NICOLÁS SARTORIUS
La situación en Siria se está agravando por momentos. Un reciente informe de NN.UU concluye que el régimen de Bachar al Asad está cometiendo crímenes de guerra y contra la humanidad, mientras sus oponentes del llamado ejército sirio libre hace lo propio, si bien en menor medida al disponer de armas menos mortíferas. Las matanzas, torturas, violaciones, fusilamientos se repiten sin cesar, al tiempo que la "comunidad internacional", a través del Consejo de Seguridad de NN.UU, no se pone de acuerdo en lo que haya de hacerse. Todos los ingredientes de la máxima complejidad se entrecruzan en el caso sirio: las contradicciones entre EE.UU/UE con Rusia y China, por diferentes motivos; de Israel y los palestinos; las pugnas en la región entre Irán, Arabia Saudita y Turquía; el delicado tema kurdo en la frontera de este último país; entre sunitas y chiitas. A lo que habría que añadir el propio avispero interior sirio, plagado de fracciones, tribus, minorías y regiones de compleja unificación.
No obstante, ante el sufrimiento insoportable de la población civil, incluyendo mujeres y niños, se alzan voces pidiendo una intervención urgente en el conflicto. Se establecen comparaciones con el caso libio y se saca a colación la responsabilidad de proteger. La primera pregunta que nos tenemos que hacer, ante una posible intervención, es: ¿cuál debería ser el objetivo político de la intervención?, ¿qué queremos conseguir con la misma?. Si lo que se pretende es evitar, al máximo, que se siga masacrando a la población civil con armas pesadas -aviación, tanques, etc.- creo que sería necesario establecer zonas de seguridad concretas para la población afectada, como se ha hecho en otros conflictos: exclusión aérea para determinadas áreas, etc. Ahora bien, si lo que se busca es la caída del régimen de Bachar al Asad mediante el apoyo al ejército libre de Siria, ya sea directa o indirectamente, mi opinión es que se trataría de un grave error por parte de la UE y, no digamos, de España de entrar por esa senda. Porque ¿después de Al-Asad qué y quién?. Porque a diferencia de Libia aquí no aparece un Consejo Nacional o gobierno provisional aceptado por los combatientes que luchan contra el gobierno de Damasco. Porque para apoyar a las fuerzas que combaten al régimen actual se deberían tener una serie de garantías que, en este momento, no se tienen: que el nuevo poder va a respetar todas las libertades y derechos humanos, incluyendo los de las mujeres; que se convocarán elecciones libres como en otros países árabes; que se respetarán a las minorías; que no se permitirán venganzas contra los partidarios de Al-Asad. Ya que, de lo contrario, ¿qué estaríamos apoyando?. El régimen de Al-Asad puede ser todo lo criminal que se quiera pero tenemos, acaso, claro y contamos con garantías aceptables de que el que venga, en este caso, el del ejército libre de Siria no hará lo mismo en otra dirección. Las informaciones, escasas, casi nunca sobre el terreno y en interés de parte, no son tranquilizadoras. Los servicios de inteligencia no saben bien quiénes son y qué pretenden los del ejército opositor; los partidos de la oposición sirios no están suficientemente unidos, ni aparece un programa claro de transición como en otros países árabes.
En conclusión, medidas de protección a la población, evitando masacres vengan de donde vengan, todas las que sean necesarias dentro de la legalidad de NN.UU, involucrando en esta tarea a las naciones árabes, a Turquía, a los países fronterizos, a Rusia y China. Intervenir a favor de uno de los bandos con el fin de terminar con el otro, rotunda negativa. Favorecer una transición en la que se respetase a las diferentes tendencias, sectores sociales y minorías sería la mejor solución, aunque reconozco que la tarea no es nada fácil viendo como van las cosas. En esta dirección, seguir apoyando los esfuerzos de las Naciones Unidas, mientras se trenzan alianzas suficientes para frenar esta locura y darle un futuro al pueblo sirio, en libertad y democracia... pero no en otra cosa.
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