Alternativas

Sobre el blog

Crisis de la política, la economía, la sociedad y la cultura. Hacen falta alternativas de progreso para superarla. Desde el encuentro y la reflexión en España y en Europa. Para interpretar la realidad y transformarla. Ese es el objetivo de la Fundación Alternativas, desde su independencia, y de este blog que nace en su XV Aniversario.

Sobre los autores

Nicolás SartoriusNicolás Sartorius. Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Alternativas (FA), abogado y periodista, ha sido diputado al Congreso.

Carlos CarneroCarlos Carnero. Director Gerente de FA, ha sido Embajador de España en Misión Especial para Proyectos en el Marco de la Integración Europea y eurodiputado.

Belén BarreiroBelén Barreiro es Directora del Laboratorio de la Fundación Alternativas. Doctora en Ciencia Política y Sociología. Ha sido presidenta del Centro de Investigaciones Sociológicas.

Vicente PalacioVicente Palacio. Director Adjunto del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas, Doctor en Filosofía, Visiting Fellow y Visiting Researcher en Harvard.

Fernando RuedaFernando Rueda. Director del Observatorio de Cultura y Comunicación de la Fundación Alternativas. Politólogo, consultor internacional y experto en cooperación cultural internacional.

Ignacio UrquizuIgnacio Urquizu es Profesor de Sociología de la Universidad Complutense y colaborador de la Fundación Alternativas.

Rubén Ruiz-RufinoRubén Ruiz-Rufino es investigador García Pelayo en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC) y colaborador de la Fundación Alternativas.

Sandra LeónSandra León es Doctora en Ciencias Políticas y profesora de la Universidad Complutense de Madrid, además de colaboradora habitual del programa "Hoy por hoy" de la Cadena Ser.

Pablo BeramendiPablo Beramendi es Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Duke (USA). Coordina la colección de Política Comparada en el Laboratorio de Alternativas.

Carlos MaravallCarlos Maravall. Doctor en Macroeconomía y Finanzas Internacionales por la Universidad de Nueva York. Ha trabajado como asesor en Presidencia del Gobierno en temas financieros.

Manuel de la Rocha VázquezManuel de la Rocha Vázquez. Licenciado en empresariales por la UAM y Master en Política Económica por la U. de Columbia. Es coordinador de Economía Internacional de la Fundación Alternativas.

Erika RodriguezErika Rodriguez es sociologa, especializada en economia y politica internacional. Es Coordinadora de América Latina en la Fundación Alternativas y profesora asociada de la Universidad Carlos III.

Jose Luis EscarioJose Luis Escario. Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid y Master de Derecho Internacional y Comunitario por la Universidad de Lovaina. Coordinador del Área Unión Europea de FA.

Kattya CascanteKattya Cascante coordina el área de Cooperación al Desarrollo del Observatorio de Política Exterior de la Fundación.

Enrique BustamanteEnrique Bustamante. Catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad en la UCM. Es un experto de la economía y sociología de la televisión y de las industrias culturales en España.

Alfons MartinellAlfons Martinell. Director de la Cátedra Unesco en la Universidad de Girona y profesor titular en esa misma institución. Codirige el Laboratorio Iberoamericano de Investigación e Innovación en Cultura y Desarrollo.

Jorge Fernández LeónJorge Fernández León. Director de Programas de la Fundación de Cultura de Gijón y analista de políticas culturales.

Julio EmbidJulio Embid. Subdirector del Laboratorio de Alternativas. Licenciado en Ciencias Políticas y en Periodismo por la UCM. DEA por la UCM.

Javier ReyJavier Rey. Doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Cardiología. Secretario de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida.

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29 de junio de 2012, por fin una Cumbre para la historia

Por: | 04 de julio de 2012

CARLOS MARAVALL

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A riesgo de parecer un megáfono institucional, la decisión adoptada el pasado viernes para establecer un mecanismo único y efectivo de supervisión bancaria en el área euro es la más relevante de las realizadas desde el establecimiento del euro en 1998. Constituye una pieza definitiva para cerrar el puzle en el que nos hemos metido desde entonces. Su importancia es doble.

