Por una nueva política económica

Por: | 22 de octubre de 2014

UnknownCARLES MANERA

Los ejes básicos de Política Económica para España deberían contemplar los siguientes aspectos, que se anotan sin ánimo de exhaustividad:

a)     La necesidad de una contrareforma fiscal a la de Montoro, que impulse todo un paquete de medidas de carácter progresivo y que se centre de manera exclusiva en la presión sobre la tributación indirecta. Impuestos sobre patrimonio, activos bancarios, IRPF en sus tramos superiores, introducción de tributación ecológica (tasa de pernoctaciones en el ámbito turístico, por ejemplo) serían elementos a considerar.

b)    Contrareforma laboral, que supone, estrictamente, la derogación de la reforma laboral del PP.

c)     Debería garantizarse, por la vía constitucional, la preservación de los resortes básicos del Estado del Bienestar con unos indicadores esenciales que los sitúen en las medias comunitarias.

d)    Orientación hacia la génesis de una Banca Pública, teniendo en cuenta el cúmulo de recursos que se han destinado a la banca privada para salvar sus activos y pasivos.

e)     Trabajar de forma intensa con socios comunitarios y con la Comisión Europea en unas direcciones básicas:

  • Repensar el cómputo de determinadas partidas en la conformación de los déficits públicos: por ejemplo, las asignaciones a I+D+i no debieran ser tenidas en cuenta en tal aspecto.
  • El cómputo de intereses de la deuda pública y del capital que se ha dejado al sistema financiero debería igualmente ser retirado en los cálculos del déficit. Creación de un fondo para que la banca devuelva en 30 años los capitales dejados por la administración –que parecen incobrables ahora mismo–, y que eso salga –porque puede hacerse– de los beneficios que están generándose en el sistema financiero.
  • Presentar propuestas para que uno de los objetivos del BCE sea, también, la generación de ocupación y de crecimiento económico. Cambiar los Estatutos de esa institución debiera ser un objetivo económico de primera magnitud en el ámbito comunitario, con la presión conjunto de socios políticos.

f)     Apuntalar el Estado del Bienestar con la generación de nuevos ingresos derivados de a). Esto supone reasignar partidas de otros Ministerios (Defensa, por ejemplo) para afianzar recursos hacia las comunidades autónomas, con destinaciones claramente finalistas, que debieran ser sancionadas y aprobadas en el Consejo de Política Fiscal y Financiera.

g)    Desarrollar la Ley de Sostenibilidad, de la época del presidente ZP, que fue escasamente desplegada por impacto de la Gran Recesión. Preocupación política y presupuestaria por las energías renovables.

h)    Recuperar infraestructuras educativas e inversiones en I+D+i: los procesos de formación, en todos sus estratos, son determinantes para la consecución, en el futuro, de un nuevo modelo de crecimiento (ver reciente Informe de COTEC).

i)      Ley de transparencia de la financiación de partidos, sindicatos y otros agentes económicos y sociales, entendidos como pilares básicos del Estado democrático.

 

Carles Manera es catedrático de Historia Económica de las Islas Baleares y exconsejero de Economía en el Gobierno Balear.

