Hay que hundir el barco de la piratería

Por: | 08 de febrero de 2016

ESTELA ARTACHO GARCÍA-MORENO (*)

 

Resines

Antonio Resines en su discurso como presidente de la Academia

 

En los preliminares para la formación de un nuevo gobierno, desde el sector cultural e industrial que es el cine, dos son las principales demandas para el nuevo ejecutivo también reclamadas durante la reciente gala de los Premios Goya:

  • “Hay que hundir el barco de la piratería”

Reproduciendo la expresión de la gala de los premios Forqué, y tal como destacó el Presidente de la Academia de Cine en su discurso del sábado, los 1.900 accesos ilegales por minuto a películas y series que se producen en España exigen una reacción inmediata y firme.

La piratería constituye un fraude ante el que existe la sensación, por parte de la industria, de desamparo e impotencia.

Sin piratería el empleo en la industria española del cine crecería en un 45 %.

Mientras, para la población internauta que piratea, la percepción es de impunidad total, de que no pasa nada por piratear porque todo el mundo lo hace y, como mucho, se perjudica a las estrellas de cine o a las grandes compañías, que, por descontado, ya ganan mucho dinero…

Pero se equivocan quienes así piensan, porque el robo no solo se comete contra los intereses de los que pisan la alfombra roja, sino que vulnera los derechos de todas las personas anónimas que la colocan, fabrican o barren antes de cada festival. De todos esos trabajadores que aparecen en los títulos de crédito, en letra minúscula, al final de la película, y sin cuyo trabajo no hubiera podido llegar a realizarse.

  • Que baje de una vez el IVA cultural…

… ese que el anterior gobierno, hoy en funciones, se empeñó en decir que no existe porque tributan al 4% las ventas de libros y revistas, al 10% todas las entradas a bibliotecas, museos o galerías de arte sin ánimo de lucro, y "sólo una parte" lo hace al 21%... Una parte que supone el 60% de la cultura “restante”.

El IVA del 21% ha hecho disminuir la asistencia de los espectadores al cine, teatro, danza, conciertos de música…, alcanzando en el año 2013 en el cine la peor cifra registrada en los últimos 25 años con 77 millones de espectadores.

La vuelta al tipo reducido del IVA para las entradas de cine es la única medida impositiva transversal que beneficiará verdaderamente a todos los integrantes de la cadena de valor de la película, desde los creadores hasta los bolsillos de los espectadores. Una vuelta al tipo impositivo reducido favorecería a la ciudadanía, y redundaría en el mantenimiento y la diversificación de la oferta cultural, enriqueciendo el patrimonio cultural de todos los españoles.

 

(*) Estela Artacho García-Moreno es presidenta de FEDICINE

Parlamentos y parlamentitis

Por: | 05 de febrero de 2016

VICENTE PALACIO (*)

 

Farage

Nigel Farrage celebra en un pub británico los resultados en las municipales.

 

Por todas partes, en América y Europa, los Parlamentos andan revueltos.

Antes del estallido de la burbuja financiera de Lehman Brothers en 2007, y luego durante los momentos más agudos de la crisis, parecía que la globalización iba a rematar definitivamente a los maltrechos parlamentos. A lo largo de los 80`s, 90’s y principios de los 2000’s, una curiosa convergencia entre el capital financiero y unas masas descontentas con sus representantes, fue minando de sentido y funciones a estos viejos edificios de la soberanía. A pesar de ello, o precisamente por ello, se consolidaban los Parlamentos supranacionales: por ejemplo, el Parlamento Europeo, o el Parlatino en Latinoamérica; pero con un poder muy limitado. En el camino entre Wall Street y los lobbies financieros de Bruselas o la City, y los ciudadanos de a pie, se había abierto un vacío donde apenas había nadie que pudiera realmente ejercer el control. La era Bush y su lucha contra el terror hicieron el resto, hasta el crash financiero. En definitiva, los parlamentos parecían tener los días contados.

Nada de eso: unos pocos años después, los parlamentos están de nuevo al alza. No es que la economía vaya mejor, ni que las grandes reformas de regeneración de los sistemas políticos se hayan materializado aún. Pero al menos hay más debate, más implicación de los ciudadanos en la cosa pública, y más visibilidad de las instituciones. Hay mucho show también, y es que la propia disposición espacial de las Cámaras conforma un excelente teatro - a la griega clásica - para “representar” la gran obra de lo que se ha dado en llamar la nueva política - una fuerza que va de abajo a arriba pero no se sabe muy bien qué es.

