China: no es sólo la economía, ¡estúpido!

Por: | 25 de julio de 2014

XI Jinping y CastroJUAN PABLO LAIGLESIA

Mientras la crisis de Ucrania y el nuevo y brutal episodio del desigual enfrentamiento entre Israel y Palestina copan las primeras páginas y Europa sigue ensimismada en el complicado montaje de sus renovadas y complejas instituciones (sin ideas que aportar para encarrilar una solución política para la primera y asistiendo desde la barrera al segundo), en América Latina se han sucedido en apenas diez días tres acontecimientos muy relevantes que merecen nuestra reflexión: La VI Cumbre de los BRICS, que ha dado a luz los esperados (y temidos) Fondo y Banco "alternativos"; la gira de Putin por cuatro países latinoamericanos y la segunda gira latinoamericana de Xi Jinping desde que fue designado Presidente de la RP China hace solo 16 meses.

Sin restar importancia a los dos primeros querría centrarme en el tercero, al que aquellos dotan de contexto pero al tiempo individualizan y ayudan a resaltar sus perfiles específicos.

Hace ya tiempo que América latina mira más al Pacífico que a cualquier otro lado y no se puede ignorar que esa mirada explica muchos de los ingredientes que caracterizan la actual coyuntura regional; tanto sus luces más brillantes (como haber sorteado la crisis con holgura, haber crecido regular y sostenidamente y haber podido reducir sustancialmente la pobreza) como algunas de sus sombras más inquietantes (la reprimarización, la ausencia de su equipamiento industrial de las cadenas de valor o la asimetría de la relación con su nuevo socio principal). En el terreno político la reorientación de la mirada latinoamericana también ha tenido consecuencias directas en la articulación y arquitectura de los procesos de integración regional, en el reacomodo de los liderazgos, la mayor capacidad de diversificación y en el evidente incremento del valor estratégico de la región como actor y deseado socio global.

Hasta ahora, la mayoría de los análisis de este nuevo escenario resaltaban dos características: la primera, que el acercamiento regional estaba restringido al ámbito económico siendo exclusivamente las necesidades del desarrollo chino su combustible y la segunda, consecuencia de la anterior, que esto estaba generando una progresiva insatisfacción en América latina que querría, sin saber muy bien como, dotar de valor político a la nueva relación.

Esta segunda gira de Xi Jinping por Brasil, Argentina, Venezuela y Cuba contiene elementos que deberían llevarnos a repensar esa evaluación. Es cierto que los contenidos de las visitas bilaterales han sido esencialmente económicos. No en balde se trataba de una gira en la que el Presidente chino se ha hecho acompañar, imitando una práctica tradicional de las economías de mercado, por una nutridísima delegación de empresarios y en la que la práctica totalidad de los acuerdos firmados en los cuatro países se refieren exclusivamente a las relaciones económicas. Pero no ha sido una gira solo a golpe de chequera, aunque no haya salido barata. Ha habido más cosas.

En primer lugar, el Presidente Chino ha mantenido una reunión de trabajo con el cuarteto coordinador de la CELAC, institución a la que China ya había sido de los primeros en reconocer como interlocutor único de toda la región, acordandose celebrar una Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del Foro China-CELAC en Pekín en el primer trimestre del año que viene, precedida de una preparatoria de Ministros de Exteriores. En un momento de abierto rechazo en la región a la diplomacia de cumbres este compromiso (convenientemente engrasado por cierto con la promesa de crear tres fondos para distintos objetivos de desarrollo con una aportación inicial china de 35.000 millones de $) da cobertura institucional a la relación de China con el conjunto de la región y abre evidentes posibilidades de concertación más allá de las estrictas relaciones económicas bilaterales. De hecho, coloca en el mismo nivel de interlocución a China que a la Unión Europea