España, una vez más en el Consejo de Seguridad

Por: | 20 de octubre de 2014

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España ante su quinta participación en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas
El 1 de enero de 2015 España integrará por quinta vez en su historia el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el órgano de las Naciones Unidas encargado de velar por la paz y la seguridad mundial, durante dos años, Desde 1969, nuestro país es elegido miembro no permanente rotatorio del Consejo de Seguridad con una cadencia de más o menos once años. Así ha sido en 1969-1970, 1981-1982, 1993-1994 y 2003-2004. Como era previsible, España se sentará, una vez más, en el Consejo de Seguridad, durante el bienio 2015-2016, once años después de la anterior ocasión. En esta ocasión, la elección ha sido más difícil e incierta que en ocasiones anteriores y han hecho falta tres votaciones consecutivas para conseguir el puesto. Junto a España entran en la rotación bianual otros cuatro nuevos no permanentes elegidos en la misma votación que nuestro país pero en primera ronda de voto todos ellos: Nueva Zelanda, Venezuela, Angola y Malasia. Todos ellos, incluida España, responden a unos estrictos bloques regionales dentro de los cuales se eligen a los nuevos miembros rotatorios del Consejo. España y los otros cuatro nuevos no permanentes se unen a Chile, Jordania, Chad, Nigeria y Lituania que junto a los cinco miembros permanentes: Estados Unidos, Rusia, Francia, Reino Unido y China conforman los quince miembros del órgano. La diferencia entre los miembros no permanentes, como es el caso de España, y los permanentes, además de que estos últimos no son elegidos y permanecen, como su nombre indica, en el seno del Consejo siempre, es el derecho de veto, que impide que se adopte una decisión determinada si votan en contra. Para sacar adelante una decisión en el seno del Consejo de Seguridad se necesitan 9 votos de los 15 miembros pero basta la oposición de un solo voto de alguno de los miembros permanentes para que la decisión no se adopte. Por tanto, el papel de los miembros no permanentes es relativo y secundario en la toma de decisiones del Consejo. La verdadera dirección y el auténtico poder decisorio se concentra en los cinco miembros permanentes. No obstante, eso no quiere decir que los miembros no permanentes sean meros espectadores o comparsas. Tienen que posicionarse y decantar su voto ante los asuntos que se plantean ante el Consejo.

¿Qué le espera a España en el Consejo de Seguridad?
En el bienio que arranca el 1 de enero próximo no van a faltar los asuntos complejos y sobre los que España tendrá que definirse claramente con el sentido de su voto. El Estado islámico, la epidemia del Ébola, Siria, Irán, Ucrania, Palestina y la reforma del propio Consejo de Seguridad estarán, sin duda ninguna, encima de la mesa del Consejo durante la permanencia de España en él y nuestro país tendrá que decantarse sobre ellos. Prácticamente todos ellos son temas en los que, hasta ahora, hemos carecido de posición nítida y en muchos de ellos ni siquiera hemos estado presentes en las reuniones internacionales y en los grupos y organismos que se encargaban de gestionar esas crisis. Ese será el primer gran efecto de nuestra presencia en el Consejo. El gobierno tendrá que posicionarse en muchos temas en los que hasta ahora hemos estado ausentes, sin participar en las reuniones internacionales sobre ellos y sin tener posición alguna al respecto. Esto ya no será posible. España tendrá necesariamente que participar en los debates que se planteen y, finalmente, votar a favor o en contra de las decisiones que se quieran adoptar. Porque el Consejo de Seguridad se puede reunir en cualquier momento, en especial cuando considera que hay situaciones que suponen una amenaza para la paz y la seguridad mundial y puede emitir resoluciones que son vinculantes y obligatorias para los 193 estados miembros de la Organización. En esas resoluciones vinculantes, el Consejo de Seguridad adopta una serie de medidas que pueden ir desde solicitar a las partes en conflicto que lleguen a un acuerdo por medios pacíficos hasta imponer sanciones económicas o, en última instancia, autorizar el uso de la fuerza para imponer lo acordado en su seno. En estos momentos, Naciones Unidas tiene 16 operaciones de mantenimiento de la paz en el mundo, los llamados “cascos azules”, por decisión del Consejo de Seguridad. Además de los temas que, con toda seguridad, ocuparán el Consejo de Seguridad el próximo bienio, y sobre los que la diplomacia española va a tener que definirse rápidamente, pueden aparecer crisis inesperadas, incluso imprevisibles vistas desde hoy que tocarán a España y a los otros catorce miembros del Consejo dilucidar. La última vez que España fue miembro no permanente del Consejo, se debatió agriamente  sobre la guerra de Irak que apoyó en aquel momento el gobierno de Aznar. Así que, el gobierno actual tiene ante así la complicada tarea de fijarse una política propia, no existente en este momento,  para Ucrania, Siria o el Estado Islámico en apenas dos meses y reaccionar sobre la marcha a las crisis que vayan apareciendo.

La política exterior a largo plazo a prueba
La elección de España al puesto no permanente del Consejo de Seguridad que España acaba de conseguir empezó en 2005. La candidatura fue planteada en aquel año por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Muchas de las bazas que ha jugado el gobierno actual para conseguir sacar adelante la elección provienen de anteriores gobierno. Es el caso de la Alianza de Civilizaciones, tan denostada por el PP cuando estaba en la oposición, o las cifras de cooperación al desarrollo durante el período 2005-2010 o nuestras contribuciones voluntarias a Naciones Unidas. Por tanto, la elección responde a una decisión transversal en el tiempo y en la acción entre gobiernos. Así se ha demostrado también con el apoyo prestado por exministros socialistas y distintos miembros de la oposición a la hora de captar votos para España, como ha reconocido en varias ocasiones el Ministro de Asuntos Exteriores. y por el eficaz trabajo de muchos funcionarios que necesariamente han trabajado para administraciones de distinto signo político. Más significativo aún, los dos años en los que España estará sentada en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se reparten casi de manera exacta entre esta legislatura, el año 2015, y la siguiente, el año 2016. Eso supone que serán dos gobiernos distintos los que se puedan sentarse en la silla de España en este cometido. Por eso, será especialmente importante que el gobierno incorpore las posiciones de la oposición y pacte con el resto de los grupos las diferentes posturas que vaya adoptando nuestro país en el Consejo de Seguridad. Esto tendría la doble virtud de ayudar al gobierno a articular una política exterior de la que carece actualmente y de evitar bandazos en las posiciones de nuestro país cuando cambie la legislatura. Lo peor para España, sería reducir la presencia en el Consejo de Seguridad a un mero elemento de una política de prestigio, que lo importante sea estar y no actuar dentro del Consejo. La entrada en el Consejo de Seguridad sitúa a nuestro país en el centro del escenario mundial. Esto nos concede un buen margen de maniobra para estrechar relaciones bilaterales, contribuir a relanzar las multilaterales y participar en la resolución de las complejas crisis mundiales. Nuestra política exterior debe salir de la atonía de los últimos años y empezar a ocuparse de los problemas mundiales. El reto del gobierno es ser actores y no meros espectadores en el Consejo de Seguridad.

 

* El Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas es un think-tank español, de espíritu marcadamente europeísta, que pretende impulsar la proyección exterior de España en todas sus dimensiones: política, de seguridad, económica y cultural.

Precarios resistentes queriendo ser decentes

Por: | 17 de octubre de 2014

Unknown-1JORGE FERNÁNDEZ LEÓN

Es casi un título de película española cañí de los setenta. Pero cada vez resulta más consistente la idea de que el mercado laboral de la cultura ha sido la vanguardia del modelo de producción neoliberal al que tan sugerentemente hacía referencia Byung-Chul Han. Y las perspectivas, a pesar de la alegre muchachada de la economía creativa como señala Jaron Rowan, son poco favorecedoras para un futuro de empleo decente en el sector.

Un informe recientemente publicado y elaborado el pasado año por el departamento de Actividades Sectoriales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ratifica rotundamente lo ya indicado en otros estudios independientes (es decir no financiados por encargo interesado de partes): El mercado de empleo cultural está formado por cohortes de trabajadores con un alto grado de motivación, alta cualificación profesional, bajos salarios y empleos cada vez más precarios. Y parece predecir con más detalle que ningún otro sector el escenario laboral general que crece en el mundo aparentemente civilizado de hasta ayer.

