JORGE FERNÁNDEZ LEÓN
En la era de las redes, las grandes ciudades aumentan sin cesar su papel como crisoles de los ciclos completos de la cultura en todo el mundo. Es en su entorno donde se dan las condiciones mejores para el desarrollo de proyectos profesionales y la consolidación de las iniciativas más innovadoras, apoyadas en infraestructuras y servicios públicos para la cultura que combinan la atención de proximidad con los grandes equipamientos de aglomeración. Allí están también las grandes ofertas de la difusión y el entretenimiento cultural (teatros, cines, museos...). Las capitales del mundo son además termómetros de la competencia puesto que generan los indicadores más visibles de la vida cultural de un país.
Valorar y medir, en este contexto, las estrategias de la competitividad de las capitales culturales españolas resulta pues relevante, a la hora de percibir la función que, en práctica, los gobiernos conservadores españoles reservan para la cultura. En este año de catástrofes es pertinente elucidar cuál es ese papel. Y mirarnos en el espejo de alguno de nuestros vecinos, con gobiernos de perfil similar a los nuestros, añade elementos de juicio interesantes.
Aprovechando los proyectos de capital cultural paralela generados por Londres con motivo de sus recientes Juegos Olímpicos, el histriónico alcalde de la ciudad, el tory Boris Johnson encargó un estudio presentado a principios de agosto en el que, bajo el título de World Cities Culture Report, se repasan numerosos datos culturales de las que sus autores consideran como las ciudades globales: Además de la capital británica están París, Berlín, Estambul, Nueva York, Sao Paulo, Tokio, Sydney, Shanghai, Johannesburgo, Mumbai/Bombay y Singapur. Una docena de metrópolis que apuestan por la cultura como motor de crecimiento, competitividad y prestigio, dotadas de la capacidad de "dirigir el poder de la cultura para contribuir a un más amplio conjunto de objetivos sociales y económicos", en palabras del Alcalde en la presentación. Los números lo ratifican. A través de 60 indicadores se relacionan equipamientos culturales de las ciudades (desde los 420 teatros neoyorkinos hasta las 423 salas de conciertos de París o sus 1003 pantallas de cine, sus 830 bibliotecas públicas, las 1675 librerías de Tokyo o los 173 museos londinenses). Datos numerosos para concluir la importancia crucial de la política cultural en la construcción de las ciudades globales o que lo pretenden ser un poco.
Nuestras dos principales ciudades, con pretensiones de capitalidad, gobernadas también como Londres por políticos conservadores, han presentado recientemente dos documentos con intención de diagnóstico y estrategia en materia de cultural. Barcelona los ha hecho con su "Barcelona Innovación", un documento aprobado el mes pasado por el Gobierno local, en el que se pretenden establecer las bases de esa nada ambigua conexión actual que identifica cultura con innovación y creatividad (es decir, cultura con negocio). Madrid tiene en marcha un debate para la discusión del denominado "Plan Estratégico de Cultura de Madrid". La primera lectura de ambos, (con la curiosa coletilla común de abordar únicamente el bienio 2012 - 2015) conduce a la sorpresa si no a la melancolía. En una segunda mirada tras asimilar conceptos y diferencias (52 teatros y otros tantos cines en Madrid, por ejemplo), las distancias entre nuestra realidad y la contemplada en el estudio británico se hacen oceánicas. Y las ideas tras esas distancias hacen patente la diferencia entre una y otras visiones, aún en la perspectiva del universo conservador, poco dado en apariencia a la inclusión de la cultura entre los derechos públicos universales. En nuestros documentos, madrileño y barcelonés, está el secreto de las convicciones del actual Gobierno de España y de sus colaboradores nacionalistas. La cultura no es capital, y el capital cultural resulta prescindible.
Nicolás Sartorius. Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Alternativas (FA), abogado y periodista, ha sido diputado al Congreso.
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Fernando Rueda. Director del Observatorio de Cultura y Comunicación de la Fundación Alternativas. Politólogo, consultor internacional y experto en cooperación cultural internacional.
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Carlos Maravall. Doctor en Macroeconomía y Finanzas Internacionales por la Universidad de Nueva York. Ha trabajado como asesor en Presidencia del Gobierno en temas financieros.
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Jorge Fernández León. Director de Programas de la Fundación de Cultura de Gijón y analista de políticas culturales.
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Javier Rey. Doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Cardiología. Secretario de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida.