DANIEL LEGUINA (*)

 

1379705485_755407_1379705593_noticia_normalBrigadistas luchan contra un incendio en A Coruña. / ÓSCAR CORRAL

 

El cambio climático no provoca más incendios, pero sí hace que sean más virulentos. La subida de las temperaturas seca vegetación y suelo, aumentando la aridez, lo que facilita las condiciones para el fuego. Galicia ha ardido por los cuatro costados a mediados de octubre, cuando las lluvias debían haber hecho acto de presencia hacía semanas. Cuatro personas han muerto y se calcula que las llamas han devorado unas 35.500 hectáreas.

Según Greenpeace, 2017 está siendo el tercer peor año del último decenio en España -sólo superado por 2012 y 2009-, con casi 101.000 hectáreas quemadas y 11.600 incendios, de los cuales 22 han tenido dimensiones superiores a 500 hectáreas. Hoy en día, el problema de fondo no son los incendios en general, sino aquellos de alta intensidad y difícilmente controlables, los grandes incendios forestales (GIF) en los que arden más de 500 hectáreas, según afirma la investigadora Lourdes Hernández en el último Informe de Sostenibilidad de la Fundación Alternativas.

Este trabajo también establece que los avanzados dispositivos de extinción actuales no han logrado reducir el número de GIF, claro síntoma del estado de vulnerabilidad de las masas forestales. De media al año se producen 23 GIF. Apenas suponen un 0,12% del total, pero en ellos arde el 37% de la superficie media que se incendia anualmente. Grandes incendios que no solo no disminuyen, sino que además son cada vez más grandes, destructivos e imposibles de apagar por los dispositivos de extinción: en la última década se ha incrementado en un 25% su tamaño y en 2015 fueron un 50% más grandes.

Tampoco se han escapado de las llamas Asturias y Portugal -36 personas fallecieron en el país vecino y en junio murieron 64-, y al otro lado del Atlántico, California ha sufrido los peores incendios desde 2007 con 40 muertos, 100.000 evacuados y 90.000 hectáreas calcinadas. Son datos estremecedores que pueden aumentar en los próximos días por el elevado número de heridos. A principios de año en Nueva Zelanda hubo un muerto y más de 1.000 desplazados. En 2016 le tocó el turno a Australia. Es decir, que lo que está detrás de todo no puede ser sólo una política forestal equivocada: hay un factor agravante que es el cambio climático, y que afecta a todo el planeta.

El calentamiento global dio lugar a un verano más caluroso y con menos lluvias, y lo mismo está ocurriendo con el otoño, con temperaturas más altas de lo normal en octubre, según la Aemet. La sequía continuará de manera alarmante, con los embalses al 37% de su capacidad. Es la tendencia para los próximos años.

La situación es muy preocupante y son muchas las voces que llevan lustros avisando de la tragedia. Los recortes del Gobierno a las partidas presupuestarias de medio ambiente perjudican sobremanera a la adaptación y mitigación de los efectos del cambio climático. Este año, el recorte en el programa de lucha contra la contaminación y el cambio climático ha sido del 45%, pasando su presupuesto de 50,85 a 27,64 millones de euros.

Con menos dinero para el medio ambiente, actuaciones fundamentales como la prevención y gestión de riesgos de sequías e inundaciones que afectan a las cuencas hidrográficas, la mejora del estado de calidad de las aguas y ecosistemas, la conservación y protección del patrimonio de medioambiental, o la gestión de los residuos están juego.

Recortes en enseñanza medioambiental

En un reciente informe de la Fundación Alternativas titulado ‘Educación para la Sostenibilidad en España. Reflexiones y propuestas’, se advierte sobre los recortes en enseñanza medioambiental, que “han hecho desaparecer unidades de sostenibilidad” en las universidades españolas, “principalmente en actividades de sensibilización y educación ambiental”.

El trabajo aclara también que “el cambio social hacia la sostenibilidad sólo será posible si se produce un cambio en la priorización de las políticas que se aplican por parte de los dirigentes, políticos y gestores actuales. No podemos esperar a que las nuevas generaciones lleguen a tomar el poder de las decisiones. La mayoría de los problemas necesitan soluciones inmediatas”.