Felizmente, la crisis genera sus propios anti-cuerpos. Se ve en las comisiones de investigación y marejadas continuas (en Brasil), en las divisiones del voto dentro de los mismos partidos en las Cámaras (EEUU o Reino Unido), o en las intensas transacciones entre fuerzas parlamentarias para sobrevivir en medio de una fragmentación de la representación (España, Portugal, Bélgica, Holanda). Otras revueltas y algaradas, por los más diferentes motivos, se están dando en la Argentina de Macri, la Venezuela de Maduro, y más.

Desde luego, la revuelta de los Parlamentos no garantiza de por sí un resultado óptimo. Depende de quién esté en ellos y cómo se comporten.

Miremos a EEUU. Desde que el Tea Party entra al galope en el Congreso en las eleccciones mid-term de 2010, el Capitolio ha sido tan protagonista como el Presidente. El que quizá es el precursor de la nueva política frente a los "Washingtons" de este mundo, Barack Obama, ha cosechado sin embargo unos frágiles resultados, si se miden por su efectividad. Reformas e iniciativas como la Affordable Care Act (el Medicare), la nueva ley migratoria, la orden ejecutiva sobre la limitación de armas, el acuerdo nuclear con Irán, o la normalización de relaciones con Cuba, han sido producto de dolorosas deliberaciones y de las zancadillas constantes de los Republicanos. Y no están cerradas del todo. El Congreso afila sus dientes, a la espera de quién sea el próximo Presidente, para intentar darle alguna dentellada a lo que pueda.

Wall Street está bajo el punto de mira del Capitolio y de los votantes. La profunda corriente “populista” presente en los orígenes constituyentes de la Nación - “todo por el pueblo, para el pueblo” - está retornando, de manera compleja y contradictoria en torno al Congreso: a veces lo detesta, pero siempre lo necesita. Y a su vez los candidatos a la Presidencia critican al Congreso, como es costumbre, por más que casi todos - desde Donald Trump o Marco Rubio hasta Hillary - sean hijos, más o menos afortunados, del establishment. La campaña electoral en EEUU muestra un país profundamente dividido en su diagnóstico de la situación, un sociedad marcada por la desigualdad - ¡los super-ricos! - y con la habitual crisis de identidad sobre “el papel de EEUU en el mundo”. La clase media añora los tiempos de la“sociedad fordista”: hoy se ve mucho más vulnerable a los norteamericanos frente a crisis económicas, el terrorismo o el cambio climático. No sabe a qué o quién agarrarse.

En Europa, es obvio que la revuelta de los Parlamentos es un fenómeno básicamente pendular, reactivo - o mejor si se prefiere, dialéctico en sentido hegeliano. Está produciendo cambios institucionales muy saludables, y un mayor grado de exigencia frente a los representantes, algunos de los cuales antes campaban a sus anchas, y otros, los más, vivían en la perpetua resignación de la irrelevancia. Ahora bien, la cosa parlamentaria puede degenerar, si se convierte en Parlamentitis: es decir, en un mal uso de su condición soberana, mediante el uso excesivo y perverso de los mecanismos de control de las iniciativas, de los presupuestos, o lo que sea. Está por ver cuál es la dirección que a partir de aquí tomarán las diversas cámaras de representación en Europa, si en forma de apertura o como un repliegue en sí mismas.

En Reino Unido, Westminster está en llamas. El UKIP de Nigle Farage, los medios sensacionalistas y algunos tories tienen la consigna de disparar a todo lo que se mueva del otro Canal de la Mancha. Al final todo puede acabar en una pantomima; pero el mal ejemplo siempre puede cundir. ¿Quién les va a decir a los Parlamentos francés, alemán, español, polaco o griego que hay que ceder más soberanía a Europa? Estamos a la espera de una Segunda Gran Oleada de revueltas de parlamentos, esta vez para romper los diques nacionales y crear un verdadero Parlamento Europeo.

(*) Vicente Palacio es director OPEX en la Fundación Alternativas

ARCO y la "venta de arrastre"

Por: | 01 de febrero de 2016

FRANCISCO REYES (*)

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Una de las obras de la galería ADN presentada en la feria ARCO 2015.

