Carlos Carnero
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, junto al jefe del Gobierno español, Mariano Rajoy / FRANCOIS LENOIR (REUTERS)
El desarrollo de la crisis comenzaba a evidenciar hace tiempo lo que el Informe sobre la Democracia en España 2012 de la Fundación Alternativas ha elevado a conclusión a partir de la encuesta cualitativa a 200 expertos consultados: nuestro mayor déficit democrático es que la UE adopta acuerdos que afectan de lleno a nuestra vida como país sin que se apliquen procesos de toma de decisiones asimilables al Estado de derecho.
Frente a lo que se afirma habitualmente, los países que la componen no ceden a la UE soberanía, sino competencias. La explicación es sencilla: a partir del Tratado de Lisboa (herencia de la Constitución Europea), cualquier socio comunitario mantiene siempre la capacidad de abandonar la Unión si así lo desea, ejerciendo plenamente su soberanía, y mientras permanezca en su seno, lo hace junto con el resto de las instituciones comunitarias, que se limitan a aplicar las competencias que les han atribuido los Estados miembros; es más, tales competencias se aplican a través de mecanismos en los que los socios son siempre decisivos.
Es evidente que España, como cualquier otro socio europeo, es más soberana por estar en la UE. Pero también es verdad que muchos gobiernos tratan de evadirse del control y el proceso de toma de decisiones democráticas propias de los Estados nación a través de la Unión. Así, se dice "los ajustes se deciden en Bruselas y desde allí nos los imponen; de forma que: uno, olviden que yo los he votado a muchos kilómetros de nuestra capital; dos, me limito a aplicarlos o como muchos a trasponerlos, como si de un reglamento o una directiva se tratara; tres, no me impongan antes lo que he de decir o después lo que debo hacer desde el parlamento nacional porque sus poderes para lo primero no existen (me limito a informarles) y para lo segundo los límites son estrechos".
Por esta vía vamos muy mal y sólo conseguiremos dos cosas: deslegitimar a la UE hasta en los países más europeístas y degradar la democracia en el nivel nacional. Y, ante ello, la alternativa es clara: el juego democrático no puede ser de suma cero, sino todo lo contrario: sin rebajar la democracia nacional hay que aumentar la europea, que forman el mismo ordenamiento jurídico. Eso significa mejorar la democracia en su conjunto, sin que se debilite en el viaje de ida y vuelta a Bruselas.
¿Cómo? Por ejemplo: el traspaso de competencias a la UE no puede hacerse quitando el poder de decidir en los terrenos que abarcan al legislativo nacional sin aumentar al tiempo el del Parlamento Europeo; además, los gobiernos, antes de acudir a reuniones del Consejo Europeo o del Consejo sobre temas especialmente relevantes deben informar al Parlamento nacional y recabar del mismo un mandato explícito, aunque sea flexible para mantener su capacidad de negociación; los electos nacionales, en fin, deberían poder analizar políticamente lo acordado en Bruselas para sancionar o no lo hecho por su gobierno.
Una verdadera Constitución Europea y una ley específica que regule en España la actuación de nuestro país en Bruselas para hacerla más controlable y transparente se hacen cada vez más necesarias. Por el bien de la democracia y de la unidad europea.
Nicolás Sartorius. Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Alternativas (FA), abogado y periodista, ha sido diputado al Congreso.
Carlos Carnero. Director Gerente de FA, ha sido Embajador de España en Misión Especial para Proyectos en el Marco de la Integración Europea y eurodiputado.
Belén Barreiro es Directora del Laboratorio de la Fundación Alternativas. Doctora en Ciencia Política y Sociología. Ha sido presidenta del Centro de Investigaciones Sociológicas.
Vicente Palacio. Director Adjunto del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas, Doctor en Filosofía, Visiting Fellow y Visiting Researcher en Harvard.
Fernando Rueda. Director del Observatorio de Cultura y Comunicación de la Fundación Alternativas. Politólogo, consultor internacional y experto en cooperación cultural internacional.
Ignacio Urquizu es Profesor de Sociología de la Universidad Complutense y colaborador de la Fundación Alternativas.
Rubén Ruiz-Rufino es investigador García Pelayo en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC) y colaborador de la Fundación Alternativas.
Sandra León es Doctora en Ciencias Políticas y profesora de la Universidad Complutense de Madrid, además de colaboradora habitual del programa "Hoy por hoy" de la Cadena Ser.
Pablo Beramendi es Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Duke (USA). Coordina la colección de Política Comparada en el Laboratorio de Alternativas.
Carlos Maravall. Doctor en Macroeconomía y Finanzas Internacionales por la Universidad de Nueva York. Ha trabajado como asesor en Presidencia del Gobierno en temas financieros.
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Enrique Bustamante. Catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad en la UCM. Es un experto de la economía y sociología de la televisión y de las industrias culturales en España.
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Jorge Fernández León. Director de Programas de la Fundación de Cultura de Gijón y analista de políticas culturales.
Julio Embid. Subdirector del Laboratorio de Alternativas. Licenciado en Ciencias Políticas y en Periodismo por la UCM. DEA por la UCM.
Javier Rey. Doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Cardiología. Secretario de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida.