de uno u otro signo, poner en duda la validez del proyecto europeo e incluso afirmar que, en estos momentos,  la Unión  no es la solución sino el problema, dándole la vuelta a la famosa frase de Ortega y Gasset cuando dijo aquello de España es el problema y Europa la solución.

Europa blog el paisPara no caer en tesis tan simple conviene recordar, con brevedad, algunas cuestiones que parecen haberse olvidado. Durante estos años España ha multiplicado varias veces su riqueza, ha superado a Italia en renta por cabeza, ha construido una de  las infraestructuras mejores de Europa, tiene por primera vez en su historia un Estado social moderno- sanidad, educación, pensiones etc- hoy cuarteado por las políticas de los últimos años; ha dejado atrás, definitivamente, las aventuras golpistas y España está integrada en todos los organismos internacionales- incluyendo el G20-. Todo eso se lo debemos a la democracia que conquistamos en 1978, en la hoy igualmente denostada, por los mismos, Transición; como si uno, en política, pudiese hacer lo que le viniese en gana sin tener en cuenta la relación de fuerzas de cada momento.

Pero también hemos podido hacer todas esas cosas gracias a la aportación de los importantes fondos que recibimos de Europa durante todos estos años. ¿ O es que ya no nos acordamos de los más de 6000 millones de euros- entonces un billón de pesetas- que recibíamos todos los años de los diferentes fondos europeos?. Como decía un amigo cuando se inauguró el AVE a Barcelona: ”supongo que cuando el convoy entre en la estación de Sants llevará en la máquina la bandera de la Unión Europea”. No me acuerdo ya si la llevaba porque aquí hemos jugado a que cuando se trataba de una buena noticia se la apuntaba el gobierno de turno y cuando había que hacer alguna trapacería era que nos obligaba Europa. Pues bien, para no caer en un “euro escepticismo” más o menos ramplón conviene conocer, aunque sea someramente, algunas cosas.

La Unión Europea, como tal, no es un sujeto político autónomo- como pueden ser los EE.UU- sino que en la  mayoría de las políticas decisivas depende de la voluntad de los estados que la componen, es decir de la decisión de los gobiernos nacionales y, en demasiados asuntos, hay que tomar las decisiones por unanimidad. Esto quiere decir, que la Unión no tiene la culpa de que hayamos creado una burbuja inmobiliaria o que la evasión fiscal y la corrupción  sean escandalosas; o que nuestro sistema fiscal sea un desastre o que España esté a la cabeza del desempleo y la desigualdad y a la cola en inversión en medio ambiental o en I+D+i, por poner algunos ejemplos.

Claro que nos gustaría  que la Unión Europea tuviese un presupuesto más potente; y que el Banco Central tuviera en cuenta el desempleo además de la inflación y un Tesoro europeo y que la deuda estuviese mutualizada; y una política económica común, además de una política exterior y de seguridad compartida, en una palabra una Unión política de naturaleza federal. Pero todo esto no depende de la Comisión europea, ni tan siquiera de su Parlamento, sino de los estados que componen la Unión, es decir, también de los ciudadanos europeos, de nuestra voluntad  a la hora de elegir a  representantes que tengan como proyecto fundamental construir una Europa Federal que es la meta a la que debemos aspirar.

Por eso me atrevo a decir que Europa ha sido, es y será la solución, pues si alguien piensa que fuera de ella un país como el nuestro tiene futuro se equivoca. Espero y deseo que también los griegos lo entiendan así, por el bien de todos. Treinta años en la historia de una nación no es nada y los que eramos adultos cuando esta aventura empezó podemos afirmar que la España de hoy, a pesar de la crisis, es mucho mejor que la de entonces.

Nicolás Sartorius. Abogado, escritor, periodista y vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas

El laberinto político

Por: | 17 de junio de 2015

Carles Manera


Mientras Rajoy anuncia que la crisis ya es historia y que 2015 va a ser el año de la recuperación económica, la Unión Europea vive la sacudida de la incertidumbre que sigue afectando la situación de Grecia. Recuerden el objetivo del acoso heleno, que no es otro que el pago de las deudas a bancos significados del sistema financiero europeo: alemanes, franceses y también españoles. El paro en el país supera el 27%, y la pérdida de riqueza está evaluada, ahora mismo, en un 30%. Los griegos son más pobres y viven en una nación mucho más insegura que hace apenas cinco o seis años. Eso sí: sus cuentas se han saneado, y si quieren recibir más dinero europeo deben seguir recortando salarios, pensiones y prestaciones sociales.

Varufalis guindos blogRajoy y el PP, en paralelo, sacan pecho: el año 2015 va a ser fantástico. El mismo diagnóstico dijeron para 2012, 2013 y 2014, con resultados que todos sabemos. La macroeconomía proporciona mejorías pírricas; pero los aspectos microeconómicos delatan una situación que dista mucho de un repunte robusto. El miedo se azuza para consolidar esas pretendidas victorias: es una hoja de ruta informativa que advierte de la catástrofe que sería si gobernara la izquierda radical, tanto en Grecia como en España. No lo crean. Entre otras cosas, porque ni Syriza ni Podemos aplicarán lo que ahora prometen, de manera que, ya verán, la realpolitik también les impregnará, como ya lo está haciendo. Pero frente a esto, la actitud del PP es diáfana, presidida por un anticomunismo de matriz franquista: que vienen los rojos, que formarán nuevas mayorías en ayuntamientos y comunidades autónomas.