La causa principal de calentamiento del planeta son los gases de efecto invernadero, provocados por la actividad humana. Según el libro ‘Temperaturas extremas y salud. Cómo nos afectan las olas de calor y frío’, de Cristina Linares, Rocío Carmona, Cristina Ortiz y Julio Díaz, “unas 250.000 personas morirán al año entre 2030 y 2050 como consecuencia del aumento de los efectos de las enfermedades, las alergias, el incremento de los contaminantes atmosféricos, las inundaciones o sequías que provocarán escasez de alimentos, y los desplazamientos de la población más vulnerable”.

Esta obra indica asimismo que los mayores de 65 años es la “población de mayor riesgo” a las olas de calor y frío. Las causas de mortalidad asociadas al calor son el “agravamiento de patologías circulatorias y respiratorias previamente existentes; mientras que para el frío son los procesos infecciosos relacionados con las bajas temperaturas. La mortalidad asociada al calor en España puede llegar a ser, en el año 2100, hasta 12 veces la actual”.

La Agencia Europea del Medio Ambiente avisa sobre la degradación de los ecosistemas naturales debido a la contaminación. La deposición atmosférica de azufre y nitrógeno tiene efectos acidificantes en los suelos y aguas dulces, que afectan a la biodiversidad. En España, la polución causará eutrofización, con mares llenos de algas y medusas que ahuyentarán al turismo.

Las políticas ambientales requieren acción y cooperación a nivel mundial, europeo, nacional y local, y deben alcanzar a todos los sectores económicos y comprometer a la población. Son necesarias soluciones rápidas a un problema muy grave que afecta a todos y para el que cada vez hay menos tiempo.

 

(*) Daniel Leguina es responsable de Comunicación de la Fundación Alternativas

El galimatías de la mediación

Por: | 18 de octubre de 2017

PALOMA ROMÁN MARUGÁN (*)

 

Rajoy-PuigdemontMariano Rajoy, presidente del Gobierno, y Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat.

 

Estamos inmersos en un proceso convulso y desconocido hasta ahora en la política española desde que se transitó a la democracia. Esta situación política agitada está inundando toda la esfera pública; desde los habituales actores como las instituciones, los partidos políticos o los medios de comunicación, hasta la calle en todas sus dimensiones, desde las manifestaciones convocadas por organizaciones cívicas, a las espontaneas tras un anuncio en las redes sociales, hasta las charlas en bares o reuniones familiares. No en vano, incluso hemos visto cómo han salido a la luz recomendaciones frente a las alteraciones de ánimo y de ansiedad por parte de algunos ciudadanos, a los que se recomienda, por ejemplo, que no se expongan más de dos veces al día al manantial incesante de información.

La gente está preocupada, en mayor o menor medida, y más o menos cerca geográficamente de Cataluña, pero esta es una realidad innegable. Los políticos están inmersos en sus estrategias de luces y sombras, pero el asunto ha traspasado la frontera de los gobiernos y de los partidos; se ha socializado, incluso hasta el hartazgo.

Antes del referéndum del día 1 de octubre, los escenarios se han caracterizado por los comportamientos predecibles en el sentido de que todos -unos y otros- los actores actuaban de forma paralela siguiendo su propio guion, conocido y sin novedades, en modo escalada del conflicto.

Después de los acontecimientos de ese día, apareció una variante en uno de los discursos, era la mediación. Aunque se puede entender que hay entre los ciudadanos una idea somera sobre de qué se está hablando, lo más sorprendente del asunto es la cantidad de cosas que se han querido identificar con esta palabra. Cuando el término salta a la palestra, parece que pudiese encontrar un punto de encuentro entre ambas partes, pero esta sospecha se desvanece rápido. Seguimos con dos monólogos en paralelo.

Como se quiera que en esta cuestión ya todo el mundo toma parte, o partido -hasta la ‘equidistancia’ es un lugar de posición-, aún aparecen más ‘visiones’ de la mediación. En definitiva, un galimatías que poco ha servido para potenciar o, mejor dicho, para aclarar la posibilidad que abre una metodología como la mediadora.