Un año más, del 24 al 28 de febrero en el recinto ferial Ifema de Madrid, se celebra la feria internacional de arte ARCO, la feria de arte contemporáneo más importante de España, que además cumple 35 años en este 2016. Esta feria además coincide en el tiempo con las otras tres grandes (Art Madrid, Just Mad y DeArte). Este escenario es especial, porque se da la circunstancia de que el cliente internacional acostumbra a venir una sola vez al año a España a comprar arte y suele hacerlo en ARCO porque es la feria principal del circuito.

Pero con la decisión de simultanear todas las ferias en la misma fecha, se benefician todos. ARCO es, sin lugar a dudas, la más importante y el resto de ferias entran en la “venta de arrastre”. Así el cliente extranjero puede hacerse su ruta y visitar todas las grandes ferias en el mismo viaje. Esto sin duda, beneficia al mercado del arte en general y a las galerías implicadas.

Por el contrario, el visitante ocasional, el que sólo va a disfrutar de las obras, en estas fechas vive una pequeña saturación de arte contemporáneo y a veces se encuentra con alguna dificultad para ajustar su agenda y poder asistir a todas. Con lo cual se pierde, en cierta medida la magia, lo especial de organizar una feria de arte sin tener que pensar en la competencia simultánea. Se pierde la exclusividad en favor de lo práctico, dejando el resto del año sin fechas clave en cuanto a ferias de arte importantes se refiere. Pero esta coincidencia de fechas aporta diversidad y oportunidad de abrir mercado a nuevas expresiones y lenguajes artísticos como el arte urbano y el graffiti, que antes de estar en ARCO, estuvieron en ferias emergentes.

Y por último, pensando en los artistas, se encuentran en una situación ventajosa, pues las “otras ferias” permiten a los que no están en el circuito de las grandes galerías, mostrar su obra al coleccionista, aunque se da el caso de artistas que entran en conflicto de intereses al estar relacionados con varias galerías que les piden exclusividad y se ven obligados a elegir presencia en sólo una de ellas en estas fechas.

Se plantea la duda, ¿Seguir la estela de ARCO o exponer en otras fechas para obtener la atención más concentrada del público?

 

(*) Francisco Reyes es profesor de la Universidad Complutense de Madrid.

CARLOS CARNERO (*)

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Imagen del Seminario sobre la relevancia de los Think Tanks celebrado en la Fundación Alternativas

Para salir de la crisis política, económica, social y cultural que vive el conjunto del Planeta (en cada continente y en cada país con características específicas, desde luego, pero con grandes tendencias de fondo compartidas por todos) es preciso gobernar la globalización.

Sin embargo, esa afirmación, casi un lugar común a principios de siglo, cuando la tormenta financiera de 2008 –con sus consecuencias posteriores de ausencia de crecimiento, desempleo y desigualdad- ni siquiera se imaginaba, se ha ido olvidando poco a poco, precisamente cuando los acontecimientos han hecho patente su acierto.

Puede que a ello haya contribuido la escasa voluntad política para crear instancias de gobierno mundial o fortalecer y mejorar las estructuras existentes para que actuaran como un remedo del mismo. O quizás la sensación de que es casi imposible conseguir el objetivo no ya de gobernar, sino al menos de orientar la globalización.

Pero la necesidad sigue existiendo y éxitos –aunque sean relativos, como la Cumbre de París sobre el Cambio Climático- ponen de manifiesto que, cuando hay ideas y determinación suficientes, pueden alcanzarse resultados positivos.

Las medidas para conseguirlo dependerán de los decisores públicos (gobiernos, parlamentos, incluyendo nuevos sujetos políticos como la Unión Europea, las organizaciones internacionales)  y privados (multinacionales, agentes sociales). Pero no se adoptarán si no hay presión social y propuestas basadas en análisis rigurosos y formuladas en tiempo real que demuestren que es posible hacerlo.

Esa es una de las principales razones de ser del trabajo de los Think Tanks (TT) o centros de pensamiento, dicho en castellano.

De ahí la importancia de conseguir que las alternativas elaboradas por los TT estén conectadas con la realidad, enmarcadas en la vida colectiva de la ciudadanía y orientadas a facilitar e influir en la toma de decisiones de quienes están al frente de lo público y de lo privado.

Miles de TT pueblan hoy el Mundo entero y han comenzado a compartir experiencias y propuestas, gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y al esfuerzo de la Universidad de Pensilvania a través de un programa tan ambicioso como visionario que dirige el Profesor James McGann.