En primer lugar, implica abordar el principal problema surgido con la crisis de la deuda soberana, huyendo de entrar en nuevas discusiones existenciales sobre si el euro sí o no que aportan poco o nada para avanzar en la integración europea (con perdón de algunos académicos). Para ello es preciso reconocer los matices que existen con respecto a la crisis de deuda soberana por país.

Las crisis acontecidas en Grecia e Italia no suponen reto alguno para el proyecto del euro. Ambos son Estados caracterizados por bajos niveles de gobernanza, con dinámicas de deuda pública insostenibles (ver el último Zoom Económico -Crisis del Área euro y de gobernanza en sus Estados miembros- de la Fundación Alternativas), que antes de formar parte del euro recurrían a deflactar el valor de su deuda con devaluaciones competitivas y elevados niveles de inflación. Tales políticas son la antítesis del proyecto del euro (estabilidad de precios). Por ello, la lección a aprender con la crisis es que han cambiado poco su comportamiento.

Por el contrario, las crisis de deuda privada de España e Irlanda sí suponen un reto para la estructura institucional del área euro. Al constituirse ésta se afirmó, claramente, que la integración europea pasaba a un nuevo estadio. Así, las decisiones de financiación entre agentes privados residentes en distintos Estados pasaban a ser equivalentes a aquellas entre agentes privados dentro de un mismo Estado. Es decir, si una caja alemana prestaba dinero a una caja española la decisión equivalía a prestarle fondos a otra caja alemana. Como es conocido, tal afirmación no se ha tenido en pie al desencadenarse la crisis.

En segundo lugar, y estrechamente relacionado, la decisión implica dar respuesta a un problema técnico que surge una y otra vez en prácticamente todas las crisis financieras internacionales.

La integración financiera mundial es muy bonita, pero si tiene lugar a través de flujos de deuda y, en particular, a través de flujos de deuda a corto plazo, los países receptores de financiación extranjera construyen un castillo de naipes con su estabilidad financiera. La financiación a corto plazo expone a un país a cambios en la percepción de los inversores que puede huir en estampida de zonas previamente consideradas "lo mejor de lo mejor". Los ejemplos son conocidos: el Este asiático a finales de los noventa, algunos países BRIC desde entonces (Rusia), Irlanda, España, etc.

La crisis del euro no ha sido una excepción al respecto: se ha producido una huida de capitales, por país, haciendo manifiestamente absurda la afirmación realizada por Trichet al comparar el área euro con Estados Unidos. Allí no hay huidas de capitales sobre la base de su localización geográfica. Si tienen lugar, ocurren frente al país en su conjunto o por sectores (como la que destruyó el sector de los bancos estrictamente de inversión en 2008), no por Estados. De lo contrario, la integración financiera entre Estados dentro de EEUU o del área euro no deja de ser la misa cosa que entre Estados a nivel internacional.

Para hacer frente a este problema, el establecimiento de un mecanismo de supervisión bancaria único debiera en principio servir para avanzar y evitar posibles huidas de capital intra-Estados. ¿Por qué? Principalmente porque ante la pregunta "¿deben los ciudadanosde una Estado miembro rescatar una entidad financiera nacional para salvaguardar los intereses privados de otro Estado miembro?" la respuesta ya no es un sí rotundo. Ahora será "la rescataremos entre los ciudadanos de ambos Estados, con aportaciones realizadas en el seno de la Unión". De lo contrario, no se entiende qué significa tener un único mecanismo de supervisión. Es pues, desde luego, un paso adelante, independientemente de la evolución que tenga lugar en los mercados las próximas semanas.

Por tanto, aunque no se diga todavía, desde el viernes Europa ha reconocido que hay dos problemas muy distintos que definen esta crisis: un reto para la integración en la Unión (España, Irlanda) y los retos, o "fallos de Estado", que siguen caracterizando a algunos de sus Estados miembros (Grecia, Italia). Tal reconocimiento permite que, al menos en el ámbito bancario, avancemos hacia una mutualización de deudas: pasaremos de inyectar dinero en los bancos juntos, de esos mismo bancos que compran nuestra deuda en los mercados.

Por ello, y dentro de las dificultades actuales, demos la bienvenida al reconocimiento de tales diferencias, para que podamos recuperar lentamente cierta dosis de normalidad en nuestro país.

El País

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