FERNANDO RUEDA
Desde la anunciada subida del IVA del 8% al 21% de la cultura, el sector no ha parado de expresar su preocupación y su completo desacuerdo con la medida. Las reacciones están llegando desde todos los sectores: las grandes distribuidoras, las asociaciones de productores, gestores culturales y creadores, también del sector independiente y por supuesto, de los consumidores. Se habla de ceguera, de hachazo, de muerte del sector. Se anuncia el cierre del 50% de las salas de cine, de pérdida de miles de empleos, de estrangulamiento.
Si echamos una mirada a nuestro entorno europeo, lo cierto es que la situación del gravamen de IVA de la cultura es muy desigual. El acceso a actividades culturales (entradas de cine, teatro, museos o espectáculos), salvo las exenciones a centros de titularidad pública en muchos países, va desde el 3% de Luxemburgo o el 6% de Suecia, hasta el 25% de Dinamarca, o el 20% en el Reino Unido. A partir del 1 de septiembre nos vamos a situar en el pelotón de cabeza de los tipos impositivos a la cultura. Así, de un día para otro.
El caso es que esta subida en España ni se ha hecho de manera progresiva, ni viene acompañada de leyes de incentivos a la creación y el acceso, como sí es el caso en Dinamarca o Reino Unido con una larga tradición de fomento y protección de su sector cultural. Estos desequilibrios en Europa dan una clara idea de lo mucho que nos queda por hacer para proteger y fomentar la idea de identidad cultural europea. En esto tampoco existe una política común.
Este mazazo a la cultura no deja de estar exento de ironía
1. El sector cultural comparte penas con el sector de la peluquería y estética. Este es el mensaje ideológico de nuestro gobierno: La identificación de la cultura como un bien de lujo, que solo puede consumir aquel que se lo pueda permitir, y del que en momentos difíciles se puede prescindir.
2. Esta subida se hace en medio de una negociación para un nuevo régimen de rebajas fiscales con la anunciada Ley de Participación Social y Mecenazgo para incentivar la aportación de recursos al sector de la cultura. Lo poco que sabemos es que esta ley pretende equilibrar la abundancia de fundaciones y la escasez de filántropos. Seguimos esperando detalle de esta iniciativa, pero todo parece indicar que pasará a dormir en el sueño de los justos.
3. La sugerencia de nuestro Ministro Wert de que parte de la subida no sea transladada al consumidor y sea asumida por el propio sector " de la forma más inteligente y más beneficiosa para la cultura española".
4. Al fin y al cabo, tal como declaraba el Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristobal Montoro sobre la series de TV española, se trata solo de entretenimiento.
La cuestión es saber si incentivar e invertir en cultura es un accesorio y un lujo que ahora no nos podemos permitir. La coordinadora del Festival de Cine Independiente de Barcelona proponía hace unos días en su blog imaginar un apagón cultural total y pensar en las consecuencias. Si cerramos salas de cine, de teatro, museos, si quemamos los libros, o hacemos desaparecer cualquier tipo de herramienta de creación artística, instrumentos musicales, plumas, óleos y pinceles, si eliminamos de las escuelas la educación artística, si apagamos los televisores ¿que pasaría?.
Ni una sola medida de estímulo y protección acompaña esta debacle. No terminamos de ser conscientes de que las industrias culturales y creativas en español son un motor de crecimiento, expansión e impulso de primera magnitud, cuyo papel en la salida de la crisis puede ser más importante que el de la hostelería o el turismo de sol y playa (sectores que mantienen el IVA reducido).
El gobierno nos ha nutrido de un nuevo argumento más para reforzar la idea de que la cultura contribuye a la generación de riqueza, en este caso para tapar agujeros bancarios.
Nicolás Sartorius. Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Alternativas (FA), abogado y periodista, ha sido diputado al Congreso.
Carlos Carnero. Director Gerente de FA, ha sido Embajador de España en Misión Especial para Proyectos en el Marco de la Integración Europea y eurodiputado.
Belén Barreiro es Directora del Laboratorio de la Fundación Alternativas. Doctora en Ciencia Política y Sociología. Ha sido presidenta del Centro de Investigaciones Sociológicas.
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Fernando Rueda. Director del Observatorio de Cultura y Comunicación de la Fundación Alternativas. Politólogo, consultor internacional y experto en cooperación cultural internacional.
Ignacio Urquizu es Profesor de Sociología de la Universidad Complutense y colaborador de la Fundación Alternativas.
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Carlos Maravall. Doctor en Macroeconomía y Finanzas Internacionales por la Universidad de Nueva York. Ha trabajado como asesor en Presidencia del Gobierno en temas financieros.
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