Las gentes de la cultura somos pioneros sociales sobre los que se prueban perfiles que han de convertirse en socialmente aceptables para la ciudadanía en el corto plazo. Este es el escenario dibujado en el documento, que contradice cualquier atisbo de cambio de las condiciones en las que se desarrolla hoy la tarea de los cientos de miles de profesionales dedicados a la cultura en nuestro país. “¿Marca tendencia el mercado de trabajo de la cultura?”, se pregunta el autor, “a la vista del creciente número de autoempleados y de microemprendedores”. Del trabajo de aprendizaje no pagado o abonado muy por debajo de los precios de mercado al precariado integral, que acepta casi disciplinadamente condiciones éticamente inaceptables de prolongación de tarea y jornadas que avergonzarían a cualquiera que defienda unas condiciones dignas de trabajo en cualquier sector. Del mercado que certifica la discriminación de género y santifica la discontinuidad y deslocalización permanentes como prácticas sanas, aunque todas estas formas de subempleo sean los síntomas evidentes de esa progresiva corrosión del carácter de la que habla R. Sennet. Un trabajo sin perspectivas o previsiones de mejoras salariales, con subempleados resistentes e ingresos que difícilmente permiten siquiera pensar en formar familias o tener un futuro estable a la vista.

La OIT es una institución casi centenaria de la que cada vez oímos hablar menos. Silenciados por la confluencia -nada sorprendente- de los discursos-marcos de la producción desregulada y las narraciones postmilenaristas de las multitudes, los puntos de vista de la única plataforma global de encuentro entre los gobiernos, las organizaciones de las y los trabajadores y las patronales parecen importar poco a nuestros millones de intermitentes, precarios y subempleados. Pero no mucho más interesan, en apariencia, a quienes dicen representar política y socialmente sus voces. Y eso es más preocupante.

Recientemente pregunté a un experto por el motivo de la poca difusión del concepto de trabajo decente, que la OIT viene desarrollando y aplicando desde hace más de quince años en sus documentos de trabajo. Admitía que no era un término que las organizaciones españolas del sector usaran con frecuencia. Ahora que el discurso de las organizaciones internacionales auspiciadas por Naciones Unidas parece confluir en una línea de recomendaciones a favor del trabajo formal y el empleo decente ¿no sería hora de comenzar a debatir en serio estos asuntos entre el sector de la cultura?

Ya sé, es pura retórica.

 

* Jorge Fernández León es director de Programas de la Fundación de Cultura de Gijón y analista de políticas culturales.

 

 

El precariado y las clases sociales

Por: | 15 de octubre de 2014

Images-2JOSÉ SATURNINO MARTÍNEZ GARCÍA y PAU MARÍ-KLOSE 

Hablar de precariado está de moda. Desde que el concepto se haya popularizado de la mano de Guy Standing, ha sido extensamente utilizado en el debate público, y últimamente en la investigación empírica sobre la estructura social británica (en un macroestudio liderado por Mike Savage y Fiona Devine). En España estamos empezando solo a operacionalizarlo empíricamente, aunque el interés por su uso en un terreno tan abonado para la precariedad es más que evidente.

Lo podemos definir como un grupo heterogéneo de personas caracterizadas por sus frágiles vínculos con el mercado laboral: contratos temporales, periodos de paro seguidos por empleos de mala calidad, contratación a tiempo parcial involuntaria, o en situación de paro de larga duración. Se sitúan en la frontera entre la exclusión social y la integración, y con el tiempo muchos de ellos se decantarán en uno u otro sentido, mientras que una parte continuarán con su vida en los márgenes entre ambos mundos. Cuando se habla de este colectivo se insiste en sus características demográficas: jóvenes, mujeres, inmigrantes, mayores de 45 años de sectores profesionales en declive… son los atributos en los que más se insiste. Pero la insistencia en la demografía del colectivo tiende a ocultar sus características socioeconómicas. En el Gráfico 1 se aprecia la probabilidad de ser precario según la condición socioeconómica, una forma elegante con la que el INE se refiere a la clase social. El gráfico es el resultado de una simulación estadística, suponiendo que no hay inmigrantes y que estamos ante el grupo de edad de edad de 31 a 45 años. Apreciamos una clara diferencia de ser precario según clase social, y diferencias de género en algunas de ellas.

