España ni está ni se la espera

Por: | 16 de enero de 2017

(*) FERNANDO VICARIO

 

ColBaile de la cultural popular colombiana.

 

La solidaridad y el cariño de América Latina hacia España no tiene freno, salvo por el freno permanente que echa España. Uno de los espacios más activos y eficaces hasta la fecha había sido el cultural. Las continuas interacciones en procesos de gestión, de ejecución y de dinamización de proyectos artísticos, patrimoniales y últimamente de industrias de la cultura marcaron a muchos latinoamericanos y españoles dejando en ambos lados procesos reales de trabajo, ilusiones y realidades compartidas. Legislaciones que buscaban ser equiparables, políticas que dialogaban y presupuestos que, a veces públicos y a veces privados, apoyaban el desarrollo y crecimiento de estos modelos.

España se amparó en la crisis y con esta evasiva se salió de todo. La crisis fue una burda excusa para un cambio de modelo. No era tanto el dinero que se invertía en comparación con la cantidad de beneficios que brindaba a la construcción de ese anhelado espacio cultural.

Claramente, ese modelo a España no le gustaba; le asustaron los derroteros de algunos países latinoamericanos, y decidió excusarse en esa ‘salvadora’ falta de recursos que dejó de manifiesto una atronadora falta de intencionalidad política para seguir construyendo con América Latina un modelo de relación basado en la gente, en lo que le preocupa, divierte, enseña, desarrolla y construye como mejores seres humanos.

Donantes y receptores

La cooperación ya no responde al modelo del siglo pasado edificado sobre donantes y receptores. Cooperar es construir juntos, inventar modos y formas de enfrentar grandes retos que pueden afectar a las partes implicadas y cuya solución requiere aportes de cuantos más actores mejor. En ese terreno, España no se sabe mover con América Latina: o bien le muestra un paternalismo excesivo o bien la llena de empresas de dudosa moral y ética en su proceder.

Hablar entre iguales requiere saberse entre iguales. España no ha querido dar ese paso en estos últimos años. Lo venía construyendo y lo dejó caer. Ahora, en América Latina ni siquiera se espera a la donante de hace muchos años, a la cómplice, a la compañera de viaje. Esto se fragua a través de procesos culturales. Ojalá que en esta nueva etapa revisemos el modo de relacionarnos con América Latina y devolvamos a la cultura el papel que nunca debió perder.

 

(*) Fernando Vicario es experto en cooperación cultural.

Trump y su lucha contra la destrucción de empleo

Por: | 12 de enero de 2017

CARLOS XABEL LASTRA-ANADÓN (*)

 

DtDonald Trump, presidente electo estadounidense, durante una rueda de prensa.

 

Una de las promesas electorales más sorprendentes del presidente electo de Estados Unidos es la de hacer que vuelva el empleo masivo a las zonas manufactureras y de minería. Zonas como las carboneras de Appalachia, las antiguas siderurgias de Pennsylvania o las fábricas de coches de Michigan. Desde luego no tan diferente a cómo sería el devolver la actividad a los astilleros de Huelva o las cuencas mineras asturianas. E igualmente difícil. A continuación, explico las fuerzas económicas contra las que toda la testosterona de Donald Trump tendrá que librar una batalla casi quijotesca.

Las causas de los problemas de estas regiones son una creciente sustitución de los trabajos tradicionales por tecnología y, en menor medida, el desplazamiento de trabajos a países de menor coste. Medidas públicas tan exitosas en el siglo XX como la inversión en educación en todos los niveles (primero en secundaria y posteriormente en universidades) no parecen, de acuerdo con esta lógica, efectivas.

El resultado principal es el visible incremento de la desigualdad desde los años 80 en Estados Unidos, dejando a un número creciente de ciudadanos y jóvenes con menores perspectivas laborales que las que sus padres tuvieron. La gran mayoría está estancada: frente al incremento de ingresos de ejecutivos, financieros y rentistas, para el 90% de la población americana los ingresos han crecido menos de un 0.5% anual entre 1979 y 2013 (Bivens et al., 2014).