Además Xi Jinping ha dado un espaldarazo expreso a UNASUR y no lo ha hecho en cambio con la Alianza del Pacifico cuyo crecimiento exponencial y alta velocidad de crucero parecían avocarla a una interlocución privilegiada. Cabe interpretar estas señales como un estímulo a los esfuerzos integracionistas de la región considerada en conjunto frente a quienes promueven acuerdos fundados en coincidencias ideológicas o modelos de mercado? En cualquier caso parecen ser expresión del deseo de dar profundidad estratégica a la relación con América Latina desde el respeto a su diversidad sin entrar en planteamientos ideológicos, lo que es en sí mismo toda una declaración de principios. Europa en cambio, sigue alimentando la idea divisiva de que hay un integracionismo bueno y otro malo en función de sus respectivas opciones ideológicas.

También se puede sacar punta a la selección de los países visitados, todos ellos socios bilaterales importantes pero todos ellos también complicados por distintas razones. Argentina vive horas bajas en el aprecio de la comunidad internacional y enfrenta las dificultades del fin de época que se avecina. El apoyo económico que se le ha prestado en una coyuntura difícil tiene un indudable valor político llamado a trascender esa coyuntura. Algo parecido ocurre en Venezuela, donde Maduro apenas ha superado la peor crisis desde que sucedió a Chávez, y en la que ha estado más solo que nunca dentro y fuera de América Latina. La relación "estratégica integral" establecida tras la visita va ciertamente mas allá en su significado de la importancia de las relaciones energéticas bilaterales. Y Cuba, inmersa en un proceso de reformas que a otros siguen pareciendo insuficientes, se ha visto igualmente apoyada y reconocida.

No es desde luego una coincidencia que se trate de países cuyas relaciones con Europa y los Estados Unidos son en este momento, por distintas razones, frías, distantes y para nada prioritarias.

La gira de Xi Jinping pese a su textura principalmente económica, introduce ya elementos de articulación de una mirada China hacia América Latina en la que no todo es la economía. A ver si empezamos a tomar nota.

* Juan Pablo LaIglesia ha sido  secretario de Estado para Iberoamérica.

Previsiones poco alentadoras

Por: | 23 de julio de 2014

Images-2CARLES MANERA

Las recientes previsiones de importantes instituciones económicas muestran una clara debilidad en los indicadores de la economía europea. Los crecimientos previstos son muy débiles, de apenas dos décimas para el conjunto europeo, con fragilidades importantes en Francia e Italia. Alemania avanza, pero sin velocidad llamativa. España se coloca, según esos augurios, con un 0,4% de crecimiento económico: anemia pura para vender una recuperación que resulta imposible de adivinar. Mientras Estados Unidos ya visualiza un crecimiento económico que se acerca al 3% y el paro se reduce y mientras Japón conoce un avance de su PIB del orden del 1,5% y los precios remontan nuevamente -lo cual es un signo inequívoco de que la demanda se expande-, Europa sigue anclada en un recetario fallido que infringe enormes sacrificios a su población.

¿Qué proponer? Veamos tres puntos concretos:

1. La salvación del sistema financiero ha dejado sin cobertura a consumidores y trabajadores. Las economías de la Europa periférica han asistido a muchos cierres de empresas, y el estrangulamiento del crédito no ha hecho viable el más pequeño apoyo económico. La asfixia financiera ha sido el resultado. Las pymes europeas dan empleo a casi 90 millones de trabajadores. Entonces, deben potenciarse el Banco Europeo de Inversiones y un mercado activo del capital riesgo, factores ambos inéditos en el escenario de la Gran Recesión. Urgen medidas penalizadoras para los que colocan los recursos recibidos del BCE en depósitos del mismo banco o adquiriendo títulos públicos. Todo esto implica mayor supervisión.