En las clases desfavorecidas la probabilidad de ser precario es mayor. Es fácil diferenciar claramente dos grandes bloques: por un lado, empresarios, autónomos, profesionales por cuenta ajena y personal de cualificación media en los servicios, como los administrativos; por otro, están quienes trabajan en servicios no cualificados, los obreros (cualificados o no) y ocupados en el sector agrario. Las mujeres están un poco mejor protegidas frente a la precariedad que los hombres en el segmento de profesionales por cuenta ajena,  posiblemente gracias a que están empleadas en mayor medida que los varones en el sector público. Entre obreros no cualificados, la situación más favorable de las mujeres está relacionada con el hecho de que están menos concentradas en sectores en crisis, vinculados a la construcción, y a que son pocas. Donde hay más mujeres, en los servicios no cualificados, el riesgo de que estén en situación de precariedad es mayor.

Como vemos pues, la insistencia en debatir sobre las características demográficas puede obviar la importancia de la clase social como determinante de las oportunidades vitales. Nos olvidamos que muchas de las personas con esos perfiles demográficos precisamente están en una situación socioeconómica desventajosa. Pero se insiste más en políticas concebidas para un beneficiario definido en función de su perfil demográfico (juventud, género, mayores) que en conseguir mejorar las condiciones de vida de los ocupados cuando su situación es precaria, independientemente de su perfil demográfico. Una forma de pasar sibilinamente por alto que vivimos en una sociedad de clases.

Gráfico 1. Probabilidad de ser precario por clase social y sexo, cuando la única característica que cambia es la condición socioeconómica, controlando la inmigración y el grupo de edad.

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Fuente: Población ocupada o con menos de un año en paro de la Encuesta de Población Activa del INE, II trimestre de 2013.

Nota: En la categoría de precario se incluyen personas en paro, que trabajan a tiempo parcial de forma involuntaria o con contrato temporal (los parados de larga duración están excluidos por falta de información) La probabilidad se interpreta como un cambio en la probabilidad de ser precario con respecto a una persona de características promedio (estimación mediante logit).

*José Saturnino Martínez es profesor de Sociología en la Universidad de la Laguna y Pau Mari-Klose es profesor de Sociología en la Universidad de Zaragoza.

Hong Kong: La revolución de los paraguas

Por: | 13 de octubre de 2014

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PANEL ASIA, FUNDACIÓN ALTERNATIVAS

Desde hace exactamente dos semanas Hong Kong vive momentos excepcionales de tensión política. La frustración de extensos sectores sociales ante la oferta que ha hecho Pekín de una reforma electoral que desvirtúa la esencia del sufragio universal al restringir drásticamente la selección de posibles candidatos a la jefatura del gobierno local para los comicios de 2017 ha desencadenado una oleada de protestas de un alcance y duración imprevistos , y con consecuencias que aún no es posible calibrar. 

La suspensión por el gobierno local de las anunciadas conversaciones con las organizaciones estudiantiles que se han puesto al frente de las protestas no ha servido más que para revitalizarlas y reforzarlas. En el momento de concluir este análisis no es posible prever cual será su desenlace ni hasta qué punto los manifestantes podrán lograr alguno de sus objetivos.

Aunque el drama se desarrolla en Hong Kong la clave de la decisión final sigue encontrándose en Pekín, y el régimen de partido único que controla absolutamente todo el poder en China no se caracteriza precisamente por su flexibilidad ni por su respeto a la disidencia. La salida, por consiguiente, no será fácil, pero lo que sí es seguro es que tras estas protestas Hong Kong habrá cambiado dramáticamente.

Antecedentes
Desde que la antigua colonia británica volvió a la soberanía de China en julio de 1997 el estatuto jurídico, político , económico y social del territorio sigue el principio "un país, dos sistemas" definido por Deng Xiaoping. En virtud del mismo Hong Kong tiene plena autonomía monetaria, financiera, fiscal, judicial, educativa y cultural; los derechos de libre expresión, asociación y manifestación están garantizados; la Administración judicial es independiente y la seguridad corresponde a la policía local. Pekín supervisa discretamente las relaciones exteriores y la defensa.