La historia principal del crecimiento de rentas medias en Estados Unidos desde 1900 hasta 1980, consistió en que el aumento de tecnologías, en principio, hacía a los trabajadores cada vez más productivos. La automatización de tareas es obvia en muchas industrias. Pero incluso en servicios permitió, por ejemplo, que los empleados de banca no tuviesen que realizar operaciones de contabilidad, asentamientos o transferencias manualmente, pudiendo dedicar tiempo a tareas más productivas como las ventas o la resolución de problemas con los clientes.

La universalización de la educación secundaria y luego universitaria permitió también una simbiosis o complementariedad clara entre el progreso tecnológico y la productividad humana. Trabajadores cada vez más cualificados operaban maquinaria cada vez más sofisticada. El avance de la educación hizo, por tanto, aumentar las rentas medias, beneficiando a una gran masa de trabajadores, lo cual disminuyó la desigualdad.

 

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Cambio en número de empleos por profesión en Estados Unidos 1980-2005, ordenados en el eje de las x por nivel de salario medio en la profesión en 1980. Fuente: Autor, D. y Dorn, D. (2013): “The Growth of Low-Skill Service Jobs and the Polarization of the U.S. Labor Market”. American Economic Review 103.

 

El problema es que esa época ha concluido. Como se puede ver en el gráfico, recientemente sólo han aumentado (en porcentaje, aunque las masas son muy diferentes) los trabajos de alta y de baja remuneración, pero no los de niveles medios. Los técnicos y operarios de máquinas están desapareciendo. Los trabajos disponibles en Appalachia (al fin y al cabo, Estados Unidos aún hoy tiene pleno empleo) no son ya la minería de interior de gran ocupación laboral: para la mayoría son trabajos de servicios en hospitales, restaurantes y centros de mayores. Para los más afortunados, hay un puñado de trabajos bien pagados en fracking.

Esta polarización, sin embargo, puede estar anticuada en unos años: de acuerdo con estimaciones recientes, el 47% de los empleos será automatizable en las próximas una o dos décadas (Frey and Osborne, 2017). Más allá aún, es probable que avances en inteligencia artificial hagan que los trabajos imposibles de automatizar hoy también desaparezcan: por ejemplo, cada vez más startups intentan introducir tecnología para la elaboración y distribución de comida en restaurantes[1] y robots que ya hoy realizan muchas de las labores de auxiliares de enfermería en Japón.

Al mismo tiempo, en el extremo de los que hasta ahora se han beneficiado más de tecnología cada vez más potente que permite hacer más con menos están igualmente amenazados: Google prevé que una parte sustancial de sus desarrolladores de software sea sustituida por su supercomputadora ‘Deep Mind’ que pretende “resolver el problema de la inteligencia”, sustituyendo la humana por algo más barato que los muy inteligentes trabajadores que hoy tiene. No necesita seguir programas linealmente, sino que podrá plantear sus propios problemas y establecer nuevas formas de resolverlos, desde probar teoremas hasta repensar cadenas de montaje. En resumen, sólo quedarán los dueños o diseñadores de unas máquinas que se operan a sí mismas, además de aquellos que trabajen en servicios para este grupo.

Comercio internacional

El horizonte del presidente Trump son cuatro, acaso ocho años, si es reelegido. Sus políticas de protección contra el comercio internacional pueden funcionar en esos horizontes cortos. Pero me temo que las fuerzas de largo recorrido sólo pueden ser aplacadas temporalmente y necesitarán de otras soluciones. La de dar más y mejor educación, parece hoy menos relevante. Sí, habrá un grupo pequeño que necesite estar muy preparado para desarrollar tecnologías infinitamente productivas, frente a la inversión actual en estudios superiores, universitarios o profesionales para la mayoría o incluso la totalidad de la población. La mejor enseñanza supondrá sólo un billete para una lotería que tiene, para un grupo muy pequeño, un premio o retorno muy alto.