Las formas alternativas de resolución de conflictos suponen un campo fructífero en la ambición de deshacer los nudos que atenazan las relaciones humanas de todo tipo. Frente a la idea consolidada del conflicto como algo penoso y generador de tensión, aquella línea de trabajo perfila un concepto de conflicto que si bien inevitable, también pudiera verse como una oportunidad; no sólo para rebajar tensiones sino también para encontrar salidas, y preservar una relación en principio dañada pero salvada para un futuro más cooperativo de lo que ha sido el pasado y el presente.

Encontrar salida -que no solución, en cuanto a los que significaría una erradicación total del problema- a los conflictos de forma provechosa para conquistar ese futuro, depende evidentemente del diálogo, de la capacidad de escucharse mutuamente y trabajar sobre los puntos que se tienen en común para ir generando un tejido de confianza que facilite ir deshaciendo más tarde las discrepancias, y ser capaces de llegar a un acuerdo. A veces este ejercicio se puede llevar a cabo a través de la negociación. Otras veces, ya la situación ha subido de tono y ya es preciso, incluso para sentarse alrededor de la misma mesa, que aparezca un facilitador, un tercero imparcial que ayude en el proceso; ahí surge la figura del mediador. Se trata de un proceso voluntario a tres bandas: las partes y el mediador. Requiere asimismo confidencialidad, es flexible y se ancla en que los términos del acuerdo salgan de las propias partes. El mediador es por tanto alguien que ayuda a que eso se produzca, es un conductor del proceso.

No estoy describiendo algo simple, sino laborioso, pero esas son las coordenadas de partida. Pero a lo que se asiste es a una ceremonia de confusión, fundamentalmente en su camino inicial, es decir en llegar a la conclusión de que se quiere adoptar ese método. Así, cada cual habla de mediación según su leal saber y entender. Y por ello se empiezan a poner condiciones previas, ‘líneas rojas’, y cualquier obstáculo que se le ocurra dependiendo de qué, que acaba por hacer imposible no sólo la mediación, sino también el más mínimo acercamiento a su exploración.

Intereses distintos

En estas circunstancias el tercero (o los terceros) que pudiera serlo se ve de todo menos imparcial, bien porque ayuda más a unos, o bien porque perjudica más a otros. Lo que para unos es previamente obligatorio para otros no lo es; podríamos seguir por esa línea de argumentación, pero no haríamos más que repetirnos. Lo que se esconde detrás de esas posiciones son los distintos intereses, y pasar de aquellas a estos es uno de los ejercicios básicos que se le piden a un buen mediador, claro está si se puede en algún momento iniciar un proceso en condiciones. Y con la experiencia, se sabe que si no se sale de las posiciones no se llega a lugar alguno.

En definitiva, esto lo que pone de manifiesto es que seguimos enredados en las palabras para no avanzar en los procesos; en este momento se habría de explorar cuánto de voluntad hay y cuánto de desconocimiento; cuánto de estrategias entrelazadas entre ganar tiempo y/o rendir al adversario.

Esta maraña descrita recuerda bastante a lo que ocurrió durante el año 2016, entre las elecciones de diciembre del año anterior y las de junio de ese mismo año. Las dificultades que se encontraron para formar gobiernos sin mayoría absoluta demostraron que tampoco se entendía bien, y no se tenía experiencia de lo que significaba ‘negociar’ para componer un ejecutivo.

Y toda esta reflexión resulta aún más chocante, aunque comprendamos lo que pasa, si tenemos en cuenta las dos formas alternativas de resolución de conflictos citadas: negociación y mediación son las herramientas básicas de la política. ¿Será, como se dice a menudo que en todo este conflicto ha estado ausente la política? Sólo ha habido apariencia de tal.

 

(*) Paloma Román Marugán es profesora de Ciencia Política en la Universidad Complutense

RTVE, CCRTV: Dos caras simétricas y deformadas del conflicto

Por: | 16 de octubre de 2017

ENRIQUE BUSTAMANTE (*)

 

1506953757_894756_1506954846_noticia_normal_recorte1Protesta en Torrespaña por la cobertura del referéndum catalán. @GALLEGO_MARGA

 

Desde numerosas asociaciones y entidades se ha denunciado estas últimas semanas la manipulación sistemática de RTVE al servicio de la perspectiva gubernamental en el conflicto catalán, y su silenciamiento de todas las otras voces en presencia. Pese a que estas críticas han sido sostenidas también internamente por muchos de sus profesionales, han sido respondidas por sus directivos despectivamente, incluso en sede parlamentaria.