Pero este régimen de amplia autonomía no tiene verdadero carácter político. Los mecanismos vigentes hasta ahora para la selección del Ejecutivo y la elección del Parlamento local (LEGCO) son semidemocráticos, de modo que Pekín se ha asegurado -al menos hasta ahora - que nadie que carezca de la confianza del PCCh o que no se someta a sus dictados pueda ejercer la jefatura del gobierno. La vigencia de un sistema mixto democrático/corporativo impide a los partidos prodemocráticos alcanzar la mayoría en el LEGCO, aunque les concede una minoría de bloqueo. De este modo el sistema es disfuncional, y frustra las aspiraciones de la mayoría de los hongkoneses de alcanzar la plena democracia.

La Ley Básica (Estatuto) aprobada por Pekín en 1991 prevé que, "cuando las circunstancias lo permitan", tanto el jefe del Ejecutivo como la totalidad del LEGCO puedan ser elegidos por sufragio universal. Una disposición del Parlamento chino (NPC) del año 2007 estableció que el jefe del Ejecutivo sería elegido por sufragio universal desde el año 2017, y que el LEGCO lo sería también a partir de 2020.

El problema surge porque, desde la llegada al poder de Xi Jinping en China, Pekín ha adoptado una actitud mucho más restrictiva respecto a la autonomía de Hong Kong. En junio de este año el gobierno central chino publicó un Libro Blanco que hace una interpretación del principio "un país, dos sistemas", mucho más inclinado al primer elemento que al segundo. Los síntomas de inseguridad del régimen del PCCh y el incremento de las tensiones entre China y sus vecinos asiáticos -a la sombra de una rivalidad creciente con Estados Unidos por la hegemonía regional- pueden haber motivado este endurecimiento. La alarma cundió en Hong Kong, y no hizo más que crecer con la decisión del CNP de 31 de agosto pasado, que desvirtúa totalmente el sufragio universal pasivo al condicionar la selección de candidatos a la jefatura del gobierno local de manera que hace imposible una verdadera alternativa de ofertas políticas.

Los hechos
Como consecuencia de las interpretaciones restrictivas que Pekín ha hecho de la autonomía de Hong Kong, han surgido diversos grupos de orientación prodemocrática y proautonómica que se oponen firmemente al nuevo giro y a la docilidad absoluta de las autoridades locales, cuyo carácter de simples ejecutores de las órdenes de Pekín es cada día más evidente.

 La manifestación anual del 1 de julio -aniversario de la reversión de la soberanía a China- fue este año más multitudinaria que nunca, concentrando a medio millón de personas. El movimiento Occupy Centralque surgió en el mundo académico y de las ONG para defender la democracia y la autonomía, organizó un referéndum, calificado de ilegal por las autoridades locales y centrales, que convocó a más de 800.000 personas.

Tras la publicación del edicto del NPC sobre reforma electoral el 31 de agosto, la indignación se extendió. Fueron los estudiantes los que tomaron la vanguardia del movimiento, con una huelga en la enseñanza secundaria y universitaria entre el 20 y el 26 de septiembre que se saldó con gran exito.

Fue precisamente en la jornada final de la huelga, el 26, cuando se iniciaron las concentraciones  junto a la sede del gobierno. Al dia siguiente el lider de Occupy Central, Benny Tai, anunció el arranque de su movimiento. La agrupación de fuerzas entre estudiantes, Occupy y los sectores más militantes del bloque pan-democrático en el LEGCO impulsaren las protestas.

Y el gobierno hizo el resto con su torpe represión policial, con gases lacrimógenos, en la noche decisiva del 28 de septiembre. Los manifestantes hicieron uso de sus paraguas para defenderse, convirtiendo a este accesorio tan común en símbolo de la protesta.

Eso motivó que miles de ciudadanos que habían estado pasivos hasta entonces acudiesen en masa a apoyar a los manifestantes, cuyo número aumentó, haciéndose espectacular en el puente festivo del 1 y 2 de octubre, irónicamente dedicados a celebrar el aniversario de la República Popular de China.

Aunque a partir del domingo 5 de octubre la afluencia a los lugares de manifestación empezó a declinar, dos nuevas torpezas gubernamentales les han dado nuevo impulso. En primer lugar, el envío de matones de las "tríadas" a atacar violentamente a manifestantes en el barrio de Mongkok; finalmente, el anuncio anteayer jueves de la cancelación de las conversaciones previstas por parte del gobierno local  encendió de nuevo la protesta. El viernes 10 la zona de Admiralty, contigua a los edificios del Gobierno, volvió a llenarse masivamente. 