Imaginemos el caso de los fundadores de Google, ambos por entonces estudiantes de doctorado en Informática por Stanford, con un billete ganador que combinaba su conocimiento, trabajo e ideas brillantes. Sus compañeros menos afortunados en esa lotería pudieron trabajar como desarrolladores en el propio Google o empresas similares. En el futuro, los afortunados serán los dueños de las máquinas, pero el resto no podrán ser desarrolladores o diseñadores de segundo nivel, pues muchos de esos trabajos se automatizarán también.

Esto hace imperativo el replantearse la función y el contenido de unos sistemas educativos que hoy ya muestran señales de escasa efectividad: el premio económico de tener un grado o un máster está decreciendo desde el año 2000 y es ya muy desigual incluso para gente con el mismo título (Autor, 2014). Una educación universal, en este mundo cambiante, deberá acercar a más gente a la posibilidad de ser emprendedores de alta productividad, en definitiva a aumentar el número de billetes de lotería con premio. No está nada claro cómo se puede conseguir eso y está bastante claro que el tipo de educación actual no lo está consiguiendo. Pero las soluciones que Trump ha propuesto hasta ahora harán muy poco por cambiar la tendencia de fondo.

[1] Spyce, por ejemplo, ganó una de las categorías del MIT 100K Competition el año pasado, http://www.digitaltrends.com/cool-tech/spyce-robot-kitchen-mit/.

Referencias

Autor, D. (2014). Skills, education, and the rise of earnings inequality among the “other 99 percent”. Science, 344

Bivens, J., Gould, E., Mishel, E., Shierholz, H. (2014). “Raising America’s Pay” Economic Policy Institute Briefing Paper 378.

Frey, C.B., Osborne, M.A. (2017): "The future of employment: How susceptible are jobs to computerization?”. Technological Forecasting and Social Change 114.

 

(*) Carlos Xabel Lastra-Anadón es estudiante de doctorado en Políticas Públicas en la Universidad de Harvard.

 

Un portugués y europeo excepcional

Por: | 09 de enero de 2017

NICOLÁS SARTORIUS (*)
 
 
Mario_Soares_Carmo_1_1Mario Soares en un acto con simpatizantes.
 
 
 
Con el fallecimiento de Mario Soares perdemos un amigo irrepetible. Uno de los padres de la democracia portuguesa, es decir, del nuevo Portugal que surgió, en 1974, de la 'revolución de los claveles'.  Resistente incansable contra la dictadura de Salazar y Caetano y encarcelado en varias ocasiones, este abogado socialista se exilió en París, donde mantuvo estrechos contactos con la izquierda española, tanto socialista como comunista. De regreso a Portugal, después de aquel abril del 74 que nos llenó a todos de esperanza, lo fue todo en la política portuguesa: diputado constituyente, ministro de Asuntos Exteriores, jefe del Gobierno, presidente de la República y uno de los impulsores de la descolonización de Angola, Mozambique y Guinea Bissau.
 
Como lúcido estadista, siempre fue un firme partidario de mantener las más estrechas relaciones con España, lo que se tradujo en sucesivos tratados y convenios de amistad y cooperación entre ambos países que sustituirían a los firmados entre los dictadores Franco y Salazar, que condenaron a España y Portugal a vivir de espaldas durante 40 años. Fruto de esas nuevas relaciones democráticas fue nuestro ingreso simultáneo en las Comunidades Europeas, luego transformada en la Unión Europea.
 
Durante sus mandatos,tanto como jefe del Gobierno como presidente de la República, visitó con frecuencia España. Tuve ocasión de coincidir con él en algunas recepciones oficiales y encuentros en el Parlamento español. Comprobé que tenía un gran interés en conocer la situación de la izquierda española, las relaciones entre socialistas y comunistas, el movimiento sindical, el papel que las fuerzas progresistas deberían de jugar en la construcción europea. Soares siempre fue un europeísta convencido, un gran líder europeo, lo que no era óbice para que manifestara las críticas más incisivas sobre cómo se estaba construyendo la UE, en especial durante los últimos años, con contundentes argumentos en contra de la política de austeridad que empobrecía a los ciudadanos.
 