Desde muchos medios de comunicación se ha resaltado asimismo la visión militante de la Corporación Catalana de Radio y Televisión por la causa separatista, sin que las posiciones contrarias hayan recibido más que ataques o apelativos negativos. Pese a la irrupción de esta visión ‘pedagógica’ incluso en programas infantiles, los directivos de TV-3 han despreciado estas críticas. En ambos casos, los gestores del servicio público se reclaman abiertamente de su obediencia gubernamental, incluso cuando son reprobados por el parlamento.

La simetría de origen en 2012 de ambas situaciones es todavía más llamativa: en Cataluña, Convergencia i Unió gozó del apoyo de los votos parlamentarios del PP para conseguir la regresión de la regulación catalana en el nombramiento de los directivos y consejeros de la CCRTV, pasando de los dos tercios a la mayoría absoluta en segunda instancia (Ley catalana 2/2012 de 22 de Febrero. DOGC 27-2). En Madrid, el Gobierno del PP consiguió un retroceso democrático similar gracias al apoyo de CIU, para designar a dedo a los gestores y consejeros de RTVE sin ninguna negociación con la oposición (Real Decreto Ley 15/2012 de 20 de abril).

Ni el PP ni el PdCat, heredero de CIU, han pedido perdón estos últimos meses por esta deformación mutua y solidaria del servicio público que ha echado abundante gasolina al fuego en ambos campos. Para más similitud, el Consell Audiovisual de Catalunya, dominado también por el Govern, ha obviado toda condena a la manipulación de TV-3 o de Catalunya Radio, mientras que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia ni siquiera se ha planteado el problema en RTVE.

Caída de las audiencias

En los cinco años transcurridos, ambas radiotelevisiones públicas han caído en picado en sus audiencias, dañando profundamente el peso social del servicio público en la sociedad española y catalana. TVE-1 por ejemplo ha perdido un cincuenta por ciento de su tasa de share, mientras que TV-3 ha perdido 4 puntos y ve su liderazgo relativo amenazado también por las cadenas privadas, aunque en su deriva independentista de septiembre haya conseguido recuperar una parte.

Ahora, después de numerosas batallas, la oposición en el Congreso ha conseguido aprobar una ley (5/2017 de 29 de septiembre) que promete hacer regresar a RTVE al pluralismo, mientras que en Cataluña, ERC y la CUP parecen sentirse cómodos con una visión unidimensional del mundo, sin que la oposición haya conseguido revertir la contrarreforma.

En fin, en ambos ámbitos, el problema no es sólo de pluralismo partidista, sino también de la escasa diversidad de valores de sociedad, del extravío de sus misiones de servicio público. Por casualidad, en estos años ambas entidades estatales han hundido sus inversiones y su labor de promoción de la producción audiovisual independiente y de la cultura en general.

Desde esta perspectiva, dos caras simétricamente deformadas de nuestra sociedad se alimentan también mutuamente. La equidistancia se impone en ocasiones.

 

(*) Enrique Bustamante es catedrático de Comunicación Audiovisual de la UCM

Efectos de la repetición de curso y alternativas

Por: | 04 de octubre de 2017

ÁLVARO CHOI (*)

 

1359484305_215082_1359489712_noticia_normalImagen de un instituto de Barcelona. / Joan Sánchez

 

A pesar de las limitaciones establecidas por su marco normativo, España sigue siendo uno de los países de la OCDE con mayores tasas de repetición de curso. En el año 2015, el 12,7% de los alumnos de Primaria y el 26,3% de los de ESO habían repetido al menos un curso. Se identifica a su vez una elevada heterogeneidad de situaciones entre CCAA: mientras que las tasas de repetición en ESO en siete CCAA —sin contar las ciudades autónomas— superan el 30%, Cataluña, País Vasco y Navarra se sitúan por debajo del 20%. Estas cifras se encuentran alejadas, en todo caso, del 5,7% de los países de la OCDE (valor promedio).