2. El desarrollo de una política monetaria con efectos redistributivos, que transfiera recursos desde los países ahorradores hacia los deudores. El problema de la deuda soberana, extensiva a buena parte de la Unión Europea, y con especial incidencia en el sur, no se resolverá actuando en claves estrictamente nacionales, o incentivando severas políticas de ajustes draconianos. Estas transferencias deberían permitir, a su vez, ralentizar los principios que parecen inamovibles de control férreo de la inflación, toda vez que la verdadera amenaza actual es lo contrario: la deflación, que indica el desplome del consumo y de la inversión. No se dispone de una política monetaria más expansiva porque el BCE no compatibiliza estabilidad de precios, cohesión social y crecimiento económico. Su deber es hacer las tres cosas a la vez porque eso es lo que quiere la ciudadanía europea. Pero ante la ausencia de crédito, o sea, ante la parca inversión, esos desarrollos se están produciendo sobre una base evidente: la reducción de los salarios y la utilización de un mercado laboral, ahora abundante, que permite rebajar los costes laborales unitarios.

3. Clara orientación por el capital humano, a partir de un ambicioso programa de inversiones, con una política activa que incida sobre las altas tasas actuales de desempleo, en especial de los jóvenes. De lo contrario, el proyecto comunitario carecería de estabilidad. El axioma es claro: no habrá Unión si no hay trabajo. Y, sin éste, las posibilidades de desmembramiento de Europa serán un hecho en el corto plazo.

 

* Carles Manera es catedrático y exconsejero de Economía del Gobierno de las Islas Baleares.

Ucrania: soluciones urgentes para un conflicto complejo

Por: | 18 de julio de 2014

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JAVIER MORALES

Tras el derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines, probablemente por un misil disparado erróneamente por los separatistas (quienes lo habrían confundido con un avión militar ucraniano, a los que ya han destruido en anteriores ocasiones), la guerra en el este de Ucrania ha vuelto a la primera línea de la actualidad. ¿En qué situación nos encontramos?

Las milicias prorrusas han sufrido duros reveses en las últimas semanas, como la reconquista de las localidades de Sloviansk y Kramatorsk por tropas gubernamentales; ahora los rebeldes se concentran en Donetsk y Lugansk, capitales de las regiones del mismo nombre. Con esta ofensiva, denominada oficialmente “operación antiterrorista” (ATO), Kiev afirma estar defendiendo su integridad territorial frente a una invasión encubierta por parte de Rusia; la cual querría desestabilizar el país vecino para dificultar su aproximación a la UE y la OTAN. Pero desgraciadamente, aunque la ATO lograse sus objetivos inmediatos, los problemas de fondo están muy lejos de resolverse.

El gran obstáculo para comprender el conflicto es la propaganda difundida por cada bando, ante la que cualquier observador imparcial debería adoptar un sano escepticismo, evitando el discurso binario que (omitiendo todo matiz o contexto) nos fuerza a elegir entre estar “con la víctima” o “con el agresor”. En Ucrania se está librando también una guerra informativa, tan intensa como el propio enfrentamiento bélico, en la que los gobiernos ucraniano y ruso (más sus respectivos aliados) defienden sin escrúpulos sus intereses tratando de atraerse a la opinión pública internacional. 

Para Rusia, estaríamos ante un “genocidio” impulsado por la “junta fascista” de Kiev contra los ucranianos rusoparlantes, los cuales se habrían organizado espontáneamente para defenderse; una excusa idéntica a la que utilizaron al invadir y anexionarse Crimea para “proteger a la población local”. Tal peligro era, por supuesto, inexistente: no se había lanzado al ejército ucraniano contra esa península, como tampoco se envió a las regiones orientales antes de que surgieran las milicias separatistas. Este relato omite además la colaboración de Moscú con los rebeldes, proporcionando armas o permitiendo el tránsito de combatientes desde su territorio.