Relaciones España-Portugal
 
Críticas que tuve la ocasión de escucharle en un seminario que la Fundación Alternativas organizó en Lisboa, en el que participó Soares junto a Felipe Gonzalez y representantes políticos y sociales de ambos países. Más tarde le invitamos a encuentros en Madrid, en el marco de los periódicos seminarios sobre las relaciones de España, Portugal, la UE y América Latina. Siempre acudió con gran generosidad por su parte, dejándonos la contribución de su sabiduría y experiencia. Hace un par de años, una delegación de Alternativas nos desplazamos a Lisboa con el fin de establecer un convenio de colaboración con la Fundación Mario Soares.
 
Resulta inolvidable la calurosa acogida del presidente Soares, la visita al archivo que lleva su nombre, compendio de una parte esencial de la Historia de Portugal, tan cercano y tan querido. Que sirvan estas breves líneas para manifestar a la familia, amigos y compañero de la Fundación Mario Soares nuestro más profundo pesar por la irreparable pérdida que supone la desaparición de un portugués y europeo excepcional, gran amigo de los españoles.
 
 
(*) Nicolás Sartorius es vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas.

El reto contra el terrorismo que nos trae 2017

Por: | 02 de enero de 2017

CARLOS CARNERO (*)

 

TurquiaOperarios sanitarios evacuan a los heridos en el atentado de Estambul.

 

Turquía ha sido víctima de un nuevo atentado terrorista, esta vez reivindicado por el Daesh. A la firme condena del crimen, hay que sumar algunas reflexiones de urgencia.

Una vez más, los terroristas vuelven a atacar donde pueden y como pueden: el 'modus operandi' elegido ha sido el mismo que en la sala Bataclan de París, aprovechando una de las miles de celebraciones particulares que concentran suficiente número de personas como para asegurar la masacre, perpetrada esta vez –como en Berlín- por un asesino solitario. La conclusión es que golpean, pero carecen de la capacidad logística suficiente para burlar a las fuerzas de seguridad con acciones más sofisticadas.

La lógica de los criminales vuelve a mostrar su simpleza: hoy le ha tocado a Estambul sufrir sus ataques porque con ellos tratan de enredar la situación en aquellos países donde esperan provocar dinámicas de acción-reacción. Si en diciembre buscaban en Alemania favorecer una ola de opinión contra la inmigración (perjudicando así las opciones de los partidos democráticos en vísperas de un año electoral), ahora desean complicar las cosas en un país clave en el Oriente Próximo que atraviesa una coyuntura política compleja tras el Golpe de 2016 y la deriva autoritaria de Erdogan. Afortunadamente, las democracias –perfectas o imperfectas- no han caído hasta la fecha en las provocaciones.

Mucho me temo que el desarrollo de la guerra en Siria, la toma de posesión de Trump y el crucial año electoral que nos espera en Europa harán de 2017 un año especialmente atractivo para el terrorismo, empeñado en desestabilizar al máximo a todo y a todos.

La respuesta a esa perspectiva –que nadie puede ignorar, por desagradable que resulte- debe ser triple: más cooperación entre las fuerzas de seguridad de las democracias para dejar a los criminales sin ningún margen más allá del que el azar pueda proporcionarles, discursos políticos nítidos que no cedan ni un milímetro al racismo o la xenofobia y esfuerzos redoblados por solucionar los conflictos que siguen arrasando el Oriente Próximo.

La comunidad internacional cuenta desde el 1 de enero con un excelente líder en la ONU, su nuevo Secretario General, Antonio Guterres, que debería desempeñar un papel clave en la tercera de las respuestas. En la primera y en la segunda, la apuesta de la Unión Europea –en su 60 cumpleaños- tendría que ser fundamental cuando las incógnitas que abren Trump y Putin son algo más que inquietantes.