Porcentaje de alumnos que han repetido curso en Educación Primaria y Educación Secundaria obligatoria, por comunidades  autónomas y media OCDE. Año 2015.

Tabla Post Choi

 

Fuente: Elaboración propia a partir de OCDE (2016): PISA 2015 Results. Policies and Practices for Successful Schools. Volume II, Paris, OCDE.

La utilización de la medida de la repetición de curso, cuyo objetivo es la nivelación del rendimiento académico de los alumnos, se fundamenta en la concesión de un mayor tiempo de maduración al alumno, el estímulo de la cultura del esfuerzo y la tradición y creencias sociales acerca de sus efectos. La evidencia empírica existente demuestra, no obstante, que los efectos negativos de la repetición de curso superan a los positivos, siendo el efecto final de la política el contrario al inicialmente buscado.

La mayor parte de estudios, tanto a nivel nacional como internacional, concluyen que la repetición de curso no solamente es inefectiva para mejorar el rendimiento de los alumnos, sino que es perjudicial. Los repetidores tienen también un mayor riesgo de abandono escolar prematuro, cuestión muy relevante para el caso español, donde la tasa de abandono se sitúa en niveles muy elevados (19% en 2016). Además, vale la pena destacar el efecto acumulativo asociado a repetir más de un curso.

Dichos estudios también subrayan que el efecto de la repetición es heterogéneo. La aplicación de esta medida no se distribuye de forma homogénea entre subgrupos poblacionales y sus efectos también varían dependiendo de las características del alumno. Así, repetir curso resulta más perjudicial (a) en los años iniciales de educación primaria, (b) para los alumnos de minorías étnicas y (c) para los alumnos provenientes de hogares con un reducido nivel socioeconómico. Se trata, por tanto, de una medida inefectiva y que perjudica la igualdad de oportunidades educativas. Adicionalmente, cabe señalar que tiene un elevado coste económico.

Conviene replantear la utilización de la repetición de curso y considerar su sustitución por otras medidas más coste-efectivas y ya implementadas en otros países. Estas medidas pivotan sobre dos principios: (1) individualización del tratamiento y (2) detección e intervención temprana. Entre las posibles alternativas se encuentran: (a) los programas individualizados de refuerzo, (b) la flexibilización/individualización del currículo, (c) la reforma del sistema de promoción y (d) el establecimiento de mecanismos de detección precoz de alumnos con problemas de aprendizaje.

 

* Álvaro Choi es profesor agregado en el Departamento de Economía de la Universidad de Barcelona e investigador del Instituto de Economía de Barcelona y del Grupo Interdisciplinar de Políticas Educativas (GIPE). Sus áreas de especialización son la economía de la educación, la economía pública y la evaluación de políticas públicas.

 PARA MÁS INFORMACIÓN VÉASE EL DOCUMENTO COMPLETO EN:

http://www.fundacionalternativas.org/laboratorio/documentos/zoom-social/efectos-de-la-repeticion-de-curso-y-alternativas

De la derrota catalana del 11-S a la derrota de todos del 20-S

Por: | 27 de septiembre de 2017

JOSÉ MARÍA PÉREZ MEDINA (*)

 

1495474896_743776_1496999602_noticia_normal_recorte1Puigdemont anuncia la fecha y la pregunta del referéndum. / Lluis Gené (AFP)

 

La vuelta a las actividad política de septiembre no ha podido ser más preocupante y, debemos reconocerlo, decepcionante. Como los peores estudiantes que acuden a la repesca de septiembre, los actores políticos españoles no parecen haberse esforzado lo suficiente y se ven abocados a deambular durante todo el curso con una asignatura pendiente. Y es una asignatura básica porque se refiere a una cuestión clave: la relación entre nación y Estado y la aceptación o no del sistema político estatal por parte de los ciudadanos. O, para ser exactos, de una parte significativa de la ciudadanía, muy probablemente de algo más de dos millones de ciudadanos en edad de participar en la actividad política.