Y a todo eso se suma la publicación por un periódico australiano de un grave escándalo de corrupción que salpica directamente al impopular jefe del Ejecutivo y dócil secuaz de Pekín, C. Y. Leung.

Los manifestantes y sus apoyos
Aunque parecía que los dirigentes de Occupy Central -un profesor, un sociólogo y un pastor protestante- iban a encabezar las protestas, ese papel ha sido asumido realmente por los líderes del movimiento estudiantil Alex Chow (22 años, universitario) y Joshua Wong (17 años, fundador de Scholarism, enseñanza secundaria). 

Tienen amplio respaldo entre los amplios sectores sociales que defienden más autonomía y democracia -(académicos, profesionales liberales y clases medias, también de quienes luchan contra la desigualdad económica y social de un sistema radicalmente injusto). Un sector minoritario de los medios de comunicación, como el Apple Daily del magnate Jimmy Lai, el único multimillonario significado que apoya las protestas.También les respaldan los 27 diputados del bloque pandemocrático en el LEGCO- sobre un total de 60- y muchas figuras de la cultura y el arte local.

El gobierno local y su entorno 
Por su parte, el impopular gobierno local de C. Y. Leung -cuyo número dos es la más eficaz y discreta Carrie Lam- cuenta con el respaldo absoluto de Pekín, de los grandes sectores del poder económico y financiero -los llamados tycoons-, del bloque oficialista (33 diputados) en el LEGCO, de la mayoría de los medios de comunicación y de un no desdeñable sector de la población, más preocupado por los negocios que por la política. Todo eso conduce a una creciente polarización política y social, que puede tener peligrosas consecuencias para la estabilidad de este importante centro comercial y financiero que es Hong Kong, que ha hecho el papel de puerta de China hacia el mundo y cuyo futuro puede verse muy comprometido. 

La sombra de Pekín
Hong Kong es parte de China
, de la que depende cada vez más en el orden económico - agua, alimentos, energía, comunicaciones, turismo... Es cierto que Hong Kong es también muy importante para China, no solo en términos de operaciones financieras, sino sobre todo de imagen y de proyección mundial. Todos estos elementos son importantes para poder calibrar el difícil equilibrio entre Hong Kong y Pekín.

Para complicarlo aún más el legado de la historia ha creado narrativas identitarias totalmente distintas entre Hong Kong y la China continental. Los hongkoneses recelan de la oleada asimilacionista que impulsa Pekín y que amenaza sus señas de identidad propias. Pekín tiene sin duda la última palabra, pero sus dirigentes deben ser conscientes de que las decisiones que adopten, revisen o confirmen tendrán  consecuencias no sólo para Hong Kong, sino por factor contagio para la propia China, y desde luego para la proyección del país en Asia y en el mundo. De manera particular los taiwaneses -ya de por si desconfiados ante los cantos de sirena de Pekín- observa inquietos (y solidarios) lo que sucede en esta antigua colonia británica.

La sustancia del conflicto
Tal como ya he apuntada la sustancia del doble conflicto en Hong Kong -interno a su propia sociedad y respecto a su relación con el poder imperial pekinés- tiene elementos políticos (democracia o autoritarismo), socioculturales (identidad o asimilación) y socioeconómicos (riqueza-desigualdad). El conflicto actual muestra una sociedad mucho más dividida y tensionada que la que proyectaba la imagen tradicional de un Hong Kong alegre y próspero, que en estas semanas se ha hecho añicos.

Escenarios de salida
Creo que cabe descartar el escenario más catastrofista de un Tiananmen en Hong Kong, que sería nefasto en todos los sentidos, y que arruinaría la política exterior de China, ya muy llena de conflictos y problemas en Asia y en el mundo. 