La sarta de tonterías y mentiras que se están vertiendo desde ámbitos conservadores es un disparate. La democracia es elegir, disentir, convencer, y también gestionar y administrar con criterios de servicio público. Y tengamos claro que cuando esos “radicales” izquierdistas se instalen en los puentes de mando deberán dejar las soflamas y los discursos tras las banderas y los platós de televisión. Y deberán decidir cosas: cosas que afectarán a personas, a colectivos, a sensibilidades dispares. Porque también en las ciencias blandas existen los juegos de suma cero. De ahí que prometer lo que ya se ve que no se va a poder cumplir puede ser muy táctico (y maquiavélico, incluso) para llegar al poder. Pero su incumplimiento generará nuevas frustraciones y desengaños. Es mucho mejor para el sur de Europa que aparezcan grupos con perfiles claramente progresistas, con tintes inequívocamente populistas, frente a otros países en los que el enfado se canaliza hacia opciones fascistas. Pero alerta con presentarse como la solución a todos los problemas. Retorcer demasiado las esperanzas de la gente puede comportar, entonces sí, salidas más imprevisibles.

Carles Manera. Catedrático de Economía de la Universidad de las Islas Baleares.@CarlesManera

Alternativas

Sobre el blog

Crisis de la política, la economía, la sociedad y la cultura. Hacen falta alternativas de progreso para superarla. Desde el encuentro y la reflexión en España y en Europa. Para interpretar la realidad y transformarla. Ese es el objetivo de la Fundación Alternativas, desde su independencia, y de este blog que nace en su XV Aniversario.

Sobre los autores

Nicolás SartoriusNicolás Sartorius. Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Alternativas (FA), abogado y periodista, ha sido diputado al Congreso.

Carlos CarneroCarlos Carnero. Director Gerente de FA, ha sido Embajador de España en Misión Especial para Proyectos en el Marco de la Integración Europea y eurodiputado.

Belén BarreiroBelén Barreiro es Directora del Laboratorio de la Fundación Alternativas. Doctora en Ciencia Política y Sociología. Ha sido presidenta del Centro de Investigaciones Sociológicas.

Vicente PalacioVicente Palacio. Director Adjunto del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas, Doctor en Filosofía, Visiting Fellow y Visiting Researcher en Harvard.

Fernando RuedaFernando Rueda. Director del Observatorio de Cultura y Comunicación de la Fundación Alternativas. Politólogo, consultor internacional y experto en cooperación cultural internacional.

Ignacio UrquizuIgnacio Urquizu es Profesor de Sociología de la Universidad Complutense y colaborador de la Fundación Alternativas.

Rubén Ruiz-RufinoRubén Ruiz-Rufino es investigador García Pelayo en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC) y colaborador de la Fundación Alternativas.

Sandra LeónSandra León es Doctora en Ciencias Políticas y profesora de la Universidad Complutense de Madrid, además de colaboradora habitual del programa "Hoy por hoy" de la Cadena Ser.

Pablo BeramendiPablo Beramendi es Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Duke (USA). Coordina la colección de Política Comparada en el Laboratorio de Alternativas.

Carlos MaravallCarlos Maravall. Doctor en Macroeconomía y Finanzas Internacionales por la Universidad de Nueva York. Ha trabajado como asesor en Presidencia del Gobierno en temas financieros.

Manuel de la Rocha VázquezManuel de la Rocha Vázquez. Licenciado en empresariales por la UAM y Master en Política Económica por la U. de Columbia. Es coordinador de Economía Internacional de la Fundación Alternativas.

Erika RodriguezErika Rodriguez es sociologa, especializada en economia y politica internacional. Es Coordinadora de América Latina en la Fundación Alternativas y profesora asociada de la Universidad Carlos III.

Jose Luis EscarioJose Luis Escario. Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid y Master de Derecho Internacional y Comunitario por la Universidad de Lovaina. Coordinador del Área Unión Europea de FA.

Kattya CascanteKattya Cascante coordina el área de Cooperación al Desarrollo del Observatorio de Política Exterior de la Fundación.

Enrique BustamanteEnrique Bustamante. Catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad en la UCM. Es un experto de la economía y sociología de la televisión y de las industrias culturales en España.

Alfons MartinellAlfons Martinell. Director de la Cátedra Unesco en la Universidad de Girona y profesor titular en esa misma institución. Codirige el Laboratorio Iberoamericano de Investigación e Innovación en Cultura y Desarrollo.

Jorge Fernández LeónJorge Fernández León. Director de Programas de la Fundación de Cultura de Gijón y analista de políticas culturales.

Julio EmbidJulio Embid. Subdirector del Laboratorio de Alternativas. Licenciado en Ciencias Políticas y en Periodismo por la UCM. DEA por la UCM.

Javier ReyJavier Rey. Doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Cardiología. Secretario de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida.

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