Desde el día 6 de septiembre vivimos instalados en un sobresalto continuo, en una crónica narrada minuto a minuto que reafirma las propias creencias y por tanto eleva la tensión. Todo esto alimentado por una opinión pública patriótica que se ha sumado con tanta alegría como escaso espíritu analítico al objetivo de la victoria total y de silenciar al que no piensa igual. Y todo ello sin perder de vista algunos episodios cercanos a la caricatura y al esperpento que han encontrado en los memes difundidos por Whatsapp el mismo sarcasmo que en el pasado describió Valle Inclán. Una semana muy inquietante para el futuro de la unidad de España y un día para el triste recuerdo: el 20 de septiembre. Día de registros, detenciones, manifestaciones masivas y, muy destacable, el día en que las obligaciones de las fuerzas de seguridad estatal y autonómicas resultaron no ser coincidentes.

A estas alturas creemos que solo el análisis reposado y la reflexión compartida pueden ayudar a buscar puntos de encuentro y coincidencia. Y para ello, llamamos la atención sobre siete ideas convertidas en sendos argumentos y utilizadas con tanto desatino.

El mito de la nación compacta y unánime. A estas alturas sorprende la fe ciega en la nación como unidad social, de pensamiento, de acción y de aspiración. La realidad  social actual es mucho más compleja y, quizás, confusa. En el siglo XIX la nación húngara era la nobleza húngara. La nación polaca era la población católica polaca. La nación irlandesa eran los irlandeses católicos a los que se les negaban los derechos de los que sí disfrutaban los protestantes. Pero la estratificación social actual es mucho más compleja. No es seguro que la voluntad independentista en Cataluña sea mayoritaria. Los porcentajes de voto en el Barcelonés, Baix Llobregat, Valles Occidental, Valles Oriental, Garraf, el Maresme o el Tarragonés ponen muy en duda este cálculo. Además, los recuentos de 2014, 2015 o de las elecciones generales de 2016 insisten en que no. La opinión publica española, por su parte, esta obligada a preguntarse qué son las nacionalidades, que parecen preexistentes, a las que se alude en el Artículo 1 de la Constitución y que tenemos que hacer compatibles con la unidad de la nación española.

El prestigio del Estado, la firmeza de las instituciones, el cumplimiento de los compromisos. La palabra clave de la semana ha sido firmeza. Se ha levantado la voz todo lo necesario para que a los propios no les asaltaran las dudas y para que los ajenos percibieran todo el temor posible. Firmeza, determinación, voluntad inquebrantable. Con ello se ha dibujado un escenario que separa a buenos y malos, demócratas y autoritarios, pero sobre todo a nosotros y ellos. Es la peor noticia del momento. Se puede comprender la determinación de los gobernantes en una situación tan grave y exigente, pero en ninguna declaración pública se ha apreciado ninguna palabra de afecto hacia el otro. Ni voluntad de comprender ni interés de ser comprendidos. Y nos preguntamos por qué nadie ha recordado con el respeto suficiente que Cataluña genera una parte importantísima del PIB español o que, a pesar de todo, los catalanes siguen eligiendo la opción de que son catalanes y españoles cuando se les pregunta por su identidad colectiva.

El sueño del Estado independiente próspero, seguro y justo. Cualquier historiador sabe que todo Estado busca legitimar su poder con la instauración de un sistema jurídico propio. Lógicamente este sistema busca perpetuarse y es evidente que no puede ni quiere reconocer el derecho a la secesión. Reconocer esta posibilidad y el derecho a ejercerla iría en contra del objetivo y del plan del Estado que, desde luego, aspira a la continuidad y a la permanencia. Sin embargo, la comprensión de esta realidad y del carácter histórico de la forma Estado debiera servir para relativizar la trascendencia del Estado y sus poderes mágicos. Al igual que en Escocia, en Cataluña se ha extendido la idea, nunca demostrada, de que la independencia traerá consigo de forma automática una mejora de las condiciones de vida. Esa fe en la capacidad de un Estado resulta, además, aun más sorprendente en una ciudad que aún no es capaz de poner límite a las llegadas masivas de turistas y que acaba de conocer las debilidades del poder en un acontecimiento tan trágico como los atentados del 17 de agosto.