Lucha internacional

España conoce bien la lacra del terrorismo, empezando por el etarra, que combatimos con la ley en la mano hasta derrotarlo. Nuestra experiencia –que incluye haber sufrido el zarpazo brutal de los fanáticos el 11 de marzo de 2004- puede ser de utilidad ahora en la lucha internacional contra los asesinos.

Nuestro país ya no será miembro del Consejo de Seguridad de la ONU en 2017, pero sin duda será un gran aliado de Guterres en el trabajo que ahora inicia. Y, ante todo, tiene que jugar un papel protagonista en la UE, que tiene que seguir siendo el mayor espacio democrático y de integración del planeta. Papel que será más determinante con el acuerdo entre las principales fuerzas políticas europeístas españolas sobre los grandes objetivos de la Unión, comenzando por la derrota del terrorismo.

No es hoy el día para analizar la situación turca, llena políticamente de luces y de sombras, porque tras el atentado de Estambul solo cabe mostrar el respeto por las víctimas y la solidaridad con una democracia aliada de Europa.

 

(*) Carlos Carnero es director gerente de la Fundación Alternativas

Matar la memoria

Por: | 21 de diciembre de 2016

(*) JOSÉ ENRIQUE DE AYALA

 

BerlínMercadillo de Berlín donde se estrelló el camión.

 

Las ruinas de la Gedächtniskirche, la iglesia de la memoria, se yerguen en la zona comercial de Berlín oeste, con su torre truncada por las bombas de la Segunda Guerra Mundial, para recordar siempre a los berlineses los horrores de la guerra, y como un monumento a la paz. Justo bajo ella, en la plaza Breitscheid, un camión de 38 toneladas irrumpió el lunes por la noche en uno de los más conocidos mercadillos de Navidad de la ciudad, conducido por un “soldado del Estado Islámico”, según la reivindicación de esta organización terrorista, con un resultado de 12 muertos y 48 heridos, 17 de ellos muy graves.

A la hora de escribir estas líneas hay todavía muchos interrogantes que deberá resolver la investigación en curso, y uno o varios autores libres, que podrían volver a atentar, lo que no hace sino aumentar la sensación de inseguridad en la población alemana y europea. Pero si hay algo razonablemente seguro es que, como en Niza en julio, el terrorismo yihadista ha vuelto a atacar a población civil en su pacífica vida habitual, con un arma tan fácil de conseguir, tan difícil de detectar, y tan letal, como un camión.

La estrategia terrorista es siempre la misma: cuanto peor, mejor. Si sus ataques logran que en Europa crezca la xenofobia y el odio, que triunfe el extremismo, que los musulmanes se sientan, fuera y dentro de nuestro continente, perseguidos, discriminados, odiados, sus posibilidades de extender el conflicto y de conseguir sus objetivos, a través del enfrentamiento total y la radicalización de ambas partes, crecerán en la misma proporción. El objetivo está claro: extender el miedo, amplificado por falsas amenazas y rumores, impedir que millones de personas puedan hacer su vida normal para que ellas presionen a sus Gobiernos. Las contramedidas están también claras: resiliencia y unidad. Ambas son difíciles de conseguir y mantener. La primera, porque no se puede pedir siempre a una población inerme y vulnerable que aguante estoicamente unos ataques que parecen no tener fin.

La unidad política es aún más difícil. Siempre hay buitres dispuestos a alimentarse de los restos de las víctimas. En este caso, el emergente partido ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) se ha apresurado a calificar a las víctimas como “los muertos de Merkel”, antes incluso de que se confirmara que se trataba de un atentado. Parece ser que para estos antieuropeistas y xenófobos, un puñado de votos en las próximas elecciones al Bundestag justifica cualquier canallada. El miedo se ha utilizado siempre, históricamente, para alcanzar o mantener el poder, pero resulta especialmente repugnante que algunos intenten conseguir réditos políticos de los cuerpos -calientes todavía- de sus conciudadanos. Una buena noticia para los terroristas.