Un año más, Pensilvania ha hecho público el Índice Global de Think Tanks en su edición de 2015, que analiza y mide el impacto de los TT en todo el Planeta a través de un proceso de nominación y selección complejo y representativo en el que participan activamente 4.750 expertos independientes (decisores, periodistas, profesores, analistas, donantes).

Lo menos importante del Índice es si se gana el oro, la plata o el bronce –aunque siempre sea ilusionante salir bien parado, como es el caso en España de la Fundación Alternativas (que solo en tres años ha pasado de figurar como el 74 mejor TT de Europa a situarse como el 40, avanzando 34 puestos entre los 1.800 centros de pensamiento analizados en el continente, figurando además entre los primeros del mundo, entre los casi 7.000 monitorizados en todos los continentes, en cuatro categorías: mejor idea o paradigma, mejor gestión, mejor uso de redes sociales y mejor  relación con otros TT), CIDOB y el Real Instituto Elcano-.

Porque lo más relevante del Índice ha sido la capacidad de organizar en torno al mismo una red de TT que se reúne anualmente en los niveles mundiales y regionales, conformando una fuerza de empuje que multiplica la de cada centro por separado.

Es decir, los TT han entendido la necesidad de pensar en términos globales para demandar que se gobierne la globalización. Y eso, sin duda, es una buena noticia.

 

(*)Carlos Carnero es Director Gerente de la Fundación Alternativas.

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No se atisba recuperación económica

Por: | 27 de enero de 2016

CARLES MANERA (*)

 

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David Cameron, durante su discurso en el Foro Económico Mundial este jueves en Davos (Suiza).

El crecimiento económico en 2016 no será tan elevado como se esperaba. El FMI, de hecho, ha vaticinado que el PIB mundial podría situarse entorno al 3,5% en el mejor de los escenarios. De hecho, el año ha empezado con gran estrépito en los indicadores económicos, con protagonismo central de las Bolsas chinas: las caídas han sido aquí muy relevantes, entre el 10% y el 14% (Shanghai y Shenzen, respectivamente), lo cual ha impactado al conjunto de los parqués mundiales. China patentiza un grave problema en su encaje económico, que siempre se había considerado robusto y sostenido. El control del gigante asiático en los mercados exteriores y en parcelas significativas de la deuda pública de países ricos –como Estados Unidos, por ejemplo– hacían presagiar un camino imparable hacia un liderazgo casi incuestionado. Pero los movimientos sísmicos que se están produciendo en la economía china sitúan el problema en un ámbito más certero del análisis económico: las contradicciones de un crecimiento sustentado, de manera esencial, en las exportaciones, con peso muy limitado del propio y amplio mercado para el desarrollo. Crecer a partir de la divisa exportadora es positivo… siempre que no se descuide la demanda nacional, el mercado propio. Es aquí donde China va a tener los retos más determinantes, no exentos de otras contradicciones.

Una de las reformas cruciales –me atrevo a decir que extensible a otras economías– es la subida salarial. Sin ésta, va a resultar difícil activar el consumo y la capacidad de gasto en amplios segmentos de población. Algunos gobiernos –como el conservador de Cameron, en Reino Unido– lo están empezando a entender. En países emergentes, tocar esa evolución salarial baja, con costes laborales unitarios ínfimos, puede suponer respuestas contundentes por parte de empresas occidentales que han deslocalizado su producción buscando, precisamente, esa baratura del factor trabajo. ¿Permanecerían en China o buscarían nuevos “refugios” productivos? Pero otras reformas deberán dirigirse a reorientar la pauta de crecimiento, de manera que el sector industrial, potentísimo, sea coincidente con el incremento del consumo urbano y el despliegue de los servicios. Aquí nos hallamos ante un edición de la cuadratura del círculo.