Sin embargo, Putin tampoco está siguiendo el mismo guión de Crimea: ahora parece actuar mediante intermediarios en lugar de enviar a su propio ejército (pese a las acusaciones ucranianas en este sentido), aunque seguramente sí cuente con agentes de inteligencia entre los milicianos. En el caso del vuelo comercial derribado, no está claro si el misil se encontraba entre las armas suministradas por Rusia o fue obtenido de una base ucraniana capturada. Lo que sí parece evidente es que los separatistas tienen importantes carencias en otros aspectos: no han sabido identificar un avión de pasajeros, ni cuentan con militares profesionales (al menos, no los suficientes) que eviten estos errores. Tampoco sería lógico que hubieran disparado intencionadamente, lo cual no les proporcionaría ninguna ventaja militar y sí una grave derrota mediática. 

Rusia ha salido igualmente perjudicada por su apoyo a las milicias, cada vez más insostenible para su imagen; sin contar el efecto de las sanciones económicas. Pero ¿qué intereses vitales hicieron que Moscú se implicara en el conflicto? Todo hace pensar que no está buscando una nueva conquista territorial, sino sostener a los rebeldes durante el tiempo suficiente para utilizarlos como carta negociadora frente al presidente Poroshenko, forzando un acuerdo que preserve su influencia sobre el este de Ucrania y congelando indefinidamente su posible ingreso en la OTAN. Es muy significativo que hasta ahora Putin no haya reconocido la independencia de las “repúblicas populares” de Donetsk y Lugansk, ni planteado su posible incorporación a la Federación Rusa; una cautela debida también a que sus habitantes no son mayoritariamente rusos étnicos (como ocurría en Crimea), sino ucranianos rusohablantes. El Kremlin ha manipulado para sus propios fines a la insurgencia, pero sin asumir por completo la causa separatista. 

Si no se trata realmente de tropas invasoras, sino de una amalgama de combatientes locales y extranjeros apoyados desde el exterior, es porque previamente existía un caldo de cultivo favorable para generar un conflicto armado: el cambio político revolucionario que se produjo en febrero, con la toma del poder en Kiev por los partidos opositores tras la huida de Yanukovich, en un contexto de violencia callejera. El triunfo del Maidán generó un clima de hostilidad en las regiones orientales (sin ambiciones separatistas hasta entonces), permitiendo que parte de la población local se sumara a las insurrecciones alentadas por Moscú. Fue precisamente ese apoyo a la insurgencia de quienes no reconocían al nuevo gobierno lo que frustró los primeros intentos de reconquista, impedidos por ciudadanos desarmados que cerraban el paso al ejército. A pesar de ello, Poroshenko ha optado por una escalada militar para derrotar cuanto antes a los rebeldes e impedir una congelación indefinida del conflicto; incluso al precio de causar víctimas civiles.

Esta estrategia no solamente no ha contribuido a la reconciliación nacional, sino que ha agravado la brecha dentro de la propia sociedad. La guerra ha permitido posponer cualquier diálogo serio sobre el modelo de Estado, con el argumento de que una Ucrania federal sería más vulnerable a la influencia rusa; ignorando que sin una reforma constitucional que conceda autonomía a las regiones del este (cuyos gobernadores son ahora nombrados por Kiev) será muy difícil cualquier encaje sólido de estos territorios en el Estado ucraniano. Tampoco parece acertado insistir en la mitificación del Maidán y sus “héroes”, cuya legitimidad no es reconocida por una parte de la población; o no haber desarmado a las “autodefensas” paramilitares (incluyendo grupos de ultraderecha) que participaron en aquellos combates. De hecho, se está fomentando su integración en los batallones de voluntarios que se envían a luchar en el este, contribuyendo así a la propaganda del Kremlin sobre una “agresión fascista”. 