Es muy peligrosa la nada sutil vinculación de los terroristas con los migrantes que proceden de las zonas en conflicto, y consecuentemente la utilización de los ataques como argumento para aumentar el rechazo social a los que, en busca de asilo o por razones económicas, intentan llegar a Europa. Es una tesis que hace mucho daño porque es fácilmente aceptada por capas muy extensas de la población, y por partidos teóricamente moderados como la Unión Social Cristiana (CSU) bávara, coaligada con la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de la canciller Ángela Merkel, que ya ha elevado su voz pidiendo de nuevo una política más restrictiva en este campo. Esa correlación migración-terrorismo no existe, los atentados de Nueva York, Madrid y Londres se produjeron antes de que llegara la oleada de migrantes procedentes de Oriente Medio. Pero si existiera, no podríamos tampoco abdicar de nuestra concepción solidaria, aunque entrañe riesgos, como no podríamos dejar de volar aunque se caigan algunos aviones, sino intentar detectar las averías antes de que se produzcan.

Los europeos no estamos en guerra, eso sería jugar en el campo de los terroristas. Aún no han conseguido matar nuestra memoria de la guerra, de la desolación y la destrucción, simbolizadas en esa torre truncada. Queremos la paz. Eso sí, la queremos en nuestra casa, ordenada y rica. Que ardan Siria, Irak, Yemen o Libia no nos preocupa tanto. Vemos en la televisión, mientras cenamos, como una película tenebrosa, irreal, las ruinas de Alepo, los hospitales destruidos con los enfermos o heridos dentro, las mujeres y los niños masacrados por las bombas, o intentando huir -con hambre y miedo- del horror, sin conseguirlo, e intentamos no pensar en una pregunta turbadora, sin respuesta: ¿son nuestras víctimas más dolorosas que aquellas?

Retraimiento de la Unión Europea

El retraimiento de una Unión Europea débil y disgregada ante las guerras árabes, de las que lo único que nos ha preocupado realmente es que no nos enviasen demasiados migrantes, tiene un aspecto de dejación humanitaria que debería avergonzarnos. Pero además tiene otro de carácter más práctico, egoísta si se quiere, y que se demuestra cada vez que hay atentados terroristas: ese retraimiento no nos libra de los efectos de la guerra, sólo los traslada aquí, sobre las vidas de ciudadanos indefensos. Si no vamos a resolver los problemas de nuestro entorno, los problemas vendrán a nosotros.

No estamos hablando de responder a las bombas con más bombas, que siempre tiene “efectos colaterales”, aunque es evidente que hay veces en las que está justificado el empleo de un mínimo de violencia para evitar una violencia mayor. Hay muchas formas no violentas de prevenir conflictos y de asfixiarlos cuando se producen, si realmente se quiere hacerlo ¿Ha negociado lo suficiente la UE, con su peso económico y político (ya que militar apenas tiene) con Rusia e Irán, por un lado, y con Arabia Saudí y Qatar, por otro, y finalmente con Turquía, una solución definitiva de la guerra civil siria? ¿O estamos –como siempre– esperando a ver qué hace Washington?

Por supuesto, la seguridad interior es prioritaria, y se debe dotar a los cuerpos de seguridad y a los servicios de inteligencia de los medios necesarios para prevenir -dentro de la ley- los atentados y proteger a la población, además de aumentar la cooperación en el seno de la UE y con otros países. Pero la inhibición ante conflictos tan próximos como los de Oriente Medio no es una buena estrategia, el reguero de sangre que están dejando en Europa los terroristas yihadistas es una prueba de ello. La UE necesita tener un peso determinante en la paz, la prosperidad, y la estabilidad de nuestra periferia. Es la única solución a largo plazo, y nadie lo va a hacer por nosotros ya. Claro que para eso hacen falta dos cualidades: unidad y determinación ¿Las tiene la Unión Europea en la actualidad?