El recurso abusivo a la Libertad, la Democracia y al Estado de Derecho. En los argumentarios políticos estas tres expresiones aparecen con una frecuencia que se hace agobiante. Incluso con frecuencia se agolpan anteponiéndose una a la otra o formando un bucle que resulta incomprensible para el oyente. Hay quien piensa que la democracia supone asumir el derecho a decidir, dando por obvio que luego se dotará de su propia legalidad. Otros piensan que el desarrollo de los derechos democráticos se debe enmarcar en la legalidad, lo que de hecho supone una limitación de la democracia. Parece que hemos olvidado que la democracia atribuye el gobierno a la mayoría, pero salvaguardando los derechos de la minoría. Los debates en el Parlament sobre las dos leyes lo evidenciaron claramente.

Las diferentes ideas sobre la nación y el derecho a decidir. Una de las aportaciones mas novedosas de la Revolución francesa fue la creación de un concepto nuevo que sirve para englobar a la totalidad de la población y al que se otorga el poder político único y completo, la nación. Esta concepción en sí misma excluye la posibilidad de sujetos colectivos diferentes y petrifica los vínculos entre Nación y Estado, algo que reaparece constantemente en todas las constituciones españolas desde Cádiz y que se reproduce con algunas variantes en 1978. Sin embargo, el romanticismo del siglo XIX acuñó un concepto diferente, de la mano de Fichte y sobre todo en torno al concepto de lengua, y es éste el usado por el nacionalismo catalán desde hace mas de 130 años. Para armonizar ambos conceptos, la Constitución apuntó a que la nación española estaba formada por nacionalidades y regiones, pero esta solución no ha sido asumida y no se ha incorporado a los hábitos de funcionamiento del modelo autonómico, dando lugar a discrepancias interpretativas que confunden a la opinión pública, resaltando incompatibilidades sin hacer nada por asumir la pluralidad cultural española.

El uso de los instrumentos coercitivos del Estado. El poder del Estado se basa desde el siglo XV en su monopolio del uso del poder coactivo. Primero para neutralizar al poder feudal y más recientemente para garantizar el disfrute de las libertades mediante el uso de los mecanismos propios del Estado de Derecho. Esta lógica histórica se corresponde con su voluntad de permanencia y continuidad. Y, por ello, no puede sorprender el uso de los instrumentos de que dispone para salvaguardar su integridad. Hay quien se refiera a esta actitud como represora, pero es la única conocida en la historia del Estado y son escasísimos los ejemplos de Estados que han aceptado pacíficamente una mutilación. La peculiaridad es que los pasos dados por el Parlament van justamente en la dirección de crear un Estado según el modelo descrito, que es precisamente el propio del Estado español.

Una desconexión mental acelerada. Una buena parte de la opinión pública localizada en Madrid insiste en achacar a la escuela pública transferida el crecimiento del nacionalismo catalán. Una idea simple pero que no resiste un análisis riguroso, pero que parece emitirse para abonar una futura rebaja en la descentralización. Los presentes en la Diada de 1977 o en el recibimiento a Tarradellas ese mismo año, incluso más numerosos que los participantes en la reciente conmemoración del 11 S, se formaron en escuelas franquistas, al igual que los votantes que dieron el triunfo a CiU en las elecciones de 1980. Los ciudadanos bálticos que formaron una cadena humana para desgajarse de la URSS venían de escuelas soviéticas. El nacionalismo catalán ya ha cumplido 130 años. Sí es cierto, sin embargo, que los espacios políticos y sociales compartidos son cada vez menos frecuentes, medios de comunicación diferentes, sistema de partidos diferentes, leyes con objetivos y contenidos alejados ideológicamente, diferentes prioridades y preocupaciones, asociacionismo diferente, universidades que se dan la espalda, insuficientes contactos sociales, etc. Toda una serie de pistas que ponen de relieve agendas diferenciadas y, seguramente, diferentes concepciones del Estado y de las relaciones entre poder político y sociedad.