Con respecto a los líderes prorrusos, además de su posible responsabilidad por el derribo del avión de Malaysia Airlines, sus métodos mafiosos (que incluyen el secuestro de periodistas o disidentes) están probablemente socavando el apoyo inicial de los habitantes de Donetsk y Lugansk, hastiados de unos combates que se prolongan ya demasiado tiempo. Acosados por la ofensiva gubernamental, su mayor esperanza hasta ahora era un giro del Kremlin hacia una intervención abierta, que preservara al menos el statu quo sobre el terreno; una opción que tras la tragedia del MH17 parece menos factible por su excesivo coste político, incluso para un líder poco temeroso de las represalias como Putin. La situación se ha vuelto más favorable para las fuerzas ucranianas; si bien sus tácticas indiscriminadas (como losbombardeos sobre zonas pobladas) tampoco están contribuyendo, precisamente, a ganar los “corazones y mentes” de los ciudadanos del este.

El mayor peligro de estos sucesivos errores es que, aún en el caso de que la insurgencia sea finalmente derrotada y Rusia detenga su injerencia en los asuntos internos de Ucrania, se perpetúe la fractura de una sociedad cada vez más polarizada en torno a dos conceptos excluyentes de la nación. La única alternativa para una verdadera resolución del conflicto es construir una identidad cívica basada en la igualdad de derechos y el reparto del poder, donde todas las sensibilidades (incluso las de aquellos ucranianos pacíficos que se sienten parte de una civilización cultural rusa) puedan tener cabida.

 * Javier Morales es Coordinador de Rusia y Eurasia en la Fundación Alternativas y profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea.

 

 

 

Unos ciudadanos más participativos

Por: | 16 de julio de 2014

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En el reciente Informe de la Democracia 2014 nos propusimos analizar cómo son los ciudadanos en medio de las múltiples crisis que vivimos. Varias son las conclusiones. En primer lugar, estamos ante una ciudadanía profundamente desorientada desde un punto de vista político –ver gráfico 1-.

Casi el 55% de la ciudadanía no saben a quién votar, declaran abstenerse u optan por el voto en blanco. Un porcentaje similar sólo lo encontramos al comienzo de la democracia (años 1978 y 1979) y cuando comenzaron a conocerse los primeros casos de corrupción del PSOE en los 90 (finales de 1992 y principios de 1993). 

Gráfico 1. Porcentaje de ciudadanos indecisos, abstencionistas y voto en blanco 

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Fuente: CIS

En segundo lugar, se añaden dos factores más. Por un lado, el interés por la política ha aumentado enormemente –ver gráfico 2-. En estos momentos, más del 35 por ciento de los españoles declaran estar muy o bastante interesados, una cifra superior a la de finales de los 70 y principio de los 80, cuando se produjo la transición a la democracia.  Por otro lado, la desconfianza hacia el funcionamiento de nuestra democracia está en sus máximos –ver gráfico 2-. En estos momentos, el 70 por ciento de los españoles declaran tener poco o ninguna confianza en el funcionamiento de nuestro sistema político. Nunca habían sido tantos. Además, desde 2012 son más los que desconfían que los que confían, algo que ya se produjo en los años 93 y 94, aunque no con esta intensidad.

Gráfico 2. Interés por la política y satisfacción con el funcionamiento de la democracia española

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Fuente: CIS

Si ponemos en conjunto este tres factores (desorientación, gran interés por la política y desconfianza en nuestra democracia), tenemos un mezcla explosiva que nos pueda ayudar a entender algunas de las cosas que han sucedido a lo largo de  los últimos años en nuestras calles. La consecuencia más relevante ha sido la movilización constante de los ciudadanos, donde las diferentes mareas han tenido un protagonismo especial. El gráfico 3 lo expresa muy claramente en datos. Si en el año 2011 se produjeron 18.422 manifestaciones o reuniones, en 2012 esta cifra se elevó a casi 45 mil, una cifra muy similar a la de 2013. Por lo tanto, en los dos últimos años la movilización ciudadana en las calles es enorme. De hecho, desde que se disponen datos, nunca se han producido tantas protestas en nuestra país. 

Gráfico 3. Número de expedientes por reuniones y manifestaciones

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Fuente: Informe de Evaluación sobre el funcionamiento de los servicios de la Administración Periférica del Estado en 2012, Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas. No se incluye el País Vasco y Cataluña.

Lo mismo podemos decir sobre otras formas de participación política que van más allá de lo electoral y la competición partidista. El gráfico 4 muestra el porcentaje de personas que declara participar en distintas actividades reivindicativas. Observamos que todas formas de participación política han aumentado, especialmente las firmas de peticiones, la asistencia a manifestaciones y la participación en organizaciones sociales. En cambio, las formas de participación más institucionalizadas como contactar con un político o participar en un partido político, han aumentado menos y se encuentran en cifras más bajas.

La segunda salvedad es que a pesar que el porcentaje de personas que ha ido a manifestaciones ha pasado del 15 por ciento en 2008 a más del 25 por ciento en 2012, todavía no ha superado la cifra de 2004 (casi el 35 por ciento), cuando se produjeron las marchas contra la guerra de Irak.

El escenario de participación política que nos presenta el gráfico 4 es muy revelador de lo que está pasando en la sociedad. Por un lado, los ciudadanos no confían mucho en la política más institucionalizada (partidos políticos). De ahí las bajas cifras en esas formas de participación. Por otro lado, en cambio, han comenzado a tomar las riendas de su destino. Están muy movilizados y han buscado refugio en las organizaciones sociales. Además, están aprovechando las nuevas tecnologías para hacer llegar sus reivindicaciones. Si miramos el gráfico 4, este último argumento es más bien una especulación. Pero el aumento tan grande del número de personas que declaran haber firmado una petición no se puede entender sin las plataformas que han surgido en internet con este fin.  

Gráfico 4. Participación política en España

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Fuente: Encuesta Social Europea

Este cuadro de movilización política ha aparecido en numerosos análisis. Así, se presenta a una sociedad muy inquieta y que no ve más salidas que la protesta. Al mismo tiempo, se relaciona todas estas formas de participación política con los jóvenes y las nuevas tecnologías.

Un argumento similar desarrollan Kerman Calvo, Teresa Pastrana y Luis Mena en un trabajo para la Fundación Alternativas[i]. A través de distintas encuestas, logran trazar un perfil de los participantes en las movilizaciones del 15-M. Muestran que la inmensa mayoría tenía menos de 30 años y en torno al 70 por ciento poseían estudios universitarios o los estaban cursando. De hecho, un 67 por ciento de los entrevistados se declaraba estudiante. Como segundo rasgo destacado es que una abrumadora mayoría de ellos llegó a la movilización gracias a medios digitales o redes sociales: “Únicamente el 35 por ciento de los encuestados otorga a los contactos personales un papel destacado en el acceso a la información”.

En resumen, la sociedad española ha cobrado un gran protagonismo en la oposición al gobierno. Varios son los indicadores que muestran que la participación política al margen de las formas más institucionalizada ha aumentado en una cuantía significativa, aunque no ha superado las cifras de 2004 en algunos de sus tipos de protesta.

Finalmente, ¿por qué los ciudadanos se han lanzado a la calle? Desde hace un tiempo, la ciudadanía cree que no tiene ninguna capacidad de influencia sobre el gobierno. O por lo menos eso manifestaba el 71,8 por ciento de los españoles cuando se les preguntó sobre esta cuestión en una encuesta sobre la calidad de nuestra democracia (CIS 2790). Junto a ello, el 57,6 por ciento pensaba que el poder político estaba muy poco protegido de las presiones del poder económico. Esta posición también la vienen sosteniendo los expertos que elaboran la encuesta sobre calidad de la democracia para nuestro Informe. Por lo tanto, los ciudadanos perciben que la política más institucional no es suficiente para resolver sus problemas, puesto que las instituciones no les representan de forma correcta, dando más importancia a lo que piensa el poder económico que a lo que desean los ciudadanos. Ante esta falta de representación, los ciudadanos han salido a la calle y están protagonizando la parte más importante de oposición al gobierno.    