En efecto, resulta curiosa la dicotomía que se refleja en las economías actuales: las que antaño eran industriales y ahora más terciarias, quieren recuperar la ya transitada senda industrial para generar ocupación estable y moldear un mercado de trabajo más sólido. De alguna forma, se habla en Europa y Estados Unidos de posibilidades de reindustrialización como fórmula para acceder a un nuevo crecimiento más robusto. La industria es observada, entonces, como solución. Pero en el caso de aquellos nuevos países industriales, con liderazgos emergentes asumidos a partir de intensos procesos industriales relacionados con demandas externas, como es el caso de China, las salidas que se dibujan se centran en la importancia del sector servicios: aquél que, en las sociedades más desarrolladas, se pretende relevar por actividades de carácter industrial. Una de las causas que puede explicar esto es el déficit en muchas de las empresas industriales chinas; a ello debe añadirse otra dificultad nada despreciable: el proceso de endeudamiento de dichas empresas –una petición constante de financiación– en el marco de algunas actividades productivas –como el carbón y el acero– con serios problemas de mantenimiento. Esos consorcios siguen funcionando para evitar dramas sociales; pero la rentabilidad no parece ser aceptable. La sobreproducción puede aparecer en la economía china tras esas situaciones, a la par que firmas de escasa eficiencia siguen devorando créditos y capitales cuya utilidad sería mucho más razonable en otros campos.

Estos factores que condicionan el crecimiento de China van a afectar el resto de la economía mundial, a pesar de que Paul Krugman ha matizado esta idea en un artículo reciente (“Cuando China tropieza”, El País Negocios del 10 de enero de 2016), hasta el punto de que aventura tan sólo “pequeñas turbulencias” en el conjunto de la economía planetaria. Pero hay datos que, sin pretender catastrofismos gratuitos, invitan a la preocupación: caída de las materias primas, falta de inversiones productivas, previsible pérdida de beneficios empresariales –sobre todo en las empresas no financieras–, bajas productividades en las economías más desarrolladas y, no se olvide tampoco, la reedición de ciclos económicos (un aspecto que parecía olvidado por los economistas). Japón, Canadá, Suiza, Finlandia, Rusia, Brasil, naciones que nadie puede negar su potencia y capacidad, se encuentran, en este momento, en fases más o menos acentuadas de crisis. El contexto, por tanto, no ayuda: llueve sobre mojado cuando se advierten los resultados de la economía china, y se colocan al lado de otros datos igualmente conocidos para otras economías. El año empieza, pues, con grandes incertidumbres.

(*) Cales Manera es historiador y economista

Alternativas

Sobre el blog

Crisis de la política, la economía, la sociedad y la cultura. Hacen falta alternativas de progreso para superarla. Desde el encuentro y la reflexión en España y en Europa. Para interpretar la realidad y transformarla. Ese es el objetivo de la Fundación Alternativas, desde su independencia, y de este blog que nace en su XV Aniversario.

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Nicolás SartoriusNicolás Sartorius. Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Alternativas (FA), abogado y periodista, ha sido diputado al Congreso.

Carlos CarneroCarlos Carnero. Director Gerente de FA, ha sido Embajador de España en Misión Especial para Proyectos en el Marco de la Integración Europea y eurodiputado.

Belén BarreiroBelén Barreiro es Directora del Laboratorio de la Fundación Alternativas. Doctora en Ciencia Política y Sociología. Ha sido presidenta del Centro de Investigaciones Sociológicas.

Vicente PalacioVicente Palacio. Director Adjunto del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas, Doctor en Filosofía, Visiting Fellow y Visiting Researcher en Harvard.

Fernando RuedaFernando Rueda. Director del Observatorio de Cultura y Comunicación de la Fundación Alternativas. Politólogo, consultor internacional y experto en cooperación cultural internacional.

Ignacio UrquizuIgnacio Urquizu es Profesor de Sociología de la Universidad Complutense y colaborador de la Fundación Alternativas.

Rubén Ruiz-RufinoRubén Ruiz-Rufino es investigador García Pelayo en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC) y colaborador de la Fundación Alternativas.

Sandra LeónSandra León es Doctora en Ciencias Políticas y profesora de la Universidad Complutense de Madrid, además de colaboradora habitual del programa "Hoy por hoy" de la Cadena Ser.

Pablo BeramendiPablo Beramendi es Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Duke (USA). Coordina la colección de Política Comparada en el Laboratorio de Alternativas.

Carlos MaravallCarlos Maravall. Doctor en Macroeconomía y Finanzas Internacionales por la Universidad de Nueva York. Ha trabajado como asesor en Presidencia del Gobierno en temas financieros.

Manuel de la Rocha VázquezManuel de la Rocha Vázquez. Licenciado en empresariales por la UAM y Master en Política Económica por la U. de Columbia. Es coordinador de Economía Internacional de la Fundación Alternativas.

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