Hemos intentado apuntar algunas ideas para la reflexión, alejándonos del rifirrafe diario, de la crónica periodística y de los apasionados comentarios del día a día. Y ello porque los acontecimientos de esta semana recuerdan demasiado los hechos de 1934. Las imágenes del miércoles 20 de septiembre son la prueba gráfica de una derrota compartida. La herida es seria. La recomposición del pacto territorial de 1978 parece que requerirá de un avezado cirujano y de fino instrumental. Mientras tanto, la jornada del día 20 marcará la relación entre España y Cataluña. O sea, la relación entre dos conceptos de España. A la espera del momento, la inmediatez en la transmisión de las noticias y de las imágenes que nos distribuyen los nuevos medios disponibles multiplican la desconfianza y el recelo. Y además, estas imágenes nos enseñaron una fractura política que hoy parece imposible de superar. Dos imaginaciones nacionales diferentes y dos concepciones diferentes del Estado.

El 1-O probablemente dejará pocos votos en urnas de cartón o de cristal, pero sin duda dejará desafecto, dignidad herida y alejamiento mental. 

 

(*) José María Pérez Medina es funcionario del Estado, politólogo e historiador

Alternativas

Sobre el blog

Crisis de la política, la economía, la sociedad y la cultura. Hacen falta alternativas de progreso para superarla. Desde el encuentro y la reflexión en España y en Europa. Para interpretar la realidad y transformarla. Ese es el objetivo de la Fundación Alternativas, desde su independencia, y de este blog que nace en su XV Aniversario.

Sobre los autores

Nicolás SartoriusNicolás Sartorius. Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Alternativas (FA), abogado y periodista, ha sido diputado al Congreso.

Carlos CarneroCarlos Carnero. Director Gerente de FA, ha sido Embajador de España en Misión Especial para Proyectos en el Marco de la Integración Europea y eurodiputado.

Vicente PalacioVicente Palacio. Director del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas, Doctor en Filosofía, Visiting Fellow y Visiting Researcher en Harvard.

Sandra LeónSandra León. Profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de York (Reino Unido) y responsable de la colección Zoom Político de la Fundación Alternativas.

Carlos MaravallCarlos Maravall. Doctor en Macroeconomía y Finanzas Internacionales por la Universidad de Nueva York. Ha trabajado como asesor en Presidencia del Gobierno en temas financieros.

Erika RodriguezErika Rodriguez Pinzón. Doctora en relaciones internacionales por la Universidad Autónoma de Madrid y coordinadora de América Latina en la Fundación Alternativas.

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Jose Luis EscarioJose Luis Escario. Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid y Master de Derecho Internacional y Comunitario por la Universidad de Lovaina. Coordinador del Área Unión Europea de FA.

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Enrique BustamanteEnrique Bustamante. Catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad en la UCM. Es un experto de la economía y sociología de la televisión y de las industrias culturales en España.

Alfons MartinellAlfons Martinell. Director de la Cátedra Unesco en la Universidad de Girona y profesor titular en esa misma institución. Codirige el Laboratorio Iberoamericano de Investigación e Innovación en Cultura y Desarrollo.

Carles ManeraCarles Manera. Catedrático de Historia e Instituciones Económicas en la Universitat de les Illes Balears. Es Premio Catalunya de Economía (Societat Catalana d’Economia, 2003).

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José María Pérez MedinaJosé María Pérez Medina. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología y en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Funcionario del Estado. Ha sido Asesor en el Gabinete del Presidente del Gobierno entre 2008 y 2011.

José Antonio NogueraJosé Antonio Noguera. Profesor Titular de Sociología en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y director del grupo de investigación GSADI (Grupo de Sociología Analítica y Diseño Institucional).

Antonio QueroAntonio Quero. Experto en instrumentos financieros de la Comisión Europea y coordinador de Factoría Democrática. Es autor de "La reforma progresista del sistema financiero" (Ed. Catarata).

Paloma Román MarugánPaloma Román Marugán. Profesora de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid. Autora y coordinadora de distintos libros, artículos en revistas especializadas, artículos divulgativos y artículos de prensa.

Jesús Prieto de PedroJesús Prieto de Pedro. Doctor en Derecho, Catedrático de Derecho Administrativo en la UNED y titular de la Cátedra Andrés Bello de Derechos Culturales.

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