[i] Kerman Calvo, Teresa Pastrana y Luis Mena (2011) Movimiento 15-M: ¿quiénes son y qué reivindican?, Zoom Político 4, Laboratorio de Alternativas, Fundación Alternativas

 

* Ignacio Urquizu es coautor del Informe sobre la Democracia en España 2014, profesor de Sociología y colaborador de la Fundación Alternativas

Ya no hay música en las plazas

Por: | 14 de julio de 2014

Images-1     FERNANDO RUEDA

En España se celebran en torno a 800 festivales de música y artes escénicas cada año. Entre los meses de julio y agosto, se concentran el 35% de ellos. FIB, Sun festival, BBK Life, Sonar, Primavera Sound, ya forman parte desde hace algunos años de las estampas y experiencias primaverales y veraniegas para decenas de miles de personas que cada año dedican su tiempo de ocio y vacaciones a acumular recuerdos y experiencias de música en vivo. 

De esos 800 eventos, los macro festivales representan una parte muy pequeña del panorama musical, en los que según los datos del Anuario SGAE, en 2012 asistieron en torno a 2 millones de espectadores frentes a un total de los 24 millones de otro tipo de eventos música en vivo (salas de conciertos o conciertos aislados). Según el mismo anuario, el número de espectadores de espectáculos de música en vivo se encuentra en los niveles de 2005. Sin embargo, a pesar de que desde el inicio de la crisis, la música en directo ha sufrido un descenso importante en oferta y en número de espectadores, los macro festivales, han registrado un importante incremento tanto en número de eventos como de público, y manteniendo los niveles de ingresos por recaudación.

Junto con la crisis económica, la revolución digital ha empujado tanto a los consumidores, como a la industria musical a reorientar sus prioridades y estrategias. La Industria musical ocupa muchas de sus energías en ejercer la necesaria presión hacia el poder público -en el nombre de los autores- en un intento de obtener un reparto más equitativo de la gestión de derechos frente a las telecos y los agregadores digitales. Al tiempo reorienta sus estrategias empresariales para lograr mejores recaudaciones en los que el impacto mediático, el marketing y la captación de públicos adquieren cada vez más peso a la hora de decidir las programaciones, en detrimento de otros criterios de valor, como la calidad, la innovación o  la diversidad musical.

Los consumidores, por su parte, tienen cada vez menos música en la plaza, y menos dinero en el bolsillo, y deciden concentrar sus esfuerzos en eventos que les aporten más valor añadido, al tiempo que descargan via fibra óptica, con tarifa plana, y a través de agregadores, la creación  musical, en costes cercanos a cero. 

Un interesante estudio de Lluis Bonet y Toni Carreño, investigadores de la Universidad de Barcelona, analiza en profundidad cómo son los festivales de música y artes escénicas en España, aportando datos sobre su perfil, en función de su de presupuesto, el número de espectadores, el tipo de música o espectáculo, el lugar de celebración –análisis geográfico- o el carácter público, privado,  lucrativo o no lucrativo, de los promotores.

El estudio sirve para entender el auge y la caída -cual burbuja inmobiliaria- de los espectáculos en vivo, a lo largo de la crisis, así como de las transformaciones que se están dando, tanto de públicos,  como de tipos de evento. Según los datos de este estudio, apenas uno de cada diez eventos supera los 600.000 euros de presupuesto y la mitad no llega a los 80.000 euros. Los eventos artísticos directamente dependientes de la administración se ubican en ciudades pequeñas. Y los festivales de iniciativa privada y lucrativa se concentran en principalmente en grandes ciudades o zonas costeras y turísticas.

Con el fin del poder local planeado por el Gobierno, se acabó la música en la plaza, pues los ayuntamientos no tendrán recursos para ello. No es del todo malo si así desaparecen  esas prácticas de contratación pública (música a gusto del alcalde). Pero al final del día, quien sufre es el panorama musical y las opciones del consumidor.