Tampoco parece verosímil que Pekín haga concesiones sustanciales, más allá de algunos retoques cosméticos, en la cuestión de la reforma electoral. Ni que entregue a los manifestantes la cabeza del impopular C. Y. Leung, aunque ésta acabará seguramente cayendo por el escándalo de corrupción que le afecta, si Pekín actúa en el tiempo adecuado para sus intereses.

Lo más probable es que persista por tiempo indefinido una situación de incertidumbre y de tira y afloja, con conatos de diálogo y tentativas de amedrentamiento, que tendrá  como consecuencia ahondar en la polarización política y social. La táctica de intentar vencer a los manifestantes por cansancio no está funcionando, al menos no de momento. Una salida que satisfaga mínimamente a todos y que permita salvar la cara a unos y a otros no será fácil de encontrar. La consecuencia será un Hong Kong más incierto, más inestable y también más interesante para los analistas

En el destino de Hong Kong puede estar también de algún modo la clave del destino de China, que será fundamental para todos nosotros.

 *El Panel Asia de la  Alternativas forma parte del Observatorio de Política Exterior de la Fundación. 

Alternativas

Sobre el blog

Crisis de la política, la economía, la sociedad y la cultura. Hacen falta alternativas de progreso para superarla. Desde el encuentro y la reflexión en España y en Europa. Para interpretar la realidad y transformarla. Ese es el objetivo de la Fundación Alternativas, desde su independencia, y de este blog que nace en su XV Aniversario.

Sobre los autores

Nicolás SartoriusNicolás Sartorius. Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Alternativas (FA), abogado y periodista, ha sido diputado al Congreso.

Carlos CarneroCarlos Carnero. Director Gerente de FA, ha sido Embajador de España en Misión Especial para Proyectos en el Marco de la Integración Europea y eurodiputado.

Belén BarreiroBelén Barreiro es Directora del Laboratorio de la Fundación Alternativas. Doctora en Ciencia Política y Sociología. Ha sido presidenta del Centro de Investigaciones Sociológicas.

Vicente PalacioVicente Palacio. Director Adjunto del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas, Doctor en Filosofía, Visiting Fellow y Visiting Researcher en Harvard.

Fernando RuedaFernando Rueda. Director del Observatorio de Cultura y Comunicación de la Fundación Alternativas. Politólogo, consultor internacional y experto en cooperación cultural internacional.

Ignacio UrquizuIgnacio Urquizu es Profesor de Sociología de la Universidad Complutense y colaborador de la Fundación Alternativas.

Rubén Ruiz-RufinoRubén Ruiz-Rufino es investigador García Pelayo en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC) y colaborador de la Fundación Alternativas.

Sandra LeónSandra León es Doctora en Ciencias Políticas y profesora de la Universidad Complutense de Madrid, además de colaboradora habitual del programa "Hoy por hoy" de la Cadena Ser.

Pablo BeramendiPablo Beramendi es Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Duke (USA). Coordina la colección de Política Comparada en el Laboratorio de Alternativas.

Carlos MaravallCarlos Maravall. Doctor en Macroeconomía y Finanzas Internacionales por la Universidad de Nueva York. Ha trabajado como asesor en Presidencia del Gobierno en temas financieros.

Manuel de la Rocha VázquezManuel de la Rocha Vázquez. Licenciado en empresariales por la UAM y Master en Política Económica por la U. de Columbia. Es coordinador de Economía Internacional de la Fundación Alternativas.

Erika RodriguezErika Rodriguez es sociologa, especializada en economia y politica internacional. Es Coordinadora de América Latina en la Fundación Alternativas y profesora asociada de la Universidad Carlos III.

Jose Luis EscarioJose Luis Escario. Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid y Master de Derecho Internacional y Comunitario por la Universidad de Lovaina. Coordinador del Área Unión Europea de FA.

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Jorge Fernández LeónJorge Fernández León. Director de Programas de la Fundación de Cultura de Gijón y analista de políticas culturales.

Julio EmbidJulio Embid. Subdirector del Laboratorio de Alternativas. Licenciado en Ciencias Políticas y en Periodismo por la UCM. DEA por la UCM.

Javier ReyJavier Rey. Doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Cardiología. Secretario de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida.

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