 

(*) José Enrique de Ayala es miembro del Consejo Asesor del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas 

Alternativas

Sobre el blog

Crisis de la política, la economía, la sociedad y la cultura. Hacen falta alternativas de progreso para superarla. Desde el encuentro y la reflexión en España y en Europa. Para interpretar la realidad y transformarla. Ese es el objetivo de la Fundación Alternativas, desde su independencia, y de este blog que nace en su XV Aniversario.

Sobre los autores

Nicolás SartoriusNicolás Sartorius. Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Alternativas (FA), abogado y periodista, ha sido diputado al Congreso.

Carlos CarneroCarlos Carnero. Director Gerente de FA, ha sido Embajador de España en Misión Especial para Proyectos en el Marco de la Integración Europea y eurodiputado.

Vicente PalacioVicente Palacio. Director del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas, Doctor en Filosofía, Visiting Fellow y Visiting Researcher en Harvard.

Sandra LeónSandra León. Profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de York (Reino Unido) y responsable de la colección Zoom Político de la Fundación Alternativas.

Carlos MaravallCarlos Maravall. Doctor en Macroeconomía y Finanzas Internacionales por la Universidad de Nueva York. Ha trabajado como asesor en Presidencia del Gobierno en temas financieros.

Erika RodriguezErika Rodriguez Pinzón. Doctora en relaciones internacionales por la Universidad Autónoma de Madrid y coordinadora de América Latina en la Fundación Alternativas.

Jose Luis EscarioJose Luis Escario. Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid y Master de Derecho Internacional y Comunitario por la Universidad de Lovaina. Coordinador del Área Unión Europea de FA.

Kattya CascanteKattya Cascante coordina el área de Cooperación al Desarrollo del Observatorio de Política Exterior de la Fundación.

Enrique BustamanteEnrique Bustamante. Catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad en la UCM. Es un experto de la economía y sociología de la televisión y de las industrias culturales en España.

Alfons MartinellAlfons Martinell. Director de la Cátedra Unesco en la Universidad de Girona y profesor titular en esa misma institución. Codirige el Laboratorio Iberoamericano de Investigación e Innovación en Cultura y Desarrollo.

Carles ManeraCarles Manera. Catedrático de Historia e Instituciones Económicas en la Universitat de les Illes Balears. Es Premio Catalunya de Economía (Societat Catalana d’Economia, 2003).

Stuart MedinaStuart Medina Miltimore. Economista y MBA por la Darden School de la Unversidad de Virginia. Es Vicepresidente de la Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios y fundador de la consultora MetasBio.

Luis Fernando MedinaLuis Fernando Medina. Profesor de ciencia política en la Universidad Carlos III de Madrid. Es autor de 'A Unified Theory of Collective Action and Social Change' (University of Michigan Press) y de "El Fénix Rojo" (Editorial Catarata).

José María Pérez MedinaJosé María Pérez Medina. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología y en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Funcionario del Estado. Ha sido Asesor en el Gabinete del Presidente del Gobierno entre 2008 y 2011.

José Antonio NogueraJosé Antonio Noguera. Profesor Titular de Sociología en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y director del grupo de investigación GSADI (Grupo de Sociología Analítica y Diseño Institucional).

Antonio QueroAntonio Quero. Experto en instrumentos financieros de la Comisión Europea y coordinador de Factoría Democrática. Es autor de "La reforma progresista del sistema financiero" (Ed. Catarata).

Paloma Román MarugánPaloma Román Marugán. Profesora de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid. Autora y coordinadora de distintos libros, artículos en revistas especializadas, artículos divulgativos y artículos de prensa.

Jesús Prieto de PedroJesús Prieto de Pedro. Doctor en Derecho, Catedrático de Derecho Administrativo en la UNED y titular de la Cátedra Andrés Bello de Derechos Culturales.

Santiago Díaz de Sarralde MiguezSantiago Díaz de Sarralde Miguez. Profesor de la URJC y coordinador de Economía en OPEX de la Fundación Alternativas.

Javier ReyJavier Rey. Doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Cardiología. Secretario de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida.

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