Bien por los macrofestivales: quien quiera música, que pague la que hay, empaquetada y en formato “experiencia inolvidable”.

* Fernando Rueda es director del Observatorio de Comunicación y Cultura de la Fundación Alternativas

Alternativas

Sobre el blog

Crisis de la política, la economía, la sociedad y la cultura. Hacen falta alternativas de progreso para superarla. Desde el encuentro y la reflexión en España y en Europa. Para interpretar la realidad y transformarla. Ese es el objetivo de la Fundación Alternativas, desde su independencia, y de este blog que nace en su XV Aniversario.

Sobre los autores

Nicolás SartoriusNicolás Sartorius. Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Alternativas (FA), abogado y periodista, ha sido diputado al Congreso.

Carlos CarneroCarlos Carnero. Director Gerente de FA, ha sido Embajador de España en Misión Especial para Proyectos en el Marco de la Integración Europea y eurodiputado.

Belén BarreiroBelén Barreiro es Directora del Laboratorio de la Fundación Alternativas. Doctora en Ciencia Política y Sociología. Ha sido presidenta del Centro de Investigaciones Sociológicas.

Vicente PalacioVicente Palacio. Director Adjunto del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas, Doctor en Filosofía, Visiting Fellow y Visiting Researcher en Harvard.

Fernando RuedaFernando Rueda. Director del Observatorio de Cultura y Comunicación de la Fundación Alternativas. Politólogo, consultor internacional y experto en cooperación cultural internacional.

Ignacio UrquizuIgnacio Urquizu es Profesor de Sociología de la Universidad Complutense y colaborador de la Fundación Alternativas.

Rubén Ruiz-RufinoRubén Ruiz-Rufino es investigador García Pelayo en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC) y colaborador de la Fundación Alternativas.

Sandra LeónSandra León es Doctora en Ciencias Políticas y profesora de la Universidad Complutense de Madrid, además de colaboradora habitual del programa "Hoy por hoy" de la Cadena Ser.

Pablo BeramendiPablo Beramendi es Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Duke (USA). Coordina la colección de Política Comparada en el Laboratorio de Alternativas.

Carlos MaravallCarlos Maravall. Doctor en Macroeconomía y Finanzas Internacionales por la Universidad de Nueva York. Ha trabajado como asesor en Presidencia del Gobierno en temas financieros.

Manuel de la Rocha VázquezManuel de la Rocha Vázquez. Licenciado en empresariales por la UAM y Master en Política Económica por la U. de Columbia. Es coordinador de Economía Internacional de la Fundación Alternativas.

Erika RodriguezErika Rodriguez es sociologa, especializada en economia y politica internacional. Es Coordinadora de América Latina en la Fundación Alternativas y profesora asociada de la Universidad Carlos III.

Jose Luis EscarioJose Luis Escario. Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid y Master de Derecho Internacional y Comunitario por la Universidad de Lovaina. Coordinador del Área Unión Europea de FA.

Kattya CascanteKattya Cascante coordina el área de Cooperación al Desarrollo del Observatorio de Política Exterior de la Fundación.

Enrique BustamanteEnrique Bustamante. Catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad en la UCM. Es un experto de la economía y sociología de la televisión y de las industrias culturales en España.

Alfons MartinellAlfons Martinell. Director de la Cátedra Unesco en la Universidad de Girona y profesor titular en esa misma institución. Codirige el Laboratorio Iberoamericano de Investigación e Innovación en Cultura y Desarrollo.

Jorge Fernández LeónJorge Fernández León. Director de Programas de la Fundación de Cultura de Gijón y analista de políticas culturales.

Julio EmbidJulio Embid. Subdirector del Laboratorio de Alternativas. Licenciado en Ciencias Políticas y en Periodismo por la UCM. DEA por la UCM.

Javier ReyJavier Rey. Doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Cardiología. Secretario